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Ficciones renace: el crowdfunding salva uno de los videoclubs insignia de Madrid
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resisten los clásicos

Ficciones renace: el crowdfunding salva uno de los videoclubs insignia de Madrid

El establecimiento, en Lavapiés, logra en tiempo récord los 4.200 euros que necesita para sobrevivir y seguir ofreciendo alternativa a las plataformas

Foto: Videoclub de Madrid (J.I.W.)
Videoclub de Madrid (J.I.W.)

Dos chavales irrumpen en el videoclub Ficciones, en la calle de Juanelo 15. Están en una edad en la que ya no pueden ser llamados niños. Pero todavía no son adolescentes. Buscan la película 'Objetivo: la Casa Blanca'. El título está disponible. La noticia hubiera sido lo contrario: los fondos del local albergan alrededor de 46.000 filmes. Pero lo ignoran todo sobre el funcionamiento de un videoclub. Marcia Seburo, la dueña, acaba de conseguir el dinero necesario para sobrevivir gracias a una campaña de crowdfunding y les explica que deberá ser un adulto el que efectúe el alquiler. “Y, luego, cuando la devuelves, ¿te devuelven también el dinero?”, pregunta el que lleva la voz cantante, borrando cualquier atisbo de modelo de negocio para esta clase de establecimientos.

Foto: Video Club Arfe en Madrid.

Es lo normal. Nadie nacido en los últimos quince o veinte años está familiarizado con la mecánica de estos locales, protagonistas de un absoluto fenómeno social en España durante la década de los 80 del siglo XX. El país era entonces una sociedad moderna con una industria del entretenimiento a domicilio que arrastraba varios decenios de retraso. Un televisor era entonces un electrodoméstico que, al encenderlo, solo ofrecía los dos canales del monopolio de TVE. Ante ese panorama, los españoles se lanzaron a alquilar cintas que quitaban dependencia de las parrillas de programación y permitían sacarle mucho más jugo a la pantalla. Pero hoy la variedad no requiere salir de casa. Solo cuotas mensuales y una buena conexión a Internet.

Curiosamente, Ficciones no pertenece a ese primer boom de hace algo menos de 40 años. Su nacimiento, en 2004, entronca con la segunda vida que el cine en casa experimentó gracias al soporte DVD, que terminó con un reinado del VHS mucho más largo de lo que sus prestaciones técnicas merecían. Fue una iniciativa del politólogo Andrés Santana. Había varias sedes en otros puntos del centro de Madrid. Santana le cedió los bártulos a Marcia y quedó únicamente el local de Lavapiés. “Tienes la ilusión que hace falta”. Ilusión rayana en la “cabezonería”, remacha la afectada. Había venido desde Bolivia por amor allá por 2003, con dos hijos todavía pequeños. Pero desde que visitó Madrid por primera vez en 1995 albergaba la idea de vivir aquí.

placeholder Cientos de películas en el videoclub. (Cedida)
Cientos de películas en el videoclub. (Cedida)

“Amo este lugar y creo que hay que cuidarlo”. Y con ese propósito inició una recogida de fondos en una página de Internet. Buscaba reunir 4.200 euros. En el momento de escribir estas líneas, ya iba por 4.400. Gran alegría por el objetivo logrado. “Nos valoran”. Permitirá recapitalizarse y poner las cuentas como si Ficciones acabara de abrir. Han sido dos años duros. El dinero que entraba en el banco se esfumaba a la misma velocidad por embargos y deudas atrasadas. Con esos fondos de más sobre lo pedido, se plantea traer más 'merchandising' de la factoría japonesa Ghibli, que ha funcionado muy bien. Y es que solo del videoclub no se vive. Funcionar como punto de recogida para varias empresas de paquetería ha permitido pagar las facturas de la luz. También vende algunos títulos repetidos. Incluso por Amazon. “Si no puedes con tu enemigo…”. Hay pósteres y algún que otro fetiche cinéfilo.

