Espadas, un moderado que rehúye la radicalidad
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Espadas, un moderado que rehúye la radicalidad

El alcalde de Sevilla se ha granjeado fama de ser un político pactista, que se aleja del conflicto y jugará con esas bazas para ganar a Susana Díaz el liderazgo del PSOE andaluz

placeholder Foto: El alcalde de Sevilla, Juan Espadas. (EFE)
El alcalde de Sevilla, Juan Espadas. (EFE)

“Un tío muy normal, Juan es lo que parece”. Podría ser la carta de presentación del alcalde de Sevilla y aspirante a ser candidato de la Junta de Andalucía, si gana las primarias en las que se batirá frente a Susana Díaz. Juan Espadas (Sevilla, 1966) presenta su candidatura este domingo en Granada en un paso que lleva meditando mucho tiempo. Su nombre siempre ha sonado en las quinielas, pero el socialista sevillano ha ido driblando la pregunta sobre el futuro y su salto a la política autonómica.

Su jefe de gabinete dio con un eslogan en 2011. “El que lo conoce, lo compra”. En eso basará también su campaña en las primarias, en darse a conocer tal y como es, aseguran en su equipo, convencidos de que “gana en las distancias cortas”. Un perfil moderado que, advierten quienes no están convencidos de que pueda emprender una auténtica revolución en el PSOE andaluz, es parecido al de Juan Manuel Moreno (PP), el presidente de la Junta. "Es más de lo mismo, pero con otro barniz", señalan.

A Espadas le gusta decir que él es hijo del ascensor social. Su padre fue ujier en la Consejería de Medio Ambiente, donde él llegó, tras licenciarse en Derecho con 22 años y especializarse en el derecho medioambiental, como asesor jurídico. Su carrera profesional fue escalando puestos en el organigrama de la Junta, paso a paso, siempre con un marcado componente técnico y profesional. Le costó afiliarse al PSOE y lo hizo, allá por 1997, cuando ya se había convertido en secretario general de la Consejería por insistencia de socialistas veteranos como el alcalde de Dos Hermanas, Quico Toscano.

“Es un ‘juntero’”, decían de él con cierto retintín los que presumían de venir de las Juventudes Socialistas. Poco carisma, soso, gris, burócrata... Espadas nunca se ha ofendido por eso. Al revés, aunque él no se ve tan aburrido como le han dicho. De hecho emplea bien la ironía y cuando se enfada tiene su carácter. “No aguanta a los fanfarrones ni a los vagos”.

Foto: Pedro Sánchez y María Jesús Montero. (EFE)

Espadas ha sido ante todo un gestor, un técnico, que empezó como asesor jurídico en la Junta, pasó a ser, entre 1994 y 1996, jefe de gabinete del consejero de Medio Ambiente y después, de 1997 al 2000, secretario general de Planificación de la Empresa Pública de Gestión Medioambiental. En otro pasito más en el organigrama de los altos cargos de la Junta, pasó a ser director general de Prevención y Calidad Ambiental, hasta 2004, que se convertiría en viceconsejero de Medio Ambiente. Manuel Chaves lo sacó de la segunda fila y en 2008 lo convirtió en consejero de Vivienda y Ordenación del Territorio. Continuó cuando José Antonio Griñán tomó el relevo y en 2010 salió de la Junta de Andalucía para convertirse en candidato a la alcaldía de Sevilla. Era, como Chaves en su momento, "un candidato a palos", pero se lo tomó en serio.

Al principio, recuerdan quienes lo conocieron como tímido aspirante a gobernar el ayuntamiento hispalense, apretaba el paso en las principales avenidas de la ciudad y se escondía tras las gafas de sol, inquieto porque definitivamente había perdido su anonimato. Le costó trabajo la exposición pública permanente que supone ser alcalde, pero lo asimiló como todo a lo que se enfrenta, “con disciplina y un agudizado sentido de la responsabilidad”, dicen quienes lo conocen. “Esa parte que a otros les colmaría de vanidad, le costó trabajo”. Su llegada a la política municipal fue amarga. En las municipales de 2011 el PP de Juan Ignacio Zoido logró una apabullante mayoría absoluta. El candidato socialista languidecía frente a un alcalde que se granjeó fama de abrazafarolas y arrasaba en los principales barrios obreros de la ciudad.

