Auge y peligro de los asesores estrella

Del 'quins collons' al triple de Redondo: la España de los megafontaneros

Obsesión por el relato, golpes de efecto, vídeos histriónicos... ¿Ha sido la política sustituida por la comunicación? ¿Son los asesores áulicos los responsables de la repetición electoral?

Foto: Fotograma del vídeo.
Fotograma del vídeo.
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Fantasear es gratis: si Pedro Sánchez pierde las elecciones, a la izquierda le dará un gran bajón. Pero no todo serán malas noticias: la búsqueda de culpable puede ser más fácil que nunca. En un país necesitado (dicen) de grandes consensos, no sería raro que todo el mundo se pusiera por fin de acuerdo en algo: en echar la culpa a Iván Redondo, asesor estrella de Sánchez y presunto cerebro gris de la repetición electoral.

Más allá del poder real de Redondo, que ha alcanzado ya estatus mitológico, nunca antes se había elucubrado tanto sobre la influencia de un asesor áulico (que, para colmo, ni siquiera pertenece al partido del Gobierno al que influye). Un pequeño cambio cultural que, por tanto, va más allá de la figura de Redondo. ¿Está la comunicación al servicio de la política o la política al servicio de la comunicación? Bienvenidos a la España de los megafontaneros.

Sánchez, Calvo y Redondo. (EFE)
Sánchez, Calvo y Redondo. (EFE)

El gran fontanero de Sánchez ha pasado de asesorar al PP —llegó a ser consejero autonómico con Monago en Extremadura— a susurrar al oído de un presidente del Gobierno socialista. Una versatilidad ideológica que aún chirría en España, pero que también ha sido alabada en clave profesional: Iván Redondo como signo de madurez de la industria de la comunicación política, lista para proveer de tecnócratas a cualquier partido. No obstante, no todos lo ven tan claro en el mundillo: “La intercambiabilidad de 'spin doctors' tiene algo de banalización de la política, de las ideologías y de las políticas públicas. Sustituir las ideologías por ideas es un juego perverso. El anclaje ideológico de los partidos da consistencia a la democracia", cuenta el asesor político César Calderón.

"Yo creo que el concepto de 'spin doctor' tiene más que ver con los partidos como plataformas electorales, al modo de EEUU, pero en Europa los partidos son —o al menos eran— organizaciones con ideología y bagaje simbólico propio. No creo que en España existan aún los grandes gurús áulicos que te hacen ganar elecciones”, añade Calderón.

La intercambiabilidad de 'spin doctors' banaliza la política y las ideologías

“Los partidos en España atesoraban talento electoral interno. Pero ahora han reducido sus equipos —porque no pueden pagarlos— y externalizado ciertos servicios, como los consultores políticos o los gurús. El gurú aspira a decidir políticas, pero yo creo que el papel del consultor político es ofrecer opciones para que el político decida. Cuando la política se convierte solo en comunicación, deja de ser política", zanja Calderón, que se ha batido alguna vez con Iván Redondo: asesoró a Guillermo Fernández Vara (PSOE) en las elecciones extremeñas en las que Monago perdió el poder.

¿La obsesión por imponer un relato está enterrando la política? “La lucha por el relato ha existido toda la vida, pero antes iban más acompañados de construcción de realidad política. Ahora se ha centrado todo mucho en el eslogan por el eslogan. Los relatos se han banalizado y se han quedado muy delgaditos. Los partidos viven atropellados. Hay tanto ciclo electoral que es difícil que salgan de la venta constante del producto. Ese es el drama ahora”, añade Aira, director del Máster de Comunicación Política de la BSM-Universidad Pompeu Fabra.

El gurú argentino

“Pablo Iglesias ya solo hace caso a su gurú argentino”. Lo cuenta uno de los fundadores de Podemos. Como si las confidencias entre Iglesias y su jefe de gabinete —Pablo Gentili, estudioso del peronismo y antiguo asesor de los gobiernos de Lula y Dilma en Brasil— fueran la gota que colma el vaso de la verticalidad, el salto final del partido de los círculos al castillo de marfil.

