Tras la deriva de los últimos días

Pedro Sánchez aparca su reunión con Torra en octubre en la Generalitat

Se mantendrán relaciones a niveles de 'sottogoverno' para cuestiones del día a día o para grandes temas como la financiación autonómica, pero se dejan de lado los grandes acuerdos

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el 'president' de la Generalitat, Quim Torra, se saludan antes de su reunión en julio en La Moncloa. (EFE)
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el 'president' de la Generalitat, Quim Torra, se saludan antes de su reunión en julio en La Moncloa. (EFE)

El escribiente Bartleby, el recordado personaje de Herman Melville, funcionaba con el mantra “preferiría no hacerlo”. Del mismo modo, Pedro Sánchez ha optado por dejar de lado la reunión con el presidente catalán, Quim Torra, que tenía que celebrarse este mes de octubre en la Generalitat, según apuntan fuentes conocedoras de los contactos entre ambas administraciones. Tras el viaje de 36 horas de Quim Torra por el infierno de los despropósitos —empezó jaleando a los CDR y acabó amenazando con dejar caer al presidente del Gobierno al privarle de su apoyo en el Congreso—, se han dinamitado los principales puentes entre Barcelona y Madrid, según explican fuentes políticas de ambas ciudades. No habrá foto en el Palau de la Generalitat.

Eso no quiere decir que se acabe con todo. Se mantendrán relaciones a niveles de 'sottogoverno' para cuestiones de día a día o para grandes temas como la financiación autonómica. También para aprovechar la buena sintonía con Madrid que han mostrado tanto el vicepresidente catalán, Pere Aragonès (ERC), como la 'consellera' de Presidència, Elsa Artadi (JxCAT).

Sin embargo, eso deja fuera del diálogo los grandes acuerdos. Un gran pacto que permitiese acelerar una bajada de tensión en Cataluña negociando un nuevo Estatut, que era la gran carta que se guardaba Pedro Sánchez. Esto ahora es imposible, porque Torra no ha dejado espacio para nada después de su actuación en los últimos dos días.

El lunes, en Sant Julià de Ramis (Girona), Torra no solo animó a los CDR a movilizarse en público y delante de las cámaras —“apretad, apretad”— sino que la Generalitat les dio la palabra en el escenario del acto. Después, a nadie le extrañó que esos mismos CDR encabezasen un asalto al Parlament del que ahora nadie se hace responsable. Para colmo, Torra en el Parlament aseguró, sin pestañear, que “el Estado español y su deriva autoritaria y represiva son los máximos responsables de la tensión en las calles".

Torra quiere focalizar el diálogo en dos puntos: la autodeterminación y el archivo de la causa contra los políticos encarcelados o fugados. Son los dos puntos que el Gobierno ha sacado de la agenda desde el principio, pero asegurando, al mismo tiempo, que se puede hablar de todo lo demás. Por tanto, el diálogo con mayúsculas se ha perdido. Quedará, pues, el diálogo con minúsculas, que solo servirá para que los votantes de Quim Torra le acusen de hacer autonomismo y para que la derecha acuse a Sánchez de ceder ante la presión soberanista.

Amenaza vana

Torra, además, ha optado por amenazar a Sánchez con hacer caer su Gobierno “en noviembre”. Con estos mimbres, a Pedro Sánchez no le sale a cuenta la excursión a Barcelona, por mucho que Torra le haya enviado este martes una carta para invitarle a venir, tal y como ha adelantado él mismo. El presidente de la Generalitat siempre podrá decir que Sánchez ha dado la callada por respuesta.

Como quien no quiere la cosa, Torra ha planteado una nueva hoja de ruta para el independentismo cuyo primer paso es derrocar a Pedro Sánchez

Sin embargo, como apunta una fuente del PSC, lo que ha hecho Torra ha sido recuperar de manera extraoficial el llamado 'full de ruta' —la hoja de ruta—. Es decir, no ha puesto un plazo a Sánchez. Se lo ha puesto a sí mismo. En noviembre, tendrá que dejar de apoyar al PSOE en el Congreso con los ocho diputados del PDeCAT, y en junio del año que viene, si hay una sentencia contraria en el Tribunal Supremo condenando a los encausados, tendrá que asumir “el punto de inflexión de su legislatura”, usando sus propias palabras. Es decir, tendrá que convocar elecciones autonómicas o provocar un nuevo choque de trenes con el Gobierno español, lo que Torra define con un vago “llegaremos hasta el final”.

En medio, una Constitución

Entre medias, de noviembre de este año a junio del año que viene, esta hoja de ruta prevé redactar las bases de una Constitución, una tarea que se encarga a un Fórum Cívico que tutelará la 'consellera' de Presidència, Elsa Artadi. Es muy posible que esta medida sea recurrida por el Gobierno ante el Tribunal Constitucional. Por lo tanto, aquí se abrirá un nuevo foco de conflicto entre la Generalitat y el Ejecutivo. “En los próximos días, presentaremos el Fórum Cívico, Social y Constituyente”, sentenció Torra en sede parlamentaria. Todo un compromiso político que no augura que la tensión con mayúsculas pueda bajar en Cataluña a corto plazo.

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