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¿Llega la III Guerra Mundial? Esto hicieron los mercados antes de las dos primeras
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Amenaza bélica

¿Llega la III Guerra Mundial? Esto hicieron los mercados antes de las dos primeras

Los temores a que la crisis de Ucrania derive en un choque militar entre potencias obliga a los inversores a hacer una retrospectiva sobre episodios bélicos anteriores

Foto: Concentración frente a la Bolsa de Nueva York, en Wall Street, en 1942. (Getty Images)
Concentración frente a la Bolsa de Nueva York, en Wall Street, en 1942. (Getty Images)
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Al paso que marca la ofensiva que Rusia ha lanzado para la ocupación de Ucrania, los mercados financieros internacionales han activado el estado de alerta. En solo cinco días, las bolsas europeas han acumulado pérdidas cercanas al 10%, en un descalabro sin igual desde marzo de 2020, en pleno azote de la primera ola del coronavirus, y los números rojos también se han extendido por Wall Street. Mientras las materias primas pulverizan máximos plurianuales, lideradas por la energía, las rentabilidades de los bonos internacionales registran significativas entradas de dinero. Ambos movimientos reflejan al unísono la disminución de las expectativas de subidas de tipos y la búsqueda de refugio por parte de los inversores. Un movimiento defensivo que también impulsa la cotización del oro o el yen japonés.

La respuesta que han dado los inversores a la crisis ucraniana parece amoldarse sin estridencias al patrón clásico en situaciones de tensión geopolítica. "Lo primero que hace la guerra es disparar la incertidumbre. Y en una situación de este tipo puede entenderse como normal que los inversores adopten una postura más defensiva, limitando riesgos", observa Alberto Matellán, economista jefe de Mapfre Inversión.

Episodios anteriores de convulsión geopolítica han visto respuestas de los mercados más o menos semejantes que, por término general, han acabado resultando efímeras, como vienen repitiendo los expertos desde hace semanas, llamando a evitar decisiones financieras dictadas por el miedo. "La mejor lección que da la historia de las últimas décadas es que el impacto en los mercados de este tipo de crisis geopolíticas es pasajero y que, en cuanto se confirma que no van a hacer descarrilar el ciclo, vuelven a prevalecer los fundamentales económicos y empresariales", apunta en este sentido Roberto Scholtes, director de Estrategia de UBS en España, recordando al mismo tiempo que las dinámicas de la economía siguen siendo muy favorables.

Foto: Cartel indicativo del gasoducto Nord Stream 2. (Reuters/Hannibal Hanschke)

Sin embargo, en torno al conflicto de Ucrania se han despertado temores que permanecían adormecidos desde hace varias décadas, de un modo que no lo hicieron anteriormente las guerras del Golfo, Afganistán o Irak. "Esta guerra es única, porque los actores en liza tienen la capacidad de destruir el planeta, y debemos contar con ese factor a la hora de adoptar decisiones políticas, económicas y empresariales", observaba Enrique Navarro, consejero de Skydweller Aero en unas jornadas celebradas por el IEB esta semana. Especulaciones sobre una posible reedición de la Guerra Fría o, incluso, el estallido de una Tercera Guerra Mundial han resonado en los análisis de más de un experto en relaciones internacionales en las últimas semanas, a medida que el pulso entre Rusia y la OTAN iba elevando su intensidad.

En una entrada publicada el pasado martes a través de su cuenta en la red social Linkedin, el reconocido inversor Ray Dalio se hacía eco de esta amenaza. El fundador de la gestora Bridgewater se ha destacado en los últimos años como una de las voces que más ha llamado la atención sobre el cambio de paradigma que se está desarrollando en la escena internacional, con la irrupción de un poder como China que disputa la hegemonía global a Estados Unidos. En su opinión —como en la de muchos otros expertos— el desafío de Rusia a Occidente forma parte de esa misma dinámica y tiene el potencial de encauzar este enfrentamiento por la vía armada.

"Durante el fin de semana vimos intensificaciones significativas de estas acciones de guerra económica por parte de las potencias occidentales (principalmente de la OTAN), infligiéndolas a Rusia. Las magnitudes de los aumentos y los niveles de estos son una clásica bandera roja de que debemos preocuparnos por una guerra candente entre las grandes potencias", observa Dalio, quien insistía en su texto, no obstante, en que este no sería aún el escenario más probable.

Como ahora, en 1914 los inversores asumían como inviable una contienda internacional

Durante las últimas décadas y, en especial desde el colapso de la URSS a inicios de la década de 1990, se ha asumido que los lazos económicos establecidos a escala internacional y la creciente capacidad destructiva del armamento disuadirían a las grandes potencias de envolverse en un conflicto bélico. Sin embargo, como recordaba el historiador británico Niall Ferguson en un texto fechado en 2008, similares argumentos fueron empleados en los años previos a la Primera Guerra Mundial, sin que evitaran que las potencias europeas se deslizaran hacia una conflagración destructiva que se prolongó durante más de cuatro años.