Pero ponerte en brazos del asesor áulico no sería tanto una novedad como la consecuencia de la fijación primigenia de Podemos con la comunicación: “Lo de que Pablo Iglesias solo haga caso a su fontanero argentino puede sonar a la degeneración final, o a que el líder está encerrado en sí mismo tras purgar a medio partido, pero en realidad Podemos ha funcionado siempre así: en los tiempos remotos de La Tuerka, Iglesias y Errejón ya creían que la política se hacía básicamente en los medios de comunicación, y le dieron una prioridad absoluta a ese enfoque”, cuenta una exdiputada podemista que prefiere no dar su nombre.

Los asesores de ZP importaron un producto anglosajón: la política como algo que se hace en los medios

No obstante, la creciente importancia de los asesores en los partidos de izquierda iría más allá de Podemos: es un cambio cultural de peso que afecta a la naturaleza misma de las organizaciones. “Ha habido un cambio muy importante en los últimos años. El reino de los fontaneros áulicos empezó —al menos en la izquierda— con Zapatero, cuando incorporó como asesores a Luis Arroyo y compañía, que importaron un nuevo producto anglosajón: entender la política como algo que se hace en los medios, y, por tanto, debe dejarse fundamentalmente en manos de los gabinetes de comunicación”.

Por ello, no debe confundirse el fontanero tradicional con el 'spin doctor' de nuevo cuño. “Fontanero era Pepe Blanco (PSOE): un tío del aparato que llegaba a acuerdos más o menos turbios con los otros partidos, y si era necesario, purgaba a medio aparato de su propio partido. Es decir, un machaca encargado de llegar a acuerdos bajo cuerda con el rival político y disciplinar a los suyos, no el ‘consigliere’ demencial que ahora se estila y que mezcla comunicación, encuestas y propaganda”.

Iglesias y su jefe de gabinete, Pablo Gentili, a su llegada en taxi al debate electoral de Atresmedia. (EFE)
Iglesias y su jefe de gabinete, Pablo Gentili, a su llegada en taxi al debate electoral de Atresmedia. (EFE)

Los 'spin doctors' llegaron a Europa en los noventa vía Inglaterra, y lo hicieron de un modo estrepitoso: el ocaso de Tony Blair —cuando las protestas contra la guerra de Irak— estuvo marcado por varios escándalos mediáticos de sus 'spin doctors', cazados manipulando a la opinión pública. Tenían tanto potencial folclórico y satírico que la cultura británica los hizo suyos rápidamente: la serie de ‘The Thick of It’, de Armando Iannucci, el ‘The Office’ de los 'spin doctors', hizo que toda Inglaterra se tronchara con una idea: la política institucional podía convertirse en un estercolero aún más grande del que ya era. Más allá de las risas, el trasfondo de la serie también reflejaba el vaciado ideológico de los grandes partidos en la era del impacto mediático. “Los 'spin doctors' no llegaron porque sí al Nuevo Laborismo de Blair, fue un proceso político complejo: los partidos socialdemócratas europeos empezaron a liquidar la política de bases… y justo inmediatamente llegaron los 'spin doctors'. Podemos ya nació en esa clave”.

En ese contexto, en el que la comunicación lo empieza a ser todo y no es fácil saber dónde acaba la política y donde empieza la publicidad, surgen asesores escasamente vistos hasta entonces en los partidos de izquierdas. Es el caso de Rómulo Aguillaume, yerno de Manuela Carmena y director de anuncios de multinacionales como Coca-Cola, McDonald's o Foster's Hollywood. Aguillaume no solo formó parte del reducido núcleo de personas que asesoró a Carmena durante su alcaldía, sino que también ha participado en reuniones políticas para la creación de Más País.

¿Ha dejado la izquierda de hacer política para pasar a hacer comunicación? “A ver, la política siempre había tenido una dimensión comunicativa, pero esa no es la cuestión, sino que en los partidos de izquierda se supone que hay unas bases o unos sindicatos que tienen algo que decir sobre la línea de la organización. En teoría, la línea del partido salía del equilibrio de fuerzas entre bases y aparato. Y luego ya se comunicaba el resultado. Pero ahora es al revés. Ahora se trata de llegar a los ciudadanos medios situados sobre el eje izquierda-derecha mediante un comunicólogo. La estructura del partido va a rebufo de eso”, zanja la exdiputada.