Foto: Susana Díaz. (Cristina Quicler)

Espadas, que sintió entonces por primera vez las primeras puñaladas internas de la política orgánica, discutido por una parte del PSOE de Sevilla que no querían que siguiera como líder de la oposición, aguantó el tirón. El partido le premió con un escaño como senador por la comunidad autónoma. Renunció a su acta para que Griñán y la consejera Mar Moreno fueran al Senado, donde quedaban aforados tras salir de la Junta en pleno escándalo de los ERE. En 2015, por méritos propios y también por demérito del contrario ganó a la alcaldía de Sevilla. Lo hizo con 11 concejales y declarando su voluntad de pactar a derecha e izquierda siempre anteponiendo el bien de la ciudad.

Una actitud equilibrista, componedora de acuerdos, que le hizo repetir su mayoría cuatro años más tardes casi rozando la absoluta. Sacó su última presupuesto municipal con Cs y Adelante Sevilla, la marca blanca de Podemos. “Juan es lo que parece. Una persona discreta y muy tímida que huye de las tensiones y los enfrentamientos como de un tornado. Que le gusta fundamentalmente trabajar. Es capaz de leerse las actas de un congreso de biodinámica. Le encanta ver papeles de la administración, informes, planes”, señala alguien que lo conoce bien y se cuenta entre sus amigos.

Una actitud equilibrista, componedora de acuerdos, que le hizo repetir su mayoría cuatro años más tardes casi rozando la absoluta

En su última campaña electoral se le criticó que hubiera escondido el logo del PSOE en sus carteles, mientras él admitía que había sevillanos que iban a ir a votar “en clave personalista” y que eran muchas las ocasiones en las que “la marca del alcalde se sobrepone a la del partido”. De hecho, muchos en la ciudad defendían que iban a votar a Espadas pese a declararse ‘anti-Pedro Sánchez’.

El columnista de 'ABC' Antonio Burgos, una institución indiscutible para la parte más conservadora de la ciudad, le dedicó una columna donde aseguraba que Espadas era de derechas y no lo sabía. Él no rehuyó la pregunta en una entrevista con este periódico: “Yo sé perfectamente quién soy y qué soy. Las decisiones que he ido tomando, mi carácter, mi personalidad, empatizo con personas que piensan que actuar de esa forma es de derechas, esa tendencia a patrimonializar las cosas. A mí me parece gracioso que digan esto. Quizá quieran sentirse más tranquilos con su conciencia, decir "mira te voy a votar porque eres de los míos"... Debería ser todo más sencillo. Lo primero que un político debe ser es persona y ser como es. Quizá se está valorando que soy coherente, que me siento cómodo en una línea de socialdemocracia moderada, de coincidir en posiciones de centro y buscar acuerdo con otras formaciones de centro o incluso de centro liberal, pero me siento más cómodo con posiciones socialmente más comprometidas. A mí no me gusta la radicalidad, me gusta pensar que soy una izquierda centrada”.

Foto: El alcalde de Sevilla, Juan Espadas. (Fernando Ruso)

Su abuelo fue funcionario del Ayuntamiento de Sevilla, represaliado en la Guerra Civil. “Es un socialdemócrata moderado y un gran defensor de que el Estado te dé posibilidades y tú la aproveches”, señala otra persona próxima al alcalde. Casado, con dos hijos, su pareja es su novia de toda la vida. Es más cristiano que católico y no lo oculta. Apostó porque el Papa Francisco incluyera Sevilla en su ruta cuando visitara España y admitió que sería un escaparate para la ciudad por encima de lo que supuso la visita de Obama. En la ciudad de la Semana Santa, las hermandades y la cofradía, Espadas participa de todo eso. El laicismo, pensará, es para otros. De su gestión le han criticado que buscara mucho los grandes acontecimientos de focos y flashes para la ciudad por encima de una labor más volcada en los barrios obreros o la política más a pie de calle.

Espadas no dudó en tender puentes con el alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, para captar juntos fondos y grandes eventos. Se presenta en Granada porque sabe que debe trabajarse la Andalucía Oriental en una comunidad donde los localismos y agravios hacen estragos.

“Tampoco es de grandes efusiones, pero siempre tiene una palabra amable”, dicen sus amigos. Es un hombre muy familiar y estaba muy apegado a su madre, que murió el pasado año. "Ha sido un hijo muy responsable y hoy es un padre tolerante”. Su “prudencia”, dicen sus compañeros, “se confunde a veces con cobardía”. No se sabe cómo afrontará estas primarias porque nadie se imagina a Espadas en un registro cañero con Susana Díaz. “Debería buscarse un número dos capaz de morder sin piedad”, advierte un dirigente socialista alineado con el cambio. A él que le espanta “la crueldad” y que rehúye los enfrentamientos personales, la campaña se le puede hacer larga.

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