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Los planes de Òmnium para convertir a Jordi Cuixart en su mártir universal
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Tras su salida

Los planes de Òmnium para convertir a Jordi Cuixart en su mártir universal

La organización independentista prevé recoger 500.000 firmas para apoyar las demandas internacionales de su hasta ahora líder ante el Tribunal de Estrasburgo por la condena del 1-O

Foto: El presidente de Òmnium Cultural, Jordi Cuixart. (EFE/Quique García)
El presidente de Òmnium Cultural, Jordi Cuixart. (EFE/Quique García)

La discreta retirada de Jordi Cuixart, uno de los presos indultados del 'procès', de la presidencia de Òmnium Cultural a finales del mes de febrero significa el inicio de otra etapa de la entidad independentista. Òmnium ha sido, junto con la Asamblea Nacional Catalana (ANC), la organización que movilizó a los activistas independentistas en las calles catalanas durante la última década. Desde finales del 2015, Cuixart llevó las riendas de la institución, tras recoger el testigo de manos de un entonces casi desconocido Quim Torra, que a la postre acabó siendo presidente de la Generalitat. Y no le fue mal: comenzó con apenas 30.000 afiliados y en estos momentos supera los 190.000 socios además de otros 15.000 voluntarios.

Creada en el año 1962 para defender la lengua y la cultura catalana, tuvo algunos problemas en sus inicios debido al régimen franquista, pero logró funcionar sorteando la censura haciéndose un hueco hasta ser el referente. Con Cuixart llegó a su madurez y, especialmente, a su época de mayor peso político y social. La fuerte personalidad de su líder hizo que de ser una discreta entidad pasase a ser la organización con mayor peso social de Cataluña en solo un lustro.

Foto: Jordi Cuixart. (EFE/Alejandro García)

Por su labor ultrapersonalista, Cuixart ha querido ser ninguneado desde todos los bandos porque ha sido el único activista de relevancia que no se ha dejado obnubilar por el oropel político: jamás obedeció a ningún partido mientras tiraba de las orejas a todos. 'El perroflauta de la independencia', acuñó el 'españolismo'. Desde sus propias filas se le calificó irreverentemente de "traidor" ('botifler') cuando hablaba con los constitucionalistas. Pero lo cierto es que su eslogan 'lo volveremos a hacer' en su alegato final del juicio del 1-O resumía la esencia del independentismo más combativo y extremista. Los más duros soberanistas lo adoptaron, pero pocos recuerdan que fue Cuixart quien lo acuñó. Y en las condiciones más adversas.

La conversión en símbolo

Su paso al lado, lejos de ser una derrota, será utilizado por Òmnium para convertir a su exlíder en un símbolo. La entidad no corre peligro de caer ninguneada. Una de sus metas es llevar el conflicto a Europa, manteniendo la batalla por el desprestigio de España. Y en esa estrategia, la figura de Cuixart cobra especial relevancia: este otoño, el presidente de Òmnium había puesto una demanda contra el Estado español en el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) por la sentencia del 1-O. El pasado 13 de diciembre, ese tribunal admitió a trámite la demanda. El siguiente paso de Òmnium no es quedarse con los brazos cruzados: en sus documentos internos figura un plan para captar 500.000 firmas con el fin de apoyar la demanda de Cuixart ante el TEDH y luego, con esas mismas firmas, interponer sendas denuncias más en la ONU y en Amnistía Internacional.

Esas maniobras son testimoniales, ya que no tienen mayor trascendencia jurídica, pero adquieren una gran relevancia social y moral en el mundo separatista a la vez que dejan entrever el objetivo de Òmnium. Y si con Cuixart en la presidencia podría dar la sensación de que todo era una maniobra personalista del activista utilizando a la entidad en contra del Estado que le había condenado, con él fuera del organigrama se proyectará la imagen de supuesta neutralidad. Y Cuixart ya no será el presidente de una organización, sino un símbolo al que hay que proteger.

