comparecerán 166 testigos

“Lo hice todo por amor”: comienza el juicio contra la secta de los Miguelianos

Miguel Rosendo, primero en declarar, afronta una petición de 66 años de cárcel en el macrojuicio contra la secta que encabezó durante más de una década

Foto: El juicio contra los Miguelianos comenzó este jueves en la Audiencia de Pontevedra. (EFE)
El juicio contra los Miguelianos comenzó este jueves en la Audiencia de Pontevedra. (EFE)

“Yo no obligué a nadie”. Con estas palabras se defendía este jueves Miguel Rosendo ante la Audiencia de Pontevedra de las duras acusaciones a las que se enfrenta en el macrojuicio de los Miguelianos, la presunta secta a la que el juez atribuye abusos sexuales, físicos y psicológicos. Desde esta semana, él y otros siete acusados responden en un juicio que se prolongará al menos hasta el 7 de noviembre y en el que está previsto que comparezcan 166 testigos. La primera jornada se saldó con una buena noticia para el principal encausado: él, su mujer y sus dos hijos fueron exonerados del presunto delito de blanqueo de capitales, con lo que los tres familiares de Rosendo quedan sin cargos.

Le quedan sin embargo muchas acusaciones que afrontar. La Fiscalía pide para él 66 años de prisión por tres delitos contra la libertad sexual, uno de agresión sexual continuado, dos de abuso sexual continuado, cinco de coacciones, 12 contra la integridad moral y uno de asociación ilícita. La causa judicial se inició a partir de la denuncia de familiares y exmiembros de la orden, que en 2014 expusieron públicamente los abusos y otros delitos supuestamente cometidos en el seno de dicha asociación. Según la instructora, la organización, conocida como los Miguelianos y fundada en 1997, constituía una secta que exigía a sus integrantes entrega, fidelidad y obediencia a su líder.

El relato de la instructora describe lo que la abogada de las víctimas definió como “hechos monstruosos con todo tipo de prácticas sexuales”. El que fuera líder de la Orden y Mandato de San Miguel Arcángel reivindicó su inocencia en la sede de la Sección Cuarta de la Audiencia de Pontevedra. “De los abusos que hablan, había que ver quién fue el abusado”, deslizó a preguntas de su abogado, antes de negarse a responder a otros letrados, como el fiscal, la abogada de la acusación particular y los del resto de acusados. Apeló para ello a su “indefensión" durante cuatro años y al “maltrato” sufrido desde que se destapó el caso. “Me siento inocente, igual que mi mujer y mis hijos”, continuó Rosendo en el juicio, en el que sostuvo que en la organización “nadie fue obligado a nada” y agregó que “todos eran libres en su acción”. “Nunca he tirado del pelo, tocado el culo, dado un puñetazo a nadie”, aseguró en otro momento de su declaración, para apuntar: “Mi error es que a lo mejor pequé de demasiada obediencia, que lo hice todo por amor”.

Figuran en la lista de acusados, además del supuesto líder de la secta, tres matrimonios, un cura y la falsa monja Marta Paz, que formaba parte de lo que entre los Miguelianos se denominaban bastones. Acerca de su relación con Paz, la comparó con la “de un padre con su hija”, y aseguró que el apelativo de bastones lo puso el actual obispo emérito de Tui-Vigo, José Diéguez, al frente de la diócesis hasta 2010. Según su testimonio, Diéguez le obligó a hacerles ejercer como tales y a que escribieran un diario sobre la vida del propio Rosendo. Al Obispado la instructora le atribuye responsabilidad civil subsidiaria.

Miguel Rosendo. (EFE)
Miguel Rosendo. (EFE)

Frente al relato de rituales satánicos, abusos sexuales, santería y relaciones sexuales con supuestas consagradas “para purificarlas”, algunas de esas falsas monjas salieron meses atrás en defensa del acusado. Entre ellas se encuentra Iria Quiñones, de la que Rosendo dijo ante la Audiencia que era denominada la “madre de la buena huella”, y también Ivana Lima, llamada “madre general de las consagradas”.

De esta última y de otras de las consagradas, lamentó “por lo que han pasado, la persecución”. “Estas benditas han sido pisoteadas, maltratadas. Es injusto”, clamó.
Tal y como hiciera durante la instrucción, Rosendo insistió en culpar al visitador canónico Isaac de Vega, excapellán de la cárcel de A Lama, de tenderle “una encerrona”. Así, cuando fue llamado a capítulo meses antes de ser expulsado de la Iglesia, nunca se le informó de que estaba siendo investigado por supuestos abusos dentro de la orden, sostuvo el principal acusado. Fue De Vega, añadió, quien “obligó a todos” a que le llamasen “padre”, pese a que “nunca” se sintió padre de los miembros de la asociación, manifestó.

También declaró que jamás ofició misa, aunque sí fue nombrado diácono permanente y en algunas ocasiones vistió con alba y estola para ayudar en el servicio sacerdotal. “Yo nunca me llamé curandero ni vidente, y discutí para que no me llamasen padre ni vidente”, contestó a su abogado. Según el relato de la jueza instructora, entre mediados de la pasada década y 2014 Rosendo actuó como un auténtico caudillo entre sus fieles. Lo hizo inicialmente en una pequeña herboristería de Vigo, plataforma desde la que saltaría después a un lujoso chalé de Oia (Pontevedra), mientras formaba una comunidad que llegó a alcanzar los 400 fieles.

Lo hizo entre ciertas sospechas, pero con la autorización inicial del Obispado, que reconoció su orden como asociación privada de fieles y después la ascendió a asociación pública de derecho diocesano. Hace cinco años, los familiares de las víctimas desmontaron su imperio con el demoledor informe de un despacho de detectives, que detallaba los abusos sexuales, físicos y psicológicos que supuestamente ejercía Rosendo. Los cometía presuntamente con personas de ambos sexos, aunque las víctimas favoritas eran sus falsas monjas, a las que, siempre según ese informe, manipulaba y drogaba para que accedieran a tener encuentros “de tipo purificador”, consistentes en relaciones sexuales y orgías.

Según denunciaron familiares de sus adeptos, una de sus víctimas relató cómo el líder sectario le aseguraba que por su semen le llegaba el cuerpo de Cristo. Rosendo disfrazaba como “trabajos y limpiezas espirituales” lo que eran tocamientos y actos sexuales con sus víctimas, a las que hacía creerse escogidas por Dios. La instructora asumió esos testimonios, transmitidos por familiares de las víctimas. El abogado del principal acusado, Marcos García Montes, los consideró carentes de toda credibilidad. “Los familiares mienten vilmente”, aseguró al término de la sesión de este jueves.

Entre las personas que sufrieron las consecuencias del encierro del chalé de Oia se encuentra la exactriz Olalla Oliveros, que en 2010 dejó su prometedora carrera como modelo y actriz para ingresar en la orden. Poco antes, una de las hijas de Isabel Presleyr, Tamara Falcó, realizó un retiro espiritual de un fin de semana en el mismo centro, al que Rosendo se refería como “las murallas de Jerusalén” o “casa madre”.

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