Como observó 'The Economist' en 1938, para los inversores aquella guerra se precipitó "como un rayo caído del cielo". Pese a las señales de creciente tensión, las semanas previas no vieron movimientos significativos en la cotización de los activos que permitieran inferir que los inversores estaban buscando algún tipo de protección para su dinero. El cierre casi generalizado de los mercados durante los primeros meses de la contienda dejó a muchos con su dinero atrapado y, cuando finalmente reabrieron, las pérdidas golpearon con severidad a una amplia clase de activos, casi con la única excepción del oro (y las materias primas en general) y el dólar.

En los años precedentes a la Segunda Guerra Mundial, los inversores, escarmentados tras la inesperada conflagración ocurrida dos décadas antes, se mostraron más previsores y, según resalta Ferguson, es posible detectar un intento de proteger sus carteras, precisamente adquiriendo oro y dólares. El resultado no fue del todo satisfactorio: "¿Cuáles fueron las lecciones de la Segunda Guerra Mundial? Quizás la lección más obvia fue que no hay dos guerras mundiales iguales, ni financieramente ni en ningún otro aspecto", señala el historiador británico antes de explicar cómo entre 1939 y 1948, la renta variable británica duplicó los rendimientos de la estadounidense y también mejoró los resultados del oro.

Los posteriores intentos, durante los primeros años de la Guerra Fría, de adaptarse a las tensiones bélicas basándose en las experiencias pasadas resultaron igualmente poco exitosos.

Sin embargo, entre los inversores sigue imperando la idea —no exenta de razonamientos— de que los metales como el oro y las divisas fuertes, como el dólar o el yen, se encuentran entre los mejores refugios para hacer frente a las tensiones geopolíticas en los mercados. Desde la firma de asesoría iCapital han elaborado un cuadro con el impacto potencial en los activos financieros de los distintos escenarios que pueden darse en cada posible escenario de la crisis ucraniana. Ante la hipótesis de que el conflicto derivara en una III Guerra Mundial (a la que conceden una probabilidad de apenas el 1%) contemplan caídas de hasta el 60% para la renta variable, los bonos o los activos privados, mientras proyectan ganancias del 50% para el dólar y las materias primas, que podrían llegar hasta el 100% en el caso del oro.

Es evidente que los movimientos recientes de los mercados internacionales parecen lejos de asumir una situación tan extrema. En un informe publicado este viernes, los analistas de Capital Economics ofrecen una comparativa entre las caídas registradas en anteriores episodios de tensión geopolítica y las ocasionadas por la invasión rusa de Ucrania.

"En ese contexto, el impacto de la guerra en Ucrania en los mercados de valores no parece tan grande. De hecho, aunque el estado de ánimo parece haberse deteriorado aún más hoy, el S&P 500, por ejemplo, cerró ayer [por el jueves] un 5% por debajo de su nivel del 9 de febrero, antes de que funcionarios estadounidenses advirtieran que una invasión rusa era inminente, y un 3% por encima de su nivel inmediatamente antes de la invasión. A los mercados bursátiles en Europa les ha ido un poco peor, pero incluso las caídas del 9% y el 14% en el índice Euro Stoxx 50 desde esas fechas no parecen muy extremas en relación con sus caídas después del 11 de septiembre o la invasión de Kuwait por parte de Irak", argumentan.

Foto: Protestas contra la invasión rusa en Ucrania. (EFE/ EPA/ Neil Hall)

Cabe señalar, en cualquier caso, como observara Ferguson en el artículo citado anteriormente, que "la aparente indiferencia de los mercados financieros actuales ante el riesgo geopolítico no debe considerarse como evidencia de que el mundo probablemente evitará un conflicto importante en el futuro previsible, sino simplemente como evidencia de que el mundo ha evitado un conflicto importante en el pasado reciente".

¿Pero tendría sentido tratar de anticiparse hoy a un posible escenario de mayor tensión geopolítica? "El problema con las tensiones geopolíticas es que son episodios cuyas implicaciones difícilmente pueden estimarse hasta que toman forma. Se manifiestan muy rápido y es muy difícil posicionarse de antemano", comenta Andreu García Baquero, analista económico en Afi.

Partiendo de esa misma idea, Guillermo Santos, socio de iCapital, cree que uno de los mejores consejos que se pueden dar a los inversores en el entorno actual es "mantener la calma, tener paciencia y confiar en que la normalización de la situación llegará pronto y con ella la recuperación de la valoración de la cartera".

No obstante, Santos sí sugiere una serie de estrategias que ayudarían a limitar los riesgos ante escenarios como el actual. Entre estas resaltarían la composición de una cartera altamente diversificada, con un peso en bolsa muy ajustado al riesgo deseado por cada inversor; "contar con 'paracaídas' que compensen con su mejor comportamiento en este tipo de situaciones", como podrían ser inversiones ligadas a inmobiliario o infraestructuras; y contar con fondos líquidos de calidad en retorno absoluto.

