la psicología tras una buena inversión

Las trampas de tu mente que te impiden ahorrar para la jubilación

El miedo a perder dinero pesa más que la incertidumbre de ganar más a largo plazo, por eso tendemos a poner nuestros ahorros en productos financieros seguros con nula rentabilidad

Foto:

¿Te has preguntado por qué nunca terminas de ahorrar para la jubilación? Aunque eres perfectamente consciente de que tienes que hacerlo para tu tranquilidad a futuro, siempre encuentras excusas para retrasar el momento: los estudios de los hijos, un coche nuevo, un capricho...

Detrás de estos pretextos hay toda una psicología perfectamente estudiada que demuestra cómo las personas tenemos una limitada capacidad de raciocinio cuando se trata de cuestiones que afectan al bolsillo y buscamos atajos mentales que justifiquen esa inacción.

Así funciona nuestro cerebro

Son sesgos cognitivos a los que nos enfrentamos a diario y que han sido objeto de análisis en la llamada economía conductual, cuyos máximos exponentes son los premio Nobel de Economía, Richard H. Thaler y Daniel Kahneman, quienes describen en ‘Un pequeño empujón’ y en ‘Pensar rápido, pensar despacio’ cómo funciona el cerebro ante las trampas de nuestra mente que nos impiden ahorrar.

La jubilación es una etapa de la vida que es vista con lejanía y, en consecuencia, tendemos a concluir que ya habrá tiempo para acumular dinero. El sesgo del presente nos lleva a primar el día a día. Además, como el ahorro se identifica como un gasto que te priva del consumo, una y otra vez vas postergando esa decisión. Esa falta de autocontrol provoca la incapacidad de disciplinarse para convertir el ahorro en un recibo más al mes, haciendo de ese acto algo periódico.

Por otra parte, nos da una enorme pereza tener que enfrentarnos a la elección de un producto de inversión a través del que ahorrar. Son vehículos financieros que no siempre se entienden y que tienen nombres poco atractivos y comprensibles, lo que nos llevan a la inercia de mantenernos como estamos.

"Las desventajas de un cambio pesan más que las ventajas, induciendo un sesgo que favorece el statu quo", explica el premio Nobel Daniel Kahneman

Es lo que se conoce como sesgo del statu quo, por el que uno se aferra a lo que tiene y, por ese principio básico que es la ley del mínimo esfuerzo, se suelen dejar las opciones predeterminadas por defecto. “La ley establece que, si hay varias formas de lograr el mismo objetivo, el individuo gravitará finalmente hacia la pauta de la acción menos exigente”, dice Kahneman en su obra. Para más inri, “las desventajas de un cambio pesan más que las ventajas, induciendo un sesgo que favorece el statu quo”, incide el economista.

De esta forma, nuestra cabeza usa atajos mentales, buscando el camino más corto, para tomar decisiones económicas, lo que nos hace caer en las trampas. Por ejemplo, la aversión a la pérdida nos hace optar erróneamente por ahorrar a largo plazo invirtiendo en productos financieros seguros, pero con nula rentabilidad, como los depósitos bancarios, en lugar de en activos más rentables como la renta variable, aunque conlleve un cierto riesgo.

“Tenemos que ser conscientes de que es un activo que no genera rentabilidades positivas todos y cada uno de los años”, advierte Gustavo Trillo, director comercial de la gestora independiente Bestinver. “La volatilidad es inherente a los mercados de renta variable” -continúa- “y soportar las correcciones es el precio que debemos pagar para obtener rentabilidades atractivas a largo plazo. Hay que invertir con el suficiente horizonte temporal para poner el tiempo de nuestro parte”.

La psicología tras una buena inversión

“Estar demasiado atento a las fluctuaciones diarias no es una buena idea, porque el pesar que causan las frecuentes pequeñas pérdidas supera el placer de las igualmente frecuentes pequeñas ganancias”, apunta Kahneman. “Las personas odian las pérdidas y, en términos generales, es dos veces mayor la desgracia de perder algo que la alegría de ganar eso mismo, por lo que contribuye a producir inercia, lo que significa un fuerte deseo de conservar las posesiones”, argumenta Thaler. Dicho de otra forma, el miedo a perder dinero pesa más que la incertidumbre de ganar más a largo plazo.

Además de esa racionalidad limitada y falta de autocontrol, nos dejamos influir por terceros y el efecto manada nos atrapa por “la presión social, el deseo de no afrontar la censura […] Si todos los demás aceptan una proposición determinada o ven las cosas de una manera determinada, cabría suponer que seguramente tienen razón”, argumenta Thaler reconociendo que la media de un grupo ejerce una influencia significativa sobre las personas.

Además de la racionalidad limitada y falta de autocontrol, nos dejamos influir por terceros y el efecto manada nos atrapa por "la presión social"

Esto es lo que explica la creación de las burbujas. Cuando el precio de una acción sube de forma vertiginosa, el optimismo y el exceso de confianza nos envuelven y también nos sumamos a la fiebre compradora sin pensar si los títulos están caros o si están próximos a tocar techo. “Cuanta más imprudencia veamos en el comportamiento de otros, mayor será nuestra prudencia”, dice el gurú de las inversiones Warren Buffett.

Ese exceso de confianza contribuye también a no ahorrar para la jubilación porque creemos que el Estado siempre estará ahí para cubrir la pensión pública sin escuchar las advertencias de los expertos, que aconsejan a los ciudadanos a ahorrar por su cuenta ante la insuficiencia del sistema por el cambio demográfico, por el que el mayor envejecimiento de la población y la baja tasa de natalidad cuestionan el sostenimiento de las actuales prestaciones a largo plazo. Conclusión: párate a pensar en cómo quieres que sea tu vida cuando te jubiles y no caigas en las trampas de tu mente que te impiden ahorrar. Activa un plan B para que puedas disfrutar de la longevidad.

*El Confidencial en colaboración con Bestinver, gestora independiente especializada en fondos de inversión y planes de pensiones, pone a disposición de sus lectores el espacio Ahorro e Inversión. Con 30 años de experiencia y 6.200 millones de euros de patrimonio bajo gestión, Bestinver trabaja con el objetivo de generar las mejores rentabilidades a largo plazo para sus inversores.

Mercados

El redactor recomienda