Sánchez reclama el voto útil aprovechando la división a su izquierda
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ASUME QUE NO GOBERNARÁ SIN DÍAZ

Sánchez reclama el voto útil aprovechando la división a su izquierda

Moncloa y Ferraz intentan trasladar una sensación de despreocupación por las encuestas. Sin embargo, el presidente ha tomado nota y está virando el rumbo para frenar la tendencia descendente

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (c), la vicesecretaria general, Adriana Lastra (d), y la presidenta del partido, Cristina Narbona. (EFE)
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (c), la vicesecretaria general, Adriana Lastra (d), y la presidenta del partido, Cristina Narbona. (EFE)

Pedro Sánchez salió del 40º Congreso Federal del PSOE poniendo rumbo a la centralidad para afrontar el horizonte electoral de 2023. En la primera reunión de la nueva ejecutiva del partido, se abordaron los posibles escenarios y el flamante portavoz, Felipe Sicilia, se estrenó en su primera rueda de prensa sin rehuir el asunto. Se refirió a que la formación "va a salir con fuerza y con todas las ganas para que en las próximas elecciones que pueda haber ganemos la confianza de los ciudadanos", que el objetivo es "reforzar el partido" de cara a las siguientes citas con las urnas y que esperan recabar una "mayoría amplia". Hasta lanzó algún mensaje más propio de una campaña como "el PSOE es un partido útil" y que está demostrando su capacidad de gestión en el Gobierno, "donde gran parte del trabajo se está desarrollando por ministros y ministras del PSOE". Con la mayoría de encuestas situando el PP a las puertas de Moncloa, Ferraz quiere comenzar a revertir esta tendencia, con un tono de moderación, pero sin despistarse de su flanco izquierdo.

El propio presidente del Gobierno se enfrentaba en clave electoral este lunes al elefante en la habitación que representaron Yolanda Díaz y la coalición de gobierno durante el congreso del PSOE. En su primera entrevista tras el cónclave, concedida a la Cadena SER antes de celebrar la reunión de la ejecutiva, reconocía que no podrá gobernar sin sus apoyos. "Necesitamos todo el espacio progresista en plena forma", respondía preguntado por el frente amplio sobre el que pretende impulsar su hipotética candidatura la vicepresidenta segunda, y subrayó que aspira a que entre ambos tengan "mayor representación parlamentaria". Para ello, reconocía su interés por que se consume un "proceso de unión" en ese espacio, advirtiendo de que "el sistema electoral penaliza la división".

Foto: 40º Congreso Federal del PSOE. (EFE) Opinión

Sánchez realizaba el diagnóstico y desde Ferraz se encargaban de visibilizar la solución: el voto útil progresista es el voto al PSOE para que el sufragio no tenga menos valor entre leyes D'Hondt y fuerzas con menos peso que ni alcanzarían el listón mínimo para obtener representación institucional. Sus socios de gobierno han leído el congreso como un intento de Sánchez de minimizarlos y tratar de presentarse como un partido 'atrápalo todo'. Sin embargo, vaticinan que lo que suma por un lado puede restar por otro. Si el abrazo con Felipe González, principal crítico de una coalición con Unidas Podemos y de apoyarse en el Congreso en formaciones como ERC y sobre todo EH Bildu, recupera a votantes más moderados, también puede afectarle por el flanco opuesto. Unos complejos equilibrios que se unen a la necesidad manifiesta de tener que recurrir a los morados al constatar que el PSOE no podrá ser el partido de todo el arco izquierdo y centro izquierdo.

