UNA CARRERA A LA SOMBRA DEL PUJOLISMO

Vilarrubí, vicepresidente del Barça y esposo de la empresaria Sol Daurella

En la comisión sobre el caso Pujol y la corrupción, Vilarrubí fue llamado a declarar. Nunca había sido acusado de nada. Pero compareció en calidad de "el hombre que siempre había estado allí"

Foto: Carles Vilarrubí comparece ante la comisión de fraude del Parlament. (EFE)
Carles Vilarrubí comparece ante la comisión de fraude del Parlament. (EFE)

Carles Vilarrubí (61 años) ha sido un empresario construido a la sombra del pujolismo, del cual en los últimos tiempos el interesado ha estado marcando sutiles pero importantes distancias. A pesar ello, este mismo 2015 fue premiado con la Cruz de Sant Jordi, el máximo galardón que entrega la Generalitat. Así, en este momento es más conocido por ser el marido de Sol Daurella, dueña y señora de la Coca-Cola en España, y por ocupar la vicepresidencia institucional del FC Barcelona.

Actualización: el 1 de octubre de 2017, Vilarrubí dimitió como vicepresidente institucional del FC Barcelona.

Por desgracia para Vilarrubí, el pasado siempre vuelve. Y en su caso, el pasado comenzó con la primera campaña electoral de Jordi Pujol, en 1980, cuando conducía un humilde Seat 127 en que hizo de chófer del que luego se convertiría en el hombre más poderoso de Cataluña. Vilarrubí siempre ha negado haber conducido para Pujol y solo reconoce haber actuado de voluntario en esa campaña.

Sin embargo, su proximidad a Pujol debió ser muy grande. Su papel fue clave en el lanzamiento de Catalunya Ràdio. De hecho, fue nombrado director general de Corporación Catalana de Ràdio y Televisión. En 1986, Pujol le encargó levantar la Entidad Autónoma de Juegos y Apuestas que lanzó las loterías de la Generalitat, las cuales, posteriormente, se vieron salpicadas por el caso Casinos, que ya afectaba a la financiación de CDC. Inverama llegó a pagar a CDC 1.000 millones de pesetas, pero el juez consideró entonces que ese desembolso no estaba tipificado como delito.

De cualquier modo, su paso por el juego de la Generalitat le ganó las confianza de Pujol. Tanto, que cuando hubo que hacer un marcaje al financiero Javier de la Rosa en Tibigardens, sociedad que iba a promover lo que hoy es Port Aventura, Vilarrubí fue nombrado 'controller' de Tibigardens en 1992. En el momento en que De la Rosa intentó meter mano a los 10.000 millones de pesetas avalados por el Parlament, Vilarrubí informó a la Generalitat y Pujol acabó decapitando al financiero catalán en una tormentosa reunión. Con posterioridad, La Caixa de Josep Vilarasau tuvo que rescatar el parque.

La senda de lo privado

Después de esos servicios a la patria, Vilarrubí inició una lenta pero firme marcha hacia el sector privado. En 1996 entró en el consejo de Telefónica, de la mano de Juan Villalonga y de los pactos entre el amigo de pupitre de Villalonga, José María Aznar, y su socio político de entonces, Jordi Pujol. Fue su momento dorado. Cuando llegó César Alierta, en 2001, Vilarrubí puso su cargo de consejero independiente a disposición del nuevo hombre fuerte, que aceptó la dimisión sin más aspavientos.

La empresaria Sol Daurella.
La empresaria Sol Daurella.

Pero Vilarrubí ya había creado una red de contactos suficientes para volar solo. Se casó con Sol Daurella, heredera del imperio Cobega y ahora nueva líder de la mayor embotelladora de Coca-Cola del mundo. Ambos venían de otros matrimonios y se convirtieron en una de la más importantes 'power couple' de Barcelona. En la actualidad es vicepresidente de Banca Rostchild en España y preside la correduría de seguros Willis S&C. Y en un pasado no tan lejano coincidió con Artur Mas en el consejo de La Seda de Barcelona.

Llegada al Barça

Con su reputación de buen gestor, Carles Vialrrubí llegó al parnaso empresarial de Barcelona: vicepresidente del FC Barcelona, de la mano de Sandro Rosell, primero, y ahora de Josep Maria Bartomeu. Catalanista sí, pero enfrentado a muerte al independentismo radical encarnado por Joan Laporta y su anterior junta del Barça. También llegó al consejo de administración de Fira de Barcelona.

Jordi Pujol Ferrusola. (EFE)
Jordi Pujol Ferrusola. (EFE)

Sin embargo, como decíamos al principio, el pasado siempre vuelve. Y en la comisión sobre el caso Pujol y la corrupción en el Parlament, Vilarrubí fue llamado a declarar. Nunca había sido acusado de nada. Pero compareció en calidad de “el hombre que siempre había estado allí”.

En el Parlament, de las pocas cosas que recordó Vilarrubí fue el abono de 20.000 euros a Jordi Pujol Ferrusola, hijo mayor de Jordi Pujol, por hacer de ojeador durante casi un año de unos terrenos para instalar un hipódromo de pruebas de salto. El hijo de Pujol nunca encontró dichos terrenos pero Vilarrubí le pagó igual, según declaró él mismo ante la Cámara catalana.

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