CAE UN 17% RESPECTO AL AÑO PASADO

El milagroso combo asturiano: líderes en turismo y en control de la pandemia

El Principado salva el verano sin sacrificar los datos de contagios. La anticipación, la Atención Primaria, el elevado número de test o su demografía son algunos de los motivos

Foto: Playa de San Lorenzo, en Gijón, este verano. (EFE)
Playa de San Lorenzo, en Gijón, este verano. (EFE)

En junio, cuando Mary Fernández volvió a abrir el mesón que regenta en Puerto Vega (Asturias), ni en sus mejores previsiones contempló que este sería uno de los mejores veranos en facturación. “Empezamos con mucho miedo, habíamos perdido ya la Semana Santa y aquí el verano es muy corto. Pero nos sobrepasó la cantidad de clientes que venían. Este es un pueblo con 1.500 habitantes y cinco restaurantes y no podíamos absorber toda la demanda, sobre todo en agosto”, cuenta en un descanso desde el local donde sirve comida casera desde hace 26 años. “Hasta ha venido gente que tiene casa de verano en Andalucía, porque aquí estábamos libres de covid y allí no”.

Los visitantes solo han caído un 18% respecto al año pasado, frente al 58% de turistas nacionales

Asturias se ha convertido en el milagro nacional en la lucha contra el covid. La buena gestión de su primera ola ha sido su mejor reclamo turístico, hasta el punto de convertirse en la segunda comunidad que menos visitantes ha perdido respecto a 2019 (un 18%), sin apenas notarlo en su incidencia acumulada: el 15 de septiembre, seguía teniendo 76 casos por cada 100.000 habitantes. Solo la supera Cantabria (un 12% de caída), pero con menos viajeros y peores consecuencias (269 de incidencia en la misma fecha).

“Ha sido el mejor verano de la historia en las peores previsiones que teníamos”, explica José Luis Álvarez Almeida, presidente de Otea, asociación de hostelería y turismo en Asturias. “Los datos son peores que otros años, pero es que las previsiones eran catastróficas. En mayo, no sabíamos si íbamos a poder abrir, y hemos vivido muy al día”. Cada vez que se registraba un rebrote en la zona norte, como el de A Mariña (Galicia), en Asturias veían cómo aumentaban las reservas de turistas, que este año no solo han buscado mar, también buenos datos epidemiológicos. Así, han conseguido mantener la ocupación hotelera en el 68%, frente al 44% nacional. “Las reservas se hacían casi de un día para otro, pero lo bueno es que se han mantenido durante todo el verano”, añade Álvarez Almeida. Incluso algunos establecimientos subieron sus precios ante la alta demanda que empezaban a registrar.

Anticipación, mucha anticipación

Los 25 días de julio que Asturias estuvo sin sumar ni un solo contagio se convirtieron en el mejor reclamo para venderse como paraíso sanitario, aunque este año las circunstancias también la han hecho más atractiva ante el descenso de los viajes internacionales. “Asturias lleva muchos años intentando dar una imagen de no masificación, calidad y sostenibilidad. Y ese trabajo de años está dando sus frutos ahora”, añaden desde Otea. “El turista, este año, buscaba dispersión, no estar en grandes hoteles con muchas habitaciones, sino en casas y hoteles rurales donde lo que primase fuese el verde, la sostenibilidad y estar solos. Y eso ya lo teníamos”.

Asturias lleva muchos años intentando dar una imagen de no masificación

La anticipación ha sido el principal ingrediente en la receta del éxito asturiana desde que empezó a levantarse la curva de los contagios. Fue, por ejemplo, una de las primeras comunidades en imponer antes las mascarillas. Lo hizo el 15 de julio, dos semanas antes que Madrid. También ha sido durante toda la crisis la comunidad que más PCR ha realizado y la que más esfuerzos dedicó al rastreo de contactos, clave para prevenir la transmisión comunitaria que ni siquiera ahora, tras un verano con tantos turistas, se ha descontrolado.

