el 'expresident' PRESENTA su nueva organización

Puigdemont pedirá a través de su Consell la expulsión de España de la Unión Europea

"El Consell cierra el capítulo de la autonomía. Hoy le decimos al mundo que los catalanes nos comenzamos a organizar", es el mensaje de este nuevo movimiento

Foto: Carles Puigdemont en Bélgica. (EFE)
Carles Puigdemont en Bélgica. (EFE)

Épica y retórica. La grandilocuencia fue la nota dominante en la presentación oficial, en Bruselas, del Consell per la República. La grandilocuencia y una cuidada puesta en escena adornaron un acto que reunió a la ‘crême de la crême’ soberanista en la capital belga para poner en marcha el último instrumento ideado por las cúpulas independentistas para internacionalizar el conflicto catalán.

Este órgano tendrá una asamblea de representantes formada por 100 personas. Una cuarta parte, serán diputados del Parlament; otra cuarta parte, representantes de Ayuntamientos; otra cuarta parte, será cubierto por entidades sociales (o sea, ANC y Òmnium, preferentemente); y la última cuarta parte, ciudadanos catalanes. Además, el órgano recto tendrá 7 miembros: tres los nombrará Carles Puigdemont; tres serán nombrados por Oriol Junqueras; y uno, por la CUP (que ya se ha desmarcado del tema y no quiere saber nada).

El exconseller Toni Comín, fugado en Bruselas, detalló que tendrá cinco ámbitos de actuación y avisó a la CUP: “El Consell no es retórica. Hemos de potenciar el rol del ciudadano en la gestión democrática. La República ha de reinventar la democracia. Necesitamos unidad republicana. No podemos dejar que el miedo se interponga en nuestro camino”. El delirio llegó cuando propuso que Cataluña lidere una revuelta europea de pueblos y movimientos por la autodeterminación y anunció que ese Consell pedirá a la UE que suspenda como socia a España porque no cumple los requisitos para ser miembro. El objetivo es claro, dijo la exconsejera también fugada Clara Ponsatí: conseguir que Cataluña sea reconocido como un Estado más a lo largo y ancho del mundo. “El Consell cierra el capítulo de la autonomía. Hoy le decimos al mundo que los catalanes nos comenzamos a organizar al margen de las leyes españolas”, avisó. Mayor épica, imposible.

Medio gobierno catalán se desplazó este sábado a Bruselas para visualizar la plasmación del Consell, que en realidad será el último ‘juguete’ en manos de Carles Puigdemont. Hasta la capital belga se desplazaron el ‘president’ Quim Torra, el vicepresidente, Pere Aragonès, el consejero de Políticas Digitales, Jordi Puigneró, el de Educación, Josep Bargalló, el de Territorio, Damià Calvet, y la de Cultura, Laura Borràs.

Medio gobierno catalán se desplazó a Bruselas para visualizar la plasmación del Consell, que en realidad será el último ‘juguete’ en manos de Puigdemont

La CUP se desmarca

En otras palabras, hubo un potente desembarco del Govern, en el que ERC también se marcó un cierto protagonismo. Los republicanos tienen pavor a quedarse descolgados y a ser tachados de ‘botiflers’ (traidores). En cambio, la CUP le echó narices: no participa en la creación del Consell porque es un órgano que no tiene mecanismos de control democrático y popular. Es una forma de decirle a Puigdemont que ya no tragan con más juegos de trileros.

Para la formación anticapitalista, ese órgano no tiene como objetivo central la “ruptura democrática con el Estado”, por lo que “no afronta el elemento central del conflicto catalán” y alimenta “el discurso simbólico”. No obstante, la facción de Poble Lliure (los menos duros de la CUP) emitieron por Twitter un mensaje muy claro: “Damos la bienvenida al Consell por la República anunciado por el Molt Honorable President Quim Torra y Carles Puigdemont, muy atentos a que esta propuesta nos haga avanzar hacia la construcción de la República Catalana y no se quede solo en una cuestión retórica”.

Tenemos, pues, un escenario que ya comienza a ser habitual: el independentismo desunido que intenta hacer ver que todos van a una. PDeCAT intentando desmarcarse de Puigdemont; ERC acoquinada en una esquina, visualizando una de cal y otra de arena, jugando al gato y al ratón con Puigdemont y con el PDeCAT; y la CUP, marcando perfil anticapitalista, fustigando a PDeCAT, Puigdemont y ERC, yendo a la suya y materializando la desunión del soberanismo. Una estampa para la posteridad.

Y eso en un día tan señalado como el de la presentación del Consell, un órgano creado por Quim Torra (aunque oficialmente no dependa del Govern), que será “una herramienta para hacer una República efectiva en el exterior, sin zancadillas por parte del Estado español, pero necesita el apoyo del pueblo. Tenemos que mirar cómo lo hizo Eslovenia”. Éste era un mensaje intercambiado el pasado jueves por uno de los canales internos de comunicación de los grupos de radicales que trabajan intensamente para boicotear a España y a favor de la secesión de Cataluña. Ese mismo día, precisamente, el presidente catalán, Quim Torra, visitaba Eslovenia, donde consiguió ser recibido por su presidente. Acto seguido, continuó su periplo hacia Bruselas, aunque eso en su agenda oficial ya no constaba.