El vídeo de Torra

Un exceso de comunicación. Algo así es lo que le ha pasado a Quim Torra, presidente de la Generalitat, con un vídeo reciente.

"Teatralización". "Escenificación". "Dramatización". He aquí las palabras más utilizadas para describir uno de los vídeos del año: Quim Torra tratando (en vano) de hablar por teléfono con Pedro Sánchez, en plena crisis por los disturbios en Barcelona tras la sentencia del Supremo. Pues bien: no fue exactamente así. Hubo más realidad que teatro durante su rodaje.

La secuencia sale de un reportaje de uno de los programas estrellas de TV3 —'30 minuts'— sobre las reacciones a la sentencia contra el 'procés'. Un asesor —Pere Cardús— abre la puerta del despacho de Torra y le comunica que Sánchez "no se puede poner de momento". Y sigue:

Torra: ¿Que no se puede poner?
Asesor: No.
Torra: Es increíble.
Asesor: Igual tiene cosas más importantes [que hacer].
Torra: ¡Qué cojones!... En días así y no se puede poner al teléfono.

Un equipo de '30 minuts' —con el periodista Genís Cormand— se empotró junto al despacho de Torra y pidió permiso para grabar la llamada Torra/Sánchez. Se lo dieron con una condición: dejarían de filmar en cuanto Sánchez contestara a Torra.

Según fuentes del Palau de la Generalitat conocedoras de las circunstancias del rodaje, el momento llamada llegó, se filmó y no fue una dramatización: Torra no estaba actuando cuando dijo "qué cojones". El 'president' de la Generalitat vio luego la escena en el visor de la cámara y dio el visto bueno a su emisión. Por la vía rápida. Anna Figuera, jefa de prensa de Torra y experiodista de TV3, estaba delante cuando Torra avaló la filmación.

El mensaje que Torra quería comunicar es que el culpable del bloqueo político en Cataluña era Pedro Sánchez/el Estado español, pero no está claro que lo consiguiera: se convirtió en carne de parodia. Más allá de la polarización que genera el 'procés' —lo que en España puede parecer un vídeo de chirigota involuntaria, quizás en Cataluña se vea de otra manera—, Torra no parece haber salido muy bien parado en el vídeo. En unos días en los que hubo un vacío de poder en la Generalitat —la posición de Torra respecto a los disturbios basculó entre la inacción, la contradicción y la confusión—, el vídeo agudizó la sensación de 'nadie al mando' al mostrar al desnudo la precariedad del poder presidencial:

1) Un despacho más de gerente de pyme que de 'president' de la Generalitat. La paradoja es que utilizar un despacho de perfil bajo es una decisión política: aunque el motivo oficial sea que el señorial despacho presidencial del Palau está en obras, el motivo extraoficial es que alguien (¿Puigdemont? ¿Torra?) decidió no ocupar el antiguo despacho de Puigdemont para 'visibilizar' que sigue siendo el presidente "legítimo". 2) El austero despacho de Torra, por tanto, aumenta la sensación de estar ante un sketch de 'The Office' o 'Polonia'. La iconografía siempre es importante en estos casos: sin la parafernalia del poder, los poderosos siempre parecen menos poderosos. 3) La estética, en definitiva, no ayuda a que parezca un vídeo de un dirigente al que sus enemigos políticos no cogen el teléfono porque tratan de torpedearle —aunque muy probablemente sea cierto— sino un vídeo de un dirigente al que no cogen el teléfono porque... igual ya no manda mucho; es decir, Torra desautorizándose a sí mismo sin querer.

