ENTREVISTA A CAYETANA ÁLVAREZ DE TOLEDO

"Encantada de 'galleguizar' el PP si no supone no saber si se sube o si se baja"

La portavoz del PP en el Congreso acusa al Gobierno de hacer "electoralismo" al ocultar los muertos de la pandemia y augura que el Ejecutivo de coalición seguirá en pie

Foto: Cayetana Álvarez de Toledo. (EFE)
Cayetana Álvarez de Toledo. (EFE)
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Cayetana Álvarez de Toledo (Madrid, 1974) ya es en sí misma una categoría de la política que se suele contraponer con la moderación. Sin embargo, ella considera que ese es un falso debate, el que se plantea entre la moderación y la dureza, entre otras cosas porque todos los gobernantes, como Alberto Núñez Feijóo siempre piden moderación, mientras que los líderes de la oposición buscan lo contrario. Explica que lo importante es lo que llama la "batalla cultural" para ensanchar la base social del PP e ironiza sobre la pretensión de "galleguizar" el PP, es decir, seguir la vía de Feijóo que ya ha impedido que Ciudadanos y Vox existen en Galicia. Afirma que el Gobierno de coalición no se ha quebrado, que durará, y que ese pacto entre PSOE y Unidas Podemos es lo que impide acuerdos entre socialistas y PP para hacer reformas. Muy dura contra la gestión que el Gobierno ha hecho de la pandemia de coronavirus ("Hace electoralismo al ocultar el número de muertos") y contra Pablo Iglesias porque supone que, por primera vez, haya un "antisistema" dentro del sistema. Afirma resignada que le hubiera gustado participar en la campaña del 12-J, pero que no fue invitada por el partido.

PREGUNTA. En octubre de 2015 se fue de la política con un artículo en 'El Mundo' muy crítico con Rajoy en el que decía: "Seguiré trabajando para que España tenga el partido moderno, valiente, adulto y central que merece y necesita". ¿Es así ya el PP?

RESPUESTA. Se está en posición de conseguirlo, para lograrlo estamos trabajando todos en el partido.

P. ¿De aquel PP a este ha cambiado ya algo?

R. Ha cambiado radicalmente la situación política española y, por tanto, la situación del PP. Aquel tenía mayoría absoluta y este PP está en proceso de reconstrucción y tiene que recuperar un espacio político perdido.

P. ¿Esa reconstrucción debe ir hacia el centro o hacia su derecha?

R. Hay un debate político y mediático sobre el rumbo del partido que se ha sintetizado en el dilema entre moderación o radicalidad. Y me gustaría subrayar algo que dije en el Comité Ejecutivo del PP este miércoles. Primero, es normal que un gobernante abandere, predique y recomiende la moderación. De hecho, un gobernante gobierna para todos y es normal que critique a la oposición por crispar, lo hemos visto siempre. Más raro sería que un líder de la oposición abandere la moderación. En segundo lugar, vamos a concretar qué entendemos por moderación en serio. Las palabras pesan y deben significar cosas, salvo que limitemos la moderación a un mero eslogan. Una política de moderación sería promover un Gobierno de concentración constitucionalista. Eso lo defendí el día después de las elecciones, y me secundaron algunas personas, Núñez Feijóo entre ellos. O, por ejemplo, sería promover Presupuestos de base cero o apoyar al Gobierno para cumplir cualquier política dura que imponga Bruselas. Esa moderación significa renunciar a ejercer la oposición, y requiere dos premisas: que el país lo necesite y que tu interlocutor lo merezca y esté dispuesto a caminar junto a ti en esa senda. Significa asumir un sacrificio, un riesgo patriótico, porque los partidos que entran en coaliciones como fuerzas minoritarias suelen salir más débiles de lo que entraron.

