La trastienda diplomática de una misión comercial

Nuestro hombre en La Habana o cómo Zapatero ejerce de conseguidor en Cuba

Las gestiones del expresidente del Gobierno y del embajador en Cuba por indicación de Margallo propiciaron encuentros de alto nivel de Puig y empresarios españoles con la cúpula castrista

Foto: Bertomeu (Air Nostrum), Puig, Rodrigo Malmierca (ministro de Comercio Exterior), J. F. Montalbán (embajador español) y Adolfo Utor (Balearia).
Bertomeu (Air Nostrum), Puig, Rodrigo Malmierca (ministro de Comercio Exterior), J. F. Montalbán (embajador español) y Adolfo Utor (Balearia).

“A primera hora nos vemos en la recepción del hotel. Tenemos visita al ministro de Inversión Extranjera”. Son casi la dos de la madrugada del jueves pasado en La Habana y el propietario de la aerolínea Air Nostrum, Carlos Bertomeu, y el máximo accionista de Balearia, Adolfo Utor, reciben en su hotel una llamada del ‘president’ valenciano, Ximo Puig. En Cuba, muchas de las reuniones y encuentros institucionales se cierran y confirman pocas horas antes de producirse. Cerrar agendas es una odisea, porque todo puede cambiar en un momento. Ese encuentro de Puig con Rodrigo Malmierca, uno de los artífices de las tímidas reformas que está realizando el hermético régimen castrista, estaba previsto desde hace algunos días. Unas gestiones de última hora habían servido para propiciar la asistencia de los dos empresarios, con la intención de que pudieran explicar sus proyectos al más alto nivel.

Zapatero pidió trato preferencial para Ximo Puig y las empresas de la misión comercial valenciana al embajador de Cuba en España, Eugenio Martínez

La iniciativa de Balearia, construir una terminal de ferris para conectar La Habana con Florida y montar una línea marítima regular, ya era conocida por las autoridades cubanas. La de Bertomeu de aliarse con Cubana de Aviación para operar líneas con Estados Unidos, evitando los embargos judiciales promovidos por los expropiados durante la Revolución, fue muy bien acogida por Malmierca. A la mañana siguiente, el de Air Nostrum ya estaba hablando con los responsables del Ministerio de Transporte para empezar a andar. 

Moratinos y Zapatero, con Raúl Castro, en la visita que hicieron a Cuba en marzo y de la que no informaron. (EFE)
Moratinos y Zapatero, con Raúl Castro, en la visita que hicieron a Cuba en marzo y de la que no informaron. (EFE)

Este tipo de contactos de alto nivel no hubieran sido posibles sin los movimientos realizados desde la embajada de España en Cuba que dirige Juan Francisco Montalbán. Puig comunicó al ministro de Exteriores español, José Manuel García-Margallo, su intención de comandar una misión comercial y política al país caribeño. Este le prestó todo el apoyo. La embajada ha tenido un papel activo en la organización de agendas y encuentros bis a bis celebrados la semana pasada entre empresarios (más de 20) y directores y altos funcionarios del Estado cubano. Montalbán también ha jugado un papel importante en la configuración de la agenda institucional.

Pero la buena predisposición del régimen a la misión comercial e institucional que la semana pasada lideró Ximo Puig con empresarios valencianos no podría entenderse sin las gestiones realizadas desde Madrid por el expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero. Según fuentes conocedoras de los entresijos diplomáticos de la misión, el expresidente español se puso en contacto hace varias semanas con el embajador cubano en Madrid, Eugenio Martínez, para pedirle que las autoridades fueran receptivas a la visita del presidente autonómico. En principio, Zapatero no cobra por estas gestiones. Al menos, no por las que hace para un Ejecutivo autonómico presidido por el socialista Ximo Puig, con quien guarda también una muy buena relación personal.

