el pp se queda con los escaños de la derecha

Galicia cierra el paso a Vox: las claves de la decepción del partido de Abascal

Los expertos atribuyen los discretos resultados de la ultraderecha al arraigo nacionalista de un amplio sector del conservadurismo gallego

Foto: El presidente del Partido Popular, Pablo Casado, junto al presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo. (EFE)
El presidente del Partido Popular, Pablo Casado, junto al presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo. (EFE)

Junto a País Vasco y Navarra, Galicia constituye la excepción a Vox. La ultraderecha no logró representación en ninguna de sus cuatro provincias en las elecciones el domingo. A pesar de que el PP no está para presumir, muy lejos de sus mejores registros, y Ciudadanos comparte el hundimiento general, con la consiguiente pérdida de sus dos únicos diputados, los gallegos han recibido a la formación que lidera Santiago Abascal con relativa indiferencia. Ese 7,8% de apoyos obtenido, casi la mitad del 15,09% estatal, llama la atención de los analistas, que lo atribuyen mayoritariamente al sesgo galleguista que caracteriza a la derecha en la comunidad autónoma.

El PP de Alberto Núñez Feijóo se ha quedado con todos los escaños de la derecha en Galicia, pero el 31,94% de votos sumados este domingo dista de los resultados de sus mejores épocas. Cimentó sus apoyos en las poblaciones de menor tamaño. De las siete ciudades, solo superó al PSOE en Santiago y Lugo, lo que traslada su hegemonía a las zonas menos pobladas de las provincias de Lugo y Ourense y a comarcas interiores de A Coruña y Pontevedra. En una Galicia eminentemente rural, eso le basta para recuperar la condición de partido más votado, que había cedido al PSdeG en las generales de abril, pero denota también que el discurso de Vox avanza más despacio en la Galicia menos urbana.

"El factor fundamental del menor apoyo a Vox es el PP de Galicia, que es capaz de aglutinar ese espacio", reflexiona Pablo Vázquez Sande, profesor en la Universidad de Santiago de Compostela y director de la consultora Atalaya. Es una consecuencia del carácter "más moderado, al menos formalmente" de la derecha gallega, que entronca con el estilo de un Feijóo más próximo a Mariano Rajoy que a José María Aznar. "Es la razón por la que Ciudadanos nunca tuvo una gran repercusión en Galicia. En realidad, ese papel tirando a liberal ya lo desempeñaba Feijóo", continúa. Galicia tiene su propio discurso nacional, "el nacionalismo gallego no chirría" en las bases del PP, por lo que la bandera española que agita Vox no mueve a entusiasmos mayoritarios.

Las explicaciones de sociólogos y politólogos remiten a la Galicia de los dos partidos populares: el rural y el urbanita. Las boinas y los birretes, el de las pequeñas aldeas y el de las ciudades. Es una lógica que siempre provocó tensiones en el PP, que obligaron a Manuel Fraga en su época y a Alberto Núñez Feijóo en la actualidad a ajustar delicados equilibrios. Y uno de esos dos partidos, el de pueblo, llegó a definirse en los años noventa "al borde de la autodeterminación", en palabras de su exnúmero dos José Cuiña. Ahí estaría el principal freno a Vox, que en las ciudades sí ocupa un espacio tradicionalmente del PP.

El menor apoyo a Vox es gracias al PP gallego, capaz de aglutinar ese espacio

El voto a la gran sorpresa en estas generales apenas varía por provincias. Se sitúa siempre en torno al 7% o el 8%, pero mientras en las de Ourense y Lugo el PP se aproxima al 40%, en las más pobladas de A Coruña y Pontevedra baja al 30%. Según los analistas, eso significa que el PP está ejerciendo de tapón en la Galicia rural, precisamente por el arraigo galleguista del partido en esas zonas. "En las zonas más pobladas, en cambio, el freno no ha sido tanto el PP como la propia configuración sociológica del voto", explica Vázquez Sande.

