"DE LOS POCOS" QUE HACEn CONTRATOS AHORA

En primera persona: "Estoy contratando y no descarto aumentar plantilla"

Jesús Martín Vara roza los 52 años de edad y distribuye productos de una empresa de biotecnología que desarrolla alimentos funcionales con extractos naturales de la oliva

Foto: Jesús Martín, junto a uno de los camiones de la empresa y sus productos.
Jesús Martín, junto a uno de los camiones de la empresa y sus productos.

Me llamo Jesús Martín Vara, soy el tercero de cuatro hermanos y en noviembre cumpliré 52 años. Después de 20 años trabajando en el Registro de la Propiedad de Las Rozas, un amigo me presentó a Gonzalo de Cospedal. Sí, el primo de la ex secretaria general del PP. Gonzalo trabaja en una empresa de biotecnología, Mashima, que desarrolla alimentos funcionales con extractos naturales de la oliva. Me convenció para ser su distribuidor en toda España, así que dejé el trabajo en el registro.

En diciembre de 2018, con una nave de alquiler sin agua y sin luz, me lancé con mi Dacia Logan a vender los huevos que produce la empresa desde sus cinco granjas de Galicia, Burgos, León y Cuenca.

El primer mes facturé 240 euros. Este trimestre he superado los 800.000 euros —que es lo que facturé en todo el año pasado— y acabo de dar de alta a dos conductores para distribuir los 50.000 huevos que salen a diario de esa nave que ya tiene luz y agua. Somos 10 personas entre conductores, comerciales, un jefe de almacén y una administrativa. Con la crisis del Covid-19, estamos trabajando más que nunca.

Las gallinas ponedoras.
Las gallinas ponedoras.

Creo que soy de los pocos que están contratando, y no descarto aumentar la plantilla, aunque con el decreto del estado de alarma el negocio estuvo a punto de irse a pique. Mi negocio son los cocineros, los restaurantes, los hoteles. Mis jornadas son de cinco de la mañana a 12 de la noche, haciendo kilómetros para dar a conocer mi producto.

El primer mes facturé 240 euros. Este trimestre he superado los 800.000, que es lo que facturé en todo el año pasado

El viernes 13 de marzo, la hostelería se fue al garete, pero 48 horas después me empezaron a llamar las cadenas de supermercados. He conseguido entrar en lineales con una rapidez impensable en otros momentos. Llevaba un mes a prueba en El Corte Inglés. Ya estoy dentro.

No soy pesimista con respecto al futuro. Sé que llevo un buen producto, que es un producto de primera necesidad. Sigo teniendo jornadas maratonianas de trabajo, así que no me da tiempo a leer nada, a escuchar nada, a tener miedo al virus. En la nave, siempre hemos sido muy cuidadosos con las medidas de higiene, al trabajar con alimentos.

Jesús.
Jesús.

Contraté un laboratorio para todo este tema. Ahora trabajamos con mascarillas y guantes, nos haría un roto tener una baja.

Prefiero no opinar de los políticos, no quiero ni verlos. Bastante tengo con las jornadas laborales, mis tres hijos, mis dos perros. Mis padres, afortunadamente, por ahora están bien. Entre sus hijos y los vecinos, no tienen que preocuparse de la compra ni de bajar la basura.

Prefiero pensar en lo que viene. Que volverán a abrir los restaurantes, los bares. Que si conseguí que estos huevos sean los del Canal Cocina, lo siguiente sea el pollo, que también estoy empezando a distribuir.

Y si me da tiempo, seguir vendiendo pisos, que era algo que compaginaba con el registro y no he dejado de hacer. No sé parar quieto.

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