Si el vídeo de Torra estaba dramatizado, es malo; pero si no lo estaba, es mucho peor

De hecho, la escena política más importante del '30 minuts' —que al margen del sesgo procesista, funciona bien como documento televisivo de una crisis— no es la del despacho, sino una en la que Torra apuesta por hacer otro referéndum independentista. Que este mensaje haya pasado más desapercibido que la performance de despacho ejemplifica bien tanto la soledad política de Torra como la preponderancia de la comunicación —el vídeo impactó por encima de todo— sobre la política.

“Son vídeos fuera de foco. Al PSOE le ha pasado con los vídeos 'happy' de precampaña… que coincidieron con lo de Cataluña. Sacar a gente contenta por la calle diciendo que va a votar al PSOE el mismo día que arde Barcelona, no es la idea más prudente. Respecto al vídeo de Torra: si estaba dramatizado, es malo; pero si no lo estaba, es mucho peor. La impresión que deja es impostación e improvisación, y deja en mal lugar a su protagonista, es un vídeo que yo no hubiera sacado nunca”, razona César Calderón.

El vídeo de Torra parece falso, pero es real, y logró pasar todos los filtros presidenciales y televisivos. Cuando uno sabe que hay cámaras filmando, no es tan sencillo actuar con naturalidad. Quizá sea esto lo que le pasó al sobreactuado 'president' de la Generalitat en el día de autos. La realidad supera una vez más a la ficción.

Lujo ibérico

Con todo lo fallido que a uno le pueda parecer el vídeo de Torra, era imposible que permaneciera mucho tiempo como el más ridículo de todos: estamos en campaña y el bombardeo de 'ideacas' es constante. La palma se la lleva (de momento) el vídeo 'Liberales ibéricos', protagonizado por Albert Rivera, y recibido con gran algarabía en redes sociales, y no solo por los antagonistas ideológicos de Ciudadanos: es difícil encontrar a alguien al que le haya gustado. Entre lo cutre y el humor fallido.

¿El vídeo de Ciudadanos? Cuando un partido va por detrás en las encuestas, tiende a la excentricidad

En esta lucha titánica por llamar la atención en campaña, quizá no sea tan mala idea conseguir que todo el mundo hable de tu vídeo, aunque sea para reírse de él. ¿Podría ser que hubiera una estrategia sofisticada detrás basada en el ruido por el ruido? “Yo creo que es un caso claro de navaja de Ockham: la solución más sencilla es la que es y el vídeo es lo que es. Si tu objetivo es que se rían de ti en un vídeo, quizá tengas tus objetivos mal identificados", razona César Calderón.

¿Por qué los partidos banalizan su mensaje hasta estos niveles? "Lo que yo llamo Equipos de Ideas Geniales toman el control de los partidos según se acercan las elecciones. Se dedican a hacer comunicación urgente e incomprensible. Cuando un partido va por detrás en las encuestas, tiende a lanzar propuestas cada vez más excéntricas y a cometer todo tipo de errores de comunicación, porque entienden que hay que llegar a la ciudadanía como sea y ya da igual todo. Cuando peor van las cosas, más poder tienen los Equipos de Ideas Geniales. Se multiplican las ocurrencias y las marcianadas, destinadas a salvar al partido, aunque generalmente lo hundan más”, zanja Calderón.

El fontanero perfecto

La lógica indica que toda buena fontanería requiere de discreción, pero en una época en la que las negociaciones para formar Gobierno se retransmiten en directo y a golpe de filtración, el sigilo no pasa por su mejor momento. Por eso resulta tan interesante el caso de David Madí, cuyo nombre quizá diga poco fuera de Cataluña, pero cuya mano sobre el 'procés' es alargada.

Madí fue el principal consejero de Artur Mas —jefe de gabinete y estratega electoral— la pasada década. En 2010, Madí dejó (o algo) la política institucional y saltó a la empresa privada: director estratégico de Deloitte (2011-2013), asesor de Telefónica en Cataluña (2013-2016), asesor de Applus (operadora de las ITV), presidente del consejo asesor de Endesa en Cataluña (2011-2017) y ahora presidente de Aigües de Catalunya; siempre situado en puestos estratégicos de empresas que, ejem, interactúan con la Generalitat.

