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El ocaso de la UVA de Hortaleza: cómo una obra premiada se convirtió en el infierno
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El ocaso de la UVA de Hortaleza: cómo una obra premiada se convirtió en el infierno

Los vecinos han esperado casi 60 años, sin calefacción ni apenas servicios, a abandonar este poblado temporal

Foto: Imagen de uno de los patios interiores de la UVA.
Imagen de uno de los patios interiores de la UVA.

Victoria Rodríguez era una niña cuando llegó a la UVA Hortaleza en 1963. A su familia le tocó un piso prefabricado de 45 metros cuadrados, sin calefacción ni aseo y con el cielorraso hecho de paja, como el resto de viviendas. Sin embargo, a ella le pareció un palacio: "Yo me había criado en una casa hecha por mi padre en Entrevías, sin suelo y con todo lleno de barro... Así que, al llegar, me impresionó mucho este complejo", dice Rodríguez.

Las unidades vecinales de absorción (UVA) son un proyecto franquista que se desarrolló para combatir el chabolismo. A comienzos de los 60, el Instituto Nacional de la Vivienda estimó que Madrid necesitaba construir 32.000 viviendas para realojar los 'poblaos' de casas bajas que estaban proliferando en las afueras y se fijó un plazo de solo tres meses para conseguirlo. Los arquitectos se vieron forzados a aceptar un encargo diabólico, ya que necesitaban traer casi 20.000 obreros a Madrid para cumplir con los plazos, pero la idea se descartó ante la posibilidad de que la ingente mano de obra importada terminase por agravar aún más el problema del chabolismo, de modo que se vieron obligados a pensar en estructuras de la mayor simpleza, sin movimientos de tierra, aptas para sobrevivir cinco o 10 años, el tiempo que tardasen en construir los edificios definitivos.

Durante el verano de 1963, los arquitectos de la Organización Sindical del Hogar y la Arquitectura proyectaron seis UVA en Vallecas, Pan Bendito, Fuencarral, Canillejas, Villaverde y Hortaleza. El anteproyecto se acabó en ocho días, el proyecto en 18 y las construcciones estuvieron listas antes del otoño. El encargado de la de Hortaleza, la única que sigue en pie, fue Fernando Higueras, popular por haber diseñado la sede del Instituto del Patrimonio Histórico Español (más conocida como la Corona de Espinas) en Madrid, el hotel Las Salinas en Lanzarote o la iglesia de Santa María de Caná en Pozuelo de Alarcón. "La UVA de Hortaleza fue el patito feo de todas, porque me empeñé en usar tabiques, persianas enrolladas, paredes de ladrillo... Los materiales de toda la vida junto a una vegetación omnipresente que cubría la mala arquitectura que preveíamos que se iba a hacer", explicaba el arquitecto, que falleció en 2008.

Foto: Macrooperación policial en la UVA de Hortaleza, inmersa en un proceso de realojos. (EFE/Luca Piergiovanni)

La UVA de Hortaleza floreció durante los 60. Los vecinos, en su mayor parte familias jóvenes con hijos, se sentían de vuelta en el pueblo y pusieron de su parte para mejorar el asentamiento, desde cuidar las plantas hasta terminar los voladizos que se dejaron a medias. "Los primeros años fueron fabulosos, la calle estaba llena de niños y nos lo pasábamos fenomenal en el barrio", dice Victoria. Tanto es así que en 1969 el proyecto de Higueras fue premiado en el décimo Congreso de la Unión Internacional de Arquitectos como uno de los 12 poblados más humanos del mundo.

placeholder Imagen de la UVA de Hortaleza después de su construcción. (Ivima)
Imagen de la UVA de Hortaleza después de su construcción. (Ivima)

No obstante, el premio envalentonó a la Administración franquista, que alargó 'sine die' los plazos de abandono de un complejo concebido para perdurar no más de una década. A lo largo de los años 70, las fachadas comenzaron a deteriorarse, algunos vecinos construyeron ampliaciones ilegales y llegó la heroína. Al estar aislado del resto del barrio por amplios descampados, la UVA se convirtió en uno de los principales puntos de venta de droga en Madrid. "Por aquí venía a comprar Antonio Flores y se quedaba tirado en la calle, en ocasiones vimos a Lola Flores venir al barrio a recogerle", dice Victoria Rodríguez.

