Lágrimas, viajes a Cuba, tercer mandato...El espíritu de Fraga se apodera de Feijóo
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en octubre intentará la mayoría absoluta

Lágrimas, viajes a Cuba, tercer mandato...El espíritu de Fraga se apodera de Feijóo

El presidente de la Xunta piensa ya en su tercera mayoría absoluta mientras multiplica los tics aprendidos del viejo patrón

Foto: El presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, y el fundador del PP, Manuel Fraga, durante la Fiesta del Albariño de Cambados en 2010. (EFE)
El presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, y el fundador del PP, Manuel Fraga, durante la Fiesta del Albariño de Cambados en 2010. (EFE)

Cuando el 2 de abril anunció ante la junta directiva del PP que volvía a ser candidato a la presidencia de la Xunta, a Alberto Núñez Feijóo se le escaparon las lágrimas unas cuantas veces. Tantas, que tuvo que apartar la vista de los folios de su discurso para bromear: “Empieza a pasarme lo que a otro presidente de Galicia”. Se refería a Manuel Fraga, que se hizo famoso durante su largo mandato gallego por interrumpir sus intervenciones con sollozos; lo mismo le daba un acto con emigrantes que un debate sobre el PIB. No es el único tic de Feijóo que remite al viejo patrón, con el que se propone competir en mayorías absolutas. Tras los buenos resultados en las generales del 26-J, el presidente del PP gallego se pone ante el reto de lograr la tercera en las autonómicas de otoño, un hecho que él mismo ha calificado de “excepcional”.

El 26-J sitúa a Feijóo en el camino de consumar esa hazaña en tiempos de multipartidismo. Extrapolados a unas elecciones al Parlamento gallego, los resultados de junio le dan para gobernar con Ciudadanos, pero falta por computar el factor autonómicas, ese plus que tradicionalmente mejora los resultados del PP de Galicia respecto a las generales. En estas últimas, consiguió 12 de 23 diputados en juego, con un 42% de los votos. En su primera intervención pública tras el recuento, el presidente de la Xunta y del PP gallego se mostró “más esperanzado” en lograr en las autonómicas la “excepcionalidad” de su tercera mayoría absoluta. Fraga logró cuatro.

Además de las lágrimas, aquel 2 de abril afloraron otros detalles que sugerían la transmutación del presidente del PP de Galicia en su antecesor, un cambio que ya venía siendo detectado por los más veteranos de la política gallega. El propio Feijóo, en el inciso de su discurso, subrayó algunos de ellos: “Empiezo a leer los periódicos como él, a arrancar sus hojas como él y a ser tan impaciente como él. Pero creo que desde Perbes (donde está enterrado) estará de acuerdo con lo que hemos hecho”. Son parecidos que no solo sobrevolaron su intervención en ese acto del partido, sino que, paulatinamente, de forma casi imperceptible, han acabado por imponerse en el estilo del líder de los populares gallegos.

“Fraga rejuveneció en Galicia, y a Feijóo le ha ocurrido lo contrario: se ha hecho más institucional, ha ido perdiendo ese perfil de burócrata dinámico”

La 'transformación' en don Manuel

“Ha envejecido, y se le nota”, analiza crudamente el escritor Suso de Toro, que ha seguido muy de cerca la política gallega de las últimas décadas. “Fraga rejuveneció en Galicia, y a Feijóo le ha ocurrido lo contrario: se ha hecho más institucional, ha ido perdiendo ese perfil de burócrata dinámico con el que comenzó su presidencia”, explica. Del bando del PP subrayan más las diferencias que los parecidos. “Son de otra generación y son otros tiempos. Fraga desataba pasiones, para bien o para mal. Feijóo es muy distinto: no entusiasma tanto, pero tira menos para atrás”, sostiene uno de los diputados autonómicos que mejor conoció a ambos.

