cobraba un subsidio por minusvalía

El líder de la secta de los Miguelianos: un pensionista millonario

La investigación que ha llevado a Miguel Rosendo a la cárcel destapa su desmesurado tren de vida y cómo engañaba a sus víctimas para consumar los presuntos abusos sexuales

Foto: Miguel Rosendo sale de la casa de Oia tras el registro del inmueble y su detención. (EFE)
Miguel Rosendo sale de la casa de Oia tras el registro del inmueble y su detención. (EFE)

Por los juzgados de Tui han ido pasando en los últimos días investigados y testigos por el caso de los Miguelianos, la secta gallega impulsada por Miguel Rosendo a la que se le imputan delitos de abusos sexuales, asociación ilícita y contra la Hacienda pública. Un mal trago para víctimas y sus familiares, que han tenido que revivir ante el juez las supuestas bacanales organizadas por el líder del grupo, que sostenía que su semen purificaba a sus seguidoras. Las investigaciones han revelado también el elevado tren de vida de Rosendo, un pensionista que amasó durante su apogeo una fortuna que supera ampliamente el millón de euros.

El líder de la secta de Oia (Pontevedra) reconoce unos ingresos fijos mensuales de 500 euros. La Seguridad Social le concedió un subsidio por una minusvalía, derivada de la alergia a los productos que utilizaba en su profesión como pintor. Hasta su detención, hace año y medio, también recibía los ingresos por la explotación de tres pequeñas herboristerías y por la venta de un local. Con esa delicada base económica, hacía frente a una hipoteca de 1.540 euros al mes por un local que posee en el centro comercial de A Ramallosa, pero sobre todo acumulaba un patrimonio inmobiliario de más de 1,2 millones de euros.

De su fortuna destaca la gran mansión fortificada de Oia, a la que se refería como “las murallas de Jerusalén” o “casa madre”. Rematada por una torreta que simula la almena de un castillo, contaba con cámaras de vigilancia, tres cajas fuertes y una piscina climatizada con tobogán incluido. Está valorada en unos 700.000 euros. Cuando fue detenido en diciembre de 2014, los agentes le preguntaron cómo adquirió la vivienda. “Fui haciendo créditos y construyendo poco a poco, en 15 o 20 años”, contestó él, para añadir otras vías de financiación como “un dinerito” que tenía su hija o un plan de pensiones. Sus explicaciones no convencieron a la policía.

La finca con las casas de la orden de San Miguel Arcángel en el municipio de Oia (Pontevedra). (EFE)
La finca con las casas de la orden de San Miguel Arcángel en el municipio de Oia (Pontevedra). (EFE)

Otra de sus explicaciones provocó mayor curiosidad. “Unos amigos me dejaron un dinero para las obras, y cuando realice la venta les pagaré”, afirmó sobre las lujosas rehabilitaciones en el chalé. Entre esos amigos los investigadores sospechan que figura en un lugar destacado el sacerdote Ignacio Oriol, miembro de una acaudalada familia y, según la tesis de los agentes, principal vía de financiación del otro gran inmueble de Miguel Rosendo: la vivienda de Collado Villalba, a la que se trasladó con sus seguidores cuando las cosas se pusieron feas en Galicia. Según consta en el sumario, Oriol le prestó medio millón de euros, que le devolvería cuando lograra vender el chalé gallego. Pero preocupa más a la investigación lo manifestado por muchos de los antiguos miembros de la secta, que aseguraron haber entregado al líder elevadas sumas de dinero y posesiones.

Que el tren de vida de Rosendo no era el de un pensionista cualquiera lo comprobó la Guardia Civil cuando registró su mansión de Oia, en la que encontró documentos que dan idea de las cantidades que manejaba habitualmente. Según publicó La Voz de Galicia, los agentes hallaron presupuestos para la realización de reformas en la casa por importes de 1,5 millones, 214.538 y 149.042 euros, aunque se desconoce si finalmente esas obras se llevaron a cabo. La operación permitió aprehender también dos vehículos que el líder de la secta tenía a su nombre en Madrid.

Los 21 testigos citados a declarar están corroborando con sus testimonios las sospechas del juez, según ha asegurado la abogada que representa a víctimas y familiares. Muchos de ellos han acusado al brujo de maltratar física y psicológicamente a sus seguidoras y de abusar sexualmente de ellas. Un caso especialmente revelador es el de Carlos Paz y Concepción Alonso, padres de dos jóvenes que pertenecieron a la disuelta Orden y Mandato de San Miguel Arcángel, que ratificaron las acusaciones de abusos sexuales.

“Debieron de quemar algo más que incienso, puesto que todos reían, incluido el cura”, relató una víctima a la Guardia Civil sobre un retiro espiritual

El matrimonio formado por Carlos y Concepción, que también pertenecieron a la organización durante durante casi dos décadas, introdujo a sus propias hijas cuando solo tenían nueve años de edad. Ellos lograron salir, lo mismo que una de sus hijas, que testificó el pasado día 6 de abril como presunta víctima de abusos por parte de Rosendo. La otra no ha vuelto. Reside en Madrid y consta como imputada en la causa. Se la considera como uno de los denominados “bastones” del fundador de la organización, al que grababa y escribía sus memorias.

Según la investigación, los abusos sexuales los cometía con personas de ambos sexos, algunas menores de edad, aunque las víctimas favoritas eran sus falsas monjas, a las que denominaba “bastones”, mujeres a las que manipulaba y supuestamente drogaba para que accedieran a tener relaciones sexuales y participaran en orgías. Una de ellas detalló por ejemplo lo ocurrido la noche de un domingo de Resurrección. “Debieron de quemar algo más que incienso, puesto que todos reían, incluido el cura”, relató a la Guardia Civil. Fue en un retiro espiritual en Oia previo a la Semana Santa. “Estuve sintiendo una especie de experiencias extrañas, tales como sentirme en un plano superior físico y ver a la gente por debajo”, añadió. Estuvo más de una semana “sin dormir ni de día ni de noche, casi sin comer, bebiendo lo mínimo y sin apenas esfuerzo y sin hambre”.

La abogada de Miguel Rosendo defiende la inocencia del presunto líder de la secta. “No hay pruebas de cargo ni indicios racionales” del delito de los abusos sexuales, argumenta. Según la letrada, solo existen tres víctimas que afirman “de primera mano” que han sufrido esos abusos, mientras que el resto figuran en el sumario por denuncias de los padres y familiares. La abogada de víctimas, Ana Reguera, mientras, viene incidiendo en la delicada situación de los familiares que tienen a sus hijas aún bajo la influencia de la organización, convencidos de que lo hacen sin tener una libertad total. “Hay una comunicación limitada, no se sabe si en un futuro conseguirán hablar con ellas y explicarles que actúan por su bien”. 

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