¿Se equivocó Milton Friedman con China?
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¿Se equivocó Milton Friedman con China?

Es la grandeza, y no el capitalismo, lo que permite a Pekín eludir las consecuencias de tantos abusos

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"Vaticino que China avanzará cada vez más hacia la libertad política si continúa su exitoso avance hacia la libertad económica".

Eso declaró Milton Friedman en 2003. En ese momento, parecía una buena idea, sobre todo después de las transformaciones de las dictaduras de Taiwán y Corea del Sur en democracias caóticas pero efectivas. Pero, tal y como Joe Biden está descubriendo ahora, el presidente chino Xi Jinping actúa desde una premisa diferente: que Occidente ya ha tenido su momento, y la mezcla del mandato del Partido Comunista y el capitalismo estatal de Pekín es el billete para 'que China vuelva a ser grande'.

Parece que se está saliendo con la suya. Bajo el mandato de Xi, Pekín ha llevado a cabo un genocidio contra la minoría uigur de China, ha amenazado con invadir Taiwán, ha clausurado un periódico prodemocrático en Hong Kong, ha ocultado los orígenes del covid-19, etcétera. Aun así, la economía de China sigue prosperando —creció más de un 18% en el primer trimestre en comparación con el año anterior— y ahora parece que Friedman se equivocó enormemente con el capitalismo y la libertad. ¿O no fue así?

En realidad, Friedman nunca fue tan determinista como a veces se refleja. Si bien afirmó que una sociedad libre no podía existir sin una economía libre, enfatizó que lo contrario no se sostenía: una economía libre podía existir sin libertad política.

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Milton Friedman. (CORBIS)


Hoy, algunos dirían que el capitalismo global no es el enemigo del Partido Comunista chino, sino su aliado. Esto es verdad hasta cierto punto. Sin duda, sin la prosperidad ofrecida por el comercio y la inversión globales, Pekín no estaría en condiciones de modernizar su ejército, o de utilizar sus inversiones y ayuda exterior para expandir su influencia en el extranjero. Pero la inmunidad relativa de Xi frente a la presión exterior no tiene tanto que ver con cualquier genio unívoco de lo que algunos llaman su "leninismo de mercado" como con algo mucho más prosaico: los 1.400 millones de habitantes de China.

El tamaño siempre ha sido el atractivo de China. A finales de los años treinta, un empresario estadounidense asentado en Shanghái llamado Carl Crow escribió un libro llamado '400 Million Customers', señalando las vastas riquezas que se podrían acumular si pudieses vender una manzana al día a cada habitante chino. Medio siglo después, cuando la población se había más que duplicado y China empezó a abrirse, los detalles cambiaron, pero el sueño era el mismo: ¡imagina vender a cada chino una Coca-Cola!

Esta grandeza es la baza de Xi. Cualquier país de tamaño medio, incluso uno relativamente grande como Vietnam o Japón, simplemente carece de la influencia sobre inversores y otros países para conseguir lo que China consigue de forma sistemática.

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Y Xi tampoco tiene ningún reparo en utilizar esa influencia. Fíjese en Australia. En abril de 2020, el primer ministro Scott Morrison solicitó una investigación seria de la Organización Mundial de la Salud sobre los orígenes del covid-19. Esta siguió a otras decisiones que irritaron a Pekín, como la decisión de Canberra de prohibir que Huawei participara en su despliegue del 5G por motivos de seguridad y las críticas a Pekín por su trato hacia los uigures.

¿La respuesta de China? Una guerra abierta contra las exportaciones australianas. Los vinos australianos fueron especialmente golpeados, ya que China impuso aranceles de hasta el 220% que se prevé que duren cinco años. La carne, la cebada, la langosta, la madera y el carbón australianos también se han visto afectados, lo que es especialmente duro para una economía orientada a la exportación como la de Australia.

Ese es el motivo por el que la mayoría de extranjeros que desarrollan una actividad económica en China sacan la bandera blanca tan rápido cuando Pekín muestra su descontento. John Cena, luchador profesional y protagonista de la nueva entrega de 'Fast & Furious', hace poco expresó una disculpa servil tras referirse a Taiwán como "país" en una entrevista. Hollywood entiende que ahora China presenta una taquilla más grande que EEUU.

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Dicho todo esto, la historia del capitalismo en China está lejos de terminar. Nadie sabe cuánto durarán las medidas de Xi, o los costes reales de las múltiples deficiencias de China. Después de todo, hubo un día, no hace mucho, en el que se creía que EEUU estaba condenado a perder su dominio global a favor de otra marca del 'capitalismo insider' estatal asiático, Japan Inc.

Mientras tanto, China se enfrenta a importantes limitaciones, incluido el rápido envejecimiento de la población y una ratio de hombres y mujeres extremadamente desequilibrada, ambos consecuencia de unas políticas demográficas nefastas. China ni siquiera dispone de una moneda convertible. Y la bola de demolición que Xi está acercando a Hong Kong no inspira precisamente confianza sobre el reconocimiento de Pekín de los centros financieros internacionales.

Claramente, el capitalismo al estilo chino está presente en la mente del presidente Biden. Cuando anunció su 'American Jobs Plan' en marzo, el presidente vendió ese gran aumento del papel federal en la economía como una forma "de ganar la carrera global contra China en los próximos años". Puede que Milton Friedman haya sido un poco demasiado optimista sobre las perspectivas de libertad en China. Pero si Joe Biden de verdad pretende que EEUU supere a China, sin duda la fórmula de Friedman para un sector privado estadounidense más libre y ágil le ayudará más que una versión más tenue del crecimiento gubernamental de Xi Jinping.

*Contenido con licencia de 'The Wall Street Journal'.

"Vaticino que China avanzará cada vez más hacia la libertad política si continúa su exitoso avance hacia la libertad económica".

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