El viaje Bogotá-Madrid de un comunista para huir de los paramilitares Águilas Negras
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ESPAÑA LE HA DADO ASILO POLÍTICO

El viaje Bogotá-Madrid de un comunista para huir de los paramilitares Águilas Negras

En septiembre de 2019, encontró en el garaje un sobre y, tras llamar a la policía, comprobó que en su interior había "una bala de un fusil" y el logo de la organización narco paramilitar

Foto: El ejército de Colombia, tras matar a integrantes de Águilas Negras en 2008. (EFE)
El ejército de Colombia, tras matar a integrantes de Águilas Negras en 2008. (EFE)

Militante del Partido Comunista de Colombia, habitual en los medios de comunicación y amenazado de muerte por el grupo paramilitar Águilas Negras. A grandes rasgos, ese es el perfil del protagonista de esta historia, un hombre que la semana pasada consiguió asilo político en España y cuyo nombre no puede aparecer en este artículo por temor a represalias. Su llegada a Madrid se remonta al 10 de noviembre de 2019, cuando aterrizó en el aeropuerto de Barajas y solicitó protección internacional en el puesto fronterizo. Desde entonces, todo un proceso para demostrar que en Colombia corría peligro, motivo que se plasma en la entrevista que le hizo la Policía Nacional al estudiar su caso: "El solicitante manifiesta que si regresa a país 'la muerte es inminente'", concluye el expediente, al que ha tenido acceso El Confidencial.

Su salto a la primera línea política se produjo al afiliarse en 2016 al Partido Comunista y a la Unión Patriótica, una formación surgida del proceso de negociación con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) a mediados de la década de los ochenta. Erigido en líder juvenil, comenzó a participar en grupos de debate hasta 2018, cuando tomó las riendas de la campaña presidencial Colombia Humana, el movimiento de izquierdas liderado por Gustavo Petro que le convirtió en una cara conocida tanto en los medios de comunicación como en los mítines políticos. "Recibió llamadas telefónicas de una persona anónima donde le decían que 'se tenía que calmar o se iba a morir'", explica el expediente. "Manifiesta que no tomó la denuncia de esta llamada porque estaba metido en mitad de la campaña", añade.

Foto: Dos personas caminan por Aguabonita, uno de los campamentos de reincorporación que la antigua guerrilla FARC tiene en La Montañita, Caquetá. (Colombia)

Pero conforme fue escalando puestos en política, las amenazas se volvieron cada vez más frecuentes. Al encontrarse entre los líderes de la campaña '7 veces sí', la consulta popular contra la corrupción que fracasó en agosto de 2018 por una alta abstención, su nombre empezó a aparecer junto a destacados políticos colombianos como Claudia López Hernández, actual alcaldesa de Bogotá. A partir de ahí, la posibilidad de que lo asesinaran cobró fuerza. "Última vez que le decimos: no queremos saber más de que está envolviendo a la comunidad con sus pensamientos comunistas", le escribieron el 4 de agosto desde una cuenta anónima de Facebook. Ese mismo día, recibió otros dos mensajes en su teléfono móvil: "Siga con la huevenada, hijo de puta guerrillero", decía el primero. "Perro hijo de puta, o se calma o se muere", advertía el segundo.

Las amenazas fueron más allá de simples mensajes el 12 de agosto, cuando volvió a casa tras entregar propaganda y "vio una moto que subía y bajaba la calle en varias ocasiones". Horas después, al salir de su pueblo, "le estaba esperando la misma moto con dos personas" y, al detenerse junto a ellos en un 'stop', ambos "le hacen un gesto como que le iban a matar con un arma". Ese día llamó a la policía y los agentes empezaron a pasar por su casa para comprobar que no sufría ningún problema, pero los encontronazos con personas sospechosas no cesaron. Entre ellos, destaca el que vivió con un hombre vestido de militar al que se identificó como un soldado profesional de permiso. Por mucho que lo denunciara ante la Fiscalía, no fue hasta un mes después cuando puso nombre a quienes seguían sus pasos: las Águilas Negras.

Foto: Disturbios Bogotá. (EFE)

La idea de que las amenazas procedían de ellos se basa en lo ocurrido el 17 de septiembre de 2018, cuando se encontró en el garaje de su casa un sobre con su nombre y, tras llamar a la policía, comprobó que en su interior había "una bala de un fusil". En esta ocasión, la amenaza iba firmada por Águilas Negras, una organización narco paramilitar entre cuyos objetivos se encuentran los líderes sociales y políticos de izquierdas. A partir de ese momento, siguió denunciando otros sucesos sospechosos ante la policía y, casi un año después, el 20 de septiembre de 2019, uno de sus compañeros de partido recibió un correo electrónico de este grupo en el que se amenazaba de muerte a varios militantes de la formación, entre ellos él mismo: "Es hora de limpiar el país de comunistas y guerrilleros", podía leerse en el mensaje.

En esta ocasión, los autores del correo incluían por primera vez sus dos nombres y apellidos, lo que le llevó a temer que estuvieran estrechando el cerco en torno a él: "Se camuflan como defensores de derechos humanos para hacer populares los pensamientos e ideologías de la guerrilla. Organizan y lideran marchas con la comunidad, campesinos y estudiantes para así inculcar inconformidad en el país y poder buscar cargos de elección popular. Desde allá quieren que este país sea una nueva Venezuela socialista y comunista", decía el mensaje. "Ya no estamos jugando. Ya empezamos a ejecutar el plan de limpieza en todo el país. Ahora vamos con que cada vez son menos los 'hijueputas' guerrilleros en nuestro país. Vamos a acabar con todo 'hijueputa' que ayude a la guerrilla y que quiera seguir inculcando el pensamiento socialcomunista".

Las autoridades ya le habían entregado para entonces un "chaleco antibalas y un celular para su protección", pero no era suficiente. Su estancia en Colombia se había vuelto inviable y, tras consultar a la presidenta de la Unión Patriótica, Aída Yolanda Avella, la conclusión fue clara: "Le recomienda buscar refugio en algún país". Ni el partido ni su entorno tenían dinero para facilitarle la huida, así que optó por vender su moto y una serie de electrodomésticos para poder comprarse un billete a Madrid. Una vez en el aeropuerto, pidió protección internacional y, tras un año en el que ha contado con la ayuda del abogado Miguel Ángel Muga, logró su objetivo la semana pasada: a 8.000 kilómetros de distancia de las Águilas Negras y ocultando su nombre, ya cuenta con un lugar seguro en el que comenzar su nueva vida.

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