fuertes caídas

Jaque de Arabia Saudí a EEUU en el tablero del crudo gracias a un 'aliado inesperado'

No hay demanda de crudo en un momento en que ya se venía de una situación de sobreoferta. La consecuencia: el mercado se ha roto

Foto: Reservorio petrolífero. (Reuters)
Reservorio petrolífero. (Reuters)
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El mercado del petróleo ha colapsado. No solo porque este martes el Brent de referencia en Europa se desplomó más de un 30%, por debajo de los 20 dólares, mínimos desde 2002, o porque el Texas estadounidense con entrega en junio cayera otro 70, hasta tocar los 6,5 dólares, sino porque el mundo no sale de su asombro ante lo nunca visto: el lunes los contratos con vencimiento este jueves entraron por primera vez en la historia en terreno negativo o, lo que es lo mismo, los 'traders' pagaban hasta 40 dólares para quitarse los barriles de encima porque no tenían dónde meterlos.

Con la mayor parte de los países desarrollados encerrados, literalmente, para tratar de frenar el avance de la pandemia del coronavirus, no hay demanda de crudo en un momento en que ya venía de una situación de sobreoferta. La consecuencia: el mercado se ha roto.

Pero esta situación escribe un capítulo inesperado en la guerra por la hegemonía del petróleo mundial que se ha venido cocinando a fuego lento en la última década entre Estados Unidos y la Organización de los Países Exportadores de Petróleo (OPEP) o, fundamentalmente, Arabia Saudí.

La llegada del petróleo de esquisto ('shale oil') de Estados Unidos hizo estallar una pugna con los señores del oro negro, que hasta ese momento controlaban la cuota del petróleo mundial. A medida que han pasado los años, han ido cambiando los equilibrios de fuerza como si de una partida de ajedrez entre Kasparov y Bobby Fisher se tratase. Partida en la que a Arabia Saudí le ha podido salir un inesperado aliado: el virus del covid-19.

En esta situación van a perder todos, pero estaban jugando a una ruleta rusa y Estados Unidos se ha pegado el tiro

"En esta situación van a perder todos, pero estaban jugando a una ruleta rusa y Estados Unidos se ha pegado el tiro", asegura Gonzalo Escribano, director del Programa Energía y Cambio Climático del Real Instituto Elcano, a Cotizalia.

Para entender la situación actual, hay que remontarse solo unos meses atrás, aunque hoy parecen siglos. Se trata de 2018, en plena guerra comercial del presidente Donald Trump con China. De hecho, en aquel entonces, toda la obsesión del inquilino de la Casa Blanca era tener el precio del petróleo controlado y que no subiera más. Cuando se acercaba a los 80 dólares, comenzaba su campaña de presión hacia Arabia Saudí, a la que acusaba de mantener el precio "artificialmente alto", al tiempo que la industria del 'shale' bombeaba a toda máquina para contrarrestar los recortes llevados a cabo por la OPEP y aumentar la oferta.

Lo hizo reestructurando la deuda de numerosas empresas de un sector al que el barril por debajo de los 50 dólares no resultaba rentable y que venía sufriendo mucho desde el estallido del mercado bajista en julio de 2014. "Trump hizo todo lo posible para producir mucho petróleo, más teniendo unas elecciones a la vuelta de la esquina a las que quería llegar con la economía en todo lo alto, y al final lo que hizo es hinchar una burbuja que tarde o temprano va a estallar", aseguraban fuentes del mercado entonces.

El cisne negro del petróleo

El problema ahora es que esa burbuja ha estallado por el lado menos pensado, el colapso de la demanda por una crisis sobrevenida derivada de una pandemia mundial imposible de prever. En otras palabras, lo que en la jerga financiera se conoce como un cisne negro de manual.

Así, EEUU ha llegado a esta crisis con los inventarios de petróleo hasta arriba consecuencia del mayor ritmo de bombeo, de las compras de crudo llevadas a cabo para calmar al 'lobby' energético y una demanda que ya se ralentizaba como consecuencia de la desaceleración económica.