“Desde el principio Asturias tomó medidas anticipadamente al resto como cerrar escuelas o reducir aforos y actos públicos. Después hubo mucho apoyo al confinamiento, y bastante disciplina por parte de la población. Pero sobre todo hizo varias cosas importantes en materia sanitaria”, explica el epidemiólogo Daniel López-Acuña, exdirector de Asistencia Sanitaria en Situaciones de Crisis OMS y asesor del gobierno asturiano en la pandemia. “Primero apostó fuertemente por la Atención Primaria, no basó su respuesta inicial únicamente en la infraestructura hospitalaria y eso, como se ha visto después, es fundamental. Luego mantuvo un buen nivel de vigilancia y rastreo. Desde muy pronto acertó incrementando la capacidad de hacer PCR en varios hospitales y hasta en la universidad. Así consiguió triplicar su capacidad de análisis”.

El servicio de virología del Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA) desarrolló su propia PCR a principios de la primera ola, lo que les permitió tener disponibles 2.000 test diarios en plena pandemia, mientras otras regiones se las deseaban para conseguirlos. Un dato revelador: solo el 2,8% de los PCR que se realizan en el principado son positivos, mientras que en Madrid esta cifra llega al 22,5%. “Además desarrolló planes de contingencia para toda la infraestructura sanitaria. No llegó en ningún momento a la saturación ni el colapso de camas ni UC. Y las residencias de ancianos se dotaron enseguida de personal sanitario, por lo que tampoco se expandió mucho por ahí”. Mientras que a nivel nacional, el 65% de los fallecidos vivía en estos centros, en Asturias solo supone el 11%.

Control de cada foco

Tras una desescalada donde se cumplieron escrupulosamente requisitos y plazos, las medidas de prevención se mantuvieron durante el verano. La llegada del turismo inevitablemente produjo un aumento de los contagios, pero ninguno de ellos se ha llegado a la transmisión comunitaria por el estricto control de los rebrotes. “Por ejemplo, se produjo un foco ligado al ocio nocturno y enseguida se convocó a todas las personas que habían estado en el local y se hicieron 1.500 test. Se ha prestado mucha atención a cada rebrote, implicándose el gobierno en cada uno, muy a lo específico”, añade López-Acuña.

A finales de agosto el Principado declaró la alerta naranja en los concejos de Llanes, Ribadesella, Cangas de Onís, Parres y Cabrales, algunos de los más turísticos de la región, pero a base de test y rastreos se contuvo su expansión. Además, cuando la curva se aplanó completamente, el Servicio de Salud del Principado aprovechó para proveerse de más material sanitario y pertrecharse ante una posible segunda ola con más trajes EPI o respiradores para los hospitales.

Desde julio, cada fiesta o evento popular tenía que ser evaluado y aprobado por el Principado

El control de eventos y aglomeraciones también ha sido estricto durante estas semanas estivales. A mediados de julio, cuando se dio el primer brote de la segunda ola, se volvieron a limitar las reuniones sociales a 50 personas al aire libre y 25 en los cerrados y desde principios de ese mes cada fiesta o evento popular tenía que ser evaluado y aprobado por el Principado en función por ejemplo, del porcentaje previsto de personas de otras zonas de España que acudirían.

“Las alertas naranjas pusieron el foco en que todas las actividades que se hacen en el exterior quedasen restringidos, como los mercados o ferias. Y eso dio ayudó a dar una imagen de seguridad, de estar preparados, a la gente”, apuntan desde Otea. “También todas las medidas y esfuerzos que desde la hostelería se pusieron desde el principio: fuimos la primera comunidad en instaurar el certificado de establecimiento seguro, por ejemplo. O nuestro plan de contingencia implantado en los alojamientos, por el cual cuando un turista llegaba a hotel ya había recibido todo el protocolo y medidas tomadas por el establecimiento. Eso ayudó a que hubiese más sensibilidad con la protección”.

