ANALISTAS DE MORGAN STANLEY

La guerra comercial no lo es todo: hay una curva que lleva invertida desde diciembre

La firma cree que las malas perspectivas macroeconómicas van más allá de la guerra comercial y que prueba de ello es la inversión de la curva de los bonos cuando está ajustada al QE

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El diferencial entre los bonos a largo y corto plazo lleva haciendo 'cosas raras' desde otoño. La curva de rentabilidades entre el bono a diez años y el bono a tres meses ha entrado en positivo y negativo varias veces en los últimos meses, alarmando a los inversores por la posibilidad de que el mercado de la renta fija esté anticipando una recesión. Este miércoles, el indicador ha alcanzado mínimos del año ante los tambores de una escalada en la guerra comercial —sin embargo, Morgan Stanley va un paso más allá: la casa de análisis elabora una curva ajustada a los cambios de política monetaria... y esta lleva sin entrar en positivo desde diciembre.

Los mercados tienen muchas razones para estar nerviosos: guerra comercial, desaceleración macroeconómica, cambios en la política monetaria... Justo este miércoles, la posibilidad de otra escalada en las tensiones arancelarias han llevado a la curva entre el bono soberano estadounidense a diez años y el de tres meses a superar los mínimos de marzo, después de dos meses en positivo. En marzo, este fenómeno se había producido tras unos datos del PMI manufacturero más débiles de lo esperado.

Morgan Stanley
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Lo normal es que el bono a corto plazo otorgue más rentabilidad que el de largo (a cuánto más se tarde en devolver el dinero, más riesgo). Asimismo, un bono a tres meses con más rentabilidad que uno a diez años denota que los inversores están huyendo de los activos a corto plazo (el precio del bono va en dirección contraria a la rentabilidad) y refugiándose en el largoplacista. En otras palabras, que el mercado no cree en la salud de la economía a corto plazo.

Uno de los argumentos para desestimar la profecía de la curva invertida es que esta apenas se ha producido de forma temporal, como respuesta a nerviosismos puntuales, como la publicación de algún mal dato macroeconómico o un episodio más de la guerra comercial. Sin embargo, Morgan Stanley tiene elaborada una curva ajustada a los efectos de la reducción del balance de activos de la Reserva Federal, en la que cada 200.000 millones de dólares de los que el banco se deshace suponen una subida de los tipos del 0,25% (basándose en las estimaciones de varios responsables de la propia Fed). Con este cálculo, los analistas buscan medir el impacto de la normalización de política monetaria que pasa desapercibida al inversor medio, sobre todo en el actual contexto económico.

Según este parámetro, la curva lleva invertida todo el año, más allá de los vaivenes de la guerra comercial. "Prepararos para más decepciones de crecimiento, aun incluso con un acuerdo comercial", avisan los analistas en el informe. "Creemos que la desaceleración macroeconómica de EEUU está ocurriendo aun pese a lo que pase con la guerra comercial".

En este contexto, Morgan Stanley prevé que el S&P 500 vaya a hacer en los próximos meses hasta los 2.400 puntos (actualmente está en los 2.780), como respuesta a la debilidad de los datos macroeconómicos. La casa de análisis recuerda las flojas cifras del PMI manufacturero o inversión de la semana pasada, las cuales reflejan el rendimiento de abril, antes de que se desencadenase la última oleada de tensiones comerciales.

[Lea aquí sobre las actas de la reunión de la Fed de abril-mayo]

Una de las preocupaciones ante semejante panorama es cómo será capaz la Reserva Federal de aterrizar el avión de las políticas monetarias pos crisis en un contexto de cambio de ciclo económico. El banco central ha dejado su política en 'stand by' ante la falta de visibilidad de la economía en los próximos meses. De momento, ha dejado los tipos en la horquilla del 2,25-2,5% que alcanzó en diciembre y tiene prevista la reducción de su balance de activos para septiembre de este año (una actividad a la que dio comienzo en 2017 con una rebaja mensual de 50.000 millones de dólares en bonos del Tesoro y créditos hipotecarios).

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