El hombre a cargo de las 'llaves del castillo' de la vicepresidencia segunda del Gobierno
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EL EXJEMAD JULIO RODRÍGUEZ

El hombre a cargo de las 'llaves del castillo' de la vicepresidencia segunda del Gobierno

Julio Rodríguez se ha convertido en la mano derecha de Pablo Iglesias dentro del Ejecutivo. Una pieza imprescindible en el trabajo invisible de vicepresidencia: "Es quien guarda las espaldas de Pablo"

Foto: El hombre a cargo de las 'llaves del castillo' de la vicepresidencia segunda del Gobierno
El hombre a cargo de las 'llaves del castillo' de la vicepresidencia segunda del Gobierno

Todo pasa por sus manos, sobre todo los problemas marcados en rojo en el semáforo administrativo, que hasta rebajarlos al menos a amarillo no se permite distracciones más o menos protocolarias propias de una agenda de la vicepresidencia segunda del Gobierno. José Julio Rodríguez Fernández (Ourense, 1948) se ha convertido en la mano derecha de Pablo Iglesias dentro del Ejecutivo. En menos de un mes se ha situado como una pieza imprescindible, "es quien guarda las espaldas de Pablo [Iglesias], además de una forma muy discreta", según reconocen en el entorno de vicepresidencia. "Discreción, inteligencia y modestia, difícil de encontrar en la política, que es un mundo de grandes egos", lo define un miembro del gabinete, para añadir: "Julio prefiere quedarse con el equipo y sacar trabajo a salir en una foto".

El que fuera jefe de Estado Mayor de la Defensa con José Luis Rodríguez Zapatero ha vuelto a las instituciones casi una década después, ahora de la mano de los morados, reconvertido en jefe de gabinete de Iglesias, quien le ha confiado las llaves de su ministerio. Una experiencia que destacan desde el entorno de Iglesias porque lo ha llevado a conocer bien el Estado, dicen, lo que "lo convierte en la persona ideal para tener las llaves del castillo". Entre sus atribuciones, coordinar las relaciones de vicepresidencia con el resto de ministerios y áreas del gobierno, "lo que no se ve pero lo que hace que funcione todo". En definitiva, según añaden las mismas fuentes: "Es el interlocutor de Pablo Iglesias en la maraña de relaciones y negociaciones con los diferentes departamentos del gobierno".

La confianza y las lealtades son mutuas entre el exjemad y el vicepresidente, forjadas a lo largo de más de cuatro intensos años desde que el 29 de octubre de 2015 entró en el despacho del secretario general de la sede de Podemos para dar el 'sí quiero', tras resistirse en un primer momento, a la propuesta de presentarse en las listas electorales que días antes le había hecho el ahora portavoz Rafa Mayoral. No salió elegido, como tampoco lo hizo en la repetición electoral de junio de 2016, pero se convirtió desde entonces en el "general de Podemos", aportando igualmente al partido el barniz de seriedad que buscaban. Esto es, trasladar al electorado el mensaje de que no eran un partido de 'perroflautas' ni una agrupación de cuatro profesores de ciencia política ebrios de utopía. Un mensaje potente para que Podemos "no dé miedo", según llegó a reconocer el propio Pablo Iglesias.

Entre sus atribuciones está coordinar las relaciones de vicepresidencia con el resto de ministerios: "Lo que no se ve pero lo que hace que todo funcione"

La apuesta electoral no tuvo los resultados esperados, pero la persistencia del exjemad y su total disposición a arrimar el hombro en lo que fuese necesario, a pesar de los costes personales, contribuyó a reforzar los lazos. "Tengo muy claro que en este tiempo, si alguien ha salido ganando en este aventura compartida, ese he sido yo", asegura en su libro 'Mi patria es la gente' publicado en mayo de 2018, donde también reconoce que "sé que hay quien pensaba que me daría de baja de este proyecto después de haberme quedado a las puertas de conseguir escaño en las elecciones generales de 2015 y 2016. No, estos reveses electorales no me han supuesto ningún cambio de planes, ya que en estos nunca figuró convertirme en diputado ni ocupar cargo oficial alguno. No es eso a lo que he venido". Una accidentada travesía por lo que algunos le colgaron la etiqueta de gafe.