Foto: El presidente de Òmnium Cultural Jordi Cuixart. (EFE)

Su figura será también el leitmotiv principal de la campaña reclamando la amnistía. A Cuixart se le representa como un represaliado "condenado por defender el derecho a la autodeterminación. Tú podrías estar en su lugar". La amnistía se contrapone al indulto. "El indulto no es una solución colectiva, solo saca a 9 personas de prisión. Solo con la amnistía se soluciona la situación de las más de 3.300 personas represaliadas", dice la propaganda de esta campaña. De ahí que Òmnium haya puesto en marcha una campaña para apoyar la Ley de Amnistía presentada en el Congreso por ERC, JxCAT, CUP y PDeCAT. "Iniciamos una triple ofensiva —política, ciudadana y social—: hemos activado el derecho de petición". El tirón de la imagen de Cuixart en la campaña es indudable.

Dos grandes frentes de batalla

Hay otros dos grandes frentes importantes en la estrategia futura de Òmnium: por un lado, una campaña internacional de desgaste contra España, que ahora será focalizada en la figura de Cuixart (la intención es hacer calar el mensaje de que España "es el peor país del mundo", según se recoge en los documentos internos de Òmnium) y, por otro lado, una gran campaña "contra la Monarquía corrupta": la intención es realizar una recogida de fondos que podría dar lugar a una "ofensiva jurídica contra el Rey".

El hecho de convertir a Cuixart en un símbolo es gasolina para el fuego soberanista. El independentismo ha vivido más de eslóganes que de realidades. Nunca hubo el 80% de los catalanes pidiendo un referéndum. Nunca hubo un expolio fiscal de 16.000 millones de euros: en sus cuentas, el independentismo se 'olvida' de contabilizar los gastos sufragados con esas cantidades en los sectores de Exteriores, subsidio de paro, aduanas, Defensa y otras voluminosas partidas, según recordó alguien tan poco sospechoso de 'unionista' como el exconsejero de Economía Andreu Mas-Colell. Nunca hubo dos millones de personas en una manifestación en Barcelona. Las cifras siempre fueron hinchadas a conciencia para magnificar la fuerza del independentismo. En el seno del soberanismo hubo segmentos de activistas con determinado peso que advirtieron repetidamente de las consecuencias negativas de sostener mentiras públicamente (como la sectorial de Inteligencia de la ANC, que realizó un informe, luego hurtado a la ciudadanía, que hablaba de 837.000 personas en la manifestación más masiva de la historia), pero se trataba de magnificar los acontecimientos o de desinflar el suflé. Luego, los aparatos de las organizaciones cívicas, así como los dirigentes que tomaron el control de los partidos a partir de 2012 llevaron a una locura colectiva en la que el propio Govern tomó partido avalando las tesis más inverosímiles lanzadas desde los 'think tanks' soberanistas para animar a su público. El 'procés' se convirtió, así, en una carrera hacia ninguna parte en la que lo único real eran consignas imaginarias y, a veces, estrambóticas.

Foto: Jordi Cuixart. (EFE)

Con Cuixart como símbolo (y no como presidente), es más sencillo ‘vender’ la imagen del independentismo represaliado. El activista es una persona de carne y hueso, harto conocido en Cataluña y con unas circunstancias personales muy marcadas. Otra cosa son las causas que las marcaron, pero eso ya entra dentro de la épica soberanista. De momento, lo que le interesa a Òmnium es mantener viva la llama del extremismo irredento. Y Cuixart será su encarnación: él ya se ha puesto a disposición de la futura cúpula para ser la mecha que encienda cualquier fuego.

La discreta retirada de Jordi Cuixart, uno de los presos indultados del 'procès', de la presidencia de Òmnium Cultural a finales del mes de febrero significa el inicio de otra etapa de la entidad independentista. Òmnium ha sido, junto con la Asamblea Nacional Catalana (ANC), la organización que movilizó a los activistas independentistas en las calles catalanas durante la última década. Desde finales del 2015, Cuixart llevó las riendas de la institución, tras recoger el testigo de manos de un entonces casi desconocido Quim Torra, que a la postre acabó siendo presidente de la Generalitat. Y no le fue mal: comenzó con apenas 30.000 afiliados y en estos momentos supera los 190.000 socios además de otros 15.000 voluntarios.

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