El voto perdido del catalanismo moderado

Una burguesía catalana huérfana de Jordi Pujol busca padre putativo

Buscan un nuevo Pujol, basculando entre el exconseller Santi Vila, que no puede presentarse, y el líder del PSC, Miquel Iceta, al que muchos pensaron que nunca votarían

Foto: El exonseller Santi Vila en una fotografía de archivo. (EFE)
El exonseller Santi Vila en una fotografía de archivo. (EFE)

En el cuento 'Queremos tanto a Glenda' Julio Cortázar fantaseaba con un club de fans de una actriz, la Glenda del título, tan entregado que acaban cambiando las películas en que salía su diva, con nuevos montajes que en la opinión de estos creyentes le hacían más justicia. Querían tanto a Glenda que acabaron mutilando la obra entera de Glenda. En las XXII Encuentro de Economía de S’Agaró ha pasado algo por el estilo. La burguesía catalana quería tanto a Jordi Pujol que ahora se encuentra huérfana. Quisieron tanto a Pujol que le recuerdan más como quisieron verlo que como era en realidad. Querían tanto a Pujol que ahora están perdidos en la nueva Cataluña independentista, con las autonomía suspendida y con el proceso electoral más extraño que se recuerda. Buscan un nuevo Pujol, basculando entre el exconseller Santi Vila, que no puede presentarse, y el líder del PSC, Miquel Iceta, al que muchos pensaron que nunca votarían y ahora dudan.

En la cena de anoche Santi Vila cosechó un gran éxito. Curioso foro en el que el candidato que más gusta es el que no puede presentarse. Vila ha sido vetado por el PDeCAT para que no pueda estar en la lista de JxCAT el próximo 21-D. Tanto fue el cariño recibido y tan complacientes todas las intervenciones con él que el exconseller de Empresa y uno de los mejores amigos de Carles Puigdemont acabó confesando que “cuento los días para volver a la política”. ¿Fantasías de una operación Macron postautonómica o posibilidades reales de un nuevo proyecto basado en el lema “independencia sí pero ahora no”?

Una burguesía catalana huérfana de Jordi Pujol busca padre putativo

La burguesía catalana busca un nuevo Pujol, un Pujol macronizado, que le haga sentir diferentes pero no mucho. O no tanto para que les boicoteen en el resto de España. Volver a alzarse orgullosos sin ser odiados, punteros sin despertar desconfianza, aventureros sin los molestos restos del naufragio de la aventura soberanista. Entre los asistentes, el presidente de Comsa, Jordi Miarnau; el presidente de Freixenet, Josep Lluís Bonet; el presidente de Cementos Molins, Joan Molins; el presidente de la Cámara de Comercio de Barcelona, Miquel Valls, además de diversos directivos de La Caixa o de Abertis o directivos como el director de Telefónica en Cataluña, Kim Faura.

El expresidente de la Generalitat Jordi Pujol. (EFE)
El expresidente de la Generalitat Jordi Pujol. (EFE)

Santi Vila gustó, evocó a Tarradellas, recordó varias veces a los consellers en la cárcel –no a los que estaban en Bruselas, por cierto– y lamentó que en los últimos tiempos en los que todo el mundo “invocaba el diálogo y la moderación pero que este diálogo y moderación fuese muy predicado pero nada practicado”. Citó a Gil de Biedma, poeta catalán de versos en castellano. Y denotó tristeza, mucha tristeza. No por la foto de la que le habían borrado con Photoshop y que le recordaron un par de veces. Tal vez por algo que no se dijo y es que tanto Puigdemont como Oriol Junqueras se presenten a estas elecciones con un programa que renuncia a la unilateralidad, con el programa, en esencia, del independentismo tranquilo que representa Santi Vila, el Cid desterrado de la política catalana.

Iceta, profeta

“Iceta profeta” es una broma recurrente en el Parlament. Calentando motores de la precamapaña, Miquel Iceta se pasó por S’Agaró, donde Santi Vila la noche anterior le había hecho de involuntario telonero. Vila había gustado. Pero Iceta se presentaba, Vila no.

En Girona, Iceta fue profeta porque, como reza el refrán, no era su tierra. Defendió su pactó con la antigua Unió, y la inclusión en las listas de Ramón Espadaler. “Hablamos de diálogo, pero antes lo hemos practicado”, apuntó Iceta en su participación en las jornadas, enlazando, curiosamente con lo que había dicho Vila unas horas antes.

El primer secretario del PSC, Miquel Iceta. (EFE)
El primer secretario del PSC, Miquel Iceta. (EFE)

“Para ser presidente necesitaré primero muchos votos y luego ya en el Parlament, necesitará votos y abstenciones”, apuntando en que la única vía que puede llevar a Miquel Iceta a la presidencia de la Generalitat será pura y simplemente un cámara en la que los diputados del PP se abstengan en la sesión de investidura.

Iceta ha advertido que “esta campaña no es de programa es de proyecto” y ha garantizado que “sacrificaré todo al objetivo de superar la división de los catalanes entre los que proponen una solución imposible y los que niegan el problema”.

Cierre al estilo Pujol

Iceta ha prometido a su audiencia que quiere "volver al camino del pacto y del catalanismo pragmático que hizo grande a Cataluña”. Más ecos de Pujol, imposible. Del Pujol soñado, no del confeso. Pero Pujol al fin y al cabo. De un Pujol para los huérfanos del pujolismo. Incluso tuvo un detalle de los que marcaban los discursos del fundador de CDC: “Lo primero que haré si gano las elecciones será llamar a mi madre”. El público rio alborozado. Y luego añadió: “Y después llamaré al presidente del Gobierno español”. Queremos tanto a Glenda.

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