El experimento de Aragón para frenar el virus en las residencias: sacar a los positivos
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ANTIGUO CONVENTO PARA CAMBIAR DE ESTRATEGIA

El experimento de Aragón para frenar el virus en las residencias: sacar a los positivos

Un antiguo convento en la Sierra de Albarracín, cerrado desde 2018, albergará contagiados leves de la tercera edad para aliviar geriátricos de Aragón, que abrirá otros centros similares

placeholder Foto: El conjunto de las Capuchinas de Gea de Albarracín
El conjunto de las Capuchinas de Gea de Albarracín

La residencias para mayores se han convertido en fábricas de cadáveres como consecuencia del coronavirus. La enfermedad está atacando sin piedad al sector de población con más edad, cuyo sistema inmunológico es mucho más débil en la lucha contra el Covid-19. La aparición de un brote en uno de estos centros geriátricos es una muy mala noticia. Casi nunca hay un único positivo solitario. La experiencia está demostrando que los contagios se aceleran y que la mortandad es extremadamente alta. El 91% de los fallecimientos se produce en personas de más de 75 años. La tasa de letalidad del patógeno es de más del 17% a partir de 80 años y puede ser superior en personas ingresadas en residencias, con minusvalías, problemas de movilidad o enfermedades mentales.

Los protocolos sanitarios recomiendan hasta ahora aislar al enfermo en la propia residencia cuando se produce el primer contagio. Se pide que permanezca en una habitación individual, separada del resto de residentes y con una ventana que proporcione ventilación para poder abrirla de vez en cuando para aligerar un ambiente repleto de carga viral. Los manuales fijan que las personas que interactúan con los enfermos deben estar protegidas y sus residuos precintados convenientemente, algo que no siempre ocurre porque el personal de centenares de hogares no ha contado con equipos de protección suficientes en muchas autonomías y tampoco está formado convenientemente. El resultado hasta la fecha son cientos de mayores contagiados y fallecidos y trabajadores enfermos, muchos de ellos hospitalizados.

"Hay mayores que tienen algún tipo de deterioro cognitivo. No puedes meter a estas personas en una habitación. No las puedes contener aislándolas"

"Las residencias no tienen medios sanitarios ni cuentan con médicos o enfermeras profesionales que estén allí de forma permanente para curar. Hay personal habituado a cuidar porque son hogares, no son hospitales, y están concebidos para que haya roce humano entre la gente", explica Juan José García, secretario general de la Fundación Lares, una federación de asociaciones de residencias que agrupa a más de mil centros geriátricos, con 54.000 residentes y 35.000 trabajadores, según señalan. "Hay un porcentaje de mayores que tienen algún tipo de demencia o deterioro cognitivo. No puedes meter a estas personas en una habitación. No las puedes contener aislándolas".

placeholder El convento reformado en Gea de Albarracín que Cruz Blanca usará como centro para positivos de coronavirus
El convento reformado en Gea de Albarracín que Cruz Blanca usará como centro para positivos de coronavirus

Lares está promoviendo con algunos gobiernos autonómicos iniciativas alternativas para separar ancianos enfermos de los sanos. El problema principal de gestión actualmente es qué hacer con los enfermos leves en la fase inicial de la enfermedad o el brote. En una suerte de triaje macabro y no oficial, el sistema de salud pública los está rechazando para evitar un colapso masivo de la red hospitalaria, confinándolos en las propias residencias, lo que puede explicar los contagios masivos. Hay centros, como el de Alcoy en Alicante o el de San Celedonio en Madrid con más de 25 muertos cada uno y gran parte de su personal aislado. Se estima que hay más de 1.500 fallecidos ya en toda España con coronavirus que perdieron la vida en uno de estos establecimientos.

