MUCHAS REGIONES NO ESTÁN PREPARADAS

El descontrol de los rebrotes cuestiona la estrategia de desescalada del Gobierno

Tras abrir la mano para recibir al turismo, las comunidades autónomas han llegado a la nueva normalidad de forma muy desigual y en muchos casos sin los deberes prometidos hechos

Foto: Un temporero de fruta trabaja este martes en una finca de la localidad de Zaidín, Huesca. (EFE)
Un temporero de fruta trabaja este martes en una finca de la localidad de Zaidín, Huesca. (EFE)

En toda pandemia, hay mucho azar pero muy pocas casualidades.

Actualmente, España trata de extinguir los 11 rebrotes que permanecen activos por todo el país. En las últimas semanas, otros 25 han sido ya sofocados. Los epidemiólogos suelen coincidir en que estos brotes no son un problema en sí mismos, sino una consecuencia de la reapertura de la sociedad. El problema está en no tener la capacidad de controlarlos.

Hasta la fecha, puede que en España muchos territorios hayan salido relativamente indemnes de la pandemia, pese a no haber contratado personal suficiente en Atención Primaria, no haber hecho demasiados test y no rastrear a todos los positivos que encuentra y sus contactos. Pero una cosa es segura: si les toca la china y la región es paradigma de una desescalada apresurada donde quedaron muchos flancos abiertos, no esperen milagros.

Un plan con muchos agujeros

Cualquier región es susceptible de tener mala suerte y que un turista o un trabajador temporal introduzca el virus en una comunidad, más teniendo en cuenta que estos temporeros se mueven por todo el país integrándose en distintas cuadrillas agrícolas. Así pasó en Totana (Murcia) a principios del mes de mayo.

Lo que empezó siendo un matrimonio con covid-19 terminó en el aislamiento de 50 personas de las que 19 dieron positivo a la PCR. La Región de Murcia, como muestra el informe más reciente de ‘transición a una nueva normalidad’ elaborado por la Dirección General de Salud Pública, tiene a gala hacer el test a más del 90% de los sospechosos y trazar al 100% de sus contactos. ¿El resultado? Brote cancelado.

La Plataforma Fruita Amb Justícia Social denunció que unos 200 temporeros que llegan al Segrià para trabajar en la recogida de la fruta de verano están durmiendo en solares del centro histórico. (EFE)
La Plataforma Fruita Amb Justícia Social denunció que unos 200 temporeros que llegan al Segrià para trabajar en la recogida de la fruta de verano están durmiendo en solares del centro histórico. (EFE)

En la provincia de Huesca, donde esta semana cuatro comarcas (La Litera, Cinca Medio, Bajo Cinca y Bajo Aragón-Caspe) han retrocedido a fase 2, los informes también mostraban un envidiable 80% de test PCR hechos a los casos sospechosos que acudían a Atención Primaria, de los que un 100% de contactos se estaba rastreando. Pero la vida real no está estabulada en provincias, sino que es porosa.

Zaidín está solamente a siete kilómetros del límite con Lleida, a 30 de la capital, donde hay 42 personas aisladas en un hotel —dado que muchos son temporeros y carecen de un domicilio donde confinarse—, y a 48 de La Juneda, origen de otro brote de coronavirus entre trabajadores agrícolas. Fernando Simón ya comentó que muchas de estas cuadrillas pasaban constantemente de un lado a otro de la línea en busca de una nueva finca donde faenar.

"En Lleida, es imprescindible mantener la vigilancia exhaustiva para la detección de nuevos casos y la trazabilidad de sus contactos"

El último informe emitido sobre Cataluña antes de la nueva normalidad por la directora general de Salud Pública, Pilar Aparicio, ya destacaba que "especialmente en la región sanitaria de Lleida, es imprescindible mantener la vigilancia exhaustiva para la detección de nuevos casos y la trazabilidad de sus contactos".

