150 MUERTOS Y ENTRE 5.000 Y 10.000 HERIDOS

La explosión del polvorín de la Armada del 18 de agosto de 1947: cuando Cádiz fue Beirut

La Armada decidió en 1943 almacenar 2.200 minas submarinas en una instalación militar cerca del puerto. El Gobierno de Franco preveía su utilización durante la II Guerra Mundial

Foto: Área devastada por la explosión de Cádiz. (www.explosiondecadiz.es)
Área devastada por la explosión de Cádiz. (www.explosiondecadiz.es)

Mercedes Deudero tenía 15 meses. Su padre había ido a la tienda Marconi, un sitio para arreglar radios del centro. De repente, escuchó un fuerte estruendo, salió corriendo y, cuando llegó a su casa, todo estaba caído en el suelo. Su madre y su hermana murieron en el acto. Su hermana tenía una astilla clavada en el costado y la operaron de urgencia. Ella tenía cristales rotos incrustados en todo el cuerpo.

El relato que su padre contó a una enfermera jubilada del hospital Puerta de Hierro de Madrid, soltera de 74 años, es el de la explosión de Cádiz, la mayor catástrofe del siglo XX de la ciudad andaluza: 150 muertos, entre 5.000 y 10.000 heridos; y 500 edificios destruidos. Ocurrió a las 21:45 horas del 18 de agosto de 1947 y guarda similitudes con la explosión de Beirut de esta semana. La más evidente es que se encontraba en una zona industrial rodeada de una periferia urbana y habitada.

El Gobierno de Franco no pasaba por alto el gran valor estratégico de Cádiz. La Armada decidió, en 1943, almacenar 2.200 minas submarinas en una instalación militar cerca del puerto con las naves industriales vacías. Se trataba de tenerlo lo más cerca posible de la salida marítima y así poder embarcarlo con rapidez si fuera necesario. Pero ese material explosivo jamás se utilizó y quedó no solo acumulado, sino hacinado. Era un cóctel demasiado peligroso.

La muralla de Bahía Blanca, de 19 metros de altura, apantalló la explosión en un solo sentido al existir un gran desnivel en el terreno. La energía se proyectó en abanico y afectó a un barrio entero como el San Severiano, mientras que en Beirut la onda de choque ha sido concéntrica y se ha expandido de forma circular a partir del epicentro.

Pensaban que era un meteorito

En Cádiz no quedó ni una sola casa sin el cristal roto. Las cortinas de las viviendas, no solo las de extramuros de la ciudad, desaparecieron. El hongo de luz, un fogonazo, se percibió en las costas de Huelva, a 200 kilómetros. Pensaban que había caído un meteorito. En Sevilla, a 120 kilómetros, se escuchó el estruendo.

José Antonio Aparicio, presidente del Instituto Español para la Reducción de los Desastres, ha investigado a fondo el acontecimiento. En 'La noche trágica de Cádiz' reveló que el almacén carecía de cualquier control y vigilancia. También que la Armada había previsto utilizarlo si España entraba en la II Guerra Mundial.

Mercedes Deudero Quevedo, en una imagen reciente. (Remitida)
Mercedes Deudero Quevedo, en una imagen reciente. (Remitida)

"Habría explotado tarde o temprano. Hubo una negligencia que había que investigar", explica Aparicio en conversación telefónica con este diario. La Armada tenía que investigarse así misma. Se subrayó que no existía ningún indicio o causa para que ningún responsable militar asumiera su error. La investigación se archivó en 1950 al argumentar el juez que no había encontrado culpables.

Mercedes lamenta que la explosión le cambió la vida para mal. Al quedarse sin madre, vio como su padre se volvió a casar. "Y ya nunca fue lo mismo. Tuve una madrastra. Mi padre fue marino. La Guerra Civil le sorprendió en zona roja y le quitaron su carrera militar. Empezó a trabajar en los Astilleros de Cádiz como ayuda de los ingenieros navales. Se encargaba de revisar los planos de todos los barcos antes de su botadura".

"Lo de Beirut es muy parecido a lo que nosotros sufrimos en Cádiz. Al final se repite la historia…", lamenta Mercedes.

Ubicación de los dos polvorines tras la explosión. (www.laexplosiondecadiz.es)
Ubicación de los dos polvorines tras la explosión. (www.laexplosiondecadiz.es)

Antonio González tenía cinco años cuando el terror se asomó una calurosa noche de agosto de 1947. Su madre era cocinera de la Casa-Cuna, el hogar donde iban huérfanos, y situado a escasos metros de la explosión. Todas las noches ella le daba un beso y le regalaba una golosina. Cuando ya estaba a punto de quedarse dormido, notó que la cama se elevaba y al reposar la cama otra vez en el suelo se vio rodeado de escombros.

"Me rescataron un marinero, un soldado y un guardia civil. Había todavía rescoldos calientes alrededor de la cama"

Había un hueco donde él veía un firmamento azul. Oía voces por aquí y voces por allá. Las voces se alejaron y Antonio gritó: "¡Estoy aquí, aquí!". "Me rescataron un marinero, un soldado y un guardia civil. Había todavía rescoldos calientes alrededor de la cama", recuerda. Lo rememora como si acabara de pasar. Su madre falleció a los dos días de la explosión tras ingresar en el hospital. Había sido parcialmente aplastada.

