Las dificultades de la fase 0 presagian las de la 1: “Doy esta semana por perdida”
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ESPERANDO UN CONTEXTO MÁS FAVORABLE

Las dificultades de la fase 0 presagian las de la 1: “Doy esta semana por perdida”

Algunos establecimientos han decidido dejar su apertura hasta la semana siguiente porque las condiciones no son las idóneas. Es solo el principio de un largo y duro camino

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Las dificultades de la fase 0 presagian las de la 1: “Doy esta semana por perdida”

La fase 1 de la desescalada, que puede arrancar en las provincias que cumplan los requisitos a partir del próximo lunes 11, permitirá la apertura de establecimientos comerciales con una limitación de aforo del 30%, una separación mínima de dos metros entre clientes y un horario de atención preferente para los mayores de 65 años. La fase 0, que comenzó este lunes con sus citas previas y restricciones de aforo, ha sido un ensayo excepcional.

Dar un paseo este lunes ayuda a comprender que muchos no se han decidido a volver esta semana. Es difícil interpretar el silencio, por lo que la decisión de mantener el cierre echado puede deberse a cuestiones de salud. Pero también a que las medidas no afectan de igual forma a unos comercios u otros, y que cada sector y negocio tiene unas particularidades que le permiten funcionar en circunstancias normales, pero no así. Lo que está claro es que poder abrir no significa que se pueda abrir. Es decir, que se permita de nuevo la apertura de un establecimiento no quiere decir que se den las condiciones necesarias para que determinado negocio sea sostenible económica, laboral o sanitariamente.

La gente no está acostumbrada a pedir cita para una tienda de ropa, por lo que esta semana la doy por perdida

Uno de los casos más elocuentes es el de las tiendas de ropa, donde se debe extremar la higiene con cada producto y desinfectar el probador cada vez que es utilizado. “Es un problema, sobre todo porque las tiendas pequeñas no tenemos un 'stock' grande, yo solo traigo una unidad de cada talla, así que si tengo que apartar 48 horas una prenda, imagínate”, explica Leticia Alonso, de El Caballito del Marqués, una tienda de ropa infantil en el barrio de Pinar de Chamartín (Madrid). Otro problema adicional es que si bien la limpieza se puede realizar con planchas de vapor, la comerciante es consciente de que la gente se queda mucho más tranquila si sabe que la ropa ha estado en cuarentena.

Abren en la fase 0 pequeños comerciantes con mucha incertidumbre sobre su futuro

Problemas de 'stock' y logística que benefician a los comercios de mayor tamaño. Es lo que ocurre en tiendas especializadas como Fotocasión, en Ribera de Curtidores, también en Madrid, que puede llegar a tener alrededor de 15 dependientes por planta. Como explican los responsables de la tienda, referencia en el sector fotográfico, no es tanto un problema de 'stock' como de la clase de producto que despachan, caro y especializado, por lo que el cliente necesita detenerse más tiempo y estar bien seguro de lo que se lleva. “Intentaremos hacerlo lo mejor que podamos dando el mejor servicio en el tiempo del que disponemos”, responden. Sin embargo, ya han recibido muchas peticiones de cita vía ‘mail’.

Salir de compras con todo pensado

El consumo moderno está caracterizado en un grado u otro por la compra impulsiva. Esta semana, no. Planear el consumo, algo poco frecuente en la moda, es otro de los problemas que indica Alonso: “La gente no está acostumbrada a pedir cita, por lo que esta semana la doy por perdida”. Hay otros factores adicionales, como la dificultad de elegir una prenda que no se ha visto con anterioridad. O la posibilidad de, tras pasar un tiempo mirando, decantarse por consumir más. La lógica de 'llegar y comprar' que sí puede aplicarse a otros productos, como los de una ferretería, es difícil de aplicar en una tienda de ropa.

La comida para llevar la veo en un Burger King o Telepizza, que ya disponían de distribuidores e infraestructura, no aquí

Como explicaba a EFE Javier Fernández, propietario de la tienda de ropa masculina Hughon, no ha podido abrir porque los clientes que han acudido al establecimiento no lo hacían con cita previa y, por lo tanto, no podía admitirlos. En el textil, añadía, no se suele funcionar de esa manera. De ahí que tanto él como Leticia hayan dejado la apertura para el lunes de la próxima semana, cuando la cita previa desaparezca, y dedican esta semana a preparar el negocio, como tantos establecimientos están haciendo. Entre otras cosas, para limpiar a conciencia.