Oficialmente, por tanto, Madí lleva toda la década apartado de la política institucional. Oficialmente.

Madí y Mas, en 2010. (EFE)
Madí y Mas, en 2010. (EFE)

Diversas fuentes sitúan a Madí en el centro de la toma de decisiones del 'procés', algo que él niega por activa y por pasiva, lo que no hace más que alimentar la leyenda sobre sus labores de fontanería. En ‘El naufragio’, exhaustivo ensayo sobre las interioridades del 'procés' de la periodista Lola García (‘La Vanguardia'), Madí aparece siempre (de entre las sombras) en los momentos decisivos: cuando Artur Mas apuesta por ir a elecciones con una lista independentista unitaria (“Mas maduró ese paso con Madi”, según el libro), o cuando Mas da un paso a un lado —presionado por la CUP— y apuesta por Puigdemont como sucesor… asesorado por Jordi Sànchez y Madí, cuya relación es estrecha. “Madí es quien telefonea a Puigdemont y le explica que hay muchas posibilidades de que sea el elegido para ocupar el despacho del Palau de la Generalitat, que se vaya haciendo a la idea”, escribe García.

Por último, Madí influye “a distancia o mediante personas interpuestas” en el ya mítico estado mayor del 'procés', el sanedrín, el gobierno dentro del Gobierno, formado por un puñado de líderes políticos y asesores no electos que tomaron las decisiones clave del 'procés' en la semiclandestinidad (por necesidad de mantenerse fuera de los radares del Estado, pero quizá también por pura borrachera de poder). “Entre los irredentos está Mas, quien ha decidido finalmente que, a estas alturas del desafío al Estado, solo es posible continuar hacia adelante, con la esperanza de que el Gobierno central ceda en algún momento y se siente a negociar un posible referéndum legal de independencia o bien algún pacto para permanecer en España que pueda votarse. Es también el análisis que hace David Madí. Y, por supuesto, son fervientes partidarios de culminar el reto el conseller de Presidencia, Jordi Turull, los líderes de la ANC y Òmnium, Jordi Sànchez y Jordi Cuixart, y los asesores del sanedrín presidencial Xavier Vendrell y Oriol Soler”, zanja García.

Huelga decir que el plan maestro de esta entente ‘secreta’ entre políticos y fontaneros no salió del todo bien.

Madí, en definitiva, aparece siempre cuando se toman las decisiones estratégicas. Todo pese a sus múltiples obligaciones en el sector privado, y en medio de una crisis nuclear entre las élites catalanas y españolas a la que parece inmune. “Su innegable habilidad le permitiría compaginar durante años su ferviente independentismo con la presidencia del consejo asesor en Cataluña de una empresa del Ibex como Endesa”, cuenta García sobre un fontanero que, según tituló una vez ‘El País’, “siempre cae de pie”.

Durante su etapa como cargo público, Madí protagonizó un aparatoso incidente que refleja bien su rol de asesor áulico maquiavélico: en 2003, dimitió como secretario de Comunicación del Govern acusado de manipular encuestas electorales oficiales. Superen eso, 'spin doctors'.

Madí, el fontanero perfecto (por invisible). El penúltimo mohicano de los viejos buenos tiempos en los que la fontanería no se retransmitía en directo por las redes sociales.

A vueltas con Redondo

Iván Redondo es el chivo expiatorio perfecto: no solo le atacan sus rivales políticos sino también los suyos. Bien por envidias dentro del PSOE (un externo de ideología dudosa ocupa el puesto que solía ocupar alguien del partido), bien porque para Sánchez es cómodo cargar la responsabilidad sobre otro. Redondo como cortafuegos.

