un mercado en tiempo muerto

Los zombis del mercado de valores se dividen entre cielo, infierno y purgatorio

La primera recta del año se ha caracterizado por su elevado número de procesos concursales y preconcursales, pero también por varios salvamentos

Foto: Los zombis del mercado de valores se dividen entre cielo, infierno y purgatorio

Una de las grandes preocupaciones de la CNMV -Comisión Nacional del Mercado de Valores- es el elevado número de valores estrangulados en el parqué, cuya mínima capitalización y compleja situación ha convertido en auténticos zombis a casi una décima parte de todo el mercado de valores español.

La primera recta de este 2014 sólo ha servido para agravar la situación, como demuestran los concurso de acreedores de Service Point, Zinkia, Inmofiban o Vértice 360º, que se suman a los ya presentados por empresas como Martinsa Fadesa, Pescanova, Reyal Urbis, Renta Corporación, La Seda y Fergo Aisa.

Sin embargo, también es cierto que los primeros meses de este ejercicio también han servido para recuperar la salud de viejos conocidos del parqué que llevaban meses, e incluso años, haciendo equilibrios sobre el abismo y han conseguido salir airosos.

El caso más reciente es Amper que, como adelantó El Confidencial, ha logrado un principio de acuerdo con sus entidades acreedores para refinanciar sus 120 millones de deuda y dar entrada a un nuevo inversor que se ha comprometido a invertir 15 millones de euros. Un proceloso proceso que tiene de plazo para completarse hasta el próximo 30 de junio.

Antes de subir a los cielos de esta salvación, la compañía vio como se marchaba de su accionariado uno de los inversores más controvertidos del parqué nacional, Enrique Bañuelos, quien  tras salir por la puerta de atrás del mercado español con la debacle de Astroc, volvió hace dos años con la compra de una cuarta parte de Amper.

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Los restos de su antiguo imperio inmobiliario se llaman hoy Quabit y son otro de los pocos zombies del mercado que están consiguiendo mantenearse vivos. Bajo la batuta de Félix Abánades, uno de los damnificados de Bañuelos, la compañía ha conseguido mantenerse en pie a cambio, eso sí, de quedar reducida a la mínima expresión; aceptar daciones en pago, operaciones de compra venta con sus acreedores; y préstamos de acciones y líneas de capital con el GEM.

 

Buitres y carnaza

El fondo GEM ha pasado de ser prácticamente un desconocido a convertirse en un clásico, sobre todo, cuando se habla de sociedades cotizadas en situaciones límite. Así, apareció en Ezentis hace tres años, en medio de una guerra accionarial y en plena espantada de Nomura; y hace pocos días intentó repetir la juga en Vértice, participada de la anterior, a la que ofreció una inyección de 9 milllones de euros en forma de equity line, lo que suponía diluir a la mínima expresión el valor de los títulos. El resultado final ha sido el concurso de la productora.

Pero la caída en los infiernos del concurso no significa, necesariamente, el castigo eterno, como está intentando demostrar Service Point, sino que puede ser un purgatorio del que, una vez cumplida la penitencia, se puede salir.

La empresa de reprografía, de hecho, confía en conseguirlo y con ese objetivo está negociando hasta con tres potenciales compradores, dos de ellos, Springwater y Sherpa Capital, han mostrado interés por hacerse con la empresa desde antes de que estuviera en situación concursal y sus negociaciones con los bancos incluyen quitas del 80%.

Sherpa Capital, a través del fondo Businessgate, también está inmersa en la opa que ultima sobre Dogi, una operación que permite esquivar la liquidación y que llega apenas tres años después de que la textil ya superara un concurso de acreedores y que cuenta con el visto bueno de la Generalitat.

El fuego del infierno

En cambio, La Seda de Barcelona sí que ha terminado claudicando y cayendo a los infiernos, hasta el punto de que el pasado 7 de marzo, la firma Forest Partners presentó el plan de liquidación de la compañía. Un triste destino que también amenaza a Inmofiban, tras el concurso de acreedores que presentó la semana pasada, "ante la imposibilidad de llegar a un acuerdo con los acreedores".

En este tira y afloja también se encuentra inmerso actualmente Codere, cuyo consejo de administración ha rechazado todas las propuestas presentadas por los bonistas. Pero el tiempo se acaba y el próximo mes de mayo se cumple el plazo de preconcurso y, por tanto, la compañía se verá abocada a caer en los infiernos o, si las dos partes logran sellar un acuerdo, subir a los cielos.

Fuera del Mercado Continuo, en el MAB -Mercado Alternativo Bursátil- este arranque de año ha sido especialmente complejo, con la expulsión de dos de sus miembros, Negocio y Nostrum, y la caída den concurso de Zinkia y Bodaclick.

Y es que la caída no entiende de tamaño ni de importancias, como bien está escenificando Pescanova, gigante que agoniza bajo una tutela judicial que se ha visto abocada a conceder una prórroga al proceso, ante la incapacidad de la banca acreedora de llegar a un acuedo con Damm, principal candidato a hacerse con la empresa y evitar así la liquidación.

Otro ejemplo es Martinsa, la primera gran inmobiliaria que cayó en desgracia y sobre la que ha vuelto a recaer la sombra de la sospecha, sobre todo, tras la dimisión de Dolores Ortega, sobrina del fundador de Inditex, por sus discrepancias con la formulación de cuentas, y apenas un mes después de que los hijos de Fernando Martín, principal accionista de la inmobiliaria, decidieran abandonar el barco.

Y es que todavía hay muchas penitencias por purgar en el parqué.

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