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Burr, el madrileño estudio de arquitectura que ha transformado el Mercado de San Antón
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Burr, el madrileño estudio de arquitectura que ha transformado el Mercado de San Antón

Su última iniciativa es el mercado de Chueca, en el que participan 25 operadores, muchos de ellos nuevos, y que ha sido completamente reformado por ellos

Foto: Mercado de San Antón diseñado por Burr.
Mercado de San Antón diseñado por Burr.

Una gran estructura central recibe al visitante del Mercado de San Antón, que acaba de renovarse después de una década desde su inauguración. Las familias, los vecinos y los curiosos deambulan por los diferentes puestos, muchos de ellos nuevos. Se ha realizado un completo lavado de cara a las dos plantas del edificio; situando en la parte inferior los locales destinados a las compras del día a día —como la charcutería Octavio o la pollería Alían— y en la superior los tan demandados mostradores de comida al momento.

Foto: En el centro de Madrid

Asesorando han estado Ansón & Bonet, la dupla mejor avenida de la escena gastro madrileña. Recomendando y afinando en cuanto a lo que podía funcionar mejor. Y en la reforma arquitectónica, liderando a un grupo importante de figuras del diseño, el estudio Burr. Todo con esencia de aquí, pero sin dejar de lado el neón, el acero y una luz que hace que todo gane en brillantez y comodidad. Todas las galerías tienen un diseño de reflectores diseñado por Ignacio Valero, por ejemplo.

Para picotear se puede apostar por clásicos como Hevia, La Manuela o La Ancha. O directamente innovar con los sandwiches japoneses de Chuka Sando, el spin off de Chuka Ramen en el mercado; la renovada trattoria de Flavia, las conservas de Nudista, los pollos de Van Van Chiken o las espectaculares hamburguesas de Juancho’s

Un trabajo coral

“Queríamos volver a traer esa sensación de mercado y de plaza de abastos a San Antón”, comentan Álvaro Molins y Jorge Sobejano, miembros de Burr Studio junto a Elena Fuertes y Ramón Martínez. Además de Amanda Bouzada, Jesús Meseguer y Pablo Navas en ocasiones puntuales. Ellos ganaron el concurso de renovación de un lugar que ha sido en la última década punto de encuentro del vecindario de Chueca. “Aunque se notaba ya el paso del tiempo, no era lo mismo que antes. El diseño se había quedado algo obsoleto”, comentan.

placeholder Burr al completo. (Maru Serrano)
Burr al completo. (Maru Serrano)

De esta forma han recuperado parte del imaginario tradicional asociado a este tipo de lugares (granitos, aceros, mármoles) y les han dado un uso mucho más funcional a la mayoría de lugares. “Ahora uno puede encontrar dos mercados bien diferenciados”, indican. El que sucede hasta las seis de la tarde, con la clientela aprovechando el día para realizar compras o echar unas cañas. Y el de la tarde, que emula a espacios ya consagrados como el de Lavapiés, Vallehermoso o Antón Martín.

Foto: Sombrereras en 1946. (Comunidad de Madrid)

Aunque aquí con una peculiaridad que lo hace algo más atractivo. Esa enorme isla central, decorada de innumerables motivos, donde las ilustraciones de Jay Daniel Wright y los diseños de Tres Tipos Gráficos aporta personalidad y un gusto diferenciador. “También hemos querido que los puestos, con sus mostradores y los diferentes cortes tuvieran un toque de antes. Hemos recuperado formas y quiebros que estaban en desuso”, insisten.

El trabajo cobra si cabe más sentido al saber que en ningún momento el mercado tuvo que estar cerrado. “Tuvimos que tirar de soluciones diferentes para que resultara lo más cómodo para la gente que trabajaba allí. Todo estaba premontado, escalado y articulado”, confiesan. A la vez que celebran el espíritu coral y de diferentes puntos de vista que cada comerciante les ha aportado.

