Almeida hace agenda en el Ibex, para celos de Villacís (y Casado)
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Almeida hace agenda en el Ibex, para celos de Villacís (y Casado)

El mundo del dinero encierra claves de poder y de intereses que explican el sentido de muchas operaciones, movimientos y desenlaces. Ibex Insider ofrece pistas para entender a sus protagonistas

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Hace solo un año, un voluntarioso José Luis Martínez-Almeida se afanaba por consolidar su perfil político como alcalde de Madrid tras seis meses en el cargo bajo la inusual fórmula de gobierno compartido con Ciudadanos (vicealcaldía y concejalías) y el comodín de Vox en la recámara para aprobar los Presupuestos. Sin embargo, la tragedia sanitaria del coronavirus descubrió a ojos de la opinión pública, en un entorno de caos y desconcierto general, a un dirigente con temple y un verosímil espíritu de consenso, sin que ello estuviera reñido con un perspicaz sentido de la oportunidad.

Uno de los ejemplos que mejor lo demuestran es tal vez el menos evidente. En la primavera de 2020, el alcalde de Madrid dio forma al proyecto Madrid Futuro, un espacio de colaboración entre el consistorio y el mundo empresarial surgido como reacción al desastre sanitario y económico provocado por el virus en la capital. Esta iniciativa, surgida de manera espontánea y constituida por un puñado de grandes firmas movilizadas por la consultora McKinsey y el despacho Herbert Smith Freehills, es ahora un gigante con más de 70 colaboradores donde quiere estar todo el mundo.

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Un proyecto sin aparentes aristas se ha convertido de forma inesperada en una plataforma excepcional para reforzar el perfil político de Martínez-Almeida. Por un lado, le ha permitido establecer una interlocución de primer nivel con el mundo de la gran empresa, incluida una buena representación del Ibex y aledaños (Acciona, ACS, Santander, Bankia, BBVA, Ebro, Endesa, FCC, Iberdrola, Iberia, Logista, MásMóvil, Naturgy, Renta4, Telefónica…), difícil de conseguir desde el sillón de la alcaldía, y en tan poco tiempo, que para sí mismo querría el propio líder del Partido Popular.

Por otro lado, Madrid Futuro se ha convertido en una herramienta de poder que trasciende el propio ayuntamiento, donde todo se comparte con Ciudadanos. Pero aquí los naranjas tienen poco que decir, por mucho que la vicealcaldesa, Begoña Villacís, esté en su órgano de dirección, pues las riendas del proyecto las lleva en la sombra Matilde García-Duarte, mano derecha del alcalde. Es más, su dimensión ha solapado áreas de competencia de Cs dentro del consistorio, a quien corresponde la Concejalía de Economía, Innovación y Empleo, donde ya existía el Foro de Empresas por Madrid.

Esta alteración de equilibrios, cual terremoto, ha provocado sus respectivas réplicas, aunque solo con consecuencias en la debilitada marca de Ciudadanos. Hay damnificados muy evidentes, como bien saben Miguel Ángel Redondo (concejal de Economía) y Ángel Niño (delegado de Innovación y Emprendimiento), que ante el poco juego político que ofrece su lideresa, Villacís, han vacilado sobre las oportunidades que ofrece la estela de Almeida, rodeado por un equipo de amigos (los Dalton) sin mucha carrera política, salvo el consejero Borja Carabante (Medio Ambiente y Movilidad).

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Almeida ha visto la oportunidad. Es listo, trabaja y evita la confrontación gratuita, ¿te parece poco?”, explicaban hace meses desde una de las empresas participantes en Madrid Futuro, que ya se ha convertido en la plataforma donde cualquier interesado en hacer cosas en la capital tiene que estar. Y a su vez, como en Italia encarnan a otra escala los ejemplos de Vitorio Colao y Mario Draghi, representa lo más parecido a un Gobierno tecnócrata en la sombra, con un equipo de ‘mckinseys’ al frente de la ejecución de los diferentes planes, a corto, medio y largo plazo.

Mientras este puente con el Ibex se consolida, el alcalde sigue conquistando espacio político de puertas adentro. Un paso destacado fue su nombramiento como portavoz nacional del PP el verano pasado (ya estaba en la ejecutiva) por parte de Casado, siendo su figura muchas veces la némesis del discurso agitador de Isabel Díaz Ayuso como oposición al Gobierno desde la Comunidad de Madrid. Ahora, ambos gregarios se disputan el control regional del partido en el principal bastión de poder de los populares, justo cuando el líder de la formación está más cuestionado que nunca.

Aunque el refranero recomienda no hacer mudanza en tiempos de tribulación, Casado se ha propuesto la salida de Génova como un ejercicio catártico para apuntalar su supervivencia como líder: romper con el pasado del PP que amenaza en los tribunales y superar la dinámica perdedora que alimenta el crecimiento de Vox. Mientras tanto, el aplicado Pepe, abogado del Estado con maneras de marqués de Bradomín (misa los domingos, pasión inquebrantable por el Atleti y adicción a los palos de golf), sigue haciendo agenda (y carrera) asistido por su inseparable Mati.

Hace solo un año, un voluntarioso José Luis Martínez-Almeida se afanaba por consolidar su perfil político como alcalde de Madrid tras seis meses en el cargo bajo la inusual fórmula de gobierno compartido con Ciudadanos (vicealcaldía y concejalías) y el comodín de Vox en la recámara para aprobar los Presupuestos. Sin embargo, la tragedia sanitaria del coronavirus descubrió a ojos de la opinión pública, en un entorno de caos y desconcierto general, a un dirigente con temple y un verosímil espíritu de consenso, sin que ello estuviera reñido con un perspicaz sentido de la oportunidad.

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