Rodríguez, funcionaria del Ministerio de Justicia hasta su jubilación, pasaba el día fuera para no tener que encontrarse con la realidad de la UVA. Al menos disfrutó de la época dorada, a diferencia de su vecina Eva, de 23 años, que se crio en mitad de la degradación. "Mi familia estaba tan harta de la situación que pasábamos todos los fines de semana en la casa del pueblo, pero muchos domingos llegábamos, escuchábamos un tiroteo y todos al coche camino del pueblo otra vez".

Pasaron 20, 30, 40 años, pero el realojo prometido no llegaba y algunos vecinos perdieron la esperanza y abandonaron sus casas. Los pisos vacíos fueron okupados por personas ajenas al barrio, normalmente para vender droga. "Aquí nunca se le ha dado una oportunidad a los jóvenes. No hay nada y encima las casas son demasiado pequeñas para una familia. ¿Qué vas a hacer? Pues pasar el día en la calle y ganarte la vida como puedas". Hoy, Eva colabora con la asociación de vecinos del barrio para que los vecinos tengan actividades, como clases de boxeo o un colegio para adultos.

Los vecinos han pasado décadas desesperados por el realojo entre basura, toxicómanos y el campanario de la parroquia de San Martín de Porres, que da aspecto de panóptico al lugar. "Nos dijeron que la UVA estaría vacía en 2001. Después en 2003, luego en 2012... Y estamos en 2021 y todavía queda gente en las casas", dice Victoria Rodríguez, que ha sido realojada hace unos meses. "Ha sido un cachondeo". Aún quedan en torno a 70 viviendas a la espera de destino, que cohabitan con okupas y unas calles desiertas que solo se animan de noche, cuando a los más jóvenes les da por hacer barbacoas en la plaza. El retraso ha favorecido a la Administración: de los 900 propietarios realojables, más de 300 han muerto en la eterna espera y sus descendientes, al estar en régimen de alquiler, se han quedado sin derecho a una nueva vivienda.

placeholder Vista aérea de la UVA de Hortaleza desde una de las torres de realojo.
Vista aérea de la UVA de Hortaleza desde una de las torres de realojo.

"Demasiado que podemos estar aquí paseando y haciendo fotos, hace cinco o seis años no se podía ni entrar. Hasta los repartidores de Telepizza lo dieron por perdido, porque entraban en moto y salían andando y sin dinero. Yo no entiendo que alguien se quiera quedar teniendo dinero, yo no lo haría ni loca", afirma Eva. Ella también fue realojada antes del verano en una torre cercana, pero tiene problemas para pagar el alquiler, como muchos de sus vecinos: "Antes pagábamos 50 euros de alquiler, ahora 500. Sigo teniendo que vivir con mis padres porque necesitan ayuda económica, pero no llega para todo: lo que pagamos de más en el alquiler me lo tengo que quitar de cosas básicas".

Con todo, el ambiente en las torres de realojo es otro mundo. En mitad de un constante ir y venir de electrodomésticos, colchones y el resto de clásicos de las mudanzas, cunde la ilusión entre los vecinos, que por fin han podido dejar atrás unas infraviviendas que, no obstante, siguen viendo desde su ventana. "Aquí ningún político ha querido asumir el realojo por completo. Cada uno ha hecho un edificio a su llegada al poder, pero no más, porque decían que se quedaban sin dinero: aquel lo hizo Gallardón, aquel, Aguirre. Ese es de Ignacio González y el del fondo lo hizo Leguina... Con él tuvimos una bronca tremenda, porque nos hizo unos barrancones de mierda", dice José Manuel Cáceres, que también llegó a la UVA en la primera hornada. "La pena es que algunos vecinos no hayan podido vivir dignamente, y que a otros se les haya dado la posibilidad con 80 o 90 años, que ya me daría vergüenza ser político para esto... Como Esperanza Aguirre, que vino a inaugurar la estación de Metro de Hortaleza y se puso contra los edificios para que no saliese la UVA de fondo en las fotos".

placeholder Una mudanza en las torres de realojo de la UVA de Hortaleza.
Una mudanza en las torres de realojo de la UVA de Hortaleza.

No hay plazo de realojo para los últimos de la UVA, ya que las viviendas destino no han empezado a construirse. Lo que sí se tiene claro en Sol desde hace unos años es que, una vez vacío el poblado, se intentará preservar parte del proyecto premiado de Fernando Higueras constituyéndolo en un espacio dotacional para los vecinos de la zona.

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