"La demanda se ha hundido y allí [EEUU] ya no cabe nada para almacenar y los pocos que tienen hueco lo están vendiendo caro", asegura Escribano. "Pequeños inversores compraron porque creían que el precio iba a subir y ahora no lo pueden vender y, como probablemente esta situación se mantenga en junio, lo del lunes con el precio en negativo de los futuros va a volver a pasar el 22 de mayo, cuando no haya remontado la demanda y venzan de nuevo los contratos".

A esto hay que sumar la situación de 'supercontango' en la que nos encontramos, que no hace otra cosa que alimentar la caída. En un mercado normal, el contango supone que a día de hoy están los precios mucho más bajos que a futuro, con lo que guardas petróleo a precio actual y lo vendes con entrega más adelante. El problema es que "cuando se produce esta situación pero no tienes dónde guardar el petróleo, entras en una espiral bajista", explica el experto.

Además, las propias características del mercado del petróleo hacen que la oferta y la demanda sean muy poco elásticas. Los pozos no se pueden parar de la noche a la mañana por cuestiones logísticas.

El papel de Arabia Saudí

El mercado ha entrado en pánico y se ha llevado por delante de manera indiscriminada todas las referencias, incluido el Brent de referencia en Europa, que se vende por debajo de 20 dólares, su nivel más bajo desde 2002. Sin embargo, en términos hegemónicos, la aparición del coronavirus puede haber supuesto un aliado inesperado.

Prueba de ello es la decisión de Arabia Saudí en marzo de aumentar el bombeo en represalia a Rusia por levantarse de la mesa de negociación con la OPEP para pactar un recorte de la producción. ¿Por qué hizo eso? Porque realmente el país puede aguantar con un petróleo especialmente bajo, algo que Rusia no se puede permitir. En ese momento ya se esperaba una fuerte caída de la demanda como consecuencia del coronavirus, y aun así optó por inundar el mercado de crudo. No en vano, aunque realmente no se sabe cuál es el coste de extracción de Aramco —la compañía estatal— en sus campos, los datos de Rystad Energy apuntan a los 9,90 dólares por barril, por lo que aún tendría margen.

Por otro lado, lo que en septiembre parecía un daño profundo al país, el atentado contra las instalaciones de Aramco, que interrumpió la mitad de su producción y lo obligó a tirar de sus reservas para hacer frente a sus compromisos, ahora supone una ventaja, ya que cuenta con más capacidad de almacenamiento que su mayor rival.

Y, finalmente, en su mercado de referencia, Asia, la demanda no se ha parado. Es más, China, que ha comenzado a arrancar tras el parón del país para hacer frente a la pandemia en enero, ni siquiera redujo las importaciones durante la crisis y a día de hoy aún cuenta con capacidad de almacenamiento que está aprovechando para comprar petróleo a los precios bajos actuales.

Tanto es así que habría doblado la ratio de sus inventarios comerciales y estratégicos en el primer trimestre de 2020, según apunta Reuters, Y es que aunque el país no ofrece datos oficiales de los flujos de compras de petróleo, se puede hacer una estimación entre la cantidad de crudo procesado en las refinerías y el volumen total de petróleo disponible tanto de las importaciones como de la producción nacional. Así, las importaciones de petróleo de China alcanzaron los 10,2 millones de barriles al día entre enero y marzo, mientras que el bombeo fue de 3,74 millones de barriles, dando un saldo total en el trimestre de 13,94 millones de barriles.

Pero no solo China. También India está manteniendo la demanda de petróleo. El tercer importador mundial de petróleo tiene pensado aumentar sus reservas petroleras los próximos meses con una capacidad de almacenamiento que está solo a la mitad del total de 5,33 millones de toneladas métricas entre las tres localidades del sur, Vishakhapatnam, Mangalore y Padur.

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