Sánchez, Botín, Casado, Pallete… ¿Algún líder para batir al Covid-19?
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Sánchez, Botín, Casado, Pallete… ¿Algún líder para batir al Covid-19?

Diego Crescente, consultor de comunicación política, rescataba estos días un viejo artículo donde enumeraba los valores de un verdadero líder, político o empresario: credibilidad, firmeza, autoridad

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Afrontamos tiempos de zozobra. Aun así, confiamos en superar una adversidad desconocida como la pandemia del coronavirus. Otra cosa es el coste humano y material que supondrá. Ante tanta incertidumbre, nuestra condición humana apela a referentes para sostener el ánimo: a liderazgo. A lo largo de la historia, las crisis han sido cuna de grandes proyectos sociales, como lo fue el germen de la Unión Europea tras la Segunda Guerra Mundial, y también de iconos empresariales, como se ha recordado estos días con Amadeo Giannini (Bank of America) tras el terremoto de San Francisco en 1906.

Los líderes surgen de manera natural, pero no se fabrican para la ocasión. En menos de una semana, tanto el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, como el líder de la oposición, Pablo Casado, han tirado del manual de urgencia de Winston Churchill, el 'premier' inglés que lideró al Reino Unido durante la gran contienda, para construir algunas de sus intervenciones públicas. Sus famosos discursos son un comodín estándar, que bien podría haber usado Felipe VI, para cumplir en público cuando ocasiones excepcionales lo demandan. Todos con la misma chuleta, como un simple copiar y pegar.

Sin embargo, para tirar del carro también se debe mirar al mundo empresarial. Con las bolsas desplomadas y las principales compañías del país depreciadas hasta un 50% en solo un par de sesiones, zarandeadas por el pánico del mercado, la generación que ha ocupado el puesto (pero no la influencia) de los Emilio Botín, César Alierta, Isidoro Álvarez o Isidre Fainé también afronta un reto de magnitudes imposibles de aprender en las escuelas de negocios. Pero como siempre, surgirán líderes que transformarán sus negocios y sectores, mientras otros sucumbirán ante la inercia destructora de la crisis.

placeholder De izquierda a derecha: Florentino Pérez, Luis Gallego, José María Álvarez-Pallete y José Ignacio Sánchez Galán. (EFE)
De izquierda a derecha: Florentino Pérez, Luis Gallego, José María Álvarez-Pallete y José Ignacio Sánchez Galán. (EFE)

Diego Crescente, consultor de comunicación política, rescataba durante estos días un viejo artículo suyo donde enumeraba los valores que distinguen a un verdadero líder, político o empresario: credibilidad, firmeza, autoridad, honestidad, convicción y empatía. Muchas de las intervenciones vistas durante estos días carecen de esas virtudes. También ha pasado con los mensajes más o menos sofisticados que presidentes y consejeras delegadas de grandes corporaciones han dirigido a sus empleados, donde a veces el componente de puesta en escena que subyace distorsiona el valor de la acción.

Aunque parezca contraintuitivo, estos días han destacado personas que han actuado con normalidad. El alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, ha sido elogiado de manera unánime. Otros simplemente han actuado, como por ejemplo Inditex, tanto desde el negocio (suspensión del dividendo) como con sus contribuciones para aplacar el problema (fabricar y donar material sanitario). Y como ella, otras muchas compañías y empresarios, particulares y emprendedores, han dado un paso adelante para ofrecer ayuda, más allá (o incluso antes) del decreto de estado de alarma.

Hace justo una semana, un abogado del Estado establecía paralelismos con el mundo de la empresa para explicar de manera más gráfica lo que está ocurriendo. “Estamos viendo cómo el equipo gestor ha llegado tarde a la crisis, lo que ha puesto en cuestión su capacidad ejecutiva. En segundo, el ‘governance’ ha demostrado estar lejos de sus empleados y clientes (ciudadanía) y no transmite confianza sobre cómo aplicar la alarma. Y por último, la cúpula no interactúa con el resto de ‘stakeholders’, en este caso CCAA y sector privado. No preguntan y desconfían”. ¿Qué podía salir mal?

La situación excepcional que vivimos está convirtiendo en héroes a la fuerza a personas que cumplen con dedicación sus trabados, con el personal sanitario como máximo exponente. Sin embargo, no debería recaer sobre ellos esa responsabilidad. Hace ya siete días, el presidente de otro textil trasladó a su plantilla un breve mensaje resumiendo el plan de choque: primero, proteger la salud y la seguridad de empleados, clientes y proveedores; segundo, proteger la salud financiera de la compañía, con un énfasis especial en la liquidez. Directo y transparente, con empatía, pero sin circunloquios.

El compromiso cívico y la llamada a la solidaridad no deben anular el sentido crítico. Uno de los ejecutivos más destacados del Ibex comentaba por WhatsApp su determinación para asaltar la trinchera enemiga, sin embargo, "no puede hacerse todos los días, porque a la suerte hay que mimarla, que no es infinita ni eterna, pero en situaciones como esta no hay otra que dar ejemplo. Pero si la gente sigue creyendo que de esto nos van a sacar solo los políticos… Nos estaremos engañando a nosotros mismos". Y a falta de líderes, la respuesta está siendo colectiva y en red.

Hay infinidad de ejemplos que demuestran ese compromiso de la sociedad civil, yendo por delante incluso del gabinete de crisis gubernamental, cuyas acciones van a remolque de los acontecimientos. Nos atascamos en el análisis, confiados en la evolución positiva de la pandemia. Cabe decir que, como país, no somos una excepción negativa, aunque tuvimos al alcance de la mano ejemplos de gestión exitosos. De momento, han transcurrido ya dos semanas y poco de lo anunciado de manera gradual durante este periodo se ha substanciado de manera efectiva ahora que todo es urgente.

Algún día sabremos lo que de verdad pasó en la reunión del 30 de enero celebrada en el Ministerio de Sanidad, donde un comité de técnicos y expertos valoró el nivel de riesgo que podía suponer el virus identificado en China. También será cuestión de tiempo conocer los detalles de cómo se gestó el plan de choque del Gobierno, sobre el que se llevaba trabajando “un par de semanas”, como se dijo un lunes, pero que casi hace encallar el Consejo de Ministros extraordinario celebrado cinco días después, el sábado 14 de marzo, con dos bloques enfrentados sobre la redacción de la hoja de ruta.

Y también descubriremos por qué el Gobierno se mostró reacio a la colaboración privada en los primeros lances de la crisis. Solo así puede explicarse que una iniciativa como la 'app' para diagnóstico elaborada de forma coral por emprendedores y algunas grandes empresas tuviera que usar el subterfugio de la Comunidad de Madrid para ver la luz. Hace una semana, ya fantaseamos con cómo habría sido una intervención de Pedro Sánchez acompañado de líderes empresariales como símbolo de colaboración, pero ni estamos preparados como sociedad ni hay líderes para soportarlo.

Afrontamos tiempos de zozobra. Aun así, confiamos en superar una adversidad desconocida como la pandemia del coronavirus. Otra cosa es el coste humano y material que supondrá. Ante tanta incertidumbre, nuestra condición humana apela a referentes para sostener el ánimo: a liderazgo. A lo largo de la historia, las crisis han sido cuna de grandes proyectos sociales, como lo fue el germen de la Unión Europea tras la Segunda Guerra Mundial, y también de iconos empresariales, como se ha recordado estos días con Amadeo Giannini (Bank of America) tras el terremoto de San Francisco en 1906.

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