¿Qué ocurre en España para que esa gran política de moderación no se ponga en pie? Pues que el PSOE ya ha hecho su gran coalición y su Gobierno de coalición, pero con anticonstitucionalistas. Ha escogido como socios a fuerzas de ruptura, reaccionarias, que tienen una agenda contraria a todo lo que el PP defiende. Una agenda en contra de principios básicos como la igualdad, la libertad y la fraternidad. Esto hace que el margen de maniobra del PP se estreche y quedas abocado a ser oposición, y eso significa denunciar los hechos —y los desechos— del Gobierno. Significa denunciarlos de manera clara, adulta y también de manera indómita, sin confundir moderación con sumisión, sin aceptar los cantos de quienes te dicen "modérate", cuando te están diciendo "cállate". Y exige construir un proyecto alternativo. Porque el verdadero peligro que corre España es que se consolide un cambio a peor de la mayoría social. Un cambio hacia la intolerancia, la irracionalidad, la puerilidad, el dogmatismo, el rencor… hacia todos los vicios políticos que expande la mayoría gubernamental a marchas forzadas.

El Ejecutivo de coalición no se ha quebrado, el 'Gobierno Frankenstein' seguirá en pie

P. ¿A qué cambios se refiere?

R. Por ejemplo, a la normalización de un partido que no condena el asesinato de 850 españoles; a los ataques a la institución de la monarquía que es la cúspide de nuestro sistema constitucional ya desde el propio Gobierno; a la legitimación del desacato, que un presidente de una comunidad autónoma pueda saltarse la ley y pueda pavonearse de ello; a la erosión de lo que nos une a los españoles en lo común… Todo eso se está produciendo y obliga al PP a construir una alternativa para evitar ese cambio de mayoría social que está empezando a cuajar y que haría prácticamente imposible al PP gobernar. Significa que el PP debe tener una estrategia para ensanchar su base electoral. ¿Puede ensancharla hacia la contemporización con el nacionalismo? En mi opinión no, y no solo por cuestiones morales, sino también por cuestiones técnicas, es decir, el catalanismo político está muerto y liquidado, en el País Vasco el PNV con Bildu no es el PNV como interlocutor válido que tuvieron su día José María Aznar y Mariano Rajoy. Por lo tanto, hay que buscar otras vías para ensanchar nuestra mayoría social y aquí es donde yo sí creo que hay un camino nuevo, un terreno fértil, un espacio que la izquierda política ha dejado huérfano y que está empezando a ser campo de batalla cultural.

Cada vez hay más voces fuera de España —y también dentro de España— que empiezan a alzarse contra el dogmatismo, la intolerancia, la discriminación de una cultura de valores ilustrados que estuvo, en sus orígenes, vinculada a la izquierda. Y todo ello para defender políticas identitarias que tienen al nacionalismo y al feminismo radical como las astillas más reconocibles de un mismo tronco. Esa batalla cultural contra el identitarismo ofrece al PP una oportunidad porque permite atraer a parte de esa izquierda que defendía los valores de la Ilustración y que ha quedado huérfana. Esto lo estamos viendo en Estados Unidos, con el manifiesto Harper’s que acaba de publicarse, y con otros que empiezan a salir en España. Pero dar esa batalla cultural exige tener ideas y coraje para atraer a muchas personas, tradicionalmente socialdemócratas, que no aceptan el identitarismo y están buscando referencias en ese debate cultural.

Cayetana Álvarez de Toledo.
Cayetana Álvarez de Toledo.

P. Pero en la referencia a los partidos nacionalistas también se necesita tener votos y el retroceso del PP en comunidades como País Vasco y Cataluña es evidente.

