Estrategias ante la amenaza de rebrote

De Nintendo al oro: cómo proteger las carteras si hay una segunda ola de covid-19

La amenaza de un rebrote de la enfermedad tras el fin de los confinamientos a nivel mundial obliga a los inversores a plantear sus opciones para limitar los riesgos

Foto: Un corredor de bolsa en el interio de la Bolsa de Nueva York. (EFE)
Un corredor de bolsa en el interio de la Bolsa de Nueva York. (EFE)
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Las acciones de Nintendo cerraron este viernes en sus niveles más elevados desde 2008. Tras casi dos meses de vaivenes sin dirección, el gigante nipón de los videojuegos ha reactivado en las últimas semanas la remontada que inició a mediados del pasado marzo, cuando los inversores lo señalaron como uno de las principales beneficiarios del escenario de confinamiento en que se encontró gran parte de la población global a causa del coronavirus.

En paralelo, otras compañías que también encontraron en la crisis del covid-19 un impulso a sus perspectivas de negocio han experimentado llamativos repuntes en los últimos días. Es el caso del grupo alemán de alimentación Hellofresh, que suma un 19% en dos semanas; la compañía sueca de servicios empresariales en la nube Sinch, con ganancias del 25% en nueve sesiones, o la gran estrella del mercado durante el confinamiento, el proveedor estadounidense de videollamadas Zoom, que ha estirado su escalada con subidas en el entorno del 35% desde el inicio de junio.

La coincidencia de estos movimientos con las noticias que apuntan al surgimiento de rebrotes del virus (en China, en Estados Unidos o en Alemania, por ejemplo), a medida que los gobiernos relajan las restricciones de movimientos, ha llevado a muchos expertos a identificarlos como intentos de los inversores de prepararse ante el riesgo de una segunda ola de la enfermedad, que algunas voces auguran para el próximo otoño. Tras semanas de recuperación, auspiciada por los avances hacia la reactivación económica, los temores a que el coronavirus vuelva a resurgir con fuerza han devuelto la inestabilidad a los mercados, mientras los inversores vuelven a mostrar su preferencia por sectores como la salud o la tecnología, las apuestas vencedoras durante el primer brote. ¿Es esta una decisión acertada?

Hasta las firmas más optimistas con las perspectivas del mercado reconocen que una segunda ola del virus sería muy nociva para las inversiones de riesgo. Así, desde Barclays señalan en un informe publicado esta misma semana, en el que auguraban aún un potencial de mejora a las bolsas, que "una segunda ola de infecciones es un riesgo clave", agudizado por las exigentes valoraciones que han alcanzado las bolsas tras la remontada de los últimos meses, que las hacen más vulnerables a las malas noticias.

A falta de una vacuna efectiva, que difícilmente tomará forma en los próximos meses, parece inevitable que las informaciones sobre el avance de la epidemia sometan a los mercados, al menos, a sucesivos episodios de volatilidad, mientras los inversores sopesan el riesgo de que la situación se acabe desbordando. Un peligro que la mayor parte de los expertos aún considera limitado.

"Nosotros somos escépticos sobre que se produzca una segunda ola pandémica del SARS-CoV-2 de características similares a la primera, que lleve a un confinamiento general de la población y vuelva a colapsar el sistema sanitario", señala José Luis García Muelas, responsable de inversiones de Loreto Inversiones, quien se muestra confiado en que "las medidas de distanciamiento social y los test masivos permiten controlar de forma más efectiva los brotes que van apareciendo en los distintos países que se abren a la nueva normalidad".

Evolución de los distintos sectores del índice europeo Stoxx 600 en 2020. (Bloomberg)
Evolución de los distintos sectores del índice europeo Stoxx 600 en 2020. (Bloomberg)

Sin embargo, la amenaza resulta indiscutible y difícil de ponderar. Y, por ello, y en un momento en que las valoraciones de los mercados no son, ni mucho menos, especialmente atractivas, son muchos los analistas que piensan que no está de más actuar con prudencia. "A la hora de construir o modificar una cartera en estos momentos, creemos que esta debe estar preparada para una posible segunda ola de contagios a lo largo del resto del año, así como a las restricciones que esta pudiera acarrear", sugiere Fernando Sanz, analista de inversiones de Tressis.

