A Puigdemont le está costando administrar su victoria

La falta de pasaportes y otras cuatro losas que pesan sobre el independentismo

El enfrentamiento entre ERC y JxCAT se está agudizando por diversos motivos, desde la psicología de Puigdemont hasta los desajustes de comunicación entre Bruselas y Barcelona

Foto: El expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont. (EFE)
El expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont. (EFE)

El independentismo vive días confusos. Han ganado las elecciones pero están más divididos que nunca: no son capaces de levantar el artículo 155 que pesa sobre la autonomía catalana, el enfrentamiento entre partidos cada vez es más público y esta vez ni siquiera pueden echarle la culpa a la CUP, que es la que se está mostrando más flexible a la hora de llegar a acuerdos. Las razones son muchas y van desde la falta de pasaportes provocada por la retirada de los mismos por el Tribunal Supremo a problemas más de fondo, tal y como apuntan fuentes soberanistas de todas las formaciones.

Falta de pasaportes

Puede parecer un chorrada pero no lo es. Carles Puigdemont se encuentra en Bruselas y los principales líderes con mayor peso político, como Oriol Junqueras, Jordi Turull o Josep Rull están en la cárcel o no tienen pasaporte. Por tanto, no pueden viajar a la capital belga a decirle que se retire y que se empiece a hacer política. Los políticos no tiene pasaporte y eso deja a Puigdemont rodeado de activistas. Con esta ausencia de los políticos profesionales, el entorno de Puigdemont queda restringido a su entorno más fiel, pero que funcionan más como un grupo de apoyo que como asesores profesionales.

Elsa Artadi, Eduard Pujol, el empresario Josep María Matamala o el historiador Agustí Colomines, el director general del Incasol, Damià Calmet; la diputada Laura Borràs o el 'exconseller' Toni Comín configuran una nueva corte en la que los representantes de la vieja política ya no tienen influencia sobre el líder carismático.

La diputada de Junts per Catalunya, Elsa Artadi. (EFE)
La diputada de Junts per Catalunya, Elsa Artadi. (EFE)

De modo que los que tienen pasaporte no quieren que Puigdemont se retire, mientras que los que carecen de él no pueden ir a decirle a la cara que se aparte de la primera línea, según resume una fuente del PDeCAT. Puigdemont se ha convertido así en un elemento de bloqueo en sí mismo.

Los altos y bajos de Puigdemont

El carácter de Puigdemont también complica las cosas. La estrategia negociadora nunca es clara porque Puigdemont duda. Igual está arengando a las tropas en un vídeo que enviando mensajes a Comín reconociendo la derrota. Lo mismo presiona para su investidura telemática que fantasea con volver a Cataluña y ser detenido. La ciclotimia de Puigdemont no ayuda a estabilizar unas negociaciones ya confusas de por sí.

El 'expresident' es el factor clave de la victoria del soberanismo. El movimiento necesita evolucionar más allá de él pero por ahora no puede vivir sin él

Puigdemont se siente más líder de JxCAT que del PDeCAT. Su partido lo ve como un político amortizado. Pero el 'expresident' es el factor clave de la victoria del soberanismo. El movimiento necesita evolucionar más allá de él pero por ahora no puede vivir sin él.

Desajustes Bruselas/Barcelona

Además están los desajustes interior/exterior, típicas de una situación de exilio, como explican fuentes de ERC. En JxCAT en Barcelona dicen algo. Pero a menudo eso no es lo que se ha hablado Puigdemont y los suyos en Bruselas en las diversas peregrinaciones que de manera recurrente han visitado la capital belga. Así que luego, cuando en la mesa de negociación todo cambia, los de Oriol Junqueras no saben si se debe a que Puigdemont ha modificado su criterio, a los problemas de comunicación entre Bruselas y Barcelona o en que JxCAT tiene una agenda propia al margen de su cabeza de lista.

Puigdemont necesita una salida personal. JxCAT consolidar su posición como nuevo actor político. Y el PDeCAT simplemente, sobrevivir. Demasiados intereses para que no interfieran en la mesa de conversaciones. Contaminados además con la situación legal de buena parte de los protagonistas. Así, ni Rull, ni Turull ni Lluís Guinou todos procesados ante el Tribunal Supremo, firmaron el proyecto de modificación de la Ley de Presidencia, conscientes de que estaba desafiando la legalidad vigente o, al menos, los límites impuestos por el Tribunal Constitucional.

El escaso banquillo de ERC

Si algo ha quedado patente con la prisión preventiva para Oriol Junqueras es que ERC tiene menos banquillo que el Alavés. El PDeCAT ha demostrado tener muchos más cuadros. En cambio, más allá de Marta Rovira todo los republicanos se desdibujan. Raül Romeva sigue en el Parlament, pero es como si no estuviera. No participa en las conversaciones y parece pensar solo en su futuro judicial, según apuntan fuentes de ERC. Comín se ha alineado con Puigdemont en Bruselas. Sobre Carme Forcadell pesa su pasado, hay dudas sobre su futuro judicial y pese a ser un referente de la ANC, su organización se ha decantado claramente por Puigdemont, con lo que ahora ella, en las filas de ERC ha quedado desubicada.

Marta Rovira. (EFE)
Marta Rovira. (EFE)

Problemas con la verdad

Es generalizado. Y afecta a todos los actores. No solo a los independentistas. Pero al independentismo también. El soberanismo no ha asumido la derrota de octubre. Ni ERC ni el PDeCAT reconocen que no quieren a Puigdemont como presidente. Pero es así. Las propias bases critican las 'fake news' ajenas pero no asumen las propias, como el juez Santi Vidal reconociendo ante el Tribunal Supremo que mentía cuando acudía a los actos de la ANC que le costaron su puesto de senador. Cuando no se le dice la verdad a los tuyos es muy difícil cerrar nada en una negociación con los otros.

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