Por ese motivo, hubo intentos de hacer peregrinación independentista a Bruselas. Desde hace semanas, los círculos más radicales llevan intentando reclutar a admiradores de Puigdemont para llevarlos a la capital belga y mostrar ante los ojos de Europa “la fuerza del Movimiento [independentista]”. Eso serviría no sólo para arropar al Consell de la República, sino para conmemorar un año desde la primera manifestación ‘indepe’ en Bruselas. No hubo el eco esperado. Al final, la presentación se hizo en el teatro Real de Bruselas con 400 personas, la mitad de ellas altos cargos o dirigentes de partidos, organismos o entidades sociales.

“No hay marcha atrás”

La ANC, Òmnium, comités de Defensa de la República (CDR) y otros grupos extremistas convocaron actos en algunas localidades catalanas para seguir en directo el acto de constitución de un órgano que le ha de servir a Puigdemont para reclamar la solidaridad internacional y extender el ‘procés’ más allá de las fronteras españolas. O sea, para internacionalizar el conflicto.

El acto de este sábado se realizó a imagen y semejanza de las grandes movilizaciones de los últimos años: mucha estética, mensajes contundentes y emoción a raudales. El independentismo rezuma sentimientos. “Compañeros y compañeras, en el exterior hay mucho trabajo por hacer. Es preciso explicar la persecución de las ideas y la vulneración de derechos fundamentales”, leía la actriz Sílvia Bel una carta de la expresidenta del Parlament, Carme Forcadell, hoy en la cárcel. No hubo, sin embargo, carta de Oriol Junqueras, el líder de ERC preso en Lledoners.

El acto se realizó a imagen y semejanza de las grandes movilizaciones de los últimos años: mucha estética, mensajes contundentes y emoción

Los mensajes independentistas son como el paso de la oca: efectistas, contundentes, rotundos. Torra oficializó su papel secundario en la política catalana, a pesar de ser el ‘president. Tomó la palabra en penúltimo lugar. Sacó pecho alardeando de que este jueves fue recibido por el presidente de Eslovenia “gracias a la internacionalización del ‘procés’” y metió el dedo en el ojo a ERC afirmando que “la huelga de hambre es un mensaje de esperanza”. Una huelga que los republicanos se han negado a secundar. Torra insistió en su reiterado mensaje de que “la Monarquía es caduca y vieja y no nos representa” y de que “estamos en el lado correcto de la historia. No hay marcha atrás en el camino hacia la libertad”. Populismo y maniqueísmo aunados en un mismo discurso.

Palo a ERC y a la CUP

La gran ‘estrella’, Carles Puigdemont, cerró el acto. Fue el colofón idóneo para el épico acto. Y no defraudó. “Hemos decidido que queremos vivir en una República”, clamó ante un público enfervorecido y entregado. “Nuestra sociedad está sometida a una libertad vigilada”, afirmó. También lanzó soflamas que tienen más de populismo que de realidad democrática: “El Estado no tiene alternativa a la independencia”. Alardeó de que “hemos vencido al autoritarismo en dos ocasiones; hemos vencido al miedo y a la represión. Hoy presentamos la semilla de la tercera victoria”. Pidió a los presentes que sigan apretando en la calle y movilizándose, pero no se olvidó de dar un toque de atención a todos sus rivales afirmando que “hay un grito de unidad que recorre Cataluña y lo hemos de escuchar”. Eso va por los ‘cuperos’ que se le han descolgado de su proyecto, y por ERC, que se niega a formar listas conjuntas para las municipales. Y es que la manipulación y tergiversación del ‘expresident’ no tiene límites. Aún así, recordó que “nos queda el tramo más pesado

Para justificar la creación del nuevo ‘juguete’, afirmó que el Consell “llegará hasta donde no puedan llegar las instituciones”. Es decir, que su cometido más importante será dedicarse a labores diplomáticas: lo que no pueda hacer en ese ámbito la Generalitat, porque no tiene competencias, intentará ser suplantado por el Consell, que, al fin y al cabo, no representa ni siquiera a todos los independentistas, dado que la CUP se ha desmarcado.

Hizo proselitismo de lo suyo. “Lo que está pasando en Cataluña no es la típica revolución nacionalista”, afirmó. Y llamó a apuntarse al Consell porque “es más fácil y efectivo que cualquier otra acción”. De hecho, no se pensaba poner en marcha este órgano hasta tener un millón de afiliados. Pero van, en realidad, por 40.000. Y no tiene trazas de que se vayan a ir apuntando en masa los independentistas. Eso le supone a Puigdemont un serio varapalo económico: a 10 euros por afiliación, la recaudación está muy lejos de los 10 millones que esperaba ingresar con este órgano. Está visto que el enemigo del independentismo no se encuentra sólo en el Estado español: está en la propia cúpula soberanista.

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