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Gas de la risa: la 'no droga' que reparten los clanes holandeses en las fiestas de Marbella
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Una decena de detenciones

Gas de la risa: la 'no droga' que reparten los clanes holandeses en las fiestas de Marbella

El óxido nitroso es un producto gaseoso con aplicaciones sanitarias cuyo uso se hizo doméstico a través de la alta cocina. En los circuitos del ocio, se emplea ahora como un euforizante aparentemente inocuo

Foto: Bombonas de gas de la risa serigrafiadas con marcas de lujo incautadas en la Costa del Sol. (Policía Nacional)
Bombonas de gas de la risa serigrafiadas con marcas de lujo incautadas en la Costa del Sol. (Policía Nacional)

"No hay fiesta en la que no encuentres 40 o 50 bombonas", comenta el inspector jefe, antes de dar un sorbo al café. "Entras, y ahí están, con los globos y los chicos aspirando", prosigue. “Parece que la cosa comienza a reducirse, pero en verano ha sido una pasada, se ha convertido en un nicho de negocio para los malos”. Estas pocas frases delatan el rastro palpable que deja el mercado negro del ‘gas de la risa’, la denominación callejera del óxido nitroso, un producto gaseoso con aplicaciones sanitarias, cuyo uso se volvió doméstico a través de la alta cocina y que se ha adentrado con fuerza en los circuitos de ocio como un euforizante aparentemente inocuo. Y hay que remarcar lo de aparentemente porque su consumo ha sido vinculado a una serie de muertes y episodios alucinógenos ocurridos recientemente en la Costa del Sol. Una sustancia no catalogada como estupefaciente, con grandes márgenes de beneficio y que está generando una actividad ‘subterránea’ que están copando grupos de los Países Bajos. La ‘no droga’ que puede ser mortal.

Muestra del 'boom' del gas de la risa son las instalaciones de la comisaría de Marbella, donde las bombonas incautadas durante los últimos meses se almacenan en cualquier hueco libre a la espera de ser destruidas. La sustancia ha seducido con rapidez a una juventud ávida de diversión tras el confinamiento y que ha encontrado en las fiestas ilegales en domicilios su válvula de escape. Eventos clandestinos que han formado el ‘ecosistema’ perfecto para que los suministradores desarrollen un lucrativo negocio que en la Costa del Sol están dominando grupos provenientes de los Países Bajos. Inmigrantes de segunda o tercera generación que se asientan temporalmente en la zona para expandirse con su sistema ‘take away’.

Estamos hablando de individuos con una estructura empresarial, que se hacen con un gran volumen de bombonas que después distribuyen por las fiestas. “Reparten ‘flyers’ con un número de contacto donde se reciben los pedidos y después ellos llevan las bombonas y los globos al lugar indicado”. “Un servicio a domicilio”, como cualquier empresa de reparto, explica el citado mando policial, que recuerda un curioso episodio. Ocurrió el pasado 20 de agosto, “cuando estábamos en el interior de una vivienda identificando a los asistentes de una fiesta ilegal”. “Escuchamos el sonido de un claxon en el exterior, así que decidimos abrir. Entró una furgoneta. Ocupada por dos holandeses que se vieron sorprendidos. Les pedimos que mostraran qué transportaban en la zona de carga y cuando abrieron las puertas nos topamos con 250 bombonas de dos litros de óxido nitroso”.

Ambos individuos mostraron un “manifiesto de transporte de los Países Bajos” que ponía de relieve las múltiples formas de adquirir el gas. “En internet se pueden comprar cápsulas y bombonas sin ningún tipo de restricción”, explica, para seguidamente apuntar hacia uno de los grandes problemas con los que se encuentran a la hora de atajar esta creciente problemática: la respuesta judicial. Pues el hecho de que el gas de la risa, a día de hoy, no esté considerado como droga provoca que en los juzgados no se aborde de una manera homogénea. Para un juez puede ser delito, pero no para el de la sala contigua.