Intervenciones con personalidad

Poco a poco Burr se va especializando en un tipo de espacio que gana personalidad y 'savoir-faire' con ese intercambio que ellos le imprimen. “Al final hemos ido encontrando proyectos, marcas y personas que siempre han querido generar su propia identidad a través de nosotros. Es un trabajo que tiene mucho de simbólico y en el que definirse es un valor”, aclaran Molins y Sobejano, cuyos apellidos también están asociados a los de Taller de Casquería, la seminal plataforma de inquietos artistas, arquitectos y buscavidas que durante una década agitaron Madrid con sus ideaciones, a cuál más loca.

placeholder Espacio Ulalia. (Luis Díaz Díaz)
Espacio Ulalia. (Luis Díaz Díaz)

Ahora con Burr han sido los artífices de la transformación de espacios como Golda, en el barrio de Justicia o Brutal Burrito, el de San Bernardo y el de Lavapiés, recién inaugurado. “Son lugares con un nivel de exposición muy alto, donde hay mucho tránsito”, cuentan. También suyas son intervenciones relacionadas con el ambiente museístico, como la realizada en el Matadero y su Centro de Residencias Artísticas.

“Este fue un proyecto de mínimos, con un presupuesto muy ajustado, pero muy interesante. El trabajo consistió en acondicionar y facilitar la estancia de los residentes en el centro. Son estructuras más efímeras, que pueden moverse o retirarse cuando se quiera. Casi como unas estructuras de apoyo, para ayudar a que los residentes puedan vivir ese espacio”, describen de una intervención que muchos consideran fantástica y muy útil.

Este tipo de propuesta se parece a otra que también han ideado recientemente. Esta vez para el CA2M mostoleño. “Nos invitaron para hacer la recepción temporal. Es como una estructura que se referencia en las mesas camilla, con grandes telas. Un experimento de recepción”, dicen.

Patrimonio industrial de Usera

“Desde hace un tiempo llevamos realizando una serie de proyectos que tienen como leitmotiv la recuperación de antiguas naves”, destacan. Mientras, valoran las situaciones por las que viene ocurriendo. “La primera es el propio precio de la vivienda. Lo que hace que sea muy prohibitiva. En cambio, en cuanto sales un poco hacia el sur, hay situaciones de antiguos talleres que ahora mismo están en desuso y que la única posibilidad que te da la normativa actual es su propia desaparición”, continúan explicando.

placeholder Entrada del Mercado anunciando su regreso. (Burr)
Entrada del Mercado anunciando su regreso. (Burr)

Si se juntan estas edificaciones y unas formas de vivir y trabajar que no son las estándares es probable que uno se encuentre con alguna intervención de Burr. “Casi siempre es gente que ha querido hibridar un poco su espacio de trabajo con el uso residencial. Jugar en esos límites difusos, que puede ser un estudio, una residencia o una casa”, declaran. De esta forma también ponen en valor el propio tejido industrial madrileño, tan maltratado en la ciudad.

Para el fotógrafo Juan Baraja reformaron una gran construcción, donde además le añadieron tres piezas que connotaban su uso. O para la escultora Teresa Solar intervinieron en su taller, metiendo el patio y ganando en luz y ventilación. “Al final es un espacio puro de trabajo, pero con mucha más calidad de vida y de disfrute”, concluyen.

Trabajos que permiten soluciones verdaderamente interesantes y muy creativas. Lugares, espacios, talleres o naves que resultan de interés para Burr y donde es probable que sigamos viéndoles trabajar. Siempre aportando y creciendo. Siempre construyendo.

Una gran estructura central recibe al visitante del Mercado de San Antón, que acaba de renovarse después de una década desde su inauguración. Las familias, los vecinos y los curiosos deambulan por los diferentes puestos, muchos de ellos nuevos. Se ha realizado un completo lavado de cara a las dos plantas del edificio; situando en la parte inferior los locales destinados a las compras del día a día —como la charcutería Octavio o la pollería Alían— y en la superior los tan demandados mostradores de comida al momento.

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