R. En Cataluña estamos en un proceso de reconstrucción. En las elecciones generales de noviembre ya sacamos 80.000 votos más que Ciudadanos. Alejandro Fernández está volcado en esa tarea de reconstrucción del PP en Cataluña. Cuando se hizo cargo del partido allí, hace menos de dos años, las encuestas le daban cero escaños en todo: en generales, en autonómicas, en municipales. Cero en todo. Y pasamos de un pésimo resultado de solo un escaño en abril a dos escaños en noviembre, que sigue siendo muy poco, pero es el doble. Y, lo más importante, empezamos a liderar el pequeño, pero activo, espacio del constitucionalismo. No hay que olvidar que, en las anteriores autonómicas, Ciudadanos había logrado 36 escaños y nosotros cuatro. Ahora vamos por delante.

P. Y el soberanismo sube, incluso en Galicia.

R. Sí, porque tenemos que plantear una alternativa. Por eso es fundamental buscar espacios que amplíen el constitucionalismo y el espacio de la racionalidad. Hay que construir una nueva transversalidad española. Aznar definió el PP en los noventa como "el proyecto para unir todo lo que está a la derecha de la izquierda". Yo hoy diría que hay que unir todo lo que está con la racionalidad, con los tradicionales valores de la razón. Hay que forjar una mayoría que se va a construir no con el nacionalismo, sino contra la identidad y las políticas identitarias radicales. Por eso, el debate de la moderación o la radicalidad es solo de formas y el verdadero desafío es de fondo.

P. ¿Alberto Núñez Feijóo es moderado?

R. Él pide moderación y el PP es un partido moderado. La moderación no es un proyecto político. La radicalidad tampoco. Lo que tenemos que contestar es cuál es el proyecto político de fondo.

P. ¿Hay diferencias entre Feijóo y Cayetana Álvarez de Toledo?

R. Claro, como entre cualquier persona dentro del PP. Y también cosas en común y eso es lo interesante, aunque acentuar lo común siempre es más difícil y tiene menos interés mediático que buscar la diferencia. Estamos en un momento de exaltación y fascinación por la diferencia y gran parte de los problemas que tenemos en el mundo vienen por eso. Lo que hay que empezar a hacer es acentuar lo común. Si un partido no puede ver lo que hay en común entre Feijóo y yo, o entre Feijóo y cualquier otra persona del partido, tendrá difícil ensanchar sus bases.

P. ¿Pablo Casado está más cerca de Feijóo o de usted?

R. Yo no hago esos análisis. No sería capaz de contestar a esa pregunta. ¿En qué? No me interesa. La distancia de un metro y medio, o de dos metros, solo me interesa en términos sanitarios. Y me interesa ver si estamos suficientemente cerca de personas de partidos distintos al nuestro con los que podríamos conformar un espacio político común, porque creo que nuestra obligación es mirar lo que nos une. Cuando miro a Iturgaiz o Feijóo veo lo muchísimo que tengo en común con ellos. Miro a gente de Ciudadanos, miro a algunas personas de Vox, y también del PSOE y pienso que, con algunos de ellos, tengo tanto en común que es absurdo que formemos parte de un espacio moral o político distinto. Creo que o empezamos a mirar lo común o entraremos en una larga postración y decadencia.

Es normal que un gobernante pida moderación, más raro es que lo haga un líder de la oposición

P. Feijóo ha conseguido que no entren en la política gallega ni Ciudadanos ni Vox y, con esa hegemonía en el centroderecha, puede tener mayoría absoluta, ¿esa estrategia es exportable a la política nacional del PP?

R. Si me pregunta si habría que 'galleguizar' al PP nacional le digo que encantada de 'galleguizarlo', siempre que eso no signifique que no se sabe si sube o si baja, o si va o si viene.

P. ¿Lo dice por Feijóo?

R. Era solo un comentario simpático a partir de un tópico que gusta a los defensores de la identidad.

P. ¿Usted está más cerca de Vox que de Ciudadanos?

R. Hace unos meses se me acusaba de haber votado a Ciudadanos y de ser beligerante contra Vox, así que, como decía Josep Pla citando a Montaigne, la vida es ondulante… y la política aún más. Es una montaña rusa con percepciones muy cambiantes, muy efímeras y volátiles.