El gas de la risa, a día de hoy, no se considera una sustancia estupefaciente

“En Baleares, se han producido algunas sentencias que nos están marcando el camino”, precisa el inspector jefe, que detalla que la decena de detenciones que se han producido en las últimas fechas en Marbella han sido argumentadas con indicios evidentes de un mercado ilícito y un constatable “delito genérico contra la salud pública”. Porque a pesar de que la inhalación del óxido nitroso se considere algo inofensivo, lo cierto es que detrás de la sensación de euforia y embriaguez que provoca se esconden muchos peligros. “Puede producir lesiones y alteraciones en el sistema nervioso —delirios y alucinaciones—, así como de las células sanguíneas y pulmonares”, alertaba la Policía Nacional después de que dos personas acabaran hospitalizadas tras consumirlo. Una de ellas fue una menor que se lanzó de un coche en marcha y después saltó por un puente de la localidad marbellí. “Las amigas que viajaban con ella en el vehículo no recordaban nada de lo sucedido al día siguiente”. Todas habían mezclado gas de la risa con alcohol.

Este caso ocurrió en junio, al igual que el de un turista que se lanzó desde una tercera planta tras inhalar la polémica sustancia, pero los distintos cuerpos policiales reconocen que el goteo de intoxicaciones ha sido constante durante todo el verano. Otros episodios, no obstante, han tenido un final trágico. Como el protagonizado por un joven sueco que se encontraba celebrando una despedida de soltero en una villa marbellí y que falleció como consecuencia de un edema pulmonar derivado de la ingesta de este gas. Tenía 26 años.

placeholder Otra remesa aprehendida. (EC)
Otra remesa aprehendida. (EC)

Y es que el óxido nitroso se ha extendido por toda la Costa del Sol y su combinación con fiestas ilegales ha supuesto un verdadero quebradero de cabeza para muchos vecinos. Manuel —nombre ficticio— ha sido uno de ellos. Su pesadilla empezó cuando en la calle de Torremolinos donde vive desde hace mucho se instalaron unos chicos en una casa alquilada. Desde entonces, cada día encontraban numerosos globos tirados por la vía; y por las noches, la música y el trajín de personas impedían el sueño.

“Nos quejamos, llamamos en multitud de ocasiones a la Policía, presentamos escritos en el ayuntamiento, amagamos con concentrarnos… Pero no sirvió de nada”, relata, para señalar que la única vía para acabar con este “calvario” fue hablar con los propietarios del inmueble y detallarles en qué se habían convertido sus vidas.

Manuel lamenta la poca respuesta que obtuvieron de la Administración cuando acudieron a pedir ayuda, a pesar de que los asistentes a las fiestas no tenían el mínimo reparo en exhibirse y dejar los accesos minados de globos.

Foto: Pingüinos de la isla de Georgia del Sur. Foto:  Sophie Elise Elberling

El leve reproche judicial que hasta el momento tiene el tráfico y consumo de esta ‘no droga’ es uno de los factores que están atrayendo a los clanes que tratan de acaparar este negocio. Circunstancia que estaría provocando un trasvase similar al que hubo cuando los narcos se dieron cuenta de que el cultivo y la venta de marihuana suponía un menor riesgo que mover alijos de hachís o cocaína. Si a esto se suma su interesante rentabilidad, no es de extrañar que grupos procedentes de Países Bajos estén decantándose por esta opción.

Los entre tres y cinco euros que cuesta una dosis la hacen una sustancia muy atractiva entre los clientes potenciales, a lo que se une el factor estético que se desprende de un grupo numeroso de personas inhalando el contenido de globos de colores. Las cápsulas individuales se pueden adquirir por precios que oscilan entre los 50, 70 o 90 céntimos, mientras que las bombonas de dos litros tienen precios que rondan los 40 euros. “Cada una de ellas proporciona 250 dosis”, por lo que arrojan un beneficio nunca inferior a los 750 euros.

La Policía estima que por una bombona de 40 euros se pueden obtener al menos 750

Además, señala la citada fuente, los suministradores cobran un depósito por el recipiente, “como se hacía décadas atrás con las botellas de cristal de los refrescos”. De este modo, se aseguran su devolución para reutilizarlo; y el cliente no lo hace, pues no les supone un coste.

Los cuerpos de seguridad se están coordinando y fijando directrices para tratar de atajar un peligroso fenómeno que se ha hecho visible en las zonas de ocio, pero que están convencidos de que hay que atajar para impedir que llegue a chicos más jóvenes. El reto está servido.

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