Sanitarios del hospital HUCA. (EFE)
Sanitarios del hospital HUCA. (EFE)

“Muchos clientes nos han comentado que no habían visto tantas medidas en otros sitios donde habían veraneado este año y lo han valorado mucho en sus reseñas del hotel. Por ejemplo, en nuestro caso tenemos una máquina de vapor a cien grados por la que pasamos todos los equipajes y nos decían que eso no lo habían visto ni en Paradores. O una pecera con virucida para las llaves de las habitaciones”, cuenta Beatriz Cimadevilla, que regenta el Hotel San Miguel, en Gijón. “Eso ya tranquilizaba mucho a los turistas, pero también nos ha supuesto un aumento en gastos e inversiones que no han hecho cada estancia tan rentable como otros años”.

En su hotel, cerraron julio con un 73% de ocupación respecto al año pasado y en agosto un 93%. “Aunque la estancia media ha sido menor”, afirma la dueña, quien reconoce sentirse “orgullosa” de la gestión que se ha hecho desde el Principado. “Para que te hagas una idea, yo era de las que se quejó muchísimo por el céntimo sanitario de la gasolina. Pero ahora veo que eso nos ha permitido tener una sanidad puntera y unos profesionales bien pagados”, cuenta.

Asturias es una de las comunidades que menos ha recortado en Sanidad desde la crisis: su financiación per cápita es de 1.700 euros, frente a los 1.200 de Madrid, lo que la ha permitido afrontar la crisis sanitaria mejor pertrechada que el resto del país. “Hasta se montó un hospital de campaña en la feria de muestras que al final no tuvo que ser utilizado”, apunta López-Acuña. De hecho, los sanitarios de esta región son los que mejor valoran la gestión gubernamental de la pandemia, según una encuesta de la Fundación Instituto para la Mejora de la Asistencia Sanitaria (IMAS).

El factor natural

Hay que reconocer que desde el principio Asturias contaba con una ventaja histórica y natural en su lucha contra el virus: su aislamiento geográfico. Tradicionalmente, no recibe tantos turistas internacionales porque su aeropuerto apenas tiene rutas con el extranjero, y su orografía dificulta el acceso por carretera del resto de la Península. Además, su escasa densidad poblacional es perfecta para contener el virus. “No es el único factor, pero sí es importante: no hay grandes concentraciones urbanas, la población suele vivir en el entorno rural, más abierto y disperso”, dice López-Acuña.

Todos tenemos gente mayor en casa, o vecinos cerca que son ancianos, por lo que ha habido mucho cuidado por no llevarlo a casa

Aunque es la comunidad española más envejecida (48 años de media), esto tampoco se tradujo en una mayor mortalidad, pero sí influyó en la implicación con las medidas de prevención. “Casi todos vivimos con gente mayor o vecinos cerca que son ancianos, por lo que ha habido mucho cuidado de no llevarlo a casa. Y como en los pueblos pequeños nos conocemos todos, ha habido más conciencia también por cuidarnos”, apunta Mary, del mesón de Puerto Vega.

“En Asturias, hay un gran patrón de coexistencia en el mismo ámbito del domicilio de hasta tres generaciones, y eso contribuye a tener más conciencia del riesgo”, confirma López-Acuña, para quien, si bien el grado de concienciación de una población es difícil de medir, sí cree que los asturianos han sido especialmente cautelosos. “Creo que la mascarilla ha estado mucho más extendida y salvo casos muy excepcionales, no se han visto botellones ni aglomeraciones”.

La misma sensación ha tenido Mary desde el otro lado de su barra. “Ha habido que estar mucho detrás de la gente para que se ponga la mascarilla, que no toque… Mira, aquí tenemos una clientela muy fija que viene todos los veranos, así que muchos cuando te veían se acercaban a darte un abrazo… ¡No, hombre no, que no tenemos el covid, pero tampoco lo queremos!”.

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