Si ni Díaz ni ningún ministro de Unidas Podemos fueron mencionados oficialmente en el congreso del PSOE, ignorando no solo su papel en políticas que reivindicó Sánchez, como la subida del SMI, los ERTE o la futura ley de vivienda y la reforma laboral, sí estuvo presente en boca de varios dirigentes y barones. Lo que verbalizó Sánchez sobre la división es precisamente uno de los asuntos que traen de cabeza a los dirigentes andaluces, quienes, se anticipen o no, celebrarán comicios el año que viene. En su caso, ven un drama que haya hasta tres candidaturas a su izquierda y que, como reflejaba el barómetro andaluz este lunes, no alcancen el mínimo del 5% para obtener representación parlamentaria. Una preocupación, pero también una oportunidad para apelar al voto, como ya se está encargando de hacer Ferraz.

Foto: El presidente del Gobierno y Secretario General del PSOE, Pedro Sánchez. (EFE) Opinión

La visión que se trasladaba en las conversaciones de pasillo en el congreso de los socialistas sobre Yolanda Díaz era positiva. Valoran su imagen institucional, principalmente porque neutraliza la etiqueta de 'socialcomunista' que desde la derecha se ha puesto al Ejecutivo de coalición. Etiqueta, por cierto, que califican de "letal". También, Sánchez destacó en la mencionada entrevista al ser preguntado al respecto que Díaz "es una muy buena ministra", a lo que añadió "de mi Gobierno". Así lo recoge el CIS sobre la valoración que hacen los ciudadanos de la vicepresidenta segunda. Más aún entre los votantes socialistas, ya que según el último barómetro ha pasado de preferirla como presidenta un 10% de ellos a hacerlo un 16%. El presidente del Ejecutivo y líder del PSOE no puede expresar una opinión que contradiga la de sus votantes, precisamente para que no se escapen al nuevo proyecto de Díaz, aunque sí hacer propias sus banderas.

Al igual que el giro de Sánchez en el congreso devolviendo parte del poder de Ferraz a los barones tiene que ver con que el presidente y los dirigentes territoriales se necesitan mutuamente para conservar su dominio institucional, PSOE y Podemos se necesitan para gobernar. Los morados difundían el día después del congreso del PSOE un documento elaborado la pasada semana en su propio cónclave en el que asumían que en el espectro de la izquierda no están solos. "En ese bloque también están las fuerzas políticas catalanas y vascas y, en ese bloque, también está el PSOE. Estos son nuestros aliados estratégicos y debemos cuidar esa mayoría progresista y plurinacional".

Foto: Jose Luis Rodriguez Zapatero (i), Pedro Sánchez (c) y Felipe Gonzalez (d). (EFE) Opinión

Se asume esta necesidad mutua y al mismo tiempo que se ponen en valor éxitos de gestión, se marca terreno para hacer valer su peso: "También venimos —y esto hay que decirlo con toda claridad— de comprobar los límites que implica ser el socio minoritario de un Gobierno encabezado por el PSOE", recoge el documento denominado 'Brújula para ganar una década'.

La lista de agravios que enumeran para fijar posición propia no es menor: "Venimos de ver cómo se permitió la fuga del emérito corrupto a una dictadura teocrática; cómo se impuso un diseño burocrático al ingreso mínimo vital que amenaza con hacerlo descarrilar; cómo se intentaron parar la ley trans, la reducción de los beneficios caídos del cielo de las eléctricas o la regulación de los alquileres; cómo se pospuso ocho largos meses la subida del salario mínimo interprofesional en 2021; cómo se permite al PP seguir atrincherado en el Poder Judicial y mandar en Radiotelevisión Española; cómo se siguen haciendo políticas migratorias contrarias a los derechos humanos, o cómo se facilitó la fusión entre Bankia y CaixaBank, renunciando a una banca pública".

Tanto en Moncloa como en Ferraz se intenta trasladar una sensación de despreocupación por las encuestas. Se insiste en que están centrados en gobernar y que, más aún en esta fase de la legislatura, no hacen caso a los sondeos. Se ajuste más o menos a la realidad, no deja de ser evidente que el PSOE está tomando nota y virando su rumbo para frenar su tendencia descendente frente al auge de la derecha.

Pedro Sánchez Yolanda Díaz
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