La esperanza unionista vive en el cinturón obrero: "Votaré por primera vez desde 1978"
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radiografía de la abstención

La esperanza unionista vive en el cinturón obrero: "Votaré por primera vez desde 1978"

Los partidos constitucionalistas se han volcado en el cinturón, donde esperan aumentar la participación para arañar terreno. Zonas tradicionalmente desmovilizadas son ahora clave

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La esperanza unionista vive en el cinturón obrero: "Votaré por primera vez desde 1978"

Es difícil saber si Elías es un buen termómetro de la política en Cataluña. “Llevo sin votar desde el año 78, pero esta vez sí iré y votaré al Iceta”. Elías, de 70 años, no se separa de sus dos perros, Llum y Res, cuando pide otro gintónic. Mientras habla, mantiene con arte en la comisura de los labios una colilla semiencendida de la que le caen a veces restos de ceniza sobre el jersey. Él no lo sabe, pero Elías es la esperanza del constitucionalismo en estas elecciones. Votantes tradicionales de estos partidos que se han quedado en casa en otras convocatorias y que, hartos de 'procés', acudan a las urnas. Por eso esta campaña más que nunca se ha jugado en el extrarradio de Barcelona. La clave está en el cinturón.

El martes, último día de campaña, el socialista Miquel Iceta paseó a Miguel Ángel Revilla por Hospitalet antes de ir al mitin de Cornellà; Inés Arrimadas cerró con un acto en Nou Barris; Pablo Iglesias y Xavi Domènech acudieron a Santa Coloma de Gramenet, y Xavier García Albiol terminó en Hospitalet. Nada de ir al centro de la ciudad, donde ya hay poco que arañar. Los votos que podían quedar en casa para el constitucionalismo estaban en el cinturón industrial.

En el extrarradio las banderas españolas llegan a sobrepasar a las esteladas. (R. M.)
En el extrarradio las banderas españolas llegan a sobrepasar a las esteladas. (R. M.)

Ese mismo día, el mercado de Sant Adrià de Besòs, un pueblo obrero de 35.000 habitantes al norte de Barcelona, era la imagen perfecta de la campaña. Ciudadanos, PSC y comunes habían montado tenderetes para buscar el voto. Pedro Sánchez Álvarez, concejal de Ciudadanos en el pueblo, daba manos y repartía pegatinas de Arrimadas. “Nos dice mucha gente que esta vez sí que va a votar. Si hacemos caso a eso, tendremos un muy buen resultado. Se notan más ganas que otras veces. Ha venido gente a pedirnos que le expliquemos cómo se vota, a preguntar por la papeleta, y todo porque no lo habían hecho antes”.

Como mucha gente de la zona, Sánchez refleja la inmigración desde otras partes de España que se ha movilizado contra el 'procés'. Él nació en Moratalla (Murcia) pero llegó a Cataluña con un año, cuando su padre vino a ganarse la vida como contable. Son estos los que han salido masivamente a manifestarse contra el 'procés' en las manifestaciones de Sociedad Civil Catalana y a menudo se quedaban en casa en las autonómicas, como si no fuera mucho con ellos. El guiño del PSC con Revilla y de Ciudadanos con la chirigota de El Selu apela a este origen. El interior de Cataluña en cambio es masivamente independentista. En Santa Coloma, la CUP no inauguró agrupación hasta 2016.

En el mercado, resguardado bajo la autopista de litoral, es difícil percibir si realmente hay más movilización que otras veces. Pedro vende en su puesto tres calcetines Nike por tres euros y seis por cinco. “Si puedo iré a votar, pero a ver si tengo tiempo porque trabajo. Si al final voto, lo haré por el PP”. Cuenta que cuatro días a la semana está en mercadillos como este y que ni recuerda cuándo fue la última vez que votó. Unos metros más allá, en el puesto de productos de droguería, no hay duda. “No pienso votar, me da absolutamente igual lo que hagan unos y otros. Ni la independencia”, responde el dueño mientras recoge los cacharros. El ambiente alrededor es de chándales con una "oferta de locura" y botas de supuesto cuero a 10 euros.

Si puedo iré a votar, pero a ver si tengo tiempo porque trabajo. Si al final voto, lo haré por el PP

Cerca del mercado hay un colegio con una pintada en la fachada: 'Escola en català'. Y debajo, con otro 'spray', alguien ha añadido: 'Y en español'. Los temas sociales apenas han salido en campaña. Solo un poco la educación, pero no para hablar de las inversiones sino del idioma, un problema menor para la mayoría de los padres. En los balcones hay probablemente más banderas españolas que esteladas.

Es difícil superar la participación de las elecciones de 2015, ya presentadas por el Gobierno de Artur Mas como plebiscitarias sobre si la gente quería independencia o no. Entonces el independentismo ganó en escaños pero no en votos. Entonces votó el 75,03% de la población, siete puntos más que en 2012. Además, el 21-D cae en día laborable y no en domingo. Pero si algo puede subir es en territorio constitucionalista.

Una escuela en Sant Adrià. (R. M.)
Una escuela en Sant Adrià. (R. M.)

En Sant Adrià de Besòs, por ejemplo, hace dos años la participación fue del 68,95%, seis puntos por debajo de la media. Y viendo los resultados de las últimas municipales, es fácil ver que es territorio 155. Allí ganó esas elecciones Ciudadanos con el 24% de los votos, seguido del PSC (19,7%) y de Junts pel Sí (18,94%). El PP obtuvo un 14,07% de los votos, muy por encima de la media de Cataluña (el 8,5%). Es cierto que los datos de Sant Adrià pueden estar distorsionados porque tiene en su término el barrio de La Mina, el Bronx catalán, donde el 'procés' se ha seguido como si se tratase de algo muy lejano. Algunos de sus vecinos mostraban su desconocimiento total del 'procés' incluso días antes del 1-O, cuando la polarización era total.

La analista Sonia Andol cree que es muy difícil predecir lo que va a pasar. "Es cierto que hay la sensación de que el independentismo ha tocado techo y que si los partidos unionistas movilizan el voto del cinturón recuperarán terreno. Pero hay un factor muy importante. Al ser entre semana, cambia mucho el voto. Quien viva a las afueras de Barcelona y trabaje en el centro lo tendrá difícil para votar y en la práctica dependerá mucho de su jefe. El autónomo o pequeño empresario de Ciudadanos tiene más fácil ir a votar". Esto hace que los datos de participación que vaya dando la Generalitat no sean comparables con los de hace dos años.

La campaña más incierta. (R. M.)
La campaña más incierta. (R. M.)

En el puesto socialista, los militantes se empeñan en tranquilizar a los que se les acercan. "Nos vienen a pedir que no pactemos con los independentistas y les tranquilizamos diciendo que eso no va a ocurrir", cuenta Hugo Ferrer, un militante del PSC que está repartiendo la propaganda electoral. Esa es la gran duda de los analistas: cómo será percibido entre sus votantes del cinturón el acercamiento de Iceta al catalanismo y si eso le costará muchos votos hacia Ciudadanos. Es en estas zonas donde muchos votantes socialistas no entendieron la decisión de Iceta de pedir el indulto para los independentistas que pudieran ser condenados, algo que luego admitió que había sido prematuro. Y es en esta zona donde se la juega el constitucionalismo.

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