En la nueva fase desaparecerá, en principio, la obligatoriedad de solicitar cita previa, pero eso no quiere decir que se extingan todos los problemas. Para empezar, porque no sabemos con seguridad en qué momento se entrará en la nueva fase, lo que añade un plus de incertidumbre al pequeño comercio, que debe reaccionar en márgenes estrechos de tiempo. Como recuerda Sergio, responsable de Fotocasión, “como cada día es diferente, nos tendremos que ir adaptando”. También porque la reducción de aforos condicionará el comportamiento de los consumidores.

Badila, cerrado hasta nueva orden. (Héctor G. Barnés)
Badila, cerrado hasta nueva orden. (Héctor G. Barnés)

Otro sector con medidas muy particulares es el de la restauración, que esta semana puede abrir sus cocinas y preparar comida tal y como lo harían normalmente, siempre y cuando no se consuma en el propio restaurante sino que se lleve. Miguel, dueño de Badila, restaurante especializado en menús del día cerca de Tirso de Molina (Madrid), ha decidido esperar, porque en estas condiciones “la demanda no será suficientemente grande como para compensarlo”. Por las particularidades de su restaurante —“no vas solo a comer, sino para pasar un rato”—, la dinámica de la comida para llevar no encaja. Aunque en alguna ocasión lo han hecho con clientes puntuales, no es lo habitual.

Existen, además, problemas logísticos añadidos, como el reparto de comida, una de las alternativas que han sido posibles desde que se declarase el estado de alarma. “Lo veo más claro en un Burger King o un Telepizza, que disponen de repartidores o tienen una infraestructura para distribuir, pero no en un restaurante como el mío”, añade. “Yo, además, nunca he querido utilizar Glovo, estoy muy lejos de eso”. Por ahora, también prefiere esperar a que se abra, aun con aforo limitado, ya que dada la situación es una de las pocas alternativas viables. “Aunque si la situación se prolonga mucho más tiempo, tendríamos que abrir de la forma que sea posible”.

El miedo que tengo es que la gente se haya acostumbrado a comprar 'online'

La reapertura de establecimientos como peluquerías o ferreterías ha dado lugar a un pequeño ‘boom’ de demanda, la de todos aquellos que han necesitado una pieza de repuesto o un corte de pelo durante este mes y medio y han tenido que esperar hasta este momento. Pero como bien hemos aprendido, la curva suele tocar techo y decaer rápidamente. Otro factor adicional es que, por razones de comodidad, se suele acudir a establecimientos más grandes y con más dependientes, lo que beneficia a los comercios de mayor tamaño y a aquellos que han abierto antes, absorbiendo la mayor parte de esta demanda.

¿Quién compra en las tiendas?

El panorama que acecha a la vuelta de la esquina no es precisamente fácil. Esta semana, un informe de la consultora EY señalaba que solo cuatro de cada 10 consumidores serán capaces de mantener su nivel de ingresos. “No me gusta el victimismo de los libreros, yo he estado cerrada mes y medio, pero también ha cerrado el de la tienda de ropa de enfrente”, explica Cristina García Mateos, dueña de la Librería del Mercado, en el Mercado de San Fernando, en Madrid. “Aunque hay gente que se quita de otras cosas para comprar libros”.

Foto: Así es España en fase 0: ¿estamos reviviendo poco a poco o es que simplemente es lunes?

En su caso, la reapertura de este lunes le permite volver a vender de manera presencial —su modelo de negocio—, aunque también se compromete a enviar por mensajería los pedidos que le soliciten. En su caso, volver a abrir era casi una necesidad tras siete semanas, al carecer de tienda ‘online’. Por el contrario, otras librerías que sí disponen de esta plataforma, como Traficantes, aún no han anunciado una fecha de reapertura. Tener catálogo ‘online’ o no ha marcado una importante frontera entre unos y otros esta semana.

La librera confía en que gracias al perfil de sus clientes no tendrá problemas, pero confiesa su mayor inquietud. “El miedo que tengo es que la gente se haya acostumbrado en este tiempo a comprar 'online”, explica desde la puerta de la tienda, al otro lado del cierre medio echado. En la calle, varios mensajeros deambulan con paquetes buscando su destino. Algunos de ellos llevarán libros, otros, quizá ropa o incluso comida. En un contexto en el que la tienda física ha perdido aún por una semana gran parte de sus atractivos —la posibilidad de pasar tiempo echando un vistazo al producto, acudir a cualquier hora, dejarse llevar—, cada día que pasa las dificultades se acumulan para el pequeño comercio.

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