UN CASO DURO PARA LOS RASTREADORES COVID

Cinco temporeros, un chófer y una ETT en Murcia: así se propaga y se rastrea un brote

Seis casos en Totana (Murcia), entre inmigrantes que trabajan en el campo muestran la dificultad y la importancia del rastreo. Hay 50 aislados y el pueblo ha quedado atrás en la desescalada

Foto: Totana tiene 10.000 inmigrantes. R. M.
Totana tiene 10.000 inmigrantes. R. M.

Hacia las siete de la tarde, cuando el calor deja ligeramente de apretar, hombres con cara de cansados se bajan de las furgonetas que vuelven del campo. Llevan mascarillas y camisetas polvorientas. Es el momento de hacer cola ante el locutorio Salam. Hay latinoamericanos y africanos esperando su turno, con mascarilla y a cierta distancia. Un hombre con una chilaba y una gorra conversa con otro. Esto es Totana, un pueblo de 35.000 habitantes en Murcia de los que 10.000 son inmigrantes procedentes de 68 países y que forman una de las mayores fuentes de temporeros de la zona. En las últimas semanas es, además, la pesadilla para el sistema de rastreo de Murcia. En este pueblo, entre sin papeles y casas compartidas, Epidemiología ha identificado seis casos en grupos de inmigrantes y ha aislado a unas 50 personas. Esto es lo que pasa cuando el covid llega al campo.

Maria Dolores Chirlaque, jefa de servicio de Epidemiología de Murcia, tiene un su despacho una pizarra blanca llena de flechas rojas y azules y números escritos con rotuladores. Representa el brote de Totana, el que ocupa a decenas de técnicos desde principios de mayo. Chirlaque explica minuciosamente el rastro que han seguido hacia atrás del virus con su equipo de rastreadores.

"En cada pueblo intentamos juntar los casos de ese núcleo aunque en principio sean casos disconexos para ver si tienen alguna unión entre ellos y ver si han coincidido en algún sitio o lugar de ocio. Al margen del rastreo de sus casos y sus contactos, vemos si hay alguna conexión con casos que en principio no tienen nada que ver. En Totana nos pasó eso. En principio surgió una señora positiva. Tenía síntomas y dio positivo en la PCR. Rastreamos sus contactos y convivientes y la empezamos a llamar y la seguimos". Ese positivo fue el dos de mayo. Tres días después, un hombre que convivía con ella también resultó tener covid-19. Hasta ahí, lo normal, lo que han visto miles y miles de médicos.

María Dolores Chirlaque en su despacho.
María Dolores Chirlaque en su despacho.

Pero el siete de mayo surgió un tercer caso en la localidad. Los técnicos de Chirlaque buscaron si tenía algo que ver con los dos anteriores. Murcia es una de las comunidades con menos casos y puede permitirse estos rastreos, imprescindibles para controlar el virus pero que en comunidades con mayor incidencia son aún hoy una quimera. "Era alguien mayor que estaba en su casa. Lo estudiamos y nos parecía que no tenía nada que ver con los anteriores". "Investigamos los supermercados, un locutorio, las tiendas pero vimos que habían ido en días distintos. No encontrábamos nada que lo uniera a los anteriores".

Pero el virus había seguido su camino y días después apareció un cuarto enfermo. En este caso hubo bingo. Era la persona que tenía nexo de unión entre los primeros dos contagiados y el tercero. "El cuarto había contagiado al tercero y al estudiarlo vimos que había coincidido en el trabajo con el primer caso".

Ahí Chirlaque y los suyos comenzaron a atisbar la tarea que tenían por delante. El primer caso y el cuarto habían trabajado juntos en una cuadrilla agrícola. En Totana, como en Lorca, Alhama y otras localidades cercanas, la agricultura es la principal industria. Cada mañana, furgonetas y autobuses -legales de ETT en el mejor de los casos, ilegales de particulares en otros- recogen a inmigrantes y los llevan a campos de toda la comarca, a veces incluso hasta Almería, y los devuelven cuando cae el sol a cambio de un jornal de unos seis euros la hora.