Lleida es, 'a priori', una de las zonas de Cataluña donde mejor se está realizando ese estudio de contactos. En contraste, al norte de Barcelona, solo un 25% de los positivos eran sometidos a un estudio de los contactos estrechos hace apenas una semana. Otros lugares de España donde, por suerte, aún no ha habido rebrotes viven sin embargo bajo la misma tensión.

Recursos prometidos, no ejecutados

En las propuestas de cambio de fase que las comunidades autónomas enviaban a Sanidad, solo era necesario prometer una ampliación de los recursos sanitarios y de vigilancia epidemiológica. Como resultado, muchas regiones han salido a jugar a la nueva normalidad sin haber reforzado sus sistemas de Atención Primaria o contratado a los rastreadores de contactos que prometieron.

El descontrol de los rebrotes cuestiona la estrategia de desescalada del Gobierno

El último informe de la Comunidad de Madrid, fechado el 5 de junio, cuando se pasó a fase 2, aseguraba que la región "tiene un sistema de búsqueda de contactos que se apoya en la tecnología y en equipos multidisciplinares" y añadía que en aquellos momentos se estaba haciendo un seguimiento a más de 2.000 contactos.

La evidencia es que, pese a que el consejero de Sanidad prometió en su momento la contratación de 172 rastreadores (e hizo mención de los mismos a mediados de junio como si ya estuvieran trabajando) y un refuerzo de la Atención Primaria de 600 profesionales, Madrid entró en la nueva normalidad con apenas 11 nuevos rastreadores, todos médicos residentes destinados a los servicios centrales de Salud Pública, en la madrileña calle San Martín de Porres.

Pese a que en su momento Madrid prometió la contratación de 172 rastreadores, ha entrado en la nueva normalidad con apenas 11 más

El resto de la estrategia se asentaba sobre "equipos multidisciplinares", o traducido al lenguaje coloquial, sobre los hombros de los médicos de Atención Primaria y la treintena de encargados de vigilancia epidemiológica asignados a las áreas de salud. Fuentes conocedoras de la situación cifran que a día de hoy la Comunidad de Madrid cuenta con 44 rastreadores en total para sus 6,6 millones de habitantes. A principios de junio, CCOO Sanidad Madrid denunció que la consejería solo había contratado a un 30% del personal prometido para Atención Primaria y un 4% de los rastreadores.

"En mi zona, tenemos a tres asignados, como antes", explica una médica empleada en un centro de salud de Puente de Vallecas. "El seguimiento a los positivos lo hacemos nosotros por teléfono, dedicando unos minutos cada día a preguntar por los síntomas, pero del rastreo de sus contactos no sabemos nada", explica. "En teoría, un buen rastreo puede llevar hasta 12 horas por persona, pero aquí no tenemos ese tiempo".

No es la única que avisa de que el sistema de seguimiento en Madrid está saturado. El médico y escritor Javier Padilla ha alertado de que Salud Pública está tardando hasta una semana en llamar a los casos de covid-19 para realizar el estudio de sus contactos.

A consultas de este periódico, fuentes de la Consejería de Sanidad explican que "se han ejecutado 737 contratos de refuerzo en Atención Primaria, y el equipo de vigilancia epidemiológica y control será reforzado con otros 78 profesionales adicionales de acuerdo a las necesidades previstas en el Plan de Refuerzo de la Dirección General de Salud Pública". Hacemos especial énfasis en el 'será' y en que 78 más 44 no suman 172.

Madrid insiste en que "la figura del 'rastreador' no existe como tal", pero otras comunidades están más cómodas hablando de esta función.

Desde la Consejería de Sanidad andaluza, explican que desde el inicio de la pandemia se ha contratado específicamente a "otras 94 enfermeras de Atención Primaria para epidemiología, para hacer el seguimiento de los pacientes con covid-19 y sus contactos".