La por entonces portavoz parlamentaria y ahora ministra de Igualdad, Irene Montero, lo definió como "un hombre de palabra, reservado y discreto, tremendamente puntual". Contrasta también el papel desinteresado que habría jugado en el proyecto: "Se ha situado siempre donde más podía ayudar y sin esperar nada a cambio, pagando además un alto precio por atreverse a decir y sobre todo por atreverse a hacer lo que piensa, siendo quien es". Un compromiso que, como ha relatado el propio Rodríguez, tuvo un alto coste personal para él.

Pablo Iglesias (2d), acompañado por su jefe de gabinete, el exjemad Julio Rodríguez (2i), saludan a empleados del ministerio. (Dani Gago)
Pablo Iglesias (2d), acompañado por su jefe de gabinete, el exjemad Julio Rodríguez (2i), saludan a empleados del ministerio. (Dani Gago)

"De la noche a la mañana te conviertes en un apestado para personas que hasta ayer mismo te transmitían su afecto, su cariño y su respeto". Con el tiempo, concluye, "acabé asumiendo que mi agenda social y mi mapa de afectos se habían dado la vuelta como un calcetín". Las invitaciones a actos oficiales desaparecieron y en su lugar sufrió algún que otro capítulo desagradable por la calle, sobre todo en los aledaños del Cuartel General del Ejército del Aire donde vivían sus padres, aunque no pasó de los insultos. Quedó también aislado de las tertulias informales que compartía los últimos miércoles de cada mes con exministros socialistas y ex altos cargos del ejecutivo de Zapatero por su salto a Podemos.

"Uno debe saber en todo momento cuándo está de sobra en una reunión y, después de convertirme en uno de los rostros visibles de la formación que se disponía a competir electoralmente con el PSOE, entendí que mi figura no pintaba nada en una tertulia formada por antiguos altos cargos de este partido. Sé que ellos también lo entendieron así". Relaciones que no acabaron de romperse completamente y que ahora sirven de engarce en el Gobierno de coalición entre PSOE y Unidas Podemos.

Pablo Iglesias ya se rodeó de Julio Rodríguez en sus primeras campañas electorales y rápidamente ambos conectaron tanto en el plano personal como en el político. Con el exjemad a su lado, la imagen del líder de Podemos de joven activista y 'rojo' profesor universitario se difuminaba para restaurarla como un candidato de orden, más transversal y seria. Todo ello, unido al compromiso de Rodríguez con el partido, hizo que a pesar de sus dos fracasos electorales se fuese introduciendo cada vez más en la vida orgánica de la formación. Primero, como miembro de la dirección, en el área de paz y seguridad, tras ser elegido en el equipo de Pablo Iglesias en la asamblea de Vistalegre II y, después, convirtiéndose en el secretario general de Podemos en la capital. Se convertía así la principal apuesta de Podemos para la alcaldía en el caso de que Manuela Carmena no repitiese.

"Sé que hay quien pensaba que me daría de baja de este proyecto después de haberme quedado a las puertas de conseguir escaño en 2015 y 2016"

En este contexto, tuvo que lidiar con una de la peores crisis internas del partido, que remató con la expulsión de varios ediles municipales por "infracciones muy graves". Todo ello enmarcado en el pulso entre Manuela Carmena y Pablo Iglesias por el control de Ahora Madrid, en el que se impuso la exalcaldesa arrastrando hacia su entorno a los ediles del partido, a costa de situarse fuera de Podemos, y blindándose de cualquier injerencia partidista. Tras ello se alentó la escisión del sector errejonista en la capital.

No fueron pocas las ocasiones en las que Iglesias dejó caer que no se le ocurría mejor persona para ocupar la cartera de Defensa. Ahora le ha confiado las llaves del ministerio, una tarea más para el exjemad: "Seguiré arrimando mi hombro mientras este sirva para algo. No me importa si es para redactar un informe o para colocar sillas en un mitin o una asamblea ciudadana". Algo inusual en una persona que está de vuelta de todo y con la vida resuelta a sus 71 años, pero que un miembro del equipo de la vicepresidencia segunda intentaba explicar a este diario echando mano de una frase que le había escuchado horas antes: "Es una de las cosas que mejor definen lo que hace y por qué lo hace: Julio es un enamorado del proyecto de Podemos".

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