Hoy día se alterna esa oferta con la de antes, poniendo el énfasis en el cine más raro de encontrar

Hasta 2014, se dedicaron en exclusiva al cine de autor. Un lugar especializado en 'nouvelle vague', Emir Kusturica, Andréi Tarkovski. Pero en estos años se han librado muchas batallas. La primera fue contra la piratería. Y ésta se saldó abriéndole la puerta a las películas comerciales. (Por eso ahora podemos encontrar 'Objetivo: la Casa Blanca'). Hoy día se alterna esa oferta con la de antes, poniendo el énfasis en el cine más raro de encontrar: películas europeas del Este, africanas, árabes, iraquíes, iraníes.

De ahí que el perfil sea muy cinéfilo. Marcia describe a sus clientes como inconformistas que rastrean filmografías de cineastas que les interesan. Con organización y sistema. Incluso siguiendo criterios como el orden alfabético.

Foto: El cineasta Eric Rohmer

¿Acaso esos consumidores no conocen Filmin? Seburo reconoce el mérito de esta plataforma, pero saca pecho por su propio catálogo. “No tienen ni la mitad de lo que tengo yo. Puedo competir con ellos ofreciendo lo que ellos no tienen”. En los perfiles en las redes sociales se promocionan sobre todo estos títulos inencontrables de otro modo. Y luego están las ventajas del soporte físico. Una vez compra un título, es suyo para siempre. No depende de los vaivenes de derechos que hacen que las películas y series aparezcan y desaparezcan, casi a capricho, de las ofertas de las plataformas. Calcula que tiene el 95% de lo que se ha editado en DVD. Hay otros inconvenientes. La copia de 'La Coleccionista', de Eric Rohmer, se ha roto. Se busca otra para su reposición.

Piratería primero, plataformas después. Este segundo enemigo se vio reforzado por el confinamiento de marzo de 2020. Muchos clientes reacios a estas alternativas digitales terminaron por darse de alta ante la necesidad de entretenerse sin poder salir de casa. Y cuando al fin se pudo traspasar el portal, el miedo. Los habituales se redujeron a cinco o seis personas en las peores semanas de estos dos años atrás. Ahora, sostiene Marcia, están volviendo algunos “hijos pródigos”, aburridos ya de los menús de las plataformas. (¿No son estos, acaso, una réplica en pantalla de las estanterías de los videoclubs de antaño?).

Foto: Luis Tosar y Blanca Portillo en 'Maixabel', de Icíar Bollaín. (Disney)

Sobre la mesa reposan las fundas de 'Calle Mayor' (Juan Antonio Bardem, 1956) y un pack con películas de Wong Kar Wai. Se las acaban de llevar. Además, se han devuelto novedades como 'Maixabel', de Icíar Bollaín. Los estrenos se calibran en función de las plataformas. Si está en Movistar, una copia. (Hace años, de un taquillazo compraban tres ejemplares). Si está en Apple TV, a lo mejor compensa un disco más. A fin de cuentas, esa plataforma no tiene tantos suscriptores.

Aimar Bretos presenta ‘Hora 25’ desde los altavoces que ponen fondo sonoro al establecimiento. Acaban de dar la noticia del hundimiento de Netflix en Bolsa. Marcia Seburo esboza una sonrisa. En el suelo, algunos paquetes con películas. No es raro que los clientes y amigos del local donen sus colecciones cuando hacen mudanza. Si alguien tiene 'La Coleccionista', que se acerque por Juanelo 15.

Dos chavales irrumpen en el videoclub Ficciones, en la calle de Juanelo 15. Están en una edad en la que ya no pueden ser llamados niños. Pero todavía no son adolescentes. Buscan la película 'Objetivo: la Casa Blanca'. El título está disponible. La noticia hubiera sido lo contrario: los fondos del local albergan alrededor de 46.000 filmes. Pero lo ignoran todo sobre el funcionamiento de un videoclub. Marcia Seburo, la dueña, acaba de conseguir el dinero necesario para sobrevivir gracias a una campaña de crowdfunding y les explica que deberá ser un adulto el que efectúe el alquiler. “Y, luego, cuando la devuelves, ¿te devuelven también el dinero?”, pregunta el que lleva la voz cantante, borrando cualquier atisbo de modelo de negocio para esta clase de establecimientos.

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