Cayetana Álvarez de Toledo, durante una entrevista. (EFE)
Cayetana Álvarez de Toledo, durante una entrevista. (EFE)

P. ¿Por qué no ha participado en la campaña electoral del 12-J?

R. Porque no me han invitado. Curiosamente, en noviembre, cuando Alfonso Alonso iba a ser candidato del PP en el País Vasco, me llamó y me dijo que quería que le ayudara y que fuera mucho a su campaña para reforzar el constitucionalismo, porque Vox estaba ganando fuerza.

P. ¿Es normal que no se invite a la portavoz parlamentaria?

R. Quizá lo es en la nueva normalidad. No sé. Es un hecho. Me hubiera encantado participar porque soy política, y la movilización electoral y las campañas me gustan, pero es una decisión que respeto absolutamente y no tengo ninguna queja que plantear.

P. ¿Se siente cuestionada por alguien en el PP?

R. Leo los periódicos y leo lo que dicen las fuentes, pero poco más. Estar cuestionado forma parte del estar en política. Es normal la crítica cuando tienes una posición de alguna relevancia.

P. ¿Se siente respaldada por Casado?

R. Sí. Y no solo por él.

No he participado en la campaña electoral del 12-J porque no me han invitado

P. ¿El PP ha utilizado los muertos durante la pandemia para hacer política y oposición?

R. El PSOE está ocultando el número de muertos, porque hace política con los muertos. Hemos estado en un homenaje en el que no se ha querido ni reconocer el número total de personas que han muerto. Y todos los organismos dependientes del propio Gobierno hablan de que esa cifra está en torno a las 45.000 personas. No entiendo por qué el Gobierno no es capaz de dar una explicación racional sobre el exceso de mortalidad que ha causado la pandemia.

P. ¿Y considera que el Gobierno lo oculta deliberadamente?

R. No voy a hacer un juicio de intenciones. El hecho es que lo oculta; que no lo da.

P. Pero alega que son cifras de las comunidades autónomas, algunas gobernadas por el PP.

R. No, no, no. Instituciones oficiales del Gobierno, como el Instituto Carlos III o el INE, dicen que entre enero y junio hay un exceso de muertos en España de entre 45.000 a 50.000 personas. He preguntado reiteradamente al Gobierno por qué cree que murieron esas personas y no responden. Es un ejercicio de transparencia, casi de empatía elemental, reconocer que han muerto debido a la pandemia.

P. Una parte de la gestión de la pandemia es de las comunidades, ¿aplica esos criterios para hacer autocrítica, por ejemplo, sobre las residencias?

La portavoz del PP en el Congreso. (EFE)
La portavoz del PP en el Congreso. (EFE)

R. Hay una profunda autocrítica que hacer como país respecto a lo sucedido en España, pero es el Gobierno quien tiene la primera responsabilidad y quien ha tomado decisiones trascendentales que han afectado al desarrollo de esta crisis. Se publicó un informe de la Universidad de Cambridge que analiza cómo han gestionado los países de la OCDE el coronavirus, y Corea del Sur es el que mejor lo ha hecho. Y, de todos, el que peor lo ha gestionado —según este estudio pormenorizado, objetivo, no partidista y que no pretende crispar— es España. Esto merece una profunda reflexión, porque algo se ha hecho rematadamente mal aquí. Y la responsabilidad principal es del Gobierno de la nación, porque es quien tiene toda la información y, gracias al estado de alarma, quien ha tenido toda la autoridad política, sanitaria y de gestión.

P. Otra acusación que se le hace al PP es que cuando está en la oposición utiliza a los muertos, por ejemplo, los del 11-M, los de ETA y ahora los de la pandemia.