“Si el entorno del PSOE ha deslizado que Redondo fue clave en la decisión de volver a ir a elecciones, quizá haya sido para descargar de responsabilidad a Sánchez. La oposición también infla el papel de Redondo, pero para lo contrario, para desgastar al líder: o Sánchez como político sin ideología que actúa al dictado de los asesores porque no sabe de nada. Diría muy poco de Sánchez que Redondo decidiera el calendario electoral. El líder político que hace siempre lo que le dicen sus asesores es un líder político flojo. Tiendo a pensar que Redondo no manda tanto como se dice. Seguro que le gusta mucho la estrategia, seguro que tiene mucha ascendencia sobre Pedro Sánchez y seguro que en algún momento ha pensado que el mejor escenario para el PSOE podía ser la repetición electoral, pero al final el que tiene la última palabra es el político”, cuenta Toni Aira, que trabajó en el Comité Estratégico de campaña de Junts per Catalunya en las elecciones catalanas de 2017.

Pedro Sánchez toma una decisión política y a partir de ahí elabora la estrategia con Redondo

Por contra, hay quien ve exceso de laboratorio en la repetición electoral. “No es del todo exagerado responsabilizar a Redondo de la estrategia del PSOE, porque alguien le ha dado plenos poderes ahí dentro, y yo no creo que Pedro Sánchez piense por sí mismo. El bandazo que ha pegado al PSOE es demasiado exagerado y de laboratorio: del hagamos un bloque progresista que vienen los fascistas al 'Ahora, Gobierno. Ahora España'. Todo preparado para un escenario turbulento postsentencia del 'procés': sentencia, disturbios y aparición de Sánchez como salvador de la patria: el Estado soy yo y es a mí a quien debéis votar. Es la clásica jugadita de 'spin doctor'. Se ve la cocina de lejos. Que Iván Redondo hubiera estado antes en el PP, no ayuda a pensar bien: el PP siempre se ha movido muy cómodo en esos escenarios de crisis territoriales”, cuenta la exdiputada de Podemos.

¿La culpa de la repetición electoral la tiene, por tanto, Iván Redondo? “Eso es rotundamente falso. A Iván Redondo lo atacan porque en Podemos saben que no se lleva bien con gente del PSOE, o más bien que hay gente del partido que le tiene manía por no ser ellos los que cortan el bacalao. Atacar a Redondo es un modo de dividir a los socialistas y al Gobierno”, cuenta una fuente socialista.

El líder político que hace siempre lo que le dicen sus asesores es un líder flojo

¿Cómo funciona entonces la toma de decisiones en Moncloa? “Pedro Sánchez toma una decisión política y a partir de ahí elabora la estrategia con Redondo”, añade.

¿Por qué se rompieron entonces las negociaciones con Podemos para formar Gobierno? “La oferta de ministerios a Podemos iba a unida al mes de julio o nada. Era una prueba para saber si se trataba de un Gobierno que pudiera soportar turbulencias catalanas y rápidamente se reveló que no era viable, tal y como han demostrado Jaume Asens y el propio Pablo Iglesias los últimos días”, zanja la fuente socialista conocedora de la cadena de mando.

“Como Sánchez pierda las elecciones por haber virado demasiado a la derecha, Iván Redondo o acaba en Siberia o se tiene que ir a trabajar de 'spin doctor' a Chechenia, porque si se queda en España, le queman en la hoguera. Ya está medio PSOE molesto [en silencio] por el giro a la derecha. Imagínate qué puede pasar si no ganan las elecciones. Con todo, aunque estas situaciones pueden descontrolarse, yo creo que el PSOE lo tiene todavía muy de cara: lo de Cataluña ha seguido más o menos el guion previsto y está más o menos controlado. Pero, vamos, en Moncloa se han tirado un triple de cagarse”, añade la exdiputada podemista.

PD: Haili Sellasie, emperador de Etiopía, rey de reyes, mesías rastafari... y jefe desconcertante. Según contaba Ryszard Kapuscinski en 'El emperador', Sellasie solía dar órdenes al oído en un tono tan bajo e incomprensible que sus subordinados abandonaban palacio desconcertados y temerosos: no sabían qué demonios tenían que hacer. Sí, suena disparatado, a manera errática de dirigir un país, pero en realidad era una demostración de poder absoluto, de control total del mensaje. Ahora bien: ¿qué ocurre cuando se da la vuelta a la tortilla y el que deposita mensajes absurdos en el oído del dirigente es el asesor áulico?

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