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Del patrón oro al patrón árbol: llegan las criptomonedas basadas en capital natural
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La naturaleza como tesoro

Del patrón oro al patrón árbol: llegan las criptomonedas basadas en capital natural

Tokenizar la selva, el océano o los manglares significaría usar los espacios naturales como valor de respaldo para crear divisas virtuales estables. Pero ¿qué pasa con su alto consumo de energía?

Foto: La naturaleza es uno de los valores más seguros (Foto: Jose Luis Gallego)
La naturaleza es uno de los valores más seguros (Foto: Jose Luis Gallego)

La naturaleza se está convirtiendo en el nuevo oro digital. Bosques, océanos, manglares o metales preciosos sirven como valores de respaldo de algunas de las criptomonedas que están apareciendo en el mundo digital. Desde el nacimiento de la primera moneda descentralizada del mundo en 2008 hasta hoy se calcula que se han creado unas 10.000 divisas virtuales.

Según los promotores de la idea, sería la mejor manera de hacer fiables las monedas y asegurar la conservación de los espacios naturales

Las hay meramente especulativas como Bitcoin, cuyo objetivo es crecer y crecer en valor, pero detrás de la aparición de otras muchas se esconde “un interés por crear un mercado financiero paralelo". Estas nuevas monedas estables o token tienen mucho éxito, porque ofrecen servicios financieros sin los vínculos de un banco tradicional.

Esto se traduce en mejores condiciones como tipos de interés más bajos. La contrapartida es que detrás de ellas no existe un Banco Central o un Gobierno que avale los servicios. Por ello, necesitan crear un respaldo de confianza y asegurar la solidez de su valor”, explica José Javier Ruiz, director del Máster de Análisis de Datos Masivos de la Universidad Europea.

Foto: Foto: Reuters

Para eso nacieron las llamadas stablecoins. Estas basan su estabilidad apoyándose en otro valor al que quedan vinculadas. Igual que en los 70 pasaba con el patrón oro, ahora estos tókenes están respaldados o bien por dólares y otras monedas o bien por activos tangibles de todo tipo, incluida la naturaleza. “Hay tres fórmulas para generar una moneda digital estable que dé confianza a los inversores: apoyarse en otra moneda de curso legal como el dólar o el yuan o en otro tangible.

La segunda es a través de un órgano de gobernanza; un ente centralizado digital que funciona igual que los bancos tradicionales en el sentido de que compra todo tipo de monedas y garantiza el valor del token frente al resto comprando y vendiendo unas y otras. La tercera es crear dinero basándose en algoritmos. Estos de forma automática regulan el sistema controlando la cantidad de monedas en circulación”, matiza Ruiz.

placeholder Cartel publicitario de criptomonedas en Hong Kong (EFE/J. Favre)
Cartel publicitario de criptomonedas en Hong Kong (EFE/J. Favre)

En los últimos años, están apareciendo varios proyectos que recurren a lo que se ha bautizado como patrón árbol y lo que proponen es similar: tokenizar bosques, manglares u océanos. Por ejemplo, el proyecto global de Climate Collective Celo pretende apoyar de aquí a cuatro años el 40% de su reserva de tokens Celo (una stablecoin ahora respaldada por las cripto celodolar y celoeuro) en el valor de una parcela de selva amazónica.

El equivalente a 340 millones de dólares de esta plataforma se apalancarán en 135 millones de árboles tropicales o lo que es lo mismo unas 100.000 hectáreas de terreno en Acre (Brasil). “El 90% del territorio está cubierto de bosques, pero con las tasas actuales de destrucción para 2030 podría perderse hasta un 65%. Queremos evitar esa deforestación”. “Estas propuestas se basan en el valor que les damos a esos árboles por lo que aportan social y medioambientalmente. En este sentido, podrían ayudar a su conservación”, opina David Álvarez, director ejecutivo de la Consultoría Ambiental en Capital Natural Ecoacsa.