R. El PP no estaba en la oposición con el 11-M.

P. Lo estuvo unos días después durante una legislatura centrada en el 11-M y la teoría de la conspiración.

R. Es falso. Quien rodeó las sedes del PP la víspera de las elecciones, diciendo que ese Gobierno ocultaba los hechos y lanzando los muertos contra el Gobierno, fue el PSOE. El PP no ha utilizado a los muertos en ninguno de los tres casos de los que habla. En el caso de ETA lo que siempre se exigió era que se frenase una negociación que era profundamente lesiva para la justicia, la dignidad y la memoria de las víctimas. Y en el día de hoy reclamo, y eso no es utilizar ningún muerto, saber cuántos son. Al ocultar la cifra de la tragedia, es el Gobierno quien los utiliza. El balance es tan malo, incluso con las cifras que dan, que no entiendo por qué no reconocen la verdad. Incluso con las cifras maquilladas somos el país que peor ha gestionado la pandemia. ¡Siéntase liberados y digan la verdad, no va a empeorar su calificación!

P. ¿Fue un error votar en contra de prórrogas del Estado de Alarma?

R. ¿Por qué iba a ser un error?

P. Porque hubiera supuesto que no hubiera un instrumento jurídico para hacer frente a la pandemia.

R. No entiendo que se pueda entender como un error.

P. ¿Hubiera sido conveniente que en ese momento se levantara el estado de alarma?

R. Cuando votamos que 'no' considerábamos que el Gobierno ya contaba con los instrumentos necesarios para afrontar esa etapa de la pandemia.

P. ¿Hubiera sido posible el confinamiento sin Estado de Alarma?

R. En la etapa en la que estábamos, el Gobierno contaba con los instrumentos necesarios para afrontar la pandemia.

El cambio de Cs ha sido una decepción, espero que no apuntale al Gobierno

P. Ustedes anunciaron que pedirían una comisión de investigación, pero aún no la han presentado.

R. Ahora estamos en la etapa de cerrar la comisión de reconstrucción. Después, creo que una investigación a fondo de lo ocurrido, parlamentaria o no parlamentaria, es imprescindible en España. Yo pregunté al Gobierno en una sesión de control algo que todavía no tiene respuesta: ¿por qué España es el país que ha salido peor parado, el país con mayor número de muertos de Europa y con más sanitarios infectados? Esa pregunta merece respuesta, por consuelo de las víctimas y para preparar al país para el futuro. En otros países se están haciendo comisiones de investigación profundas y España no tiene por qué ser menos. Esta mañana lo he pensado en el homenaje: tenemos una necesidad colectiva de reafirmarnos en lo bueno que ha salido de la crisis: la empatía, la solidaridad, el heroísmo de los sanitarios… y todo eso es muy importante, pero no debemos caer en la autocomplacencia de pensar que hemos sido tan buenos y solidarios, y olvidar la realidad terrible y devastadora de que somos el país que peor lo ha hecho frente al virus. Colectivamente deberíamos hacer un ejercicio de sinceridad ante el espejo, pero no para caer en esa letanía del pesimismo español, sino lo contrario, para levantarnos contra la postración española, contra ese cíclico desaliento español. Para rebelarnos contra una posible nueva decadencia española. Por cierto, con independencia de las razones que puedan tener países del norte de Europa, como Holanda, o las que tenga el Gobierno de Sánchez, nosotros —como españoles— debemos levantarnos y elegir el patriotismo de la responsabilidad; debemos abandonar esa posición de esperar a que sean otros quienes nos saquen las castañas del fuego. España fue el farolillo rojo en la crisis económica y ahora lo ha sido en la lucha contra el covid.

P. ¿Está diciendo que debe haber condicionalidad en las ayudas europeas?

R. No entro en eso. Defiendo una actitud que hemos tenido en nuestros mejores momentos como país. Fuimos un país modelo en la Transición, fuimos capaces de salir de una dictadura, de modernizarnos, fuimos capaces de hacer reformas profundas y somos capaces de hacerlo ahora. No debemos esperar a que nos pongan los deberes desde fuera. Debemos ser nosotros quienes protagonicemos las reformas que necesitamos.

