con elecciones en 2020

Urkullu quiere Gobierno en Madrid: necesita los presupuestos y las competencias

La ausencia de un Ejecutivo estable y la amenaza de nuevas elecciones dejan al lendakari en serias dificultades para sacar adelante los presupuestos y lograr la transferencia de competencias

Foto: Urkullu interviene en el Parlamento vasco. (EFE)
Urkullu interviene en el Parlamento vasco. (EFE)

El lendakari, Iñigo Urkullu, afronta el último año de la legislatura con un horizonte en el que se vislumbran claros y nubarrones. Las buenas perspectivas a nivel político, con el PNV en una posición de partida muy favorable de cara a las elecciones vascas del próximo año, contrastan con los malos augurios en materia institucional, con serias dificultades para sacar adelante los presupuestos de 2020 y con el anhelado traspaso de competencias estancado por la ausencia de un Gobierno estable en Madrid.

En este escenario, el presidente vasco se ha reincorporado esta semana al trabajo tras 15 días de vacaciones veraniegas. En la agenda están marcados en rojo la aprobación de los presupuestos vascos, el avance en el autogobierno, con el traspaso al País Vasco de las competencias 'pendientes' que recoge el Estatuto de Gernika, y el desbloqueo de algunas cuestiones con el Estado que afectan al País Vasco. No obstante, en el camino para consumar estas prioridades se vislumbran importantes escollos con un Gobierno de Pedro Sánchez que no deja de estar en funciones y la amenaza de unas nuevas elecciones generales en noviembre.

Lo que ocurra en Madrid va a marcar el cierre de la legislatura en el País Vasco: Urkullu es el primer interesado en que haya un Gobierno estable pronto

No va a ser fácil materializar el objetivo de sacar adelante las cuentas públicas en una legislatura prácticamente agotada, con las elecciones autonómicas de otoño de 2020 ya en el punto de mira de los partidos vascos y con la seria posibilidad de unos nuevos comicios generales ante la imposibilidad de Sánchez de concitar apoyos para su investidura. Si ya de por sí los partidos difícilmente van a otorgar un salvavidas presupuestario a Urkullu a las puertas de la cita con las urnas vascas, la repetición de las generales dificultaría todavía más el entendimiento. En plena campaña electoral en España, con un escenario político fragmentado que augura una dura pugna por atraer al electorado, nadie quiere presentarse como el ángel de la guarda del nacionalismo. La investidura de Sánchez es, por tanto, prioritaria para que Urkullu se asegure un fructífero cierre político de legislatura.

Lo que ocurra en Madrid va a marcar sin duda tanto el inicio de la actividad política en el País Vasco como el cierre de la legislatura. Urkullu es, por ello, el primer interesado en que haya un inquilino estable en la Moncloa. En todo caso, el Gobierno de Vitoria no quiere que los pasos que dé Sánchez en las próximas semanas condicionen al cien por cien la política vasca y confía en contar en septiembre con un borrador de cuentas públicas para abordar las negociaciones con los grupos y no cerrar el último ejercicio de la legislatura sin presupuestos. De cara al proceso negociador que se iniciará el próximo mes, el gabinete de Urkullu es plenamente consciente de las dificultades para lograr el necesario respaldo de uno de los tres grupos de la oposición —EH Bildu, Podemos y el PP—. Por ello, se ha mostrado dispuesto a aceptar las “cesiones y modulaciones que sean necesarias”, pero sin rebasar un marco general que el portavoz, Josu Erkoreka, califica de “insoslayable”.

El País Vasco funciona este ejercicio con prórroga presupuestaria y, en previsión de un nuevo fracaso, el Gobierno de Vitoria ha deslizado en los últimos meses la posibilidad de un adelanto de las elecciones, a las que el PNV llega reforzado tras los últimos comicios, en especial los municipales y forales del 26 de mayo, que han permitido a los 'jeltzales' ampliar su ya de por sí elevado poder institucional. A día de hoy, no se contempla la opción del anticipo electoral, si bien no está cerrada la puerta a que la cita con las urnas se adelante a primavera en función del recorrido que conozcan los presupuestos vascos, que el Ejecutivo vasco considera fundamentales para consolidar el empleo y el crecimiento económico y garantizar unos servicios públicos de calidad. En todo caso, el gabinete de Urkullu ya ha minimizado los posibles efectos que se derivarían de una segunda prórroga presupuestaria, con el previsible aumento de los ingresos a favor. No supondría “una parálisis gubernamental ni mucho menos”, ha aseverado el consejero de Economía, Pedro Azpiazu.