Puig no alcanzó el rango del presidente de Galicia, Alberto Núñez Feijóo, que en mayo fue recibido durante hora y media por Raúl Castro, rememorando la antigua relación que sus predecesores, Manuel Fraga y Fidel Castro, mantuvieron durante años. Sin embargo, puede decirse que Cuba recibió al jefe del Ejecutivo valenciano con honores de alta personalidad política. Recibió tratamiento vip apenas aterrizó en La Habana, Mercedes negro y motocicletas abriendo camino en las calles con distintivos azules y sirena si se terciaba. Una persona de seguridad a su servicio y otra de protocolo le han acompañado durante los cinco días de presencia en la Perla del Caribe. Además de Malmierca, mantuvo encuentros con el vicepresidente, Ulises Rosales, o con el ministro de Exteriores, Bruno Rodríguez, entre otros altos mandatarios cubanos. El periódico Granma, órgano de difusión del Partido Comunista de Cuba, difundió la visita tanto en su edición digital como en su cuenta de Twitter.

Niurka González, Silvio Rodríguez y Ximo Puig, la semana pasada en La Habana.
Niurka González, Silvio Rodríguez y Ximo Puig, la semana pasada en La Habana.

El papel de Silvio Rodríguez

Zapatero mantiene una relación excelente con el régimen. En marzo, acudió a Cuba invitado por la hija de Raúl Castro para dar una charla sobre la ley española de matrimonio homosexual, que él impulsó. Otras visitas han sido más polémicas, como la que hizo en 2015 junto con su exministro de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, que generó un fuerte malestar en el Ministerio de Exteriores porque no fue informado.

En el plano político y cultural, también ha hecho de mediador en la misión el cantautor cubano Silvio Rodríguez, amigo personal del ‘president’ valenciano, con quien compartió cena el viernes por la noche acompañado de la esposa del cantautor, la clarinetista Niurka González. Entre otros proyectos, el dirigente socialista ha negociado traer a Valencia una muestra de las obras del pintor Joaquín Sorolla que se exponen en el Museo Nacional de Bellas Artes de La Habana y promover una coproducción sobre la figura del líder independentista de Cuba, José Martí, también de origen valenciano.

La disidencia no estuvo en la Fiesta Nacional

El Gobierno de Mariano Rajoy mantiene una posición de equilibrios con Cuba. Los gestos aperturistas y los intereses empresariales (España es el tercer socio comercial) propician que en ocasiones los movimientos institucionales se perciban como legitimadores de un régimen muy alejado en derechos y libertades de las democracias occidentales. Por ejemplo, nadie de la disidencia fue invitado a la recepción celebrada en la residencia del embajador, a la que acudieron casi 1.000 personas, con motivo de la celebración del Doce de Octubre, para evitar la protesta oficial de las autoridades cubanas, que seguro que se hubiera producido, enrareciendo las relaciones entre los dos países.

Miguel Barroso se quita la espina de su divorcio de Chacón en la noche de La Habana

No ha tenido nada que ver con la misión valenciana ni es una conspiración zapaterista. Pero la visita de Ximo Puig a Cuba, en la que ha ejercido de mediador José Luis Rodríguez Zapatero, coincidió en el tiempo con la presencia en La Habana de Miguel Barroso, una de las personas clave en la política de comunicación del expresidente durante su etapa en La Moncloa. Barroso, que pasa temporadas en la isla por razones profesionales, disfrutó de la noche habanera durante la semana pasada en algunos de los locales de moda, quizá con la intención de curarse las heridas del proceso de disolución del matrimonio que ha iniciado con la exministra de Defensa Carme Chacón

Barroso es apoderado de la multinacional publicitaria WPP Holding Spain y se mueve mucho entre Miami, México y Cuba. Apasionado del Caribe, ha escrito tres novelas ambientadas en este escenario tropical. Una de ellas, ‘Amanecer con hormigas en la boca’, está ambientada en La Habana de los años cincuenta y sirvió de base para el guion de la película del mismo nombre dirigida por su hermano Mariano Barroso, con Ariadna Gil, Eduard Fernández y Jorge Perugorria en el cartel.

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