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Pablo e Isabel, la amistad de los 'cachorros' del PP truncada por una lucha de poder
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La peor situación en la historia del partido

Pablo e Isabel, la amistad de los 'cachorros' del PP truncada por una lucha de poder

Dos íntimos amigos sumen al Partido Popular en una crisis de difícil solución. Ascendieron de la mano de Esperanza Aguirre y han roto de la mano de sus dos fieles, Teodoro García Egea y Miguel Ángel Rodríguez

Foto: Isabel Díaz Ayuso y Pablo Casado. (I. D. Ayuso)
Isabel Díaz Ayuso y Pablo Casado. (I. D. Ayuso)

17 años de amistad y carrera política se han visto esta semana truncados por una intensa lucha de poder. Año 2005. Isabel Natividad Díaz Ayuso, periodista, se afilia al PP de Madrid. En esos mismos meses, un joven abogado y economista es promocionado por Esperanza Aguirre, que controlaba el partido con mano de hierro, a presidente de Nuevas Generaciones. El “chaval de Palencia”, como le define un alto cargo de la época, había entablado amistad con un senador por León, Alfredo Prada, que le introduce en política. Aguirre nombra a Prada vicepresidente segundo y consejero de Justicia e Interior de su primer Gobierno autonómico, y Casado se incorpora de su mano como asesor al departamento y coordinador parlamentario de los populares. Es su primera incursión en la cosa pública. Al año siguiente, el mismo Prada lleva a Ayuso a la misma consejería, al departamento de Prensa.

Son los años dulces de los ‘cachorros’ del PP. La sede de NNGG en Moncloa–Aravaca, en la calle Ferraz, a escasos metros del cuartel general del PSOE, es su centro de reunión. Casado, Ayuso, Ángel Carromero (excoordinador del Ayuntamiento de Madrid), Alfonso Serrano (portavoz del PP en la Asamblea), David Erguido (exsenador), Antonio González Terol (actual vicesecretario territorial del PP y exalcalde de Boadilla del Monte), Ana Camins (secretaria general del PP de Madrid), Elena Mantilla (directora general de Inspección Sanitaria), Javier Úbeda (alcalde de Boadilla), Loreto Sordo (concejala en Madrid)... forman parte de esa pandilla. Eran los años dorados del PP, de las mayorías absolutas de Aguirre. Casado dirige la revista de la agrupación y Ayuso le echa una mano, realizando también labores de movilización. Ser afiliado del PP en esa época está de moda en la capital.

Los ‘groupies’ de Aguirre van poco a poco tomando posiciones tanto en el Gobierno regional, en cargos de segundo nivel, como en el aparato del PP de Madrid. Aguirre y Prada son dos piezas clave en el ascenso en la vida pública tanto de Casado como de Ayuso. De hecho, cuando el presidente del PP gana el congreso nacional, nombra al exconsejero responsable orgánico de vigilar la corrupción interna, hasta que es imputado. Casado y Ayuso entablan durante esos años una relación que va más allá de lo profesional. Trabajan en el Gobierno autonómico, primero con Prada y luego con Aguirre, y comparten también campañas, cenas y fiestas.

Foto: Ilustración: El Confidencial Diseño

Tuvieron a la misma jefa. La expresidenta incorpora a Ayuso a su gabinete como asesora. “¿Qué hacía? Responder cartas, acompañar en actos… Pero no encaja en Sol. Y se marcha”, recuerdan las fuentes consultadas. Es entonces cuando la hoy presidenta de la Comunidad de Madrid es recolocada en Madrid Network, una red empresarial que busca fomentar las relaciones profesionales. Es un trabajo cómodo, destacan, que Ayuso compagina con el partido que preside Aguirre, donde recibe el encargo de ser la responsable de las redes sociales de la presidenta y de su perro, Pecas, en clave de humor.

Mientras Ayuso va moviéndose por Madrid, Casado da el salto a la política nacional. La misma Aguirre que aúpa a Ayuso hace lo propio con Casado, posando su dedo sobre él como presidente de Nuevas Generaciones de Madrid. Pasa por encima de su colega Terol, que aspira al cargo, y se rodea de amigos como Carromero. Casado sigue en contacto permanente con Ayuso en esos momentos en los que le suena el teléfono para desembarcar en el Congreso. Manuel Pizarro fue el primero que le echa el ojo y se lo lleva a la Cámara Baja y, a continuación, Aznar lo incorpora a la Moncloa. Para Casado la etapa monclovita no fue sencilla. Recién casado con su mujer, llega a pasar más de 200 días fuera de España. Trabaja tres años en Presidencia y acaba siendo designado diputado por Ávila, en sustitución de Pablo Arias, yerno precisamente de Pizarro y hoy eurodiputado. El resto de la trayectoria política de Casado es sabida. Rajoy y María Dolores de Cospedal lo van promocionando hasta que en 2015 es nombrado vicesecretario de Comunicación y portavoz del PP.

Foto: Isabel Díaz Ayuso, en una foto de archivo. (EFE)

Una andadura política muy similar a la que recorre Ayuso en Madrid. En 2011 entra en la Asamblea de Madrid donde permanece seis años hasta que Cristina Cifuentes la nombra viceconsejera de Presidencia. Y ello pese a que la hoy presidenta no mantiene por aquel entonces una relación fluida con el entonces vicepresidente, Ángel Garrido, que no cuenta con ella en su Gobierno. Ayuso se refugia entonces en el partido en Madrid dirigido por Pío García Escudero hasta que en enero de 2019 suena su teléfono. Es su amigo Casado, que decide nombrarla candidata a la Comunidad de Madrid. Así vendió el PP el tique Ayuso-Almeida en Madrid: “Con estos nombramientos, el presidente impulsa a dos candidatos que representan a la perfección una nueva generación de políticos con un discurso claro en los principios liberal-conservadores del centro-derecha”. “Ambos han demostrado saber combatir ideológicamente a los populismos defendiendo ideas claras (...) y, como el propio Casado, se atreven a defender sin complejos los principios y valores de siempre del PP”, añadía Génova.