El acuerdo presupuestario con EH Bildu se antoja imposible con el PNV y la coalición ‘abertzale’ en dura pugna por el espacio nacionalista. También la opción de Podemos se antoja muy complicada con la formación morada —que quiere revertir la situación de claro retroceso en la que se encuentra en el País Vasco— acentuando su perfil de izquierdas que le permita marcar distancias con el PSE, el socio institucional de Urkullu. Las tensiones y desencuentros entre Sánchez y Pablo Iglesias de cara a la gobernabilidad de España también dificultan el apoyo de Podemos a las cuentas vascas.

También resulta complicado, 'a priori', el apoyo del PP, que ha sido el salvavidas de Urkullu en los dos primeros presupuestos de la legislatura. Existen diferencias económicas, con el Gobierno vasco que rechaza la rebaja fiscal en el IRPF que exigen los populares, pero, sobre todo, importantes desavenencias políticas, con el partido de Alfonso Alonso y el PNV cada vez más distanciados. Además, el inicio de la negociación llegará con los populares vascos en pleno proceso para definir una “personalidad propia” que les permita marcar distancias con Génova. El partido de Alonso, sin apenas peso institucional en el País Vasco tras las últimas debacles electorales, celebrará los días 13 y 14 de septiembre una convención en San Sebastián para “actualizar” su mensaje con la pretensión de convertirse en la “única referencia del centro derecha constitucional y foralista” en el País Vasco, frente a los postulados más duros de Pablo Casado.

Las perspectivas no son nada halagüeñas tampoco en relación con el traspaso de competencias para “completar el autogobierno”, por la ausencia de un Gobierno estable en España. La interinidad en la que se encuentra el Ejecutivo de Sánchez ha supuesto un freno al calendario acordado por ambos gobiernos para el traspaso de 33 de las 37 competencias que reclama el gabinete de Urkullu, entre ellas Prisiones —la otra gran reivindicación vasca, la gestión del régimen económico de la Seguridad Social, se ha quedado fuera—. La imposibilidad del líder del PSOE de asegurarse los apoyos necesarios para conformar un Gobierno estable, con la investidura fallida de finales de julio, mantiene en 'stand by' los acuerdos alcanzados con el Ejecutivo de Sánchez antes de la convocatoria de las elecciones generales del 28 de abril. Esto hace que sea muy difícil que los traspasos pactados se puedan consumar antes de que finalice la legislatura en el País Vasco.

El fracaso de Sánchez para su investidura hace muy difícil que los traspasos pactados con Urkullu se puedan consumar antes del final de la legislatura

El Gobierno vasco no quiere ni oír hablar de repetición de las elecciones, por la demora que implicaría de cara ya no solo al traspaso de competencias sino para la materialización de los compromisos e inversiones adquiridos por Sánchez. En este escenario, el líder socialista tenía previsto visitar esta semana Bilbao para reunirse con el presidente del PNV, Andoni Ortuzar, de cara a lograr el apoyo de los ‘jeltzales’ en su nuevo intento para ser investido presidente, si bien aún no hay fecha para el encuentro. La disposición de la formación nacionalista es total, toda vez que buena parte del fructífero cierre de legislatura de Urkullu depende de la pronta investidura del líder socialista, si bien los soberanistas van a exigir contrapartidas para el País Vasco como moneda de cambio. "No vamos a dar un cheque en blanco", advierten fuentes del partido.

La prioridad que se ha marcado Urkullu en su vuelta al trabajo tras el periodo vacacional es, según apuntan desde el gabinete del lendakari, “reactivar las relaciones con el Gobierno español” para que se retome el calendario de traspaso de competencias “pendientes para completar el autogobierno reconocido”. Pero esto depende en esencia de que Sánchez logre ser investido presidente. Por ello, el presidente vasco incidirá en sus primeros mensajes en la necesidad de que se conforme un Gobierno estable en España cuanto antes —Ortuzar ha pedido “responsabilidad” a los partidos que posibilitaron la llegada de Sánchez a la Moncloa tras avalar la moción de censura contra Mariano Rajoy—. Así lo hará en el primer consejo de Gobierno tras el verano, que tendrá lugar el día 29 de agosto en el Palacio Miramar de San Sebastián y que supondrá el primer acto público del curso del lendakari, que comparecerá ante los medios.

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