un año después del cambio político

Okupación y cabreo vecinal: el Cabañal no quiere convertirse en otro barrio de Gràcia

La rehabilitación de las zonas degradas del barrio de Valencia no termina de arrancar y los ocupantes antisistema van consolidando su presencia. Una bomba de relojería

“Lo primero que quiero decir es que esto no es el Bronx. Quien lo piense se equivoca. Es un barrio normal y relativamente tranquilo”. El superior de la Policía Local atiende a El Confidencial y despliega en su despacho un enorme mapa con cuadrículas pintadas de colores. El morado son los edificios y viviendas en los que se ha detectado la presencia de personas afines al movimiento okupa; el amarillo se asigna a las familias de bajos recursos, principalmente españoles y rumanos de etnia gitana. Los cuadraditos coloreados se distribuyen casi en exclusiva en el tramo del barrio que iba a ser derribado para ejecutar la polémica avenida hasta el mar, el frustrado proyecto de Rita Barberá bloqueado por los tribunales por su afección sobre Bienes de Interés Cultural (BIC) y desechado definitivamente por el Ayuntamiento de Valencia tras el cambio político que llevó a Joan Ribó a la alcaldía en mayo del año pasado.

Adentrarse en la 'zona cero' del Cabañal (ver galería de fotos) es lo más parecido a observar un paisaje urbano tras una contienda bélica, por la combinación de edificios derribados o en semirruina con preciosas casas de corte modernista. Casi medio millar de estos inmuebles, muchos de ellos protegidos, pasaron a manos de instituciones públicas (bien del Ayuntamiento de Valencia, del autonómico Instituto de la Vivienda o de la Sociedad Cabanyal Canyamelar) durante el largo período en que Barberá mantuvo su determinación. La degradación del barrio es producto de aquellos años. Demoliciones, el bloqueo de cualquier licencia de obra o de rehabilitación y la dejación de las autoridades a la hora de controlar quién entraba y salía de sus propiedades convirtieron este tramo del Cabañal en un foco de ruina, tráfico de drogas y cabreo vecinal. La excusa perfecta para meter las máquinas y justificar la agresiva actuación urbanística. 

[Vea la galería de imágenes del barrio del Cabañal]

La presencia policial permanente llevó a los traficantes a buscar nuevos destinos (“prefiero 1.000 veces el barrio como está ahora que como estaba hace unos años”, explica un policía municipal que patrulla estas calles a diario), pero las ocupaciones irregulares se han consolidado y se están convirtiendo en el principal escollo para regenerar el barrio y tratar de poner de nuevo en manos privadas las propiedades que en su día fue absorbiendo la Administración pública. La lentitud a la hora de arrancar los planes de rehabilitación anunciados hace meses y la tibieza de las autoridades a la hora de enfocar el problema de las ocupaciones mantienen el malestar vecinal. Ahora que se cumplen 12 meses del cambio político, los habitantes del Cabañal siguen sin percibir avances en uno de los barrios más emblemáticos de la ciudad de Valencia. 

Los okupas tienen su propia estructural social: la Fusteria es el centro social; el Samaruc, el bar; y Payo-asos, el taller de circo y malabares

Informes elaborados por el consistorio que ya han pasado a instancias judiciales señalan que hay más de un centenar de edificios ocupados de forma ilegal por personas cuya motivación no es de exclusión por razones económicas. El ecosistema es de lo más peculiar. Durante el día apenas se dejan ver. Pero este colectivo cuenta con toda una seudoestrucura social propia: Payo-asos es el taller en el que aprenden los malabares y los números de circo que sirven a muchos para ganarse la vida en los semáforos y en las plazas. La Fusteria es el CSOA (Centro Social Okupat Autogestionat) que hace las veces de sede cultural, de exposiciones o de charlas anarquistas. Y el Samaruc es el bar en el que pasar buenos ratos. Ninguno tiene licencia.

La presión vecinal para buscar una solución al problema de las ocupaciones, tanto las que se identifican con ‘k’ como las que no, llevó al alcalde Joan Ribó a anunciar el pasado mes de febrero el inicio de acciones legales para ejecutar desalojos. Por la parte que corresponde a las familias con problemas de recursos, tanto las de origen español como las rumanas que han ido instalándose en el barrio, se da por hecho que las opciones serán más fáciles. Se trata de ofrecerles una alternativa habitacional en otra parte de la ciudad o el área metropolitana, algo que todavía no ha ocurrido. 

