Enmienda a la totalidad del Cercle d’Economia a la política de Aragonès y Colau
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Cuestionan los pactos con la CUP

Enmienda a la totalidad del Cercle d’Economia a la política de Aragonès y Colau

La entidad que preside Xavier Faus "manifiesta su decepción con el Gobierno de la Generalitat de Cataluña y con el Ayuntamiento de Barcelona" y les pide realismo político

Foto: El presidente de Cercle d'​Economia, Javier Faus. (Reuters)
El presidente de Cercle d'​Economia, Javier Faus. (Reuters)

El Cercle d’Economia ha emitido una nota de opinión que supone una enmienda a la totalidad a las políticas económicas tanto de la Generalitat que preside Pere Aragonès como a las de Ada Colau al frente del Ayuntamiento de Barcelona. La nota pide que se acuerden grandes consensos en cuestiones como la ampliación del aeropuerto de El Prat, implementación de las energías renovables, el nuevo desarrollo del Hospital Clínic o el apoyo a la política industrial, porque “ya hemos perdido muchas oportunidades en esta década. Lo venimos denunciando desde hace años y lo volvemos a hacer ahora”, aseguran en este documento, que critica de arriba abajo las tesis en favor del decrecimiento económico que desde la CUP se están abriendo paso entre la opinión pública de Cataluña

Así acaba el idilio entre el 'lobby' más importante de España y los partidos catalanes, cuando en junio de este año el Cercle defendió los indultos a los políticos independentistas. Tras cuatro meses, el Cercle ha emitido una nota durísima en la que acusa de manera equitativa a Colau y Aragonès de mantener un clima en el que “podemos quedar atrapados en una espiral de irrelevancia económica, de lenta pero inexorable decadencia”. También la dependencia de los extremos políticos, justo cuando la Generalitat está intentando pactar los nuevos presupuestos con la CUP.

Foto: El presidente de la Generalitat, Pere Aragonès. (EFE)

El Cercle que preside Xavier Faus ahora “manifiesta su decepción con el Gobierno de la Generalitat de Cataluña y con el Ayuntamiento de Barcelona. Creemos que ninguna de las dos instituciones más importantes del país tiene definido un modelo de prosperidad que pueda ser compartido por la gran mayoría de ciudadanos, sociedad civil y empresariado”. Responsabiliza a ambas administraciones por igual y les pide “coraje político y sentido de país para ejecutar la estrategia, sin miedo a sus consecuencias políticas. La alternativa es el inmovilismo, el bloqueo permanente, que no tiene ningún coste político a corto plazo. Pero es una alternativa que no piensa en el interés general del país y que nos condena a la decadencia y la irrelevancia a medio y largo plazo”.

Ante la sensación de decadencia y degradación que va más allá de la crisis política derivada de la tensión soberanista, el Cercle se planta y plantea críticas muy concretas. Pide una redefinición del modelo turístico, por ejemplo. O una “ampliación del aeropuerto de El Prat que minimice el impacto medioambiental”.

Ante la sensación de decadencia y degradación que va más allá de la crisis política, el Cercle se planta y plantea críticas muy concretas

El Cercle va repasando diversos casos europeos, desde la ciudad de París, hasta la ampliación del puerto de Róterdam o la nueva planta de Tesla en Berlín, pasando por el caso de Portugal y Lisboa. Dibuja una Barcelona y Cataluña bloqueada mientras que el resto de Europa avanza sin freno.

Dura interpelación

La nota interpela sobre todo a los 'consellers' económicos de Aragonès, entre ellos, Jaume Giró (Economía) Teresa Jordà (Acció Climàtica) o Roger Torrent (Empresa) y también a un Consistorio en el que Colau alardea de paralizar todo tipo de proyectos. Y ataca la tesis de fondo, que defiende la CUP basadas en el “decrecimiento”. El Cercle mantiene que “la apología del decrecimiento es una irresponsabilidad que una economía europea abierta no se puede permitir. El decrecimiento no es creíble ni siquiera en el ámbito del cambio climático”.

La nota cuestiona de manera frontal las actuales políticas económicas: “De existir un modelo de desarrollo económico por parte de la Generalitat y el Ayuntamiento de Barcelona, a menudo, es fuertemente ideológico, con falta de pragmatismo. Otras veces son modelos que generan confrontación y, por lo tanto, difíciles de ejecutar en sociedades tan complejas y diversas como las nuestras. A menudo las actuaciones se diseñan sin contar con la iniciativa privada y la empresa, o directamente van en su contra”.

Se critica la decadencia de Cataluña en general y Barcelona en particular

El Cercle no se queda en el aeropuerto, el caso más flagrante, cuya ampliación que fue paralizada por Aragonès en persona. "La gran industria necesita energía renovable cerca de las fábricas. Pero, de nuevo, no queremos afrontar la realidad, y vamos posponiendo la solución con moratorias y pensamos ingenuamente que solo con el autoconsumo daremos servicio a todas las necesidades energéticas del país. Si no tomamos soluciones con carácter inmediato, en 20 años Cataluña necesitará importar mucha energía del resto de España y de Francia. Este puede ser el modelo que se busca, pero entonces se tiene que explicar claramente a la población y no hablar de conceptos como el de "soberanía energética". Tanto esta frase como la alusión a las moratorias son dardos que cuestionan las políticas que hasta ahora ha defendido la 'consellera' Teresa Jordà.

Petición de realismo

Con una Generalitat y un Ayuntamiento abogando por las políticas simbólicas, el rupturismo del Cercle es pedir “realismo”. Según se señala en su parte final: “Pedimos realismo. El modelo compartido de prosperidad tiene que suponer una estrategia (voluntad más capacidad) para estar presentes en los niveles donde se deciden los recursos que necesitamos. El futuro de Cataluña pide una política de estado y, por lo tanto, volver a tener presencia e influencia catalana en España, el único Estado realmente existente que tenemos los catalanes”, una indirecta, pero muy clara referencia a los políticos independentistas que rechazan hacer política en Madrid o la visten de unos maximalismos que la hacen inviable.

Foto: El presidente de la Generalitat, Pere Aragonès (i). (EFE)

En el fondo la nota de opinión desvela una desconexión profunda entre la actual clase política y las élites económicas en Cataluña. Y se critica la dependencia de los partidos más radicales en un momento, por ejemplo, en el que Pere Aragonès insiste en pactar los nuevos Presupuestos de la Generalitat con la CUP. “Hace falta que Barcelona y Cataluña sean gobernadas desde la centralidad, que al fin y al cabo representa la mayoría de ciudadanos y que es donde se encuentran los consensos necesarios para llevar a cabo políticas ambiciosas. Como se hace en Alemania, pensamos que la visión a largo plazo de una ciudad y un país pasa por no gobernar buscando alianzas con los extremos”. Justo lo que lleva más 10 años sin hacerse. Lo dicho, una enmienda a la totalidad.

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