donaciones millonarias a la secta

La Guardia Civil destapa el lucro personal del líder de los Miguelianos

Los agentes declaran en el juicio que las donaciones a la presunta secta se las quedaba Miguel Rosendo. Según un testigo, Ruiz Mateos aportó 300.000 euros

Foto: Miguel Rosendo, el líder de los Miguelianos. (EFE)
Miguel Rosendo, el líder de los Miguelianos. (EFE)

El macrojuicio de los Miguelianos, que se desarrolla desde finales de septiembre en la Audiencia de Pontevedra, está destapando no solo una supuesta trama de manipulación en la que el líder de la secta, Miguel Rosendo, abusaba sexualmente de sus seguidoras a su antojo, con el argumento de que su semen las purificaría de por vida. También sale a la luz un engranaje destinado al enriquecimiento personal del brujo, un pensionista millonario. La declaración esta semana de cinco agentes de los guardias civiles que participaron en la investigación apunta claramente hacia el lucro de Rosendo como una de las razones de ser de la Orden y Mandato de San Miguel Arcángel. “Casi todo el dinero era para que se lucrasen Rosendo y su entorno”, resumió ante el tribunal el jefe de la Policía Judicial que dirigió las pesquisas.

No se trata de cantidades pequeñas. Solo hay que prestar atención al lujo que presidía la residencia donde vivieron durante años Rosendo y el resto de los miembros de la asociación religiosa en Oia (Pontevedra), la llamada Casa Madre, o Murallas de Jerusalén, para reparar en las cantidades que manejaban los miguelianos. Durante el juicio también han abundado los testimonios que certifican las donaciones que recibía la orden, alguna de más de un millón de euros, generosidad de personalidades tan relevantes como la del fallecido José María Ruiz Mateos, que concedió supuestamente 300.000 euros a la causa. La Fiscalía demanda 66 años de cárcel para el líder de la Orden por los presuntos delitos de asociación ilícita, contra la integridad moral, coacciones, abuso sexual y agresión sexual, pero, como se encargó de subrayar la abogada de la acusación particular, los delitos económicos no han desaparecido de la causa, ya que esa parte solicita condena por apropiación indebida y estafa.

El dinero acaba siempre en manos de Rosendo y su círculo de su confianza, formado por su familia y otros miembros del grupo que residían con él

De acuerdo con el testimonio de los agentes de la Policía Judicial, el dinero acaba siempre en manos de Rosendo y su círculo de su confianza, formado por su familia y otros miembros del grupo que residían con él. El principal responsable de la investigación garantizó que comprobaron que las propiedades de Rosendo “no eran acordes a la actividad laboral” que realizaba y que sabían que se aportaba dinero a la asociación desde diversas fuentes, pero que Rosendo y los suyos siempre se quejaba de que no tenían “dinero para nada".

Otro de los guardias civiles afirmó que obtuvieron “muchísimos datos financieros”, pues había abundancia de movimientos bancarios de muchas cuentas. Entre otras cantidades, declaró que constan 75.000 euros en una cuenta a nombre de Rosendo, documentación de un presupuesto para una construcción de más de un millón de euros y una anotación manuscrita que rezaba: “Necesito que pongáis en mis manos 500.000 euros, dádmelos a mí”. Es una nota que fue encontrada en el despacho del líder de la orden, aunque no se ha podido incorporar como prueba en el juicio porque no se realizaron las pertinentes pruebas caligráficas.

Miguel Rosendo durante el juicio. (EFE)
Miguel Rosendo durante el juicio. (EFE)

En un registro, los agentes encontraron un diario de Marta Paz, considerada la número dos de la organización, en el que, entre “cartas de ella reconociendo su amor”, en las que afirmaba que “prefería morir a dejarlo”, figuraban también anotaciones de “cómo hacer para conseguir dinero”. Los guardias civiles afirmaron que en los “soportes informáticos” que se incautaron buscaban “documentación contable, fotografías y cualquier documento con posible contenido sexual”. Las defensas trataron de demostrar que la investigación fue deficiente y destacaron que no se aportó a la causa toda la documentación incautada.

De algún lado tuvieron que salir los ingresos que permitieron al pensionista Miguel Rosendo, sin más profesión conocida que la de pintor de brocha gorda, amasar durante su apogeo una fortuna cifrada en torno al millón de euros. El líder de la presunta secta reconoció unos ingresos fijos mensuales de 500 euros, un subsidio por una minusvalía derivada de una alergia a los productos químicos de los esmaltes. También recibía los ingresos por la explotación de tres pequeñas herboristerías y por la venta de un local. Cuando fue detenido, hacía frente a una hipoteca de 1.540 euros al mes por un local que posee en el centro comercial de A Ramallosa y acumulaba un patrimonio inmobiliario de más de 1,2 millones de euros.