La madre de Antonio no tenía que haber muerto si la autoridad competente hubiera leído un informe de tres páginas, de un teniente coronel de armas navales, fechado en julio de 1943 y enviado al departamento marítimo de Cádiz resaltando las armas submarinas hacinadas en el polvorín.

Una imagen de la zona afectada. (www.laexplosiondecadiz.es)
Una imagen de la zona afectada. (www.laexplosiondecadiz.es)

"Si se produce una voladura se producirá una catástrofe nacional", relataba el documento. Este informe nunca se aportó como prueba. En el almacén se localizó un embudo de 14 metros y 7 metros de ancho. Hubo un efecto en cadena y el calentamiento del recinto provocó una segunda explosión (también igual que en Beirut). El embudo colocado sobre una base de hormigón con 50 centímetros de profundidad había abierto un agujero profundo.

Eran al menos 50 cargas de profundidad. Su componente orgánico unido al calor que provoca la fermentación y libera gases provocó una presión interior que reventaría por el efecto del material hacinado. Esta semana había, según la Agencia España de Meteorología, entre 34 y 38 grados. En la nave industrial, con techo de uralita, la parte superior con techo de cristal que calentaba el aire interior, hacían que la temperatura interior pudiera llegar a picos de entre 45 y 50 grados, eso sin tener en cuenta el alto grado de humedad de Cádiz. En Beirut esta humedad y la alta concentración de nitrato amónico sí han contribuido a la magnitud de la explosión.

"Aparecieron documentos de 1942 y 1943 que confirman cómo hubo movilización de armas submarinas procedentes de Ferrol o Vigo"

Hubo un silencio total y un miedo absoluto al régimen. La explosión, excepto para los afectados de modo directo, se olvidó por completo. "Y para colmo de males toda la documentación la quemaron en el archivo militar de la zona de la Marina en 1976", cuenta Aparicio que logró recuperar en 2007, en el archivo naval de San Fernando "una carpetilla" con 50 folios de algunos informes de la Marina relacionados con la explosión con las listas de los fallecidos, las cartas de los padres de los centinelas muertos en el polvorín.

En el inventario de los archivos aparecieron documentos de 1942 y 1943 que confirman cómo hubo movilización de armas submarinas y ejercicios de minas que llegaban a Cádiz procedente de Ferrol o Vigo. Había un tráfico constante al puerto gaditano. Cuando los aliados desembarcaron en Italia (septiembre de 1943), Franco ya tenía claro que España no sería invadida y en ese momento se paralizó el movimiento de explosivos hacia Cádiz.

Taller de maquinaria afectado. (www.laexplosiondecadiz.es)
Taller de maquinaria afectado. (www.laexplosiondecadiz.es)

En la tragedia gaditana no hubo radiación térmica ni quemados, mientras que en Beirut ha habido amputaciones por metralla. En ninguno de los dos casos existía un plan de emergencia. Se carecía de una respuesta preparada y de dotación de recursos. Tampoco había el suficiente número de bomberos o hospitales preparados para un hecho de esta magnitud.

"Todo el mundo veía en Cádiz entrar y salir material, pero nadie hacía nada por quitarlo de en medio. Nadie hizo nada, ni los responsables de la instalación, ni las autoridades competentes. Todos los alcaldes advirtieron de la peligrosidad, pero nunca lo desalojaron", relata Aparicio.

La confianza de que no va a ocurrir nada…

Informe naval.(www.laexplosiondecadiz.es)
Informe naval.(www.laexplosiondecadiz.es)

La recuperación de la zona afectada fue lenta y dificultosa. Hasta entrados los años 60 no se reconstruyó el área más afectada, la que comprende la calle Tolosa Latour. En esta vía murieron 92 personas. Era una zona de chalés donde convivían gente adinerada con familias de clase media. Lindaba con la barriada obrera de San Severiano.

La casa de la familia de Mercedes era una de las escasas del lugar que disponía de dos plantas. Allí vivían cuatro familias diferentes. Se construyeron edificios de cuatro alturas con hormigón armado y cemento y arena de mala calidad. Se llegó a utilizar incluso arena de playa.

Un tiro a la prensa

Eran tiempos de plena autarquía, con cartillas de racionamiento y con problemas de censura. Apenas hay fotos de cadáveres. Un delegado del régimen convocó a los medios de comunicación y les dijo que tuvieran mucho cuidado con lo que publicaran. "No deje entrar a nadie de la prensa y si hace falta pega usted un tiro", le dijo un teniente de la Armada al marinero que hacía guardia en la base naval.

La ciudad era un caos. Uno de los muertos, totalmente desfigurado, fue identificado por su anillo. Un hombre, que tenía las maletas preparadas en la entrada de su casa para marcharse al día siguiente a Tetuán, falleció al instante. También murieron dos de sus hijos. El más pequeño sobrevivió porque se había marchado del comedor, donde cenaba la familia, minutos antes de la tragedia.

Hubo desgarro, desolación y silencio. No, no cayó un meteorito, pero había que acallar la explosión. Cuando Beirut fue Cádiz.

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