P. ¿El PP pactaría esas reformas?

R. Estoy convencida de que hace falta una profunda agenda de reformas en España, que ojalá pudiera ser pactada entre las dos fuerzas políticas que sostienen el sistema político español, porque no pueden hacerse con la mitad en contra. Pero para eso es imprescindible que no exista la actual coalición que ha formado el PSOE con todas las fuerzas reaccionarias y rupturistas; con fuerzas más interesadas en la disolución del sistema constitucional español que en la salvación de nuestra economía y nuestro sistema político.

P. Es decir, que para usted es imposible esos grandes pactos entre PSOE y PP mientras haya un pacto entre socialistas y Unidas Podemos.

R. Sí.

P. De momento, la semana próxima se votan las conclusiones de la comisión de reconstrucción, ¿es posible que haya acuerdos?

R. Sí, es posible. Se sigue negociando hasta el martes y miércoles que se vota para buscar un acuerdo sobre sanidad y Europa.

P. ¿Por qué cuando hay que pactar, Pablo Casado pone al frente a Ana Pastor y no a Cayetana Álvarez de Toledo?

R. Ana Pastor conoce perfectamente uno de los grandes asuntos, la sanidad, que es central en estas negociaciones, y me parece una magnífica elección.

P. Supongo que cree imposible un acuerdo sobre Presupuestos.

R. ¿Qué necesitaría España? Sin lugar a dudas, la manera de encauzar los grandes problemas de España es a través de una alianza estratégica y profunda entre las dos fuerzas mayoritarias y reformistas españolas, el problema es que una de esas fuerzas se ha convertido en aliada de la ruptura. La Transición la hicieron las fuerzas reformistas, y las de la ruptura se quedaron al margen; unas pegando tiros y otras con mala cara. Y ahora una de las fuerzas de la reforma está aliada con todas las de la ruptura. Hay que romper esa alianza de la ruptura para volver al bloque de la reforma. Y esa alianza sigue en pie y puede consolidarse pese a la caída a plomo de Podemos. Frente a quienes creen que el Gobierno iba a durar poco, o iba a caer por su propio peso, yo sostengo que esa coalición no se ha quebrado. Lo que pierde la alianza de la ruptura por la caída de Podemos en Galicia, País Vasco o Cataluña lo gana con el BNG, Bildu o ERC. Lo que se llamó Gobierno Frankenstein sigue en pie; está debilitado y sufrirá, pero sigue en pie. Y por eso hay que trabajar la alternativa. Ese es el verdadero reto del PP: impedir un cambio de mayoría social y ensanchar el espacio del PP abarcando todo el espacio de la razón española. Ensanchar y aglutinar a gente que comparte lo esencial, y que está dispuesta a dar esa batalla cultural de la que hablábamos, y sobre la que tenemos que trabajar. Dar esa batalla no es fácil.

La portavoz del PP, Cayetana Álvarez de Toledo. (EFE)
La portavoz del PP, Cayetana Álvarez de Toledo. (EFE)

P. ¿Qué opina del cambio de Ciudadanos?

R. Para mí ha sido una decepción. Aunque mantengo la esperanza de que ese partido no cometa el error de simplemente apuntalar a una coalición de fuerzas rupturistas. Quiero pensar que siguen comprometidos con la construcción de una gran alternativa política.

P. ¿Deben repetir la coalición en Cataluña?

R. Ese es un asunto que está ya en la agenda porque va a haber muy pronto elecciones. La fórmula que se adopte está por ver. Lo tendrán que decidir los partidos, pero sí puedo decir que, en este año vinculada al partido en Cataluña, he visto cómo Alejandro Fernández se ha convertido en el referente del constitucionalismo allí. Y hay un punto que me preocupó mucho, que es la disposición de Ciudadanos a aceptar una mesa de diálogo con los separatistas siempre y cuando las conclusiones no fueran muy lesivas para los intereses generales. Eso es un profundo error. Esa mesa no se puede aceptar y a la hora de forjar un acuerdo en Cataluña quiero estar totalmente segura de su absoluto compromiso en contra de esa mesa con los separatistas.