Es un trabajo duro que en los 90 empezaron a hacer ecuatorianos en Totana y que se disparó cuando el pueblo se manifestó en contra de la expulsión de una de las primeras familias asentadas. Esa noticia circuló e hizo que muchos más vinieran. Hace dos años Totana tenía, según el Ayuntamiento, "35.254 habitantes empadronados, de los que cerca de 10.000 son extranjeros agrupados en 68 nacionalidades diferentes". Hay más de 3.600 ecuatorianos; más de 2.000 bolivianos y 1.600 marroquíes.

"Investigamos los supermercados, un locutorio, las tiendas pero vimos que habían ido en días distintos. No hallábamos nada que lo uniera a los anteriores"


"Los trabajadores agrícolas tienen una movilidad muy alta, unos tienen cuadrillas fijas y otros no y ese mundo es muy complejo", explica Chirlaque. La Comunidad contactó con la inspección de Trabajo, el Ayuntamiento y la Guardia Civil pidiendo ayuda. Querían dejar claro que no buscaban sin papeles. "No entramos en si están legales o ilegales. Queremos contactar con ellos, tener sus teléfonos y ver si desarrollan síntomas".

Juan José Cánovas, alcalde de Totana, el miércoles en al Ayuntamiento. R. M.
Juan José Cánovas, alcalde de Totana, el miércoles en al Ayuntamiento. R. M.

Juan José Cánovas, alcalde de Totana, de IU y que llegó al cargo hace un año y gobierna en minoría, cuenta en su despacho que entonces ya habían saltado las alarmas. "Tenemos miles de jornaleros del campo, la mayoría inmigrantes, que tenían que salir a trabajar y cuyas condiciones de viviendas no son los mejores. Teníamos condiciones preocupantes. Iba bien hasta que una semana que la región tuvo 11 casos y seis eran de Totana".

El estado de alarma endureció aún más las condiciones para los inmigrantes. "Las fuerzas de seguridad han controlado los vehículos y eso supuso un problema social porque mucha gente se quedó en la calle ya que solo podían ir dos personas por coche y los sin papeles no salían a trabajar. Por eso hemos tenido episodios complicados, de gente confinada que no podía salir de casa y a los que les llevábamos la comida".

El principal nexo de unión parecía ser el autobús de la ETT que los llevaba al campo y que, según los trabajadores, incumplía los límites de la alarma


Tirando del hilo, los rastreadores de Sanidad llegaron a unas 50 personas que habían trabajado o estado en contacto con los contagiados para hacerles pruebas. Una quinta persona que tenía síntomas dio así positivo. El brote seguía creciendo. El principal nexo de unión parecía ser el autobús de la ETT que los llevaba al campo y que, según los trabajadores, incumplía los límites que impone el estado de alarma. El conductor, de Bullas, una localidad a 50 kilómetros, era uno de los contagiados, y añadía dificultad al control. Temporeros de Totana que iban a trabajar a clarear el albaricoque a Lorca con un chófer de Bullas. El caso era la prueba perfecta de lo difícil que es controlar un virus tan contagioso como el covid.

Murcia comenzó entonces el aislamiento. Los cinco contagiados fueron trasladados a una clínica privada que actúa como hospital de cuidados intermedios. "A los contactos estrechos a los que pudimos contactar les explicamos la cuarentena y como muchos no la podían hacer de forma correcta les ofrecimos un centro deportivo que tiene habitaciones dobles y con buenas instalaciones", recuerda Chirlaque. Unos 12 decidieron alojarse en esa residencia para deportistas pero cuando iban a ir a confinarse uno de ellos dio positivo y elevó el brote a seis casos. Ese fue trasladado al hospital.

Uno de los aislados en la residencia de la federación de volley. R. M.
Uno de los aislados en la residencia de la federación de volley. R. M.