A diferencia de lo que ocurre no solo con el PP, sino también con el PSOE o BNG, con claros contrastes entre el voto urbano y el rural, Vox se caracteriza en Galicia por una sorprendente homogenización de sus apoyos. Sus extremos están de una parte en Santiago, donde bajó al 6,22%, y en Vigo, (6,51%). De la otra, destaca Narón (39.000 habitantes), donde sube al 9,5%, o Carballo (31.000), con 9,21%. En medio están A Coruña (8,31), Ferrol (8,71%), Lugo (8,71%), Ourense (7,69%) o (Pontevedra 8,11%).

En todo caso, no todos los analistas están de acuerdo en hablar de pinchazo de Vox en Galicia. Ni mucho menos. El periodista y escritor Manuel Martínez Barreiro rechaza que se consideren como tal unos resultados que, de extrapolarse a las autonómicas del año próximo, darían una holgada representación a los de Abascal en el Parlamento gallego. Sería una situación inédita, porque hay que remontarse a décadas atrás para encontrar un partido conservador distinto al PP en la Cámara autonómica.

"Sin estructura partidaria ni personalidades gallegas reconocibles, Vox supera holgadamente el 5% que estableció Manuel Fraga para obtener escaño en cada provincia. Es un reto para Vox, que podría entrar en la Cámara autonómica con hasta cinco diputados", explica Barreiro. Unos diputados que pondrían a Feijóo en una situación incómoda: la de tener que necesitar su apoyo para formar gobierno. O, directamente, que lo apearían de la presidencia, porque, de extrapolarse los resultados a unas elecciones autonómicas, al PP, con 28 diputados, no le bastarían los 5 de Vox, frente a los 27 del PSOE, los 9 de En Común-Unidas Podemos y los 6 del BNG.

Otros análisis atribuyen la menor implantación de Vox en Galicia al "retraso" con el que ciertas tendencias electorales llegan a la comunidad autónoma. Es la opinión del economista y analista de datos Carlos Neira Cortizas, que teme que se esté fraguando una avalancha mayor de apoyos a los de Abascal en próximas citas electorales. "Si se tiene en cuenta la movilidad del voto en Galicia, donde no son frecuentes los cambios bruscos, ese 7,8% no es nada desdeñable", apunta.

"Sin estructura partidaria ni personalidades gallegas reconocibles, Vox supera holgadamente el 5% que estableció Fraga para obtener escaño"

"No hay garantías de que esta oleada se vaya a detener", añade Neira, basándose en cierta ideología del voto urbano conservador con el que "coqueteó Feijóo" cuando alcanzó la Xunta, en 2009. Fue una época en la que una organización llamada Galicia Bilingüe consiguió abrir un debate sobre la supuesta imposición del idioma gallego, sobre todo en el ámbito educativo, que resultó crucial en la campaña electoral. En cuanto logró la presidencia, Feijóo fue abandonando aquel discurso, "pero se comprobó que hay una masa crítica que apoya esas tesis monolingüísticas", sostiene Neira. Ese sería un voto que en Galicia, según los politólogos, ha comenzado a moverse desde Ciudadanos hacia Vox.

Roi P. Vila, politólogo y directivo de la consultora Cecubo, apela a la fuerte implantación del PP en el tejido social de Galicia, muy imbricado en el asociacionismo cultural o deportivo, como una de las explicaciones de la resistencia del PP frente al avance de la ultraderecha. Es un factor al que añade otro en el que coinciden todos los análisis sobre los resultados de Vox en Galicia: la menor relevancia de la inmigración en la comunidad autónoma, que desvirtuaría los sesgos xenófobos del discurso de los de Abascal.

"Aquí la inmigración no es vista como un problema, como pueda ocurrir en zonas como Murcia o Almería", afirma Vila. "La inmigración es menor y está aceptablemente integrada, no existe la posibilidad de fomentar el odio hacia el extranjero como pueda ocurrir en otras partes de España", añade Barreiro. El gallego lleva además la emigración en el ADN, lo que contribuye a fomentar cierta solidaridad con el extranjero.

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