P. ¿Qué opinión tiene de Vox?

R. Tienen vocación de sustitución del PP y lo que le digo es: no vais a sustituir al PP. Y lo que le digo al PP es que necesitamos un gran proyecto político para abarcar el enorme espacio de la razón. Que eso incluirá a votantes de Vox. Una alternativa jamás se puede construir desde el miedo, no se puede construir desde el miedo a Vox, pero tampoco desde el miedo a la izquierda y al nacionalismo, que son quienes definen el marco moral y deciden quién es moderado y quién radical. Ese proyecto que debemos construir debe basarse en la Constitución, las clases medias, la batalla cultural, y hacerlo sin miedo a lo que hagan o digan Vox, la izquierda o los nacionalistas.

P. ¿Vox es ultraderecha para usted?

R. Es un partido nacionalista. Y a mí el nacionalismo no me gusta en ninguna de sus vertientes.

P. Dígame algo que haya hecho bien el Gobierno.

R. ¿Qué ha hecho el Gobierno estos meses? La gestión de la pandemia… deplorable. Antes de la pandemia estábamos enfrascados en un debate sobre la mesa de diálogo… tampoco parece una gestión extraordinaria. ¿En internacional? Tampoco. Es verdad que la coalición no se ha quebrado para lo terrible que ha sido su gestión en un asunto dramático. El castigo electoral ha sido grande, pero debería haber sido mucho mayor. Parece que su manual de resistencia funciona. Con propaganda, sí, porque están muy volcados en el control de lo mediático, del discurso público y de las emociones. Son sus habilidades.

P. ¿No ha sentido ningún momento de empatía durante la situación terrible de marzo o abril con miembros del Gobierno?

R. Por supuesto que sí. Cualquier persona que tenga que gestionar una pandemia de estas características merece la simpatía o empatía, pero son responsables políticos y, como su nombre indica, tienen la responsabilidad primera y más importante. Siempre me ha sorprendido en los debates parlamentarios, que a veces son ásperos y duros, que el presidente del Gobierno no encuentre nunca un momento para mostrar una empatía desprovista de cualquier cálculo político. Y decir "sí, perdón, no lo hemos hecho bien". Isabel Díaz Ayuso lo hizo en Madrid un día, cuando dijo: "Sí, yo duermo mal, tengo un hondo sentimiento de responsabilidad, padezco por este asunto, siento que no hemos hecho cosas bien". En cambio, en ese manual de resistencia de Sánchez lo que hay es un capítulo de frialdad y de soberbia.

P. ¿Qué opina de las informaciones sobre el rey emérito?

R. Todos somos iguales ante la ley y todos somos merecedores de ese principio fundamental del Estado de Derecho que es la presunción de inocencia. Todos los perjuicios que presuntamente hubiera causado el rey Juan Carlos deben aclararse de la manera más nítida posible. Y no afectan en nada a la trayectoria de su hijo, ni a la institución de la monarquía. Es evidente que, en paralelo a las informaciones que se van publicando, hay una estrategia para intentar socavar y erosionar a la monarquía y al sistema constitucional del 78. Jamás durante la democracia habíamos tenido dentro del Gobierno, dentro del sistema y sentado en el Consejo de ministros, a un antisistema, a una persona decididamente dispuesta a acabar con el sistema constitucional. No solo está contra la monarquía, sino contra los valores republicanos, porque ataca la igualdad de los españoles a través del derecho de autodeterminación. El señor Iglesias es un falso republicano. Es un antisistema dentro del sistema. Y hay que decirles a todos esos falsos republicanos que pierdan toda esperanza: el PP es la garantía de que España seguirá siendo una monarquía constitucional mientras esté el PP. No habrá cambio de la Constitución para destruir a la monarquía. Con el PP, España seguirá siendo una monarquía constitucional. Pueden generar mucho ruido, pero es un falso debate.