Foto: Larry Fink, jefe de BlackRock. (Reuters)

En su web, la organización afirma que se moviliza más capital para conservación con esta fórmula que organizando una donación, pero la duda es inevitable. Si es una inversión, ¿cómo se garantiza el beneficio o que va a haber fondos el día que el inversor quiera recuperar su dinero? “El depositario tendría que dejar claro qué organización está detrás. Hay que exigirle cierto grado de “expertise” y examinar el plan de negocio que propone. Además, debe informar con detalle acerca de las empresas que van a realizar las acciones del plan y cómo cuadran los números.

"Por ejemplo: quiero invertir en una supuesta moneda basada en la sostenibilidad del Amazonas. Si hay un plan de negocio detrás, como puede ser la tala de árboles certificada, si se garantiza que luego se comercializa esta madera, parte del dinero se invierte en reforestar y lo que sobra cubre para pagar los fondos a los inversores, podría estar bien. Si no suena a simple producto comercial”, dice Ruiz.

placeholder Los recursos naturales de la Amazonia sustentarían una criptomoneda estable  (EFE/J.Alves)
Los recursos naturales de la Amazonia sustentarían una criptomoneda estable (EFE/J.Alves)

La segunda duda que surge ante estos proyectos es: ¿tiene sentido apoyarse en la naturaleza cuando a las monedas digitales se les acusa de un altísimo coste energético. Solo Bitcoin consume la misma energía que países enteros como Finlandia, Suiza o Argentina. Una sola transacción con esta divisa virtual genera el equivalente en CO2 a 706.765 pases de una tarjeta Visa.

Las criptomonedas consumen muchísima energía debido a la tecnología en la que se basan. Simplificando mucho, el Blockchain funciona grosso modo como una especie de libro de contabilidad virtual, una base de datos distribuida compuesta por miles de nodos (ordenadores). En él se anotan todas las transacciones e intercambios de moneda, los participantes en la misma y la cuantía. Cada dato se tiene que apuntar en este libro y ser validado por todos los usuarios.

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Interior de una 'sala de minado' de Bitcoins en Islandia. (Reuters/Jemima Kelly)

Para ver quién de la comunidad apunta la nueva entrada se recurre a complicados problemas matemáticos que se han de resolver. Cuanto más ordenadores y más potencia de cálculo, más posibilidades tiene un nodo de ser quien apunta y recibir una recompensa en monedas extra. De ahí surgen las minas (decenas de potentes ordenadores conectados) y los altísimos consumos energéticos.

Ahora bien, según el mercado digital evoluciona hacia una mayor aparición de servicios financieros, se ha verificado que este sistema no es eficiente. Bitcoin necesita 10 minutos para realizar una transacción y Ethereum, que ha aligerado los cálculos matemáticos, necesita unos seis. Es muchísimo tiempo comparado con el sistema financiero tradicional. En 2019, Bitcoin conseguía registrar siete transacciones por segundo, Ehereum y Visa realizaba 24.000 operaciones en el mismo tiempo.

Foto: El futuro de la energía es la generación distribuida (EFE/ Diego A.)

La lentitud del sistema está empujando a la aparición de otras dos redes de blockchain pensadas para reducir aún más los consumos. Sin embargo, “el dinero se va a digitalizar en una década. La función básica de los bancos, además de prestar dinero, ha sido la de hacer de contable entre transacciones. En el sistema financiero descentralizado, el control que antes hacía una organización ahora se resuelve con computación. Hay protocolos alternativos, pero igualmente se consume mucha electricidad.

La única forma de garantizar hoy en día la sostenibilidad de los tókenes es asegurar que la energía que alimenta los ordenadores proviene de fuentes renovables. La otra es compensar con créditos de carbono”, explica André Vanyi-Robin, Ceo de Nozama, start-up que ayuda a reducir emisiones de otras empresas y que acaba de crear su propio token NFT para certificar el reciclado de plástico a través de obras de arte digital.

La naturaleza se está convirtiendo en el nuevo oro digital. Bosques, océanos, manglares o metales preciosos sirven como valores de respaldo de algunas de las criptomonedas que están apareciendo en el mundo digital. Desde el nacimiento de la primera moneda descentralizada del mundo en 2008 hasta hoy se calcula que se han creado unas 10.000 divisas virtuales.

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