Okupación y cabreo vecinal: el Cabañal no quiere convertirse en otro barrio de Gràcia

Más compleja se perfila la problemática de los okupas. Vicente Gallart, gerente de la Sociedad Cabañal Canyamelar y una de las personas que en su día batalló contra el plan de demolición para llevar la Avenida Blasco Ibáñez hasta el mar, cree que el gran desafío es evitar que la zona cero del barrio se convierta en un gueto. “Cuando han venido a preguntarnos qué nos parecía a nosotros lo que hacen (los okupas) lo que les he dicho es que si son jóvenes, o personas sin recursos, con problema de acceso a vivienda, en el Ayuntamiento tienen su correspondiente ventanilla donde deberán plantear su situación”, señala. 

Los vecinos temen que si no se actúa con celeridad se consoliden situaciones que cuando quieran abordarse desemboquen en choques violentos como los que se han vivido en el barrio de Gràcia de Barcelona con el Banc Expropiat. “Lo que no puede hacer un ayuntamiento es mirar hacia otro lado y permitir situaciones ilegales. Si se está en el antisistema eso puede tener consecuencias y nos aboca a un enfrentamiento más o menos civilizado”. Gallart sabe de lo que habla. El mes pasado aparecieron pintadas amenazantes contra él y contra la concejala de Seguridad Ciudadana, la socialista Sandra Gómez. Hasta Joan Ribó ha recibido críticas del colectivo okupa por su gestión en el barrio. 

Okupación y cabreo vecinal: el Cabañal no quiere convertirse en otro barrio de Gràcia

Los antisistemas se sienten traicionados

Los antisistemas consideran la actuación de los nuevos responsables de la gestión municipal una traición porque creen que ellos fueron agentes activos en la resistencia contra los planes de demolición de Rita Barberá y ahora se les quiere expulsar del barrio. Cuando en 2010 la actual vicepresidenta de la Generalitat, Mónica Oltra, apareció en todas las televisiones zarandeada por agentes antidisturbios en una protesta contra derribos de viviendas ordenadas por Rita Barberá muchos de los que salieron en la foto junto a la lideresa de Compromís eran okupas que ya vivían en el barrio.

Como propietaria de inmuebles, la Sociedad Cabañal que ahora dirige Gallart ha tenido que personarse en causas judiciales abiertas tras denuncias de Iberdrola por enganches ilegales a la red eléctrica. Pero, de momento, no ha habido desalojos en los que hayan tenido que intervenir los cuerpos policiales. Sí se produjo un suceso preocupante en marzo, cuando se incendió la terraza de uno de los centros sociales y los ocupantes no permitieron acceder a los agentes de la Policía Local. 

El primer plan para rehabilitar 250 viviendas se acaba de firmar y todavía no se ha puesto en marcha un año después de anunciarse

No está ayudando a desatascar la situación el retraso en la puesta en marcha de los planes de rehabilitación. Este viernes se firmaba por fin el convenio entre el consistorio y la Generalitat para poner en marcha un programa de ayudas de casi 13 millones de euros para regenerar alrededor de 250 viviendas y reconstruir otras 50. Se trata de una iniciativa en la que también habrá fondos del Ministerio de Fomento y que tiene que cofinanciar el solicitante. Y falta de demanda no hay. En una semana desde que se abrieron la preinscripciones, la Sociedad Cabañal ha abierto ya más de 40 expedientes. 

A estos proyectos hay que sumar planes de regeneración con fondos Feder por 15 millones de euros que siguen sin ejecutarse y una reformulación de 11,5 millones del llamado Plan Confianza que puso en marcha la Generalitat con Francisco Camps que iban destinados la ampliación de la avenida hacia el mar. Es lógico que si todo esto estuviera ya en marcha la percepción de que las cosas están cambiando en este barrio marítimo sería real.

Ingleses, franceses, italianos, chinos... los extranjeros están comprando en el barrio de forma compulsiva

Sorprendentemente, la parálisis burocrática en materia de planes de regeneración no tiene correlación con la actividad inmobiliaria. El potencial del distrito marítimo de Valencia es innegable. Un diamante en bruto que está atrayendo a inversores extranjeros. Solo el año pasado, se produjeron 150 operaciones de compra de inmuebles por parte de ciudadanos de nacionalidad no española en el Cabañal y aledaños. Ingleses, franceses, italianos, alemanes, americanos y hasta chinos están comprando viviendas. 

Los precios de la zona compensan la incertidumbre. La Sociedad Cabañal ha enajenado casas por poco más de 30.000 euros. Necesitan de una buena inversión, pero una vez ejecutada su propietario disfrutará de una residencia en la tercera ciudad de España, a apenas unos metros de la playa y un barrio de inmenso valor patrimonial. Un lujo que, pese a todos los problemas, conocen muy bien sus vecinos. 

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