La virulencia de una guerra mundial hace casi inviable la gestión de los riesgos financieros

Entre los expertos financieros existe un consenso muy amplio en que a día de hoy carece de cualquier lógica tratar de anticiparse a una situación extrema como sería una guerra mundial, a causa no solo de la baja probabilidad del mismo, sino también de la idea de que el potencial devastador de un episodio de este calibre minimizaría cualquier opción de preservación del capital. Además, los mercados están expuestos a un intervencionismo extremo por parte de los Estados y los resultados de los distintos activos financieros tienden a depender de forma excesiva de la evolución de los enfrentamientos en el campo de batalla.

"Proteger la riqueza de uno en tiempos de guerra es difícil porque se restringen las actividades económicas normales, las inversiones tradicionalmente seguras no lo son, la movilidad del capital es limitada y se imponen altos impuestos cuando las personas y los países luchan por su supervivencia. Proteger la riqueza de quienes la tienen no es una prioridad en relación con la necesidad de redistribuir la riqueza para llevarla a donde más se necesita", comenta en su artículo Ray Dalio.

Otra Guerra Fría

Otra visión, en cambio, se impone a la hora de considerar la necesidad de adecuar las estrategias de inversión a las transformaciones que la situación geopolítica actual puede ocasionar a largo plazo en la economía mundial. "Parece claro que vamos a una situación más movida en el terreno geopolítico y eso, en términos agregados, debería significar más volatilidad, por lo que es posible que las estrategias de inversión vayan adaptándose cada vez más a un mayor enfoque en la gestión de la volatilidad", sugiere García Baquero.

Un escenario de mayor rivalidad entre potencias (que ya se venía perfilando desde hace varios años) sí aparece en el horizonte de cada vez más casas de inversión, que se esfuerzan en calibrar sus indudables consecuencias económicas. Scholtes contempla la posibilidad de que las tensiones entre Occidente y Rusia se prolonguen durante los próximos años, más allá del conflicto puntual de Ucrania. "No estaríamos entonces abocados a un mundo bipolar que pueda calificarse de guerra fría, pero sí que los mercados tendrían que aplicar de forma persistente una prima de riesgo por las incertidumbres sobre el suministro de energía, una reanudación de las hostilidades o incluso por posibles ataques a países terceros".

Según el experto de UBS, "esta mayor prima de riesgo geopolítica deprimiría moderadamente la valoración de equilibrio de los activos empresariales y financieros, pero no invalidaría el escenario central de recuperación de la economía mundial y de reanudación de la tendencia alcista en las bolsas en cuanto haya más visibilidad".

Foto: EC.

Un escenario similar plantea Patricia García, socia fundadora de Macroyield: "Habrá una gran lucha por el control de las materias primas y, en ese contexto, sus precios podrían continuar al alza, así como el oro y el dólar. El sector aeroespacial y defensa y, determinados segmentos de tecnología, como la ciberseguridad o el desarrollo de tecnología para el mejor aprovechamiento de los recursos o el buen fin de las energías alternativas al crudo y gas", plantea Patricia García, socia fundadora de Macroyield.

En su opinión, ante un escenario de este tipo, "es muy probable que la globalización sufra un brusco retroceso, que los procesos de producción busquen alternativas a China y que Europa busque alternativas a Rusia para la obtención de recursos. Podríamos encontrar oportunidades en los nuevos canales de producción y suministro que pudieran abrirse o reforzarse".

García aconseja, sin embargo, esperar a que exista mayor visibilidad sobre la situación, antes de decidir cualquier cambio significativo en las estrategias de inversión. Una idea con la que coincide Matellán: "Esto es como conducir bajo la niebla. Debes ir despacio y no hacer movimientos bruscos hasta que aumente la visibilidad", comenta el experto de Mapfre.

Desde su punto de vista, aunque la crisis actual pueda esconder riesgos evidentes para la estabilidad geopolítica futura, sería poco sensato tratar de anticiparse a ellas. "Un inversor serio debe mantenerse aferrado a los hechos y no basarse en especulaciones", comenta. En este sentido, ni siquiera considera apropiada la idea tan extendida de 'comprar las caídas'. "Este tipo de escenarios suelen generar oportunidades, pero no se trata de comprar algo solo porque haya caído mucho. Lo que hay que considerar es, si con base en las expectativas económicas, un activo está barato o no".

Al paso que marca la ofensiva que Rusia ha lanzado para la ocupación de Ucrania, los mercados financieros internacionales han activado el estado de alerta. En solo cinco días, las bolsas europeas han acumulado pérdidas cercanas al 10%, en un descalabro sin igual desde marzo de 2020, en pleno azote de la primera ola del coronavirus, y los números rojos también se han extendido por Wall Street. Mientras las materias primas pulverizan máximos plurianuales, lideradas por la energía, las rentabilidades de los bonos internacionales registran significativas entradas de dinero. Ambos movimientos reflejan al unísono la disminución de las expectativas de subidas de tipos y la búsqueda de refugio por parte de los inversores. Un movimiento defensivo que también impulsa la cotización del oro o el yen japonés.

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