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Ana Botín quiere estrenarse en Asia y mimar a su nuevo socio estrella
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Ana Botín quiere estrenarse en Asia y mimar a su nuevo socio estrella

El mundo del dinero encierra claves de poder y de intereses que explican el sentido de muchas operaciones, movimientos y desenlaces. Ibex Insider ofrece pistas para entender a sus protagonistas

Foto: Ana Botín. (EC)
Ana Botín. (EC)
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Ana Botín sigue afrontando demasiadas paradojas a lomos de la presidencia del Banco Santander. Sus últimas intervenciones públicas, la semana pasada en la presentación de resultados o en Davos a finales de enero, reiteran dos mensajes por encima de otros, aunque siempre referidos a la regulación del sector (el verdadero foso defensivo del negocio bancario): arbitrar la nueva competencia provocada por las 'fintech' (y los gigantes de internet) y estimular cambios normativos para hacer atractiva una oleada de fusiones transfronterizas dentro de la Unión Europea.

La presidenta del Santander repite una y otra vez que el tren de las operaciones corporativas no es el suyo. Su argumento es que no es necesario para crecer. Justo lo contrario a lo realizado por sus competidores locales durante 2020, pues mientras Caixa cocinó la fusión con Bankia en pleno verano, BBVA liquidó su negocio de EEUU y aventuró una posible absorción del Banco Sabadell en el último trimestre. Y aunque Ana Botín no mienta, sin ser tan osada como Florentino Pérez y su 'never, never, never', sobre su mesa ha tenido opciones de distinto color y condición.

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El banco de la llama está en el 'top 3' europeo (tras BNP Paribas y Crédit Agricole) y en el 'top 20' mundial por activos gracias a su presencia en nueve países, pero no todos los negocios suman de la misma manera, ni en todos los mercados donde está tiene una posición de liderazgo. Y si otros equivalentes, como por ejemplo el gigante HSBC, están ocupados en modificar su perímetro (venta de su banca comercial en EEUU y Francia), es difícil que Botín viva ajena a esa tendencia (y no lo está), sobre todo si aspira a competir en rentabilidad con el resto de bancos globales.

Mientras ese momento llega, que llegará, y ajustes ordinarios mediante (14% de plantilla y 30% de sucursales en España), la financiera cántabra está impulsando otros vectores de crecimiento menos visibles. Uno de ellos es de reciente creación, la gestora Tresmares Capital, y está comandado por un equipo ajeno a la casa, aunque esto no impide que el proyecto alumbrado a finales de 2019, una 'joint venture' dedicada a financiar pymes (vía deuda y capital), sea ya uno de los favoritos de Botín y que su impulsor, Borja Oyarzábal, sea un nuevo ‘influencer’ en la órbita de la presidenta.

El financiero, cofundador del fondo español de capital riesgo Qualitas, encaja con el perfil de otros pesos pesados incorporados al consejo del banco durante el año pasado, como el veterano Luis Isasi, ex responsable de Morgan Stanley para nuestro país durante décadas, al que ya reclutó para tener cerca como presidente no ejecutivo del Santander España, o el estadounidense de origen hispano Ramón Martín Chávez, experto en TIC y socio de Goldman Sachs durante más de una década. Todos atesoran trayectorias en negocios por los que Botín siente predilección.

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Otro de las apuestas para el consejo en 2020 fue el hispano brasileño Sergio Rial, con un lustro dentro del banco como ejecutivo de primer nivel. Su designación como presidente de Ebury, la ‘fintech’ española adquirida la primavera pasada por 400 millones, y su bagaje tanto en Latam como en Asia (en las filas de ABN Amro) se ajustan a la estrategia del banco de crecer a través de plataformas financieras. Y en ese sentido, ser un banco global con presencia en Asia-Pacífico, el mayor eje de crecimiento económico del mundo, es un objetivo a cumplir marcado en rojo.

Más allá de potenciales sorpresas, con algunos franceses como Natixis en quinielas de bancos de negocios, el mantra de Ana Botín apela al crecimiento orgánico en sus mercados naturales, apalancándose en los negocios de bajo consumo de capital y mayor generación de comisiones (banca corporativa, banca privada y pagos). Esto no quita para que Hong Kong, Singapur u otra gran plaza asiática puedan ser punto de partida para entrar en esa región, aunque nunca bajo un modelo de banco convencional, sino a través de alguna plataforma financiera.

Ana Botín sigue afrontando demasiadas paradojas a lomos de la presidencia del Banco Santander. Sus últimas intervenciones públicas, la semana pasada en la presentación de resultados o en Davos a finales de enero, reiteran dos mensajes por encima de otros, aunque siempre referidos a la regulación del sector (el verdadero foso defensivo del negocio bancario): arbitrar la nueva competencia provocada por las 'fintech' (y los gigantes de internet) y estimular cambios normativos para hacer atractiva una oleada de fusiones transfronterizas dentro de la Unión Europea.

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