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Del "tenía que haber vendido" al "tenía que haber comprado": cómo evitar esta locura

"Nuestro cerebro no está preparado para tomar decisiones racionales en este contexto. Tenemos grabada a fuego la capacidad de sobrevivir"

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La madre de Jesús al final vendió. No podía soportar la caída continuada del precio de sus fondos, le angustiaba. Había pedido consejo a su asesor sobre qué hacer y este le había dicho que aguantara, pero sucumbió a los nervios del momento. Lo peor: aquella mala sensación es ahora todavía peor al ver la fuerte recuperación de los mercados desde entonces. Sufrió las caídas y se ha perdido la recuperación. Todo en tiempo récord, en apenas dos meses.

Como ella, muchos inversores miran estos días el mercado asombrados ante la montaña rusa de las cotizaciones. Sobre todo, los que vendieron y ven ahora desde fuera cómo suben las cotizaciones, que no fueron pocos, ya que en marzo hubo unas ventas netas superiores a 5.500 millones de euros en fondos españoles.

Desde mediados de febrero hasta final de marzo, los índices mundiales habían perdido más del 30% desde máximos, en pleno pánico por el impacto económico de la pandemia. Pero muy pocas semanas después, hay mercados que han recuperado buena parte de la caída. Y, de hecho, el Nasdaq Composite marcó este viernes nuevos máximos históricos y sube cerca de un 10% en lo que va de 2020.

Un rebote que no han sentido en sus carteras quienes no pudieron aguantar más. ¿Pero por qué se producen tales ventas en fondos tras un desplome, cuando teóricamente es un dinero invertido a largo plazo? Puede que muchos inversores lo hicieran para hacer liquidez ante la crisis económica que se avecinaba, pero otros por pura ansiedad, por el sufrimiento emocional que le provocaba el desplome de los mercados.

"Nuestro cerebro no está preparado para tomar decisiones racionales en este contexto. Tenemos grabada a fuego la capacidad de sobrevivir", explica el neurólogo Pedro Bermejo. Por eso, "cuando vemos una posibilidad de pérdida, se activan unas zonas cerebrales, la más conocida la amígdala cerebral, que nos hacen salir de allí corriendo, igual que cuando nuestros antepasados veían un depredador y huían a toda velocidad", añade el autor del libro 'El cerebro del inversor' en el podcast Finect Talks.

Quizá por eso, las caídas pueden producirnos un profundo desasosiego, mucho más fuerte que el efecto positivo de las ganancias. "La miseria que sentimos con las pérdidas es dos veces mayor que la alegría que experimentamos con las subidas", explica Dan Ariely, profesor de finanzas de comportamiento de la Universidad de Duke.

Otra fuerza emocional que se despliega en los momentos de pánico es el efecto manada. Así lo explica Bermejo: "Tu cerebro te pide que hagas lo mismo que hacen los demás. Si ves que todo el mundo sale corriendo en la misma dirección, tú también te vas a sentir impulsado a hacerlo. Vas a querer vender, pero no solo por la percepción de riesgo, sino porque ves que todo el mundo sale en esa dirección".

Pero, de pronto, como en la célebre viñeta de 'The Economist', se pasa de la locura por vender a las fuertes subidas en los índices. En los primeros días desconfiamos de las subidas, que además suelen ser muy pronunciadas, y que suelen ser claves en la rentabilidad final de una cartera, como muestra este gráfico de Fidelity.

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Pero, además, según pasan los días, empieza a aparecer una nueva emoción: la de habernos equivocado al vender o, para quien estaba en liquidez, habernos perdido una buena oportunidad de compra. "Cuando quieres reaccionar, ya ha pasado el momento idóneo", explica Bermejo. Y esto genera una nueva carga emocional que retrasa en muchos momentos la decisión de inversión. Se espera una nueva caída del mercado para comprar, que puede producirse pero también puede que no, y que hace al inversor ir detrás del mercado y acabar comprando demasiado tarde, cuando los precios ya han corrido mucho.

¿Qué se puede hacer para evitar que las emociones nos dominen? "Podemos aprender a controlar las emociones, pero eso no significa que no las tengas", explica Bermejo. ¿Cómo hacerlo? "Lo primero es tener información útil. También puede ayudar tener un asesor, que vea nuestra situación financiera con más frialdad", añade.

Pero, sobre todo, el consejo unánime es tener un plan de inversión. Y, si puede ser, automatizado. Es decir, realizar una aportación periódica (mensual o trimestralmente) a la cartera de inversión, con independencia de lo que hagan los mercados. Esta opción la ofrecen cada vez más las entidades de inversión a través de sus servicios online y, sobre todo, todos los gestores automatizados o roboadvisors.

Y lo más importante, hacerlo siempre dentro del perfil de riesgo que cada inversor pueda tolerar. Ya lo decía Warren Buffett: "A menos que puedas ver cómo tus inversiones en acciones pierden un 50% sin caer en el pánico, no deberías invertir en bolsa". O, al menos, no una parte demasiado importante de la cartera.

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