Lagarde y las dos almas del BCE: un equilibrio no apto para tiempos convulsos
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Una orientación imprecisa

Lagarde y las dos almas del BCE: un equilibrio no apto para tiempos convulsos

El anuncio del BCE de que acelerará las compras de bono ofrece un alivio a corto plazo a las tensiones en la deuda, pero azuza las persistentes dudas sobre las respuestas futuras

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La presidenta del Banco Central Europeo (BCE), Christine Lagarde, se presentaba este jueves con un problema al que responder y, a primera vista, los resultados han sido satisfactorios. El anuncio por parte de la institución de que el ritmo de compra de deuda en el marco del programa PEPP (el destinado a la lucha contra la crisis del coronavirus) será "significativamente más elevado" durante el próximo trimestre ha sido suficiente para aplacar dudas entre los inversores y propiciar un retroceso reseñable de las primas de riesgo europeas.

El anuncio podría verse como elemental, en un momento en que las presiones inflacionarias exportadas de Estados Unidos amenazan con provocar un endurecimiento de las condiciones financieras nocivo para la recuperación económica de la Eurozona. Pero la inacción del banco central en las semanas previas había generado cierta preocupación entre los inversores sobre su disposición a actuar.

"El BCE ha despejado cualquier duda sobre su compromiso de mantener unas condiciones de financiación favorables en la zona euro mientras persistan los efectos de la pandemia. La promesa del banco central de aumentar significativamente el ritmo de las compras de activos en los próximos meses debería bastar para evitar un aumento de los rendimientos de la región", apunta Bill Papadakis, estratega macro de Lombard Odier.

Tras semanas de inacción, la respuesta del BCE alivia tensiones en la deuda

El movimiento deja, con todo, cierta sensación de indefinición, que no es sino otra nueva muestra del delicado juego de equilibrios en el que se halla enredada Lagarde. Es de notar que el anuncio de este jueves no representa ningún cambio en las políticas ya planteadas, pues ese incremento del ritmo de compras se idea dentro de las cantidades y los plazos ya fijados para el PEPP, que ofrecen a día de hoy margen suficiente para un aumento notable desde los escasos volúmenes que el BCE viene adquiriendo deuda desde el inicio de año. Los expertos estiman que a ritmos en torno a los 20.000 millones de euros semanales (frente a los 13.600 millones de media de las últimas semanas) el BCE podría alcanzar la fecha límite del programa, señalada en marzo de 2022, sin sobrepasar los 1,85 billones de euros comprometidos en el mismo.

Ciertamente, el escenario de perspectivas dibujado en las previsiones del banco central justificaría una respuesta carente de estímulos adicionales. Al fin y al cabo, a pesar de los retrasos en el proceso de vacunación y la fuerte incidencia de la pandemia en la región durante los primeros compases de 2021, el banco central no ha visto razones para rebajar sus previsiones de crecimiento. Al contrario, las ha elevado una décima, al 4%, al mismo tiempo que ha señalado que los riesgos ya no se inclinan a la baja, sino que estarían más equilibrados.

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Esto no puede tomarse de otro modo que como una señal positiva. Pero representa un escenario abonado a las mismas dudas que desde hace meses vienen inquietando a los inversores sobre el rumbo futuro del BCE. Porque si poco se puede cuestionar sobre la necesidad de que la política monetaria siga dando soporte a una economía aún renqueante por el impacto del coronavirus, hay razones notorias para esperar que, a poco que se asiente la recuperación en la región (aunque sea una recuperación desigual), serán crecientes las voces internas que aboguen por una retirada que inevitablemente ha de resultar comprometida.

No puede obviarse que la propia Lagarde explicó que si la institución no ha actuado hasta ahora ante el repunte de los tipos es porque la cercanía de la reunión del Consejo de Gobierno del BCE hacía preferible aguardar hasta el encuentro, de lo que se podría inferir que incluso un paso tan modesto podría resultar controvertido en el seno de la institución. Una vez más, los esfuerzos de la presidenta por fomentar los consensos y evitar herir sensibilidades resultan loables, pero azuzan dudas sobre su capacidad para responder a los retos más acuciantes en tiempo y forma. No en vano, el banco central prevé evaluar la validez de su actuación de forma trimestral. "Esto nos genera inseguridad sobre con qué rapidez responderá el banco a las futuras presiones del mercado", corrobora Andrew Kenningham, economista jefe para Europa de Capital Economics.

Las cesiones hechas para evitar tensiones crean recelos sobre el rumbo a seguir

"Ahora tenemos más dudas sobre la función de reacción del BCE que antes. Y lo que hemos visto hoy probablemente resalte que el Consejo de Gobierno también comparte algunas de esas dudas, todavía no hay consenso sobre cuál es la función de reacción. ¿Por qué una reevaluación trimestral? ¿Qué niveles intentan conservar? ¿Por qué una evaluación conjunta de las condiciones de financiación y las perspectivas de inflación? ¿Tienen como objetivo los precios? ¿Tienen como objetivo cantidades? ¿Ambos? ¿Ninguno? Todas estas dudas dejan margen a la volatilidad", advierten en Bank of America.

Es evidente que Lagarde pretende no pillarse las manos con compromisos que puedan resultar difíciles de asumir para los representantes de las dos almas que conviven en el BCE y por ello trata de dotarse de flexibilidad, rehuyendo compromisos explícitos y envolviendo sus decisiones en coceptos tan imprecisos como "holístico", "multifacético", "ancla" o "brújula", que hacen poco por añadir certeza al rumbo futuro de la política monetaria.

"En un momento en el que se necesita un compromiso a largo plazo, el BCE ha acortado la marca de tiempo en la orientación a un trimestre. Con suerte, una vez finalizada la revisión de la estrategia, todo encajará bien. Pero el resultado de la reunión de hoy nos deja escépticos", añaden los expertos del banco estadounidense.

Lagarde puede haber superado un nuevo reto al responder al desafío del momento sin tensionar en exceso la convivencia dentro del BCE. Pero los sacrificios realizados en pos de la misma no permiten augurar un desenlace tan satisfactorio a poco que la situación torne algo más compleja.

La presidenta del Banco Central Europeo (BCE), Christine Lagarde, se presentaba este jueves con un problema al que responder y, a primera vista, los resultados han sido satisfactorios. El anuncio por parte de la institución de que el ritmo de compra de deuda en el marco del programa PEPP (el destinado a la lucha contra la crisis del coronavirus) será "significativamente más elevado" durante el próximo trimestre ha sido suficiente para aplacar dudas entre los inversores y propiciar un retroceso reseñable de las primas de riesgo europeas.

Banco Central Europeo (BCE) Prima de riesgo Recuperación económica Christine Lagarde
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