P. Pero entenderá que hay muchos ciudadanos desilusionados, enfadados, decepcionados… en torno a quien ha encarnado la monarquía durante 40 años.

R. Pueden estar enfadados o decepcionados, incluso indignadísimos con lo que leen en los periódicos sobre actuaciones que presuntamente ha cometido el anterior jefe del Estado, pero eso no significa que la monarquía como institución sea la causante o responsable de ningún delito. La monarquía no ha delinquido. Ni presuntamente, ni no presuntamente.

P. Presuntamente sí lo ha hecho quien encarnaba la monarquía.

R. Pero no la institución. ¿O tendríamos que cerrar la Generalitat porque Pujol estuvo 23 años al frente?

P. Ha habido más presidentes de la Generalitat, pero reyes no.

R. Lo que está en cuestión no es la institución. La institución no es la que presuntamente comete un delito, es la persona. Ni el actual jefe de Estado, ni la institución merecen ningún tipo de reproche. De hecho, la persona que ahora se cuestiona, contribuyó decisivamente a que España sea un régimen de derechos y libertades en el que las conductas de las propias personas que encarnan esa monarquía pueden ser analizadas e investigadas.

P. ¿El Rey debe tomar más medidas de distanciamiento de su padre?

R. No voy a hacer ninguna especulación sobre lo que debe hacer el Rey sobre su padre. He visto que el Gobierno se dedica a darle instrucciones en público, o a través de filtraciones, pero eso no lo voy a hacer. Sí lo animo a que vaya más a Cataluña y lo felicito por su discurso del 3 de octubre de 2017.

Al ocultar la cifra de muertos, el Gobierno hace electoralismo con una tragedia

P. ¿Por qué llamó terrorista al padre del vicepresidente?

R. Para describir un hecho.

P. ¿Debe un portavoz parlamentario referirse en la tribuna a un ciudadano que no puede defenderse en esa tribuna?

R. Al igual que él hizo referencia a mi padre, yo lo hice al suyo. Exactamente en el mismo plano. Yo no insulté, me limité a describir un hecho, como hizo él. Me llamó marquesa, hija de un marqués, hizo referencia a mi padre y yo le dije que es hijo de terrorista, de persona que militó en el FRAP, según se jacta su propio hijo. Es una organización terrorista, según se reconoce en todos los sitios y sus víctimas son víctimas del terrorismo. Me limité a describir un hecho. Lo que pasa es que en España se distingue con dificultad entre los hechos y las opiniones, con complicidad de parte de la prensa. La libertad de expresión incluye el derecho al insulto, pero en este caso no insulté, describí. Y él sí patrocina el insulto.

P. ¿Esto eleva el debate político? ¿Qué pueden pensar los ciudadanos?

R. Ni elevar, ni rebajar. Si él se refiere a mi padre, yo le digo que él no me da lecciones de superioridad moral, y le pongo un espejo delante.

P. El martes, Pablo Iglesias utilizó en el Senado una frase que usted pronunció contra La Sexta para justificar sus ataques a los medios, concretamente una que acusaba a esta cadena de "erosionar los valores de la democracia".

R. Sí. Pero él ha insultado a periodistas concretos y ha dicho que hay que normalizar el insulto. Yo lo que digo es que la libertad de expresión es en dos direcciones. Esa libertad de expresión es verdad que incluye el derecho a insultar, pero forma parte de la buena educación elemental y de las buenas reglas políticas no insultar, y mucho menos patrocinar el insulto, y menos aún si eres vicepresidente del Gobierno y señalas periodistas en concreto. No solo porque es de pésima educación, sino porque lo haces con todo el poder que tienes detrás. Y entonces el insulto se convierte en intimidación.

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