La casa madre de Oia, con su torreta que simula la almena de un castillo y su piscina climatizada con tobogán incluido, estaba protegida con tres cajas fuertes y un sistema de cámaras de vigilancia. Está valorada en unos 700.000 euros. Cuando en diciembre de 2014 Rosendo fue detenido, los agentes le preguntaron cómo había podido adquirir esa vivienda. “Fui haciendo créditos y construyendo poco a poco, en 15 o 20 años”, contestó él, que aseguró contar también con “un dinerito” que tenía su hija y un plan de pensiones. Había otra fuente de ingresos que reconoció entonces. “Unos amigos me dejaron un dinero para las obras, y cuando realicé la venta les pagaré”, afirmó sobre las lujosas rehabilitaciones en el chalé. Eran obras de reformas por importes de 1,5 millones, 214.538 y 149.042 euros, y uno de esos amigos era, sospechaban los investigadores, el sacerdote Ignacio Oriol.

Oriol confesó ante el tribunal haber entregado más de un millón de euros al brujo como donación personal. El exlegionario de Cristo aportó diferentes sumas de dinero a la Orden desde el año 2008. Su primera entrega fue de “en torno a un millón de euros” para, según le explicaron, constituirse como una asociación pública de fieles dentro de la Iglesia. “Me fiaba completamente de ellos”, aseguró el sacerdote, que a partir de 2013, al sospechar que “no estaba todo claro”, decidió ayudar solo a Rosendo y a su mujer.

Miguel Rosendo le aseguró a una afectada desde pequeña que tenía "un demonio de la sexualidad" y le recomendó que no la vieran muchos chicos

Según consta en el sumario, además de ese millón largo de euros, Oriol le prestó a Rosendo 500.000 euros más para financiar el traslado a Madrid cuando la organización se comenzó a ver acorralada, un dinero que se le devolvería cuando lograra vender el chalé gallego. El que fuera vicepresidente de la organización, Juan Carlos Mosquera, confirmó la entrega de fondos por parte de Oriol en cuatro ocasiones, y en todas ellas el dinero, en sobres o en cajas cerradas, era “para Miguel”. Mosquera también involucró en la financiación de la presunta secta a la familia Ruiz Mateos, que hizo una aportación de 300.000 euros. Uno de los hijos del empresario está llamado a declarar en el juicio.

No solo llegaban presuntamente cantidades importantes a los bolsillos del líder de la organización. Sus fieles también contribuían con sus aportaciones más modestas. Como las de B.D.P., una joven exadepta que entró en contacto con Rosendo y los suyos con solo ocho años, y que permaneció 20 en la asociación. La mujer reconoció ante el tribunal que pidió un préstamo del que entregó 1.500 euros a Rosendo, que no fue la única cantidad que le facilitó y que éste “nunca jamás” le devolvió el dinero.

El líder de la secta a su llegada a los juzgados. (EFE)
El líder de la secta a su llegada a los juzgados. (EFE)

Pero la cuestión económica no fue lo más relevante de la declaración de B.D.P., que denunció ante el tribunal que sufrió tocamientos en sus partes íntimas por parte del líder de la Orden siendo aún menor de edad. Miguel Rosendo le aseguró desde pequeña que tenía “un demonio de la sexualidad” y le recomendó que no la vieran muchos chicos porque la culpa sería suya por “incitarlos”. “No recuerdo una infancia normal”, lamentó la exadepta, que contrajo matrimonio por consejo de Rosendo y tuvo dos embarazos dentro de Orden y Mandato.

Es parte de los horrores que se vivían en la Casa Madre y que estos días se relatan en la Audiencia de Pontevedra, atrocidades que conoció el obispo de Tui-Vigo, Luis Quinteiro Fiuza, a través de un testimonio directo, según reconoció en su declaración en el juicio. Fue en diciembre de 2012, cuando se reunió con una víctima que le trasladó que había mantenido relaciones sexuales con Rosendo, y que para ella esa relación había sido “forzada”, aunque “no físicamente impuesta”. Quinteiro Fiuza afirmó que la exadepta le dijo que “no fue violada” y que “se dejó un poco”. “Ella de alguna manera entró en el juego”, agregó. Es por eso, y porque su terreno es “el moral”, y no el judicial, por lo que no denunció el caso ante la Justicia. La Iglesia es responsable civil subsidiaria en alguno de los delitos por daños morales que refiere la acusación en el juicio.

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