“Casado se jugó su crédito personal con aquel movimiento”, recuerda uno de los miembros de la pandilla de Nuevas Generaciones. Habla de “incredulidad” cuando el partido conoció que Isabel Díaz Ayuso era la elegida. Sonaban nombres como el de la veterana María San Gil, pero el presidente del PP decidió tirar de una amiga personal porque, cuentan estas fuentes, no quería que le ocurriera lo mismo que a Rajoy con Aguirre. Quería a alguien de su confianza. Apostó por ella, le dio su primera gran oportunidad en la primera línea política, y ambos ganaron en un primer momento. “El problema de la política es que la memoria es muy corta, pero Ayuso está en Sol porque Casado la propuso”, añaden.

"Casado se jugó su crédito personal" nombrando a Ayuso como candidata en Madrid

El resto de la relación es de sobra conocida. Ayuso no ganó las elecciones pero gobernó. Luego fichó a Miguel Ángel Rodríguez, a quien había conocido cuando hizo un trabajo universitario sobre la política de comunicación del primer Gobierno de Aznar. Ayuso estuvo con MÁR en Moncloa, le explicó como funcionaba la ‘war room’ de Presidencia y conectaron. Luego Ayuso echó mano de él para que dirigiera su campaña en 2019. Él aceptó, pero como asesor externo. Meses más tarde, en enero de 2020, le volvió a llamar: “Para mis mensajes, para mi agenda, para mi trabajo, creo que es el que va a hacer el mejor papel en estos momentos”, dijo Ayuso sobre su nuevo jefe de Gabinete. Faltaban unas semanas para el estado de alarma, el confinamiento y para que la Comunidad de Madrid firmara el polémico contrato con la intermediación del hermano de la presidenta que ha provocado que el PP salte por los aires. A partir de ese momento, la relación de Casado y Ayuso inicia el camino hacia un punto de no retorno.

Batalla por el poder

El tirón mediático de la madrileña se disparó tras el primer estado de alarma de la pandemia. Ayuso convirtió Madrid en un bastión contra Sánchez y marcó perfil propio en la gestión autonómica. Durante la emergencia sanitaria, echó más de un pulso a Moncloa, pero también al propio PP. Ya entonces, algunos sectores de Génova miraban con recelo la trayectoria ascendente de la dirigente, pero competía con Martínez-Almeida, cuyo perfil político también engordó tras el primer confinamiento.

El suflé mediático del alcalde bajó con el paso de los meses, pero no el de Ayuso. Su ascenso era imparable. La presidenta arrasaba en la calle, en los bares y en la derecha. Todo hubiese ido como la seda si no fuese porque en muchas ocasiones se zafaba de los dictados de Génova. Estaba convencida de que su proyecto trascendía las propias siglas del PP. Hubo varios intentos orquestados por Casado y Egea para controlarla, como cuando la dirección trató de imponer a Toni Cantó en sus listas para las elecciones del 4-M, movimiento que dejó al descubierto las fisuras entre Génova y Sol.

placeholder Isabel Díaz Ayuso junto a Pablo Casado. (EFE/Juan Carlos Hidalgo)
Isabel Díaz Ayuso junto a Pablo Casado. (EFE/Juan Carlos Hidalgo)

El PP volvía a levantarse. Ayuso arrasó en Madrid, y Casado vio en ella y en su victoria el trampolín perfecto para saltar a Moncloa. Pero el éxito de la madrileña tenía un coste. Los resultados del 4-M le dieron legitimidad para exigir a la dirección nacional la presidencia del PP de Madrid. Pero Génova quería mantener para sí el control de la organización más influyente del partido. La batalla por el poder orgánico se enquistó y se alargó durante meses, pero solo era la punta del iceberg de la disputa que ahora ha roto en dos al PP.

Los cimientos del partido temblaron cuando El Confidencial destapó una trama de espionaje interna orquestada por Génova contra Ayuso para, a juicio de la dirigente, derribarla y anularla políticamente. Según la versión de la dirección nacional, el verano pasado llegó a manos de Casado y Egea, de una fuente desconocida, un informe que demostraba un presunto delito de "tráfico de influencias" en la Puerta del Sol por la adjudicación presuntamente a dedo de un contrato sanitario al hermano de Isabel Díaz Ayuso durante la pandemia. Todo ha saltado por los aires. Ayuso alega que el "espionaje" de Génova no tenía otro fin que el de borrarla del mapa. Y Casado denuncia un "montaje" de Sol y señala a Ayuso por corrupción, sin descartar acciones legales contra ella. El partido se ha abierto en canal. Y el desenlace es aún una incógnita.

17 años de amistad y carrera política se han visto esta semana truncados por una intensa lucha de poder. Año 2005. Isabel Natividad Díaz Ayuso, periodista, se afilia al PP de Madrid. En esos mismos meses, un joven abogado y economista es promocionado por Esperanza Aguirre, que controlaba el partido con mano de hierro, a presidente de Nuevas Generaciones. El “chaval de Palencia”, como le define un alto cargo de la época, había entablado amistad con un senador por León, Alfredo Prada, que le introduce en política. Aguirre nombra a Prada vicepresidente segundo y consejero de Justicia e Interior de su primer Gobierno autonómico, y Casado se incorpora de su mano como asesor al departamento y coordinador parlamentario de los populares. Es su primera incursión en la cosa pública. Al año siguiente, el mismo Prada lleva a Ayuso a la misma consejería, al departamento de Prensa.

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