La retórica galleguista de la que Feijóo huía en sus inicios ahora une indiscutiblemente a los dos políticos del PP. Hasta 82 veces repitió la palabra Galicia el 2 de abril, en una de las apariciones públicas que más expectación generó en toda su carrera. Se sacrificaba por su tierra: “Galicia merece la pena siempre”, “siempre que tuve la honra y la oportunidad de elegir en mi vida elegí Galicia”, “ante Galicia, cualquier otra opción se hace minúscula”, “Galicia está por encima de todo”, “cuando una de las opciones que da la vida es Galicia no existen las demás”, “nada hay en mi vida más importante que Galicia”, “no solo tengo la cabeza en Galicia, sino también mi corazón”, “por encima de cualquier otra cosa soy militante de Galicia”… Y la frase final: “No hay mayor honra que presidir Galicia.

“Tanto le importa Galicia que plantó a Rajoy”, comenta con sorna un diputado de la oposición. Porque la presión de Génova para que Feijóo hiciese coincidir las autonómicas de este otoño con las generales del 26 de junio fue intensa. Pero al igual que Fraga marcaba su propia agenda con independencia de la de José María Aznar, Feijóo pensó en sus resultados, y no en los que puedan permitir un nuevo Gobierno de Mariano Rajoy, en medio de una aventura política cada vez más independiente de la que se traza desde Génova. Con la diferencia de que el de Vilalba estaba de vuelta, mientras que de Feijóo se espera que en cualquier momento dé el salto a la política nacional.

El amago de abandono y el secretismo con que gestionó el anuncio de que repetiría como candidato recordaron también a la liturgia que, una legislatura tras otra, envolvía la siempre aplazada jubilación del fundador del PP, candidato en cinco ocasiones consecutivas y solo licenciado en 2005, cuando las urnas pusieron fin a 16 años de gobierno. Mientras los delfines tomaban posiciones para la sucesión, Fraga les desmoralizaba con el anuncio de un nuevo mandato, siempre explicado como un sacrificio por Galicia. Igual que acaba de ocurrir con su sucesor.

Los Castro, el otro vínculo

Cuba es otro vínculo entre los dos presidentes. Aunque los tiempos han cambiado mucho desde aquella primer visita de Fraga a Fidel Castro para irritación de su partido, al que ni había consultado ni le respetaba la doctrina oficial, fue imposible que a muchos gallegos no les viniese a la cabeza la imagen de ambos cuando este mes de mayo Feijóo se fotografió en La Habana con Raúl Castro. No era la primera vez que el presidente gallego se presentaba de visita institucional en la isla, que ya le recibió en diciembre de 2013, cuando aún no había indicios del nuevo marco de relaciones entre la comunidad internacional y el régimen cubano. “El deshielo que la Unión Europea y los Estados Unidos han iniciado en Cuba tiene su origen en el histórico viaje que el presidente de la Xunta realizó a la isla en septiembre de 1991”, le reivindicó Feijóo hace unas semanas.

Y así, poco a poco, aquel Feijóo que cuando aún era un meritorio en la oposición hacía lo posible por alejarse de la sombra del viejo patrón, de quien llegó a ser vicepresidente, se ve más y más imbuido del espíritu de Fraga. La hostilidad hacia el idioma gallego ha desaparecido -para desesperación de plataformas como Galicia Bilingüe, que lo recibieron con entusiasmo- y reaparecen conceptos fraguistas como la “autoidentificación”, mientras organiza un frente común contra el Gobierno del PP para defender una financiación autonómica que tenga en cuenta los criterios de “dispersión y envejecimiento”. Criterios, por cierto, acuñados por Manuel Fraga.

Como admite otro diputado del PP, “cuando llegó al Gobierno gallego, en 2005, Feijóo se veía en la obligación de demostrar que su opción no era una vuelta al pasado, pero esa etapa ya está superada, ahora tiene un perfil tan definido que le permite incluso reivindicar sin ambages a Manuel Fraga”. Suso de Toro reconoce que el político de Villalba, “rejuvenecido” a finales de los ochenta con su aterrizaje en Galicia, creó una forma de presidir la Xunta “a la que ahora se suma un Feijóo mayor, que ya no teme ser tachado de presidencialista”. Según el escritor, el presidente de la Xunta se ha “transmutado en la institución”, hasta convertirse “en un Fraga cansado, aburrido y sin imaginación”. “Se han encontrado en un punto del camino recorriéndolo en sentidos contrarios”.

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