MUCHOS PUNTOS COMUNES EN MENOS DE 34 KM

El crimen de Macastre, el extraño caso sin resolver que 'anticipó' el de Alcàsser

Demasiadas casualidades entre dos crímenes que se sucedieron con cuatro años de diferencia pero que, en este caso, nunca consiguió encontrarse al autor

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Algo se rompió en España el 13 de noviembre de 1992. Aquel fatídico viernes, Miriam, Toñi y Desirée desaparecieron cuando se dirigían a una discoteca de la vecina localidad de Picassent. Setenta y cinco días después del inicio de un caso que conmovió al país entero, aparecían los cuerpos de las tres jóvenes de Alcàsser. Pero lo que no es tan sabido es que solo tres años antes se produjo un macabro antecedente, un crimen que guarda demasiados paralelismos. Ocurrió en Macastre.

Los crímenes de Alcàsser marcaron un antes y un después en España, en un cóctel en el que el miedo de la sociedad, la actuación de las autoridades y la repercusión que cobró en los medios de comunicación fueron fundamentales para lograr la repercusión que tuvo. Pero solo unos años antes, en un pequeño pueblo a solo 34 kilómetros de distancia, tuvo lugar un caso similar aunque con menos repercusión y que sigue sin resolverse. Esta es la historia de los crímenes de Macastre.

El 15 de enero de 1989, Francisco Valeriano Flores Sánchez (14 años), su novia Rosario Isabel Gayete Muedra (15 años) y María Pilar Ruiz Barriga (15 años) decidieron ir de excursión al paraje montañoso de Catadau. Aquel día, fue el último en el que los tres jóvenes fueron vistos con vida, cuando decidieron entrar a comprar unos bocadillos y unas bebidas. Años después, el análisis en perspectiva de lo ocurrido mostraba ya aquí las primeras coincidencias con el caso Alcàsser.

La más evidente es que también se trataba de tres personas -aunque en este caso el grupo también estaba formado por un chico- de las mismas edades. Pero la más extraña tiene que ver con ese bar de Catadau: el último lugar donde fueron vistos con vida los tres jóvenes también es el mismo local en el que Antonio Anglés y Miguel Ricart fueron vistos mientras compraban tres bocadillos la noche en la que secuestraron a las jóvenes. El mismo bar de la tragedia.

El 19 de enero, un pastor que acudía a trabajar encontró el cuerpo de Rosario sin vida dentro de su caseta. La joven estaba tumbada sobre la cama, sin signos externos de violencia pero con el pantalón desabrochado. El hombre que la encontró pensaba que estaba dormida, hasta que pocos segundos después descubrió la trágica verdad: la joven llevaba varias horas muerta. El 27 de enero, aparecía una nueva pista que hacía presagiar las peores consecuencias.

Un pie en un contenedor

Una mujer encontró un pie junto a un cubo de basura de la calle. Era de una joven, aunque no se pudo determinar de quién hasta el 24 de mayo, cuando cuatro niños descubrieron un cuerpo en un canal de Turís al que, precisamente, le faltaba un pie. La autopsia confirmó que se trataba de Pilar, quien había sido mutilada con una sierra mecánica poco después de morir. No solo le faltaba aquel pie, sino que tampoco tenía una de sus manos, que también fue encontrada poco después.

Aquí es donde las coincidencias siguen teniendo lugar: como en el caso de las niñas, también había un cadáver con una mano amputada, pero incluso van más allá. Y es que aquel pie fue encontrado un 27 de enero, precisamente la misma fecha en la que fueron encontrados los cadáveres de las tres jóvenes solo cuatro años más tarde. Y lo que es aún mucho más tenebroso: aquella extremidad fue hallada en un contenedor. ¿El lugar exacto? La calle Alcàsser de Valencia.

Poco antes, el 6 de abril, un hombre que estaba recogiendo espárragos encontró entre los arbustos un cuerpo en avanzado estado de descomposición. Se trataba de Valeriano, que estaba envuelto en un plástico grueso y abandonado entre la maleza. En realidad, se encontraba a poco menos de 500 metros de la caseta en la que apareció su novia, pero nadie había dado con sus restos hasta esa fecha. Tres jóvenes secuestrados y muertos y muy pocas respuestas sobre qué paso.

Sin culpables ni pistas

Las pesquisas policiales solo pudieron determinar la causa de la muerte violenta de Pilar, mientras que en el caso de Valeriano y de Rosario no se encontraron demasiadas certezas, especulando con la posibilidad que les hubieran obligado a tomar un cóctel de drogas. Todo apunta a que los tres jóvenes estaban acompañados por otra persona en la caseta de Macastre y que, posiblemente, fue el encargado de atacarlos. Cómo y por qué sigue siendo una incógnita.

Las autoridades encontraron dos posibles sospechosos del caso. El primero de ellos, un vecino de Macastre al que varios vecinos situaron en compañía de los jóvenes en varios momentos de la noche. Sin embargo, no se hallaron pruebas que le relacionaran con el crimen ni con los escenarios en que tuvieron lugar; el segundo, un traficante de drogas apodado 'Wichita', que fue denunciado como responsable en una llamada anónima, sobre quien tampoco se encontraron pruebas.

Las únicas certezas que se tienen es que el frío es lo que hizo que los tres jóvenes se refugiaran en la caseta en lugar de la tienda de campaña que llevaban y que lo hicieron acompañados de otra persona que conocía la zona. Treinta años después, el caso sigue abierto y sin resolverse: sin conocer qué ocurrió ni quién fue el culpable. Cuatro años después, la brutalidad del crimen de las niñas de Alcàsser, que sucedió a 34 kilómetros de este, dejaba enterrado en el olvido el caso de Macastre.

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