Lo mismo ocurre en Extremadura. "Para Atención Primaria, se han realizado 238 nuevos contratos a lo largo de la pandemia, principalmente de enfermería y en medicina de familia", dicen desde la Junta. "En cuanto a lo que llaman rastreadores, desde el inicio de la pandemia han sido tres veterinarios y un farmacéutico". En Murcia y Asturias, también han aumentado sus capacidades de rastreo, con 18 y 30 profesionales respectivamente desde el 11 de mayo, fecha en que entró en vigor el nuevo sistema de vigilancia epidemiológica.

Muchos de estos contratos son, más que nuevos, la prórroga de contratos eventuales. En Andalucía, llegan hasta el 31 de octubre, en Extremadura, al 30 de noviembre, y en la Comunidad Valenciana, donde han reforzado con 32 personas sus estructuras de Salud Pública, "hasta finales de año".

Cabalgando un tigre

La impresión generalizada es que, independientemente de cómo haya gestionado cada cual la desescalada, ahora todas las provincias de España están en la arena de la nueva normalidad. Al principio, pasar de fase daba la impresión de suponer un esfuerzo titánico en la gestión de la capacidad hospitalaria y la vigilancia epidemiológica de cada territorio —recordemos cuando parte de Valencia y Andalucía quedaron fuera de la fase 1 por la alta movilidad—, pero pronto fue perdiendo intensidad hasta dejar pasar que un 75% de los positivos en Barcelona no fueran rastreados o los refuerzos prometidos por la Administración madrileña no hayan aparecido hasta finales de junio.

Entre medias, los casos importados van llegando y los rebrotes van apareciendo.

El descontrol de los rebrotes cuestiona la estrategia de desescalada del Gobierno

Ello hace que la detección temprana de cada brote que surja durante la nueva normalidad sea vital y decisiva para evitar que un brote local se convierta en comunitario. Por esta razón, muchos países están fijando umbrales estrictos por encima de los cuales las medidas de restricción de movimientos volverían a entrar en vigor. Es el caso de Alemania, que ha fijado este umbral en los 50 nuevos casos por 100.000 habitantes en los últimos siete días. Esto es lo que ha pasado con el distrito de Gütersloh, en el Occidente del país, en donde se ha impuesto un nuevo confinamiento local por un brote en una empresa cárnica. Estas restricciones también se han impuesto en algunos distritos de Melbourne (Australia) por la detección de nuevos positivos en dos colegios.

Esta es una de las lecciones aprendidas de la primera ola del coronavirus: las restricciones y los confinamientos han de ejecutarse lo más rápidamente posible en el ámbito local para frenar así la transmisión comunitaria. España trabaja ya en un protocolo consensuado con las comunidades que tendrá en cuenta entre 10 y 15 indicadores, entre ellos, la incidencia por 100.000 habitantes, el tamaño y la movilidad de las poblaciones o el ámbito en que se produce el brote.

Durante los dos últimos meses, la incidencia en los últimos siete días se ha mantenido por debajo de los 40 casos por 100.000 habitantes en todas las provincias. Pero el brote de Huesca ha mostrado una vez más el crecimiento exponencial del coronavirus cuando no encuentra barreras a su paso. En apenas cinco días, la incidencia del coronavirus ha pasado de estar en el umbral de los 10 casos a superar los 70, alcanzando los máximos diarios que se dieron a finales de marzo. El camino inverso, el del descenso, es por el contrario muy paulatino y suave: Huesca necesitó todo el mes de abril para pasar de 70 a 10 casos. Como ya dijimos, con este coronavirus, la curva epidémica registra aumentos súbitos a una gran velocidad y descensos muy paulatinos y ralentizados.

Mientras los brotes aparezcan en una región con un sistema robusto de Atención Primaria y suficiente capacidad para rastrear contactos, todo irá bien, el problema con el SARS-CoV-2 es que no se puede escoger dónde o cuándo nos va a golpear.

España

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