El día en que la plaza Sant Jaume coreó "Viva España"
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plaza icónica del nacionalismo catalán

El día en que la plaza Sant Jaume coreó "Viva España"

En una jornada que parecía tranquila antes del referéndum, culminó una manifestación constitucionalista, o unionista, que vertió toda su indignación contra otro 'president', Puigdemont

placeholder Foto: Gente reunida en la plaza Sant Jaume para reivindicar la unión de España. (Reuters)
Gente reunida en la plaza Sant Jaume para reivindicar la unión de España. (Reuters)

Ocurrió el sábado en Sant Jaume. En la plaza icónica del nacionalismo catalán. Frente al Palau de la Generalitat, desde cuyo balcón Tarradellas pronunció su famoso "Ciutadans de Catalunya, ja soc aquí" de la Transición. Eso fue el 23 de octubre de 1977. Y fue desde ese mismo balcón donde Pujol se dirigió a una multitud para cortar de raíz la investigación del caso Banca Catalana. "A partir de ahora, de ética y moral hablaremos nosotros. No ellos", proclamó el entonces muy honorable 'president' catalán.

Josep Tarradellas en el balcón del Palau de la Generalitat.Y allí fue donde el sábado, en una jornada que parecía tranquila antes del referéndum ilegal del 1-O, culminó una manifestación constitucionalista, o unionista, que vertió toda su indignación contra otro 'president', Carles Puigdemont. Hubo los habituales signos ultras: alguna bandera del águila, saludos fascistas y alguno que intentó arrancar la pancarta que reza "más democracia" de la fachada del Ayuntamiento de Barcelona. Pero también, y ahí residió la enorme novedad y relevancia de esta cita, hubo mucho catalán de segunda generación, muchos inmigrantes del resto de España que han hecho su vida en Cataluña, todos hartos de perder la calle frente al independentismo. Llenar Sant Jaume no es un gran logro en términos de movilización, de estadística. Pero sí es un logro sin precedentes en la democracia que la plaza más simbólica de la catalanidad se desborde de banderas de España. No es fácil para un catalán salir a la calle con una camiseta, o ya siquiera una pulsera, con los colores de España. Y mucho menos lo es pasearse ondeando una bandera rojigualda. De ahí que esos cerca de 5.000 manifestantes cansados tengan tanta relevancia.

Los carteles de 'democracia' colgando de los balcones creaban el contraste entre dos Cataluñas, la independentista y la española

Esta vez no había nadie en el balcón de Palau para escuchar los gritos de "¡Puigdemont, a prisión!". Solo las pancartas pidiendo votar y los carteles de 'democracia' colgando de los balcones creaban el contraste entre dos Cataluñas, la 'indepe' y la española, nacionalismo contra nacionalismo. También existe una tercera, moderada y pactista, que cada vez corre más riesgo de verse difuminada entre las dos trincheras. La fractura social ha crecido enormemente y a gran velocidad en los últimos años. Pero en las últimas semanas ha crecido a un ritmo abismal.

La marcha fue convocada por las asociaciones España i Catalans y Somatemps, próximas a la ultraderecha. Sociedad Civil Catalana desconvocó la manifestación que tenía programada alegando que no era el momento, a un día del referéndum, de enconar a la sociedad catalana. Y así perdió una oportunidad única para abanderar el descontento de los catalanes españoles, que quedaron en manos de entidades siempre bajo sospecha.

Y así, hubo algunos ultras con sus banderas y camisetas con el águila. Y saludos fascistas. Y alguien intentó retirar la pancarta que cuelga del Ayuntamiento de Barcelona que pide "más democracia". Hubo de eso, sí, pero también catalanes de segunda generación hartos de perder la calle y la guerra de las banderas frente al independentismo. Había banderas europeas y senyeras, la bandera oficial de Cataluña que el independentismo va orillando en favor de la 'estelada'.

placeholder  Dos personas intentan arrancar la pancarta colgada en el Ayuntamiento de Barcelona. (EFE)
Dos personas intentan arrancar la pancarta colgada en el Ayuntamiento de Barcelona. (EFE)

Alejandro Clavero, de 62 años, es de esos manifestantes que convirtieron la cita en un hito de cotidianidad. Gente normal mostrando su apego a España y su rechazo a la ruptura unilateral. Clavero se presentaba como socialista y mecánico. Llevaba una bandera española colgando del cuello y explicó que él es "catalán y extremeño". Contaba que llegó a Cataluña con 6 años y que con 14 empezó a trabajar: "Oigo decir a Puigdemont que 'los catalanes mantienen a los extremeños', pero yo siempre he trabajado. No sé si Cataluña está en deuda con nosotros o nosotros con Cataluña. No me siento inmigrante. Vinimos a trabajar y levantamos el país. No soy un ciudadano de segunda". Insistía en que él no acudió a manifestarse contra Cataluña: "Yo nunca he tenido miedo a dar la cara pero mucha gente sí. Ahora se está perdiendo. Esto no es contra Cataluña. Yo adoro Cataluña. Esto es para decir que todos somos iguales".

A su alrededor, la gente coreaba: "No votaremos", "No nos engañan, Cataluña es España", "A por ellos" o "No somos fascistas, somos españoles". En el cielo, el runrún constante del helicóptero de la Policía que regresaba al cielo de Barcelona después de días de descanso. Cánticos similares –incluso más ultras– se escucharon este sábado en Madrid, Sevilla y otras ciudades de España como respuesta al referéndum ilegal del 1-O. Las banderas rojigualdas volvieron a los balcones de los barrios nobles de Madrid.

Una manifestante: "Hemos estado mucho tiempo callados, en el sofá, que se está muy cómodo. Pero había que salir aunque TV3 no saque nada de esto"

Eulalia Serrano, de 59 años, ama de casa de Barberà del Vallès, explicaba sus motivos: "Yo nací en Cataluña pero mis padres vinieron de Andalucía. No estoy dispuesta a perder mis orígenes por cuatro políticos. Si hicieran una votación en condiciones no saldría la independencia. Hace 70 años, mi padre vino de Jaén, como la familia de Rufián, pero no somos iguales". Para Eulalia, esta marcha tal vez signifique algo: "Hemos estado mucho tiempo callados, en el sofá, que se está muy cómodo. Pero había que salir aunque TV3 no saque nada de esto".

Alberto, de 36 años, portaba una 'senyera' sobre los hombros. Era la primera vez que se manifestaba. Un amigo se la había prestado para la ocasión. "Esto no va contra la independencia sino contra el procesismo. Están dando un golpe a una democracia europea que ningún país de la UE toleraría". A su lado, su amigo Tote, de 32 años, recalcaba que, en su opinión, había a pesar de todo poca gente en Sant Jaume: "De mis primos solo he venido yo y todos pensamos igual. El referéndum no se puede celebrar porque es una pantomima".

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