El centro es una residencia de la Federación de Voleibol inaugurada en 2015 en Lorca, a 20 kilómetros de Totana. Un cartel a la entrada da un ambiente exótico al confinamiento. "Prohibido entrar con arena en cualquier parte del cuerpo". Está pensado para los deportistas que volvían de las pistas de volley playa, hoy vacías. Pega el sol de plano. La comida se la traen del hospital que está a solo unos metros. Dos limpiadoras cuidan en la puerta. Una de ellas, Toñi, cuenta que el centro está nuevo y que tienen habitaciones individuales. Hay nueve ecuatorianos, una nicaragüense y un español alojados sin salir de su cuarto.

Las persianas están bajadas por el calor pero José Antonio, el originario de Totana, accede a hablar desde su confinamiento. "Vivo con otra gente y no quería contagiar. Por eso me vine aquí. "Estábamos aclarando el albaricoque y en mi empresa hubo dos casos. Me han hecho dos test y he dado negativo y estoy esperando". Lleva el pijama azul típico de una estancia en hospital.

Las pistas de la federación de voleibol. R. M.
Las pistas de la federación de voleibol. R. M.

Dos habitaciones más allá está alojada María, de 40 años y que llegó a Totana hace siete años procedente de Nicaragua. Estuvo trabajando de cuidadora pero en mayo, casi coincidiendo con los contagios, empezó en el campo. "En mi casa hubo un contagio. Mi amiga salió positivo y había más gente y decidimos venirnos aquí mejor para no molestar. Vivimos nueve en la casa", cuenta también asomada a la calle.

Algunos achacan el problema a las condiciones con las que trabajaban. "Cuando empezó la epidemia, en otra ETT nos ponían 18 personas en autobús pero en esta lo llenaban hasta con 35. Iba lleno el autobús siempre. Y eso fue lo que fregó todo porque iba mucha gente en el autobús. Le preguntamos al conductor y nos dijo que él hacía lo que le decían y que si había que llenarlo lo llenaba".

Una de los residentes en una de las casas cuenta un confinamiento relajado, en el que algunos de los habitantes de la casa han decidido ocultar que son contactos de casos positivos. "Algunos sí lo cumplen, pero otros no. Ahora mismo hay ocho personas y una mujer está cuidando niños de otra casa, de unos bolivianos que trabajan". La Comunidad ha asignado médicos de cabecera a todos los que no lo tenían. Edwin, de una asociación de ecuatorianos de Totana, explica que la comunidad inmigrante tiene miedo. "Algunas empresas se portan bien pero hay ETT que nos echan fácil a la calle y hay inmigrantes que me preguntan cómo puede denunciar".

"Cuando empezó la epidemia, en otra ETT nos ponían 18 personas en autobús pero en esta lo llenaban hasta con 35. Iba lleno el autobús siempre"


Seis casos no es nada para comunidades con gran afectación como Madrid pero Murcia ha optado por la máxima prudencia. La Comunidad ha pedido que el municipio de Totana sea el único que quede en Fase 1 una semana más hasta ver si siguen apareciendo positivos. En Salud Pública llevan días sin nuevas notificaciones y cruzan los dedos. El caso es para publicarlo en alguna revista científica pero de momento siguen pendiente de cada día que pasa. "Hemos parado otras partes del servicio, nos reforzaron con 10 personas, se incorporaron MIR y ahora vendrán 10 rastreadores más porque a cada caso hay que dedicarle muchas horas y aun así se nos puede escapar alguno. Se trata de confinar al virus", cuenta Chirlaque.

En la calle, las heladerías de las terrazas están abiertas y el mercado volvió a instalarse en la rambla. Cerca del locutorio Salam, dos totaneros no creen mucho lo que escuchan del brote. "Eso son todo mandangas, han sido una sarta de mentiras. Mi yerno ha hablado con su hermano que trabaja en el hospital de Lorca y allí no hay nadie con covid. Lo que pasa es que tenemos un alcalde comunista. ¿qué podíamos esperar?".

España
Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
9 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios