MARTA PASCAL DEJA SU CARGO COMO SENADORA

Marta Pascal deja su escaño en el Senado y ahonda la división en el PDeCAT

En una entrevista en TV3, Pascal ha dicho que no puede seguir "poniendo voz" al grupo de JxCAT en el Senado por discrepancias

Foto: La excoordinadora general del PDeCAT Marta Pascal. (EFE)
La excoordinadora general del PDeCAT Marta Pascal. (EFE)

La situación interna del PDeCAT se deteriora por días. La revuelta interna de los barones anunciada por El Confidencial ya tiene su primera plasmación con la renuncia de la excoordinadora general Marta Pascal de su cargo de senadora de JxCat en representación del Parlamento de Cataluña. Una durísima carta de Pascal al presidente del PDeCAT, David Bonvehí, critica la deriva estratégica de los radicales que, hoy por hoy, dictan el rumbo de los posconvergentes.

“Creo que Junts per Cataluña no ha asumido el rol necesario como actor político que aborde formas de solucionar el conflicto entre Cataluña y España. He quedado prisionera de un simbolismo estéril y de una retórica muy estridente que ha dejado nuestras instituciones a la intemperie. Por este motivo, considero que no puedo seguir ostentando un cargo institucional en nombre de JxCat. No comparto la estrategia que se está siguiendo y quiero seguir expresándome de forma clara, sin ataduras y con toda libertad y claridad”, se duele la exdirigente en la misiva.

El problema del PDeCAT es que su actual estructura de poder manda muy poco. El partido es solo una sombra de lo que fue Convergència. Pero lo más delicado es que la estrategia está dirigida por Carles Puigdemont desde Waterloo. Marta Pascal se enfrentó al ‘expresident’ con motivo de la moción de censura a Mariano Rajoy: a Puigdemont le interesaba que Rajoy continuase presidiendo el Gobierno central por el miedo a que el PSOE abriese puentes de diálogo y su estrategia frentista se derrumbase como un castillo de naipes. Pero Pascal se rebelíóy apoyó la moción de censura de Pedro Sánchez, lo que provocó una brecha entre los dos dirigentes independentistas que, con el tiempo, se ha ido agrandando.

[Consulte aquí la carta de dimisión de Marta Pascal]

Paralelamente, Puigdemont intentó diluir el PDeCAT en la marca electoral (que, curiosamente, es propiedad del PDeCAT), Junts per Catalunya, hasta el punto de que el partido ha quedado borrado del mapa político. Por si fuera poco, creó otra marca partidista, la Crida Nacional, a la que sumó el Consell per la República, con el fin de restar poder al PDeCATy controlar personalmente todo el espectro político posconvergente. Esas circunstancias acabaron por pasar factura a Pascal, que fue relegada de sus funciones de máxima ejecutiva y nombrada senadora en representación del Parlament.

Clima de intolerancia y agresividad

Ahora, la excoordinadora general acusa a sus compañeros poco menos que de totalitarios y violentos, ideológicamente hablando. “Me preocupa, y mucho, en términos democráticos y de respeto a las legítimas opiniones de todos, el clima de intolerancia y agresividad contra todos aquellos que no hemos compartido determinadas decisiones. En lugar de construir una propuesta amplia que aspira a representar a mucha gente, se impone la posición de aquellos que, en nombre de una supuesta coherencia, necesitan el bloqueo para poder mantener sus posiciones de poder”, explica en la carta.

El senador de ERC Raül Romeva (d), saluda a la senadora Marta Pascal. (EFE)
El senador de ERC Raül Romeva (d), saluda a la senadora Marta Pascal. (EFE)

Así pues, subraya que “no quiero que mis ideales se midan en función de los actos de desobediencia y de unilateralidad. Son praxis que no comparto. No son soluciones posibles de la relación compleja entre Cataluña y España. No nos llevan absolutamente a ningún sitio. Solo creo en el pacto, las urnas, la negociación, la amnistía, la paciencia radical en la gestión del tiempo, la defensa de los intereses de los catalanes y un referéndum acordado para dirimir nuestro futuro político. Todo lo demás me parece un ruido ensordecedor y estéril”.

En esta coyuntura, Marta Pascal y un puñado de fieles intentarán en las próximas semanas controlar lo que queda del PDeCAT, reconducirlo y formalizar una propuesta política del catalanismo moderado de centro derecha que no renuncie a la independencia, pero sí a la unilateralidad. En caso de no poder construir esa herramienta política, no es de descartar una escisión en toda regla, con el nacimiento de una nueva plataforma o un nuevo partido que se vindique como heredero de Convergència pero totalmente renovado de caras y de programa político.

Fuentes del PDeCAT suavizan, en parte, la situación de elevada tirantez a la que aboca la dimisión de Pascal: “Posiblemente, Puigdemont no tenga toda la culpa. En realidad, hay un núcleo duro que se arroga su representación, pero que funciona por su cuenta y maniobra según sus intereses personales, aunque después dicen que lo hacen en nombre de Puigdemont”, señala a El Confidencial un alto cargo posconvergente.

Otro dirigente subraya que "Marta ha hecho honestamente lo que tenía que hacer. Pero no solo habla claro ahora: lleva dos años haciendo públicas cosas que el independentismo no hizo bien a causa de algunos ‘hiperventilados’. Es evidente que tiene detractores en el PDeCAT y, sobre todo en JxCat. Pero el problema está en los que se abrogan la interlocución directa con Puigdemont y que, supuestamente, trasladan a Barcelona lo que dice el ‘president’ de Waterloo". El posicionamiento de Pascal con su renuncia, pues, no deja de ser un pulso (otro más) a Puigdemont y a su guardia de corps en Cataluña. Y ahí hay razones personales, políticas y estratégicas. La derecha independentista tiene un nuevo (y grave) problema.

Cataluña

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