Sanz cree que los inversores deben adaptar sus posiciones a los niveles de riesgo y volatilidad que estén dispuestos a asumir ante este posible escenario. Y para ello, opina, pueden valerse de las lecciones que se desprenden del primer brote, para evitar caer en los mismos errores. "Por el lado de la renta fija, el principal problema fue la falta de liquidez a la hora de querer operar en el mercado secundario. En este caso, los fondos de renta fija de alta calidad, y sobre todo, con peso sustancial en bonos gubernamentales tuvieron un comportamiento claramente diferencial. Por el lado de la renta variable, fueron los sectores más endeudados y más procíclicos los que más sufrieron, incluyendo los ligados a materias primas como el petróleo", señala.

Desde esa perspectiva, la apuesta por compañías como las citadas Nintendo, Netflix o Zoom puede parecer una estrategia intachable. Al fin y al cabo, si el primer brote impulsó la demanda de sus productos y servicios, ¿por qué no habría de ocurrir lo mismo ante una segunda ola?

Las consecuencias de un rebrote del virus no tienen por qué ajustarse a las del primero, de modo que no impactarían del mismo modo en todos los negocios

Esta cuestión, sin embargo, corre el riesgo de soslayar el hecho de que las consecuencias de un rebrote del virus no tienen por qué ajustarse a las del primero. "El impacto de una segunda ola, si finalmente se materializa, debería ser mucho menor, ya que es improbable que conlleve el mismo nivel de restricciones sobre la actividad económica que las sufridas en la primera oleada", apunta David Macià, director de inversiones de Crèdit Andorrà Asset Management, que piensa que la mayor preparación para hacer frente al virus, unida a la preocupación por las consecuencias económicas, llevará a los gobiernos a evitar los bloqueos al por mayor registrados tras la primera embestida del virus.

Estas previsibles diferencias hacen necesario un análisis más sosegado de las perspectivas de unos y otros negocios: en caso de un rebrote que no conlleve bloqueos como los recientes, ¿verá un nuevo impulso el teletrabajo? ¿La alimentación en el hogar se seguirá imponiendo en la misma medida a las comidas en bares y restaurantes? ¿La demanda de videojuegos regresará a los niveles récord registrados en marzo o abril? Y, sobre todo, ¿no estará eso ya recogido en los precios de los distintos activos?

"Si viniera una segunda ola de contagios, esperar y ver con prudencia es la recomendación, sin salir corriendo, vendiendo activos de bolsa, lo que se ha demostrado de nuevo que era la peor opción financiera durante las caídas", observa Guillermo Santos, socio de iCapital. En su opinión, la apuesta por compañías tecnológicas como Zoom o Netflix, como movimiento oportunista, podría tener sentido. Pero se muestra más partidario de ejecutarlas "a través de un ETF —iShares U.S. Technology_ o fondo diversificado —T-Rowe Price Global Technology Equity o Guinnes Global Innovators), para minorar el riesgo de la toma de posición (reducción del riesgo específico propio de las empresas del sector—".

Sea como fuere, el sector tecnológico aparece como una baza fundamental en cualquier estrategia de protección ante un rebrote del virus. "El coronavirus ha acelerado la implementación de algunas tendencias que se venían observando, como el teletrabajo, la telemedicina, el 'retail online', la logística de última milla... Esto, unido a unos tipos que van a permanecer bajos por mucho tiempo, ha hecho que muchas de estas compañías vuelvan a marcar máximos. Por fundamentales, muchas de ellas están caras pero pueden permanecer así mucho tiempo mientras los tipos de interés sigan tan bajos. Un rebrote les daría un empujón", considera García Muelas.

Esta visión es respaldada por Víctor Peiro, responsable de renta variable de GVC Gaesco, quien resalta que "la tendencia hacia la digitalización va a seguir" y que "aunque el sector de tecnología pueda parecer caro, lo cierto es que estas compañías cada vez están absorbiendo más cuota de negocio, lo que justifica unas valoraciones altas".