Foto: Personal sanitario prepara camas en uno de los pabellones del recinto ferial Ifema. (EFE)

En Gea de Albarracín, en la provincia de Teruel y por concesión del Gobierno de Aragón, la Hermandad de los Franciscanos de Cruz Blanca, federada en Lares, prevé abrir de forma inmediata el que será el primer centro de positivos de coronavirus. El espacio se ubica en un antiguo convento de capuchinas que Cruz Blanca lleva varios años tratando de destinar a centro geriátrico tras realizar trabajos de rehabilitación y que ahora albergará residentes afectados por la enfermedad viral. Tiene 59 plazas con posibilidad de ampliación dirigidas a personas en situación de dependencia y personas mayores. El convento se ha ido restaurando con ayudas públicas, especialmente a través de la convocatoria con cargo al IRPF estatal desde el año 2008, y por parte del Gobierno de Aragón con el fondo de inversiones de Teruel. Su situación en la Sierra de Albarracín, a pocos kilómetros de la capital turolense, servirá para aliviar posible contagios en los pueblos de la zona.

placeholder Una de las habitaciones del centro de positivos de coronavirus en Gea de Albarracín
Una de las habitaciones del centro de positivos de coronavirus en Gea de Albarracín

No será el único de estos centros. El Departamento de Ciudadanía y Derechos Sociales del Gobierno de Aragón ha habilitado otro centro similar en Alfambra (Teruel) con capacidad para 80 personas. A la vez, está derivando ancianos positivos en coronavirus que no requieren hospitalización a centros mixtos en La Abubilla, en Huesca, que atiende actualmente a 29 personas y cuenta con 47 plazas, y en Miralbueno (Zaragoza), que ha recibido a 19 pacientes, aunque tiene capacidad para 48.

La Junta de Andalucía también trabaja en la apertura de una residencia para positivos en Cádiz. "El planteamiento que estamos haciendo es que los positivos no deben estar en una residencia de mayores como regla general, solo en aquellas que tengan condiciones de infraestructura y tamaño", dice García. La idea es sacar a los positivos leves de su entorno y agruparlos en centros intermedios, no hospitalarios, cuando no es posible ubicarlos con sus familias. "Lo ideal sería que no estén en hospitales de agudos, generando recursos y estancias intermedios, como plazas hoteleras o zonas polideportivas públicas cerradas que se pudieran habilitar", añade. Otra de las opciones en la que se trabaja es en fórmulas de redistribución de residentes, reubicando sanos en centros sanos y trasladando positivos a geriátricos en los que la enfermedad ya se ha propagado de forma general.

Foto: El vicegobernador de Texas, Dan Patrick, pertenece al Partido Republicano (Reuters/Jon Herskovitz)

Esta federación de residencias remitió el pasado 12 de marzo una carta al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en la que le expuso el riesgo de colapso al que se enfrenta el sector de la atención geriátrica como consecuencia de las infecciones, tanto entre residentes como entre el propio personal que les atiende. Lares afirma que su posición es la misma que la de la Sociedad de Geriatría y Gerontología y sostiene que el Ministerio de Sanidad ha enfocado los esfuerzos hacia el ámbito sanitario dejando de lado las necesidades de las residencias. Ahora mismo, su protección depende de la gestión de las autonomías.

En Madrid, por ejemplo, el sistema se ha desbordado e incluso ha provocado una ruptura en su modelo de gestión política. La presidenta Isabel Díaz Ayuso ha retirado las competencias a Ciudadanos, su socio de Gobierno. En la Comunidad Valenciana, las residencias también han sufrido problemas de material de protección que han comenzado a subsanarse con las compras de productos en China. Este mismo viernes, la vicepresidenta valenciana, Mónica Oltra, de quien depende el área, anunció un protocolo para que las familias puedan llevarse a casa a los residentes, algo que también ha habilitado Cataluña. Sobre la posibilidad de buscar alternativas que no sean el confinamiento y aislamiento de positivos dentro de las propias residencias, la 'consellera' valenciana de Sanidad, Ana Barceló, las descartó: "No contemplamos ningún otro escenario", dijo este viernes en su comparecencia diaria ante los medios de comunicación.

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