Junto a la tecnología, los expertos detectan otros sectores menos sensibles a las turbulencias específicas de un nuevo azote de la crisis sanitaria, como serían los de salud y farmacéuticas, el consumo básico o las telecomunicaciones, que pueden aportar algo de estabilidad ante un repunte de la volatilidad del mercado. Algo a lo que también podrían contribuir otro tipo de activos, más allá de las bolsas. De este modo, Macià aconseja sobreponderar la inversión en yen y oro, "para compensar también las carteras, siendo, ambos, activos que suelen actuar como refugio en períodos de turbulencias en los mercados, a la vez que consideramos que ambos gozan de buenas perspectivas en el medio plazo, más allá de que se materialicen correcciones o no".

Cotización de la onza de oro, en dólares, en el último año. (Bloomberg)
Cotización de la onza de oro, en dólares, en el último año. (Bloomberg)

El oro es también una de las opciones de protección contempladas por Gonzalo García Valero, responsable del área de Asesoramiento de Caser Asesores Financieros, quien recuerda que tan importante como dónde invertir es dónde no hacerlo para no asumir un riesgo excesivo. Así, sostiene, un rebrote violento de la pandemia "volvería a ser negativo para el crédito, sobre todo para el 'high yield', por lo que habría ser lo más conservador posible y refugiarse en bonos core. Por su parte, en cuanto a las materias primas, pensamos que el sector de la energía volvería a sufrir, ya que las expectativas de demanda de crudo caerían rápidamente".

Todos estos consejos no deben hacer olvidar a los inversores que ante la amenaza de un evento crítico para la economía global el enfoque no debe ser tanto cómo acertar con las inversiones eventualmente ganadoras, sino como limitar los riesgos y mantener un margen de seguridad para tratar de aprovechar las oportunidades que surjan para beneficiarse de movimientos más tendenciales.

Con este punto de vista, Peiro defiende mantener en la situación actual una cartera de compañías sólidas, resistentes ante los embates de la crisis, mientras se reserva una parte importante de los fondos (entre un 30 y un 40%, aconseja), para tomar posiciones una vez que se produzca una nueva fase de recortes en las bolsas en la segunda mitad del año. Una corrección para la que ni siquiera cree que sea necesario un rebrote del virus, ya que "la economía se enfrenta un escenario de crecimiento lento; las discusiones sobre los fondos de recuperación en Europa van a seguir motivando altibajos; y las elecciones en EEUU también favorecerán la volatilidad", advierte.

En GVC Gaesco aconsejan tener hasta un 40% de la cartera en liquidez para tomar posiciones cuando regresen las caídas en la segunda mitad del año

Por lo tanto, con rebrote o sin rebrote, los inversores parecen abocados a enfrentarse a un escenario de complejidad extrema en los mercados, que requerirá un enfoque prudente y convenientemente asesorado. En este entorno, "factores como la diversificación y la flexibilidad de mandato a la hora de hacer cambios rápidos en las carteras adquirirán más relevancia, si cabe. Esto significa que la gestión activa seguirá jugando un papel protagonista", defiende Alicia García Santos, responsable de M&G para España, Portugal y Andorra.

La experta defiende que, ante las elevadas incertidumbres que acechan al mercado, "aquellas estrategias centradas en la preservación de capital volverán a adquirir importancia, así como aquellas que permitan descorrelacionar. Dentro de estas últimas destacaría aquellas megatendencias con capacidad para recuperarse de potenciales crisis de forma más rápida, como es el caso de las infraestructuras cotizadas, cuya recuperación tras la crisis financiera global de 2008 fue superior a la media del mercado".

Salir ileso de una crisis como la del coronavirus posiblemente sea un propósito demasiado ambicioso para cualquier inversor. Pero no faltan opciones para minimizar los riesgos. Y el primer envite de la enfermedad ya ha dejado suficientes pistas de lo que